26 de diciembre de 2025

Los sueños de la niñez

 


Por Hugo Jara Goldenberg

Es frecuente escuchar que al crecer, debemos madurar y elegir un camino profesional, dejando atrás las fantasías y los sueños de la infancia. En mi caso, siguiendo esta premisa, estudié en la Universidad de Concepción y me titulé de Ingeniero Informático.

Como Informático he disfrutado de una profesión maravillosa que me ha permitido estar a la vanguardia como especialista de la principal tecnología del mundo moderno. Sin embargo, nunca permití que el profesional que llegué a ser, silenciara los sueños del niño que fui.

Ese niño tenía siempre la mirada fija en lo alto, y acariciaba dos sueños que embriagaban su imaginación: volar como las aves y conocer el secreto de las estrellas. Así, junto con los típicos juegos de niño, construía toscas maquetas de aviones utilizando madera, papel y cartón, y leía con avidez toda la literatura que tratara temas de astronomía y astronáutica.

Ya de adolescente, los sueños seguían ahí, y comencé con un hobby, que aún mantengo: el modelismo aéreo. Y junto con un primo, construí un rudimentario telescopio, con el cual podíamos disfrutar de los cielos y observar con gran detalle la Luna y los planetas.

Sin embargo, cuando llegó el momento de ir a la Universidad, me encontré con el problema que esos dos sueños, que se resistían a abandonarme, no los podía estudiar como una carrera universitaria. Astronomía no se dictaba, en ese entonces, en mi ciudad. Y la aviación no existía como un programa académico que se pudiera estudiar fácilmente.

Decidí entonces estudiar Ingeniería, y opté por la especialidad de informática. Elegí esta Carrera por su naturaleza ubicua, que intuía me permitiría utilizarla de muchas formas y en áreas muy distintas.

Y no me equivoqué, durante muchos años de ejercicio profesional, he trabajado en temas tan variados como la creación de código de computador, el análisis y diseño de sistemas de información, la arquitectura de software, el diseño y programación de Bases de Datos y también he incursionado en la docencia en educación superior, formando a nuevas generaciones de profesionales de la informática.

Pero ¿Y qué sucedió con la aviación y la astronomía, esos dos sueños que me perseguían desde la más temprana infancia? Pues no los olvidé.

Primer sueño

Al terminar mi Carrera me enteré de la existencia del Club Aéreo Universidad de Concepción, una institución que fomenta la aviación civil deportiva dictando el curso de piloto privado, y que opera desde el Aeropuerto Carriel Sur

Hice las averiguaciones respectivas y en poco tiempo ya estaba iniciando mi formación como aviador. Después de terminar el curso y haber aprobado los exámenes teóricos y prácticos ante la Dirección General de Aeronáutica Civil, obtuve la Licencia de Piloto Privado de Avión.

Durante más de veinte años volé intensamente, pero no solo en vuelos de paseo de fin de semana, como la mayoría de los pilotos civiles, sino que, además realizando misiones de apoyo para el combate aéreo de incendios forestales, como piloto del avión de control. También, realicé innumerables vuelos como piloto de un avión ambulancia para el traslado de personas heridas y enfermas desde localidades aisladas, principalmente la Isla Santa María e Isla Mocha. Y, además, cientos de vuelos de fotografía aérea para empresas forestales. Y muchas jornadas de vuelos populares en donde, como piloto, acompañé a personas, de todas las edades, en su bautismo aéreo.

Igualmente, colaboré como relator en la Escuela de Vuelo del Club Aéreo, dictando las asignaturas de Aerodinámica, Meteorología Aeronáutica y Navegación Aérea, ayudando así a formar a nuevos aviadores, algunos de los cuales actualmente vuelan como pilotos comandantes en líneas aéreas.

Segundo sueño

Con respecto a la astronomía, aproveché lo que aprendí en Matemáticas, Física y Química mientras estudié la Carrera de Ingeniería, para profundizar, en forma autodidacta, mis conocimientos en temas de astronomía y astronáutica.  Además, asistí a algunos cursos de perfeccionamiento docente en astronomía escolar, que se dictaban en la Escuela de Graduados de la Universidad de Concepción.

Después de muchos años de estudiar la astronomía de forma teórica, decidí dar el siguiente paso, y levanté mi propio Observatorio Astronómico. Durante el año 2004, aprovechando una remodelación mayor que hicimos a nuestra casa, inicié la construcción del Observatorio Astronómico Amateur Antares.

Este Observatorio posee una cúpula metálica de 2 metros de diámetro y aloja un moderno telescopio Catadióptrico, marca Celestron, Modelo Celestar 8, de 20 cm de apertura, con un buscador de 9x50 y motorizado en ascensión recta.

Durante años he realizado actividades de divulgación de astronomía y astronáutica, destacando talleres en colegios y liceos, ciclos de charlas y conferencias en diferentes lugares, publicación de artículos en periódicos y revistas de divulgación científica. Y por supuesto observaciones guiadas en mi Observatorio.

Reflexiones finales

Se suele decir que si no vivimos de nuestros sueños, hemos fallado en cumplirlos. Pero creo que eso no siempre es verdad. A través mi experiencia, he descubierto que la profesión puede dar el sustento diario, pero son las pasiones y sueños los que dan la vida.

No necesité ser un piloto comercial de línea aérea para sentir la emoción indescriptible de despegar y volar entre las nubes libre como las aves, tal como lo imaginaba a los siete años cuando jugaba con aviones de papel.

Del mismo modo, no hizo falta trabajar en un gran Observatorio profesional, para explorar el cosmos. Mi pequeño Observatorio es mi ventana personal al infinito. Como astrónomo amateur, he aprendido que observar la danza de los planetas o la luz de una galaxia lejana no requiere de un grado académico de doctor en astronomía, solo basta la misma curiosidad infantil que me hacía preguntar "¿por qué?" cuando era pequeño y salía al patio de la casa a observar, a ojo desnudo, la noche estrellada.

También es necesario destacar que la remuneración que se recibe por realizar estas actividades no es en dinero. El pago es observar la mirada de asombro y felicidad de un niño cuando ve por primera vez a través del ocular del telescopio y observa las montañas y cráteres de la Luna, los anillos del Planeta Saturno, los principales satélites de Júpiter o las zonas de formación de estrellas en la Nebulosa de Orión. Tampoco la remuneración es en dinero cuando vemos la emoción de personas, de cualquier edad, que observan por primera vez el paisaje desde el aire en los vuelos populares. 

Relacionado con lo anterior, quiero destacar lo agradecido que estoy de haber podido concretar mis dos sueños infantiles de manera no remunerada. Esto porque cuando se vive de una profesión en un contexto laboral tradicional, son inevitables los conflictos humanos que surgen por diferentes razones, pero que inevitablemente repercuten en el cariño con que se realizan las tareas cotidianas. En mi caso, al ser actividades que realizo ad-honoren, están a salvo de todos los disgustos y sinsabores propios de los ambientes de trabajo.

Como conclusión, puedo señalar que cumplir los sueños de la infancia no necesariamente significa convertir tu pasión en tu trabajo. A veces, si se dan las circunstancias, se puede tener la suerte que con la carrera profesional se logran hacer realidad esos sueños que ya parecían perdidos e inalcanzables. Como siempre digo cuando me presento: ”Soy Ingeniero Civil Informático y Magister en Educación por profesión, pero Observador de las estrellas y piloto aviador, por vocación”.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

La historia de Hugo Jara Goldenberg no solo es la de un profesional brillante, sino la de un soñador que nunca dejó que la adultez apagara la curiosidad del niño que un día fue. Su vida demuestra que el conocimiento solo alcanza su plenitud cuando se comparte, y él ha hecho de la divulgación y la enseñanza una verdadera misión.He sido testigo de su entrega incondicional, de cómo su mirada se llena de alegría cuando logra que otros descubran el placer de aprender y se asombren ante las maravillas del universo. Admirar la Luna o los anillos de Saturno a través de su telescopio se vuelve una experiencia mágica, no solo por lo que se observa, sino por la pasión con que Hugo transmite cada detalle.Como primo, siento una profunda admiración por su filosofía de vida. En un mundo donde muchos persiguen el éxito material, él eligió vivir desde la gratitud, la generosidad y la pasión por el conocimiento. Su ejemplo nos recuerda que no hay mayor recompensa que inspirar a otros y mantener viva la llama de la curiosidad que todos llevamos dentro.

Anónimo dijo...

Hermoso artículo