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13 de diciembre de 2015

La vida es matemática



Por Hugo Jara Goldenberg

Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 13 de diciembre de 2015

 Si se hiciera una hipotética encuesta a nivel mundial acerca de la importancia de las matemáticas, es seguro que una amplia mayoría de la población respondería en forma negativa sobre ella. Pero sus defensores, aunque minoría, lo harían con tanto entusiasmo que postularían que las matemáticas constituyen la clave fundamental para comprender adecuadamente a la naturaleza.

Ante este resultado tan abrumador surge inevitable la pregunta ¿Por qué esta ciencia genera tanto rechazo entre la mayoría de las personas?, en circunstancia que la capacidad de pensar y razonar numéricamente es parte fundamental de la capacidad cognitiva de todo ser humano.

Muchos matemáticos, en especial aquellos dedicados a su enseñanza, han aventurado explicaciones a este fenómeno, y entre ellos destaca John Allen Paulos, doctor por la Universidad de Wisconsin, laureado divulgador científico, quien nos presenta su último libro titulado “La vida es matemática” (TusQuest Editores, Serie Metatemas, 2015).

En esta obra, en cierta forma autobiográfica, el autor recurre a sus experiencias personales, con frecuentes recuerdos de su niñez, para mostrarnos cómo la matemática, cual un tejido invisible, envuelve a la realidad cotidiana, determinando que todas nuestras acciones diarias, aunque no nos demos cuenta, estén regidas por invisibles patrones numéricos.

Así, ramas de las matemáticas tan áridas como el cálculo, la teoría de probabilidades y las leyes de la lógica, se transforman en protagonistas de esta autobiografía. Aunque se trata de conceptos complejos, la gran capacidad divulgativa del autor, le permite explicarlas y aplicarlas de manera simple y contextualizada, logrando que el lector, no solo mejore su comprensión de la matemática, sino que también le pierda el miedo.

Un libro alcance de todo lector entusiasta.


 

24 de mayo de 2015

Horizonte vertical



Por Hugo Jara Goldenberg

Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 24 de mayo de 2015

En todos los deportes hay un evento cumbre al cual sueñan llegar todos quienes lo practican. Así cualquier tenista imagina jugar  un Grand Slam, los automovilistas anhelan llegar a la Formula Uno y la máxima aspiración de los montañistas es escalar el Monte Everest, la cumple más alta del mundo con 8848 m.  Chile como país de cordillera ha tenido una larga tradición de escaladores, pero recién el en año 1992, una expedición nacional, liderada por el reconocido andinista y profesor Rodrigo Jordán, pudo hacer cumbre en ese emblemático lugar.
Veintidós años después de esta hazaña, Rodrigo Jordán, en coautoría con el periodista Marcelo Simonetti, nos cuenta su aventura, pero en lugar de utilizar el formato habitual para este tipo de relatos, han elegido hacerlo con una novela.
Se trata de “Horizonte Vertical, Ascensión al Everest”, una novela en la  que  conoceremos a Martín, un joven veinteañero que vive el conflicto de cumplir el deseo de sus padres de estudiar y heredar el negocio familiar, o alcanzar el sueño de ser libre entre las montañas.  En el relato participan también, como protagonistas, los integrantes originales de la expedición. Se trata de los deportistas Rodrigo Jordán, Christian García Huidobro, Claudio Lucero y Alfonso Díaz, quienes guían al inexperto Martín, en la difícil travesía.
La obra nos muestra, en un relato cautivante, todos los detalles y pormenores de la travesía, desde la llegada a Nepal, los viajes interiores hacia la base del Everest, ingresando por el Tíbet, y por supuesto todo es ascenso. También nos enteramos de varios intentos anteriores fallidos, en los cuales se estuvo a metros de alcanzar la cima pero diversas circunstancias impidieron dar el paso final, y en particular es sobrecogedor enterarse de lo que sucedió en el año 1986, cuando en un desafortunado accidente falleció el escalador, Victor Hugo Trujillo, cuyo cuerpo fue sepultado por sus compañeros en la nieve.
 La lectura atrapa y como nunca la imaginación hace su trabajo, transformando al lector en otro protagonista de un viaje épico, que en este caso fue real.



 

17 de mayo de 2015

Al servicio del Reich. La Física en los tiempos de Hitler.



por Hugo Jara Goldenberg


Un extracto  de esta reseña fue publidada en el diario El Sur, el 3 de mayo de 2015.

Cuando se piensa en la ciencia como en la búsqueda de la comprensión del Universo, libre de todo dogma o fundamentalismo, parece natural imaginarla como una actividad prístina, ajena a todas las mezquinas preocupaciones mundanas. Incluso Albert Einstein decía que la ciencia "es una empresa sin fronteras e independiente de cualquier credo o país".

Sin embargo, por ser la ciencia una creación cultural, resulta inevitable que se contamine con las bajezas que con frecuencia surgen de la condición humana. Esta situación  se puede producir, por ejemplo, cuando los científicos se ven atrapados en regímenes totalitarios y deben someter su actuar profesional a intereses ajenos al ideal de una investigación al servicio de la humanidad.

Un caso palpable de esta subyugación de la ciencia al poder político dictatorial se dio en Alemania durante la época del nazismo (1933-1945), y de ella nos cuenta el químico y Doctor en Física Philip Ball, en el libro titulado "Al servicio del Reich, La física en los tiempos de Hitler", Editorial Turner Noema (2014).

En un relato ameno y muy bien documentado, se muestra cómo se desarrolló la intervención del poder político-militar nazi en el quehacer del mundo científico, que en aquella época era pionero a nivel mundial, ya que basta con recordar que durante los primeros 30 años de entrega de los premios Nobel, que se empezaron a otorgar en año 1901, lo ganaron 25 científicos alemanes, principalmente en física y química.

La trama de la obra se centra en tres personajes, se trata de los científicos, Max Planck (Nobel de Física 1918), Werner Heisenberg (Nobel de Física 1932) y el holandés formado académicamente en Alemania, Peter Debye (Nobel de Química 1936), todos ellos de innegable valía intelectual e incluidos entre los padres de la ciencia del siglo XX. Pero de los cuales, a la luz de estudios recientes, se ha comenzado a cuestionar su actuar frente a las autoridades políticas de la época, al considerarse que si bien posiblemente no simpatizaban con el nazismo, no hicieron mucho por oponerse a sus excesos,  escudándose en la supuesta neutralidad de la ciencia.

Aunque juzgarlos a posteriori parece improcedente, el autor insiste en que es necesario analizar el rol que jugaron estos científicos, y otros personajes,  en el apoyo directo a la consolidación del estado nazi, y la pasividad mostrada ante las políticas de persecución racial, que llevó a la muerte a muchos de sus colegas de origen judío, y obligó a otros  a huir de Alemania, como fue el caso de Albert Einstein y la física austríaca Lise Meitner, entre tanto otros.

En el prólogo del libro, el autor señala que estos tres personajes claramente no fueron héroes, pero tampoco fueron villanos. Como muchos otros ciudadanos alemanes, se vieron obligados a sobrevivir en período difícil y peligroso y "cada uno se preocupó de preservar hasta donde fuese posible su propia carrera, autonomía e influencia",

Con éste, su último libro, Philip Ball  logra el objetivo de desmitificar la idea de que la ciencia es apolítica, y nos confirma que al igual que todo producto cultural, inevitablemente la actividad científica será permeable a los intereses políticos, económicos y militares que la rodeen.

 

5 de abril de 2015

Guía de un astronauta para vivir en la Tierra



Por Hugo Jara Goldenberg


Un extracto  de esta reseña fue publidada en el diario El Sur, el 5 de abril de 2015.

Si hay algo que caracteriza a la especie humana es el deseo de explorar y conocer nuevos territorios, después de todo fue ese afán el  que nos permitió, como especie, colonizar todo el planeta. Así en cada época histórica podemos encontrar a intrépidos aventureros que, enfrentando los riesgos más extremos,  fueron extendiendo los límites del conocimiento y el espacio vital de la humanidad. Ahora, en pleno siglo XXI, una de las nuevas  fronteras a la que nos enfrentamos es la exploración del Espacio.

Y aquí, los modernos exploradores,  émulos de Colón, Vasco de Gama, Magallanes y tantos otros, son los astronautas. Pero a estos viajeros espaciales los vemos lejanos.  Después de todo constituyen un grupo exclusivo de individuos, elegidos entre miles, y que poseen características y capacidades físicas e intelectuales muy por sobre la media del común de los mortales.  De sus hazañas sólo sabemos a través de las notas de prensa y documentales de televisión.

Sin embargo hay un astronauta que se ha destacado del resto en su afán de compartir su experiencia con el ciudadano común. Se trata Chris Hadfield, Coronel (Retirado) de la Fuerza Aérea canadiense, y el primero de su país en viajar al Espacio.

Hadfield se ha hecho conocido en las redes sociales debido a que durante su última permanencia en el Espacio, que se extendió por cinco meses, entre diciembre de 2012 y mayo de 2013, realizó una serie de videos desde la órbita de la Tierra, los cuales publicó en Youtube y recibieron millones de visitas.

Resumiendo todas sus vivencias, producto de permanecer más de 4000 horas en el Espacio, este astronauta  ha publicado un libro titulado “Guía de un astronauta para vivir en la Tierra”, Ediciones B (2014),  en el cual no sólo nos cuenta de su experiencia fuera de la Tierra, sino que también nos hace partícipes de la filosofía de vida que ha logrado desarrollar producto de la rigurosa formación a la que debió someterse para transformarse en un viajero espacial.

En un relato ameno, seremos testigos de los sueños que fraguo siendo aún un niño, cuando observó  el alunizaje de la Apollo 11 en el año 1969. Al ver a Neil Armstrong caminar en la Luna, el pequeño Chris decidió que también él sería astronauta. Pero sus posibilidades de ir al espacio eran menos que nulas, ya que no era estadounidense y su país no poseía una agencia espacial. Sin embargo no se amilanó y se preparó para esa meta tal como si sus posibilidades fueran altas. Así,  siguió los pasos lógicos para cumplir ese anhelo, por lo que primero se hizo aviador militar llegando a ser un experimentado piloto de pruebas. De esta manera, cuando Canada recibió un cupo para enviar un astronauta al Espacio, él ya estaba preparado.

Sus veinte años de experiencia como astronauta impregnan las páginas del libro. Las anécdotas, datos curiosos, experimentos científicos y la explicación de cómo las cosas cotidianas funcionan en el Espacio desfilan una tras otra.  Sin embargo, además de la aventura, el mensaje que nos  transmite el Coronel Chris Hadfiel, es que jamás debemos abandonar los sueños, pero que tampoco debemos olvidar que éstos sólo se alcanzan con esfuerzo y trabajo arduo.