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21 de diciembre de 2007

Cómo acceder a los cielos australes

Por Hugo Jara Goldenberg

Este comentario fue publicado en la revista de Arte y Cultura "Catalejo" Nº 2 de diciembre de 2008

Cuesta encontrar libros de astronomía escritos por chilenos, y más aún orientados a la astronomía amateur práctica, algo así como un manual de campo de otras disciplinas. Por eso sorprende gratamente el libro “Guía a los cielos australes” (Editorial Dolmen Océano, 2003), subtitulado “Astronomía básica para el hemisferio Sur”, del conocido escritor y divulgador científico Jorge Ianiszewski.

El libro, que ya va en su segunda edición (y varias reimpresiones), está estructurado en ocho capítulos, los primeros de los cuales se orientan a la astronomía práctica, es decir a entregar al aficionado las herramientas que le permitan disfrutar, con conocimiento, del maravilloso espectáculo que constituye una noche estrellada.

El primero, titulado “La Astronomía en fácil”, nos enseña a reconocer los diferentes tipos de objetos que es posible observar en el firmamento; y a comprender de un modo ameno conceptos básicos del lenguaje astronómico, como por ejemplo: distancias en el cosmos, esfera celeste, tiempo sideral y mucho más.

El segundo capítulo, titulado “Cartas Estelares” nos presenta cuatro mapas estelares, a color, en donde figuran los objetos visibles desde las latitudes australes, en las cuatro estaciones del año. Las cartas incluyen la posición de los planetas, asteroides, cometas y lluvias de meteoros.

El tercer capítulo: “Constelaciones y magnitudes estelares”, nos permite conocer interesantes antecedentes acerca de las constelaciones. Sus orígenes (confundidos entre mitos y leyendas) y su uso actual como una herramienta útil para la orientación en los cielos. También aprenderemos la forma de clasificar a las estrellas por medio de su brillo.

El cuarto capítulo describe en detalle 30 constelaciones (todas visibles desde nuestras latitudes australes), mostrando para cada una de ellas un mapa en donde podemos visualizar su figura dibujada (con mucha imaginación) entre las estrellas que la conforman. También se hace una referencia de su historia, las principales estrellas que la componen, objetos estelares visibles en su campo de visión, como: nebulosas, cúmulos estelares y galaxias. Del mismo modo, se señala si dichos objetos pueden observarse a ojo desnudo o con la ayuda de binoculares o pequeños telescopios, así como la época del año en que son visibles.

La segunda parte del libro está orientada a entregar conceptos teóricos generales de la astronomía moderna, necesarios para quién pretenda incursionar en esta apasionante ciencia, incluso como simple aficionado. Galaxias, agujeros negros, estrellas de neutrones, supernovas, cuasares y materia oscura desfilan a través de una serie de capítulos, escritos en un lenguaje ameno y asequible a cualquier lector interesado.

Toda la información contenida en el libro se complementa con un interesante sitio web mantenido por el autor: http://www.circuloastronomico.cl/ . En ese lugar del ciberespacio se puede encontrar un banco virtual de información astronómica y astronáutica, incluyendo las últimas noticias y efemérides de eventos que ocurrirán en nuestros cielos, en español, y que sirven de fuente de actualización permanente del libro.

Se trata de una obra hecha a la medida para nuestros cielos ( los más diáfanos de mundo), y por la tanto recomendada para todos quienes pretendan iniciar o profundizar el estudio, como aficionados, del cosmos y sus misterios.

19 de noviembre de 2007

La falacia de las profecias y adivinaciones

Artículo de opinión publicado en la revista de divulgación astronómica Argo Navis (Nº14).

Por Hugo Jara Goldenberg

Las seudociencias son populares, qué duda cabe, y la principal razón por la cual un gran porcentaje de la población se deja atrapar por sus dulces cantos de sirena, obedece a que ofrecen una forma simple de comprender la realidad, además que permiten explicar ciertos fenómenos naturales, de manera aparentemente convincente, pero sin tener que someterse al rigor del método científico.

Una de las ilusiones que más adeptos atrae, es aquella que ofrece adivinar el futuro. Y esto no es casualidad, ya que conocer lo que nos depara el provenir es una aspiración que ha encendido la imaginación de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Todos los pueblos y culturas que nos precedieron de alguna forma canalizaron este deseo a través de rituales a cargo de sacerdotes, chamanes o hechiceros.

Sin embargo, con el advenimiento de la civilización y la consolidación de la ciencia como una forma objetiva de comprender el funcionamiento del mundo, se esperaría que esas creencias absurdas tiendan a desaparecer. No en vano, el desarrollo de las ciencias cognitivas (que incluyen el aporte multidisciplinario de la psicología, la filosofía, la lingüística y las neurociencias) nos han permitido avanzar en la comprensión de los mecanismos del funcionamiento del binomio cerebro-mente, y también a aceptar la imposibilidad de tales eventos premonitorios.

Es más, está demostrado que quienes dicen poseer estos poderes adivinatorios no son más que embaucadores, que utilizan técnicas psicológicas para averiguar información de sus víctimas. Preguntas dirigidas, interpretación de gestos, manejo de vocabulario, forma de vestir, entre muchas otras, son los medios a través de los cuales estos charlatanes son capaces de timar a sus crédulos clientes, revelándoles un futuro que no es más que un discurso vago y ambiguo, que entremezcla las aspiraciones y sueños de cualquier ser humano. No obstante, y a pesar de constituir un engaño flagrante, estas creencias siguen plenamente vigentes en la sociedad, a tal punto que las páginas más leídas de los periódicos son aquellas en donde aparece el horóscopo, e incluso un ex presidente de EEUU tenía a una médium que le preparaba la agenda diaria.

¿Por qué, en una época como la nuestra, marcada por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, continúan siendo comunes estos comportamientos irracionales?, la respuesta es compleja y la razón de esta paradoja va más allá de atribuirla sólo a la falta de educación de la población. Muchos piensan que la superstición constituye un medio de escape para el ciudadano del nuevo milenio, el cual reacciona al agobio y la asfixia que le impone la vida moderna, con la práctica de estas conductas que, aunque ilógicas, le permiten proyectar sus esperanzas de manera simple y cómoda.

Pero no nos debemos engañar, ya que sólo a través del rigor y la objetividad del conocimiento científico es que seremos capaces de tomar las decisiones más juiciosas en la sociedad tecnificada y globalizada del siglo XXI. Cuando ese conocimiento racional sea adecuadamente traspasado a la población toda, lograremos que las seudociencias vayan quedando en el olvido, y que ya nadie pretenda el absurdo de adivinar el futuro.

4 de noviembre de 2007

El movimiento perpetuo

Al ser humano le cuesta resistirse al embrujo de las quimeras, esto a pesar de que con el desarrollo de la civilización y el advenimiento de la ciencia, ya no debería haber espacio para sueños irracionales.


Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el Diario El Sur , el 4 de noviembre de 2007. Ver artículo...

Aun cuando ya nos encontramos en pleno siglo XXI, una parte importante de la población sigue creyendo en imposibles. La búsqueda de la eterna juventud, el deseo de vencer a la muerte o el afán de adivinar el futuro, entre muchas otras fantasías inalcanzables, continúan encendiendo la imaginación de muchos. Sin embargo, uno de los anhelos más curiosos es el que pretende lograr el movimiento perpetuo, es decir aquel que se puede desarrollar en forma espontánea. Un mecanismo provisto de tal propiedad permitiría, una vez puesto en marcha, generar trabajo por tiempo indefinido, resolviendo para siempre uno de los principales problema de la civilización: La obtención de energía.

Durante mucho tiempo, personajes de toda clase, desde embaucadores hasta sabios de reconocido prestigio, creyeron haber dado con los secretos de esta mítica quimera. La novela “El inventor de la máquina prodigiosa” (Editorial “El Ateneo”, 2007) de Laurent Flieder, nos remonta a un episodio histórico en el cual pareció haberse resuelto dicho asunto. La trama se desarrolla a principios del siglo XVIII, una época en la cual ya estaba pronta a irrumpir la era industrial, y la humanidad comenzaba a comprender la importancia de disponer de fuentes importantes de energía.

En un relato en primera persona, un anciano recapitula lejanos pasajes de su vida cuando, aún adolescente, sirvió como lacayo de Gottfried Wilhelm Leibniz (el famoso filósofo y matemático). Asistiendo a su señor, le correspondió ser testigo privilegiado de uno de las aventuras tecnológicas más controvertidas de ese siglo, tanto por las grandes expectativas depositadas en ella, como por lo dramática que resultó su realización.

Transcurre el año 1714 y el anciano Leibniz, acompañado por su joven sirviente, acepta la invitación del Príncipe de Hersfeld para visitar sus dominios. El gobernante, empeñado en construir un monumental mausoleo en memoria de su difunta esposa, tiene a su servicio a un séquito de arquitectos, albañiles y carpinteros. Entre ellos se encuentra el ingeniero Elías Bessler, conocido por construir novedosos aparatos que facilitan el trabajo de los obreros.

Fuente de energía inagotable

Pero Bessler sorprende a todos cuando presenta una máquina distinta a todas las conocidas. Se trata de un ingenio que una vez puesto en marcha, permite generar un movimiento sin fin, transformándose de esa forma en una fuente inagotable de energía. Un grupo de escépticos científicos y filósofos observan con atención el dispositivo, intentando dar con el engaño, pero no encuentran nada. El gran Leibniz, a pesar de ser conciente de la imposibilidad física de tal mecanismo, lo defiende y apoya a su inventor en una aplicación monumental que hará famoso al Príncipe anfitrión.

Sin embargo, oscuras circunstancias impiden que el anhelado proyecto se concrete. La máquina resulta destruida y hasta hoy se especula sobre su naturaleza, aunque lo más probable es que se trataba sólo de un aparato ingenioso, que minimizando el roce, lograba un rendimiento superior. Pero en ningún caso permitía el movimiento perpetuo, ya que un artilugio como ese sería imposible de construir, puesto que violaría el principio de conservación de la energía, una de las leyes fundamentales de la naturaleza.

Muchos de los hechos referidos en la obra son reales, pero al ser presentados bajo la forma de una novela, le da al autor la libertad de jugar con personajes y circunstancias. Así, además de disfrutar de un relato entretenido, tendremos la oportunidad de ver en escena a más de alguna celebridad, como a Isaac Newton, que mantenía una encendida disputa con Leibniz, por la paternidad del recién inventado cálculo o a Francois-Marie Arouet, un poeta francés exiliado al que la historia recordará como Voltaire.

El autor, Laurent Flieder, un conocido escritor y académico, consigue reproducir los acontecimientos con rigor histórico y además utiliza un lenguaje elegante que recrea magistralmente la forma de expresarse en esa época, lo cual hace mucho más atractiva la lectura. Es de esas novelas en que la intriga y la ficción no impiden aprender algo de historia y ciencia.

28 de octubre de 2007

Astronomía Recreativa

Está disponible en Internet un libro de astronomía escrito hace más de 70 años por un, para nosotros desconocido, divulgador científico ruso. Considerando el vertiginoso avance del conocimiento en esas áreas, podría pensarse que ese texto está ya obsoleto, sin embargo, para nuestra sorpresa, continúa plenamente vigente.

Por Hugo Jara Goldenberg


Yakov Perelman fue un divulgador científico muy famoso en su país, nació en 1882 en Bielostok, en la actual Bielorusia y murió en el sitio de Leningrado (ahora San Petersburgo) en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque era agrónomo, formalmente estudió la carrera de silvicultura en un Instituto Forestal, dedicó toda su vida a transmitir en forma entretenida la ciencia al ciudadano común. Escribió cientos de artículos para periódicos y revistas, manuales escolares y 40 libros de divulgación (abarcando múltiples temáticas), todos con muchas ediciones y traducciones a varios idiomas, incluido el español.

De entre sus textos se destaca, de manera muy especial, Astronomía Recreativa. Se trata de una obra en donde los temas se desarrollan a través del ejercicio de plantear preguntas, las cuales se responden en forma amena, y lo que es destacable, utilizando en forma generosa el lenguaje de la ciencia: las matemáticas, aunque en un nivel básico, al equivalente de nuestra enseñanza media. Esto es digno de destacar, ya que una de las falencias de los escritos de divulgación científica es que renuncian a utilizar fórmulas y notación matemática. Generalmente esto obedece a razones comerciales ya que, a decir de los editores, por cada ecuación que aparece en un volumen se pierden algunos miles de posibles lectores.

El libro Astronomía Recreativa fue escrito en los años 30 del siglo pasado, por lo que se podría decir que ya está desactualizado, considerando el vertiginoso avance alcanzado por la astronomía en estos 70 años. Sin embargo no es así, ya que los contenidos analizados mantienen su vigencia, por tratarse de conceptos asociados a la forma y medidas de la tierra, mecánica celeste y gravitación principalmente. Las materias tratadas son en apariencia simples, podríamos decir que dirigidas a escolares; pero no dejan de sorprender, incluso a los expertos en esta disciplina.

La obra está estructurada en cinco partes, cada una enfocada en una temática específica. El primer capítulo La Tierra su Forma y Movimientos, trata sobre las medidas y forma de nuestro planeta, lo que conocemos como Geodesia. Se habla de mapas, de elementos de navegación, se explica por qué en un mapa de proyección rectangular (como las conocidas cartas Mercator), la distancia más corta entre dos puntos de la superficie no es una línea recta, sino una línea curva; esto lo saben muy bien los marinos y aviadores, quienes navegan largas distancias, pero no el ciudadano común. Se menciona también al tiempo, de cómo utilizar un reloj analógico como brújula y muchas otros fenómenos que sorprenderán y maravillarán al neófito.

En el capítulo 2, que lleva por título La Luna y sus Movimientos, se discuten una serie de temas relacionados con nuestro satélite natural. Así, podemos encontrar respuesta a inquietudes tales como si somos en realidad (La Tierra y la Luna) un planeta doble, las verdaderas dimensiones del mundo lunar, o por qué los eclipses se repiten cada 18 años.

El tercer capítulo, dedicado a Los Planetas nos permite acceder al conocimiento que sobre nuestro sistema planetario se tenía en esa época. Se tratan materias clásicas como por qué a Júpiter se le puede considerar un Sistema Solar en miniatura. También es muy interesante lo que se dice de Plutón, a la fecha de publicación del libro, recién descubierto. Ya entonces se hacían notar ciertas características peculiares de ese lejano cuerpo cósmico, que durante 76 años fue considerado el noveno planeta, pero que en agosto de 2006 fue degradado de esa categoría. Sin embargo, el haber perdido el estatus de planeta principal no significa que carezca de interés científico, prueba de ello es que en enero de 2006 fue lanzada al espacio la sonda New Horizons, cuya misión es explorar a Plutón y su luna Caronte. Tan lejano se encuentra este cuerpo que la nave espacial, viajando a más de 76000 km/h, recién llegará a su destino en el año 2015.

En el capítulo 4, que lleva por título Las Estrellas, se habla de conceptos que van desde la fisiología de la vista humana (para explicar porqué vemos las estrellas “estrelladas” y titilando mientras que los planetas brillan con luz serena), hasta los límites que, en ese entonces, se conocían del Universo, pasando por la explicación, con abundantes demostraciones algebraicas y geométricas, de lo que son las magnitudes estelares.

En la quinta y última parte, dedicada a La Gravitación, se explica muy bien esta fuerza que le da forma a nuestro Universo. Aunque muchos hablan a menudo de esta ley fundamental de la naturaleza descubierta por Isaac Newton, pocos la comprenden realmente. Pero leyendo con atención este capítulo, de sólo 26 páginas, el asunto quedará más que claro, eso sí que al costo de tener que seguir el desarrollo de una que otra ecuación.

A pesar de su calidad, este libro no está en las librerías, ya que no se ha editado recientemente, quizá con algo de suerte podría encontrarse en alguna tienda de libros usados. Pero aquí viene una muy buena noticia, los señores Patricio Barros y Antonio Bravo, admiradores de la obra del divulgador científico ruso, se dieron el trabajo de digitalizar algunos de sus textos y los han puesto en un sitio de Internet, desde el cual se pueden descargar. www.librosmaravillosos.com

Perelman pretendía escribir un segunda parte de esta obra, pero no pudo hacerlo. Durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo la desdicha de sufrir el bloqueo de la ciudad de Leningrado, y murió de hambre el 16 de marzo de 1942. Sin embargo, su legado escrito continuó cautivando a nuevas generaciones de jóvenes rusos, que en forma amena pudieron acceder al territorio cautivador de la ciencia y la tecnología. A pesar de las muchas traducciones, durante mucho tiempo Perelman fue un desconocido en occidente, pero ahora, gracias a Internet, podemos disfrutar de algunos de sus libros, la mayoría de los cuales, a pesar del paso de los años, son aún fuentes valiosas de información.

26 de septiembre de 2007

Descubrimientos que transformaron al Mundo


Cuando se trata de llevar el saber de la ciencia al ciudadano común, parece inevitable el recurrir a fórmulas y ecuaciones. Para muchos divulgadores, esto tiene sentido ya que las matemáticas constituyen el lenguaje de la naturaleza.

Por Hugo Jara Goldenberg


Existe consenso en que la adecuada transmisión del conocimiento científico es una condición necesaria para que las personas puedan acceder a todas las oportunidades que ofrece la sociedad tecnificada y globalizada del siglo XXI. Pero cómo se puede lograr esa anhelada comunicación sin recurrir a las matemáticas, considerando que una parte importante de la población no posee la formación necesaria para entenderla, incluso en su nivel más básico.

Muchos connotados científicos, concientes de esta realidad, se han embarcado en la empresa de contar en palabras simples lo complejo, optando por no incluir ninguna ecuación en sus libros. Pero como en la vida nada es gratis, el simplificar o explicar un concepto de un modo alternativo, tiene un costo y en el caso de la divulgación científica ese costo significa perderse la “obra” en el idioma original.

Este preámbulo se relaciona con el libro “Cinco ecuaciones que cambiaron al mundo; el poder y belleza de las matemáticas” (Editorial Debate) de Michael Guillen, un científico y divulgador, que fue por muchos años el editor del programa “Good Morning America”, de la cadena de televisión ABC.

En la introducción del libro se explica la importancia que tienen las matemáticas en el andamiaje de la ciencia, y en particular el rol que cumplen las ecuaciones, de las cuales se dice: “son como la poesía: establecen verdades con una precisión única, comportan grandes volúmenes de información en términos más bien breves y, por lo general son difíciles de comprender para el no iniciado”. Además, con respecto a ellas se señala que “…es imposible comprender el auténtico significado de una ecuación, o apreciar su belleza, a menos que sea en el lenguaje deliciosamente caprichoso en el cual se escribió”.

La propuesta del autor es guiar a los lectores para que puedan comprender por sí mismos el significado de cinco de los logros científicos más importantes de la historia de la humanidad. Los cuales desembocaron en inventos y descubrimientos relevantes como: la utilización de la energía eléctrica, el desarrollo de la aviación, los vuelos interplanetarios, la energía nuclear e incluso una propuesta para comprender la muerte.

La estrategia del autor es introducir al lector en el conocimiento profundo del significado de cada ecuación. Para ello presenta cada fórmula como una historia, la cual se estructura en cinco partes: En el prólogo se relata algún incidente llamativo en la vida del científico que la descubrió, lo que nos va a permitir conocerlo en aspectos íntimos y humanos. A continuación vienen tres actos: veni, vidi, vici (palabras atribuidas a Julio César: vine, ví y vencí). En veni se explica cómo el científico se introduce en el tema de estudio. En vici se muestra cómo es que el asunto era tan misterioso y escurridizo en su tiempo y en vici se aclara cómo se llegó a resolver el problema en forma de una ecuación matemática. Finalmente, en el epílogo se describe cómo la aplicación práctica de esa ecuación transformó a la humanidad, a través de inventos o nuevas formas de ver al mundo.

Gravitación

El primer capítulo titulado “Manzanas y Naranjas: Isaac Newton y la Ley de Gravitación Universal”, nos permite acceder a antecedentes poco conocidos de la niñez de Newton y que, de alguna manera, explican su especial personalidad, caracterizada por el mal humor y la hosquedad. Este genio inglés incursionó, de manera brillante, en muchas áreas de la física y las matemáticas, pero su mayor logro fue entregar a la humanidad una comprensión renovada de la naturaleza, a través de la famosa ecuación gravitatoria:

F = G x M x m ÷ d 2

Aunque esta ecuación no dio origen a ningún invento, permitió una nueva visión de nuestro Sistema Solar y del Universo y posibilitó el desarrollo de la conquista del espacio, uno de cuyos hitos fue la llegada del ser humano a la Luna.

Sustentación aerodinámica

La siguiente historia titulada: “Entre una roca y una dura vida: Daniel Bernoulli y la Ley de la Presión Hidrodinámica” nos presenta a Daniel Bernoulli y su ley de la presión hidrodinámica. Aunque estudió medicina por imposición de su padre, su pasión eran las matemáticas y los fluidos. A los 23 años ya era un conocido científico y en 1725 fue invitado por la emperatriz Catalina I a ocupar el puesto de profesor en la Academia Imperial de las Ciencias de San Petersburgo en Rusia, cargo que sirvió durante ocho años. Su vida no fue fácil y tuvo desencuentros familiares serios con su padre, también matemático, que lo afectaron anímicamente. Después de estudiar en profundidad los fluidos, el aire, el agua y también la sangre, por su formación de médico, logró resumir su comportamiento en la ecuación:

P + p x ½ v2 = CONSTANTE

La ecuación hidrodinámica alcanzó su máxima aplicación en el siglo XX, con el desarrollo de la aviación. Es ella la que explica por qué un ala (cuerpo con superficie aerodinámica) al desplazarse con respecto al aire (un fluido) genera sustentación y permite el vuelo de un objeto más pesado que el aire. La tecnología desarrollada a partir de este descubrimiento permitió hacer realidad un sueño que, desde tiempos inmemoriales, había embriagado la imaginación de la humanidad: La conquista de los cielos.

Electromagnetismo

La tercera historia titulada "Cuestión de clase: Michael Faraday y la Ley de la Inducción Electromagnética" relata la historia de un joven pobre, hijo de un herrero, que a los 14 años, semianalfabeto, ingresa como aprendiz de encuadernador a una librería. “Nunca había entrado a una biblioteca, pero durante los siete años siguientes llegaría hasta él una completa biblioteca con libros de todo el mundo”. Ávido de conocimiento y con mucha perseverancia, el joven Faraday comenzó a leer y estudiar todos los libros que le correspondía encuadernar hasta llegar a transformarse, como era su más íntimo deseo, en un Filósofo de la Naturaleza. Sus estudios y experimentos permitieron develar los secretos de la electricidad y el magnetismo, al demostrar que eran dos aspectos de una misma fuerza. Su principal descubrimiento lo enunció en palabras, ya que no tenía gran dominio de las matemáticas: “Siempre que una fuerza magnética aumenta o disminuye produce electricidad; a mayor rapidez de aumento o disminución, mayor cantidad de electricidad produce”. Posteriormente James C. Maxwell plasmaría este descubrimiento en la famosa ecuación:

VXE = -∂B / ∂t

Los estudios y descubrimientos de Faraday permitieron que la humanidad dispusiera de una nueva forma de energía: La Electricidad, la cual reemplazó al vapor, en la vertiginosa carrera de nuestra civilización en pos del desarrollo y el progreso.

Entropía

El cuarto capítulo se titula "Una experiencia nada provechosa: Rudolf Clausius y la Segunda Ley de la Termodinámica" presenta a Rudolf Julius Emmanuel Clausius, en su tiempo el físico más respetado de toda Prusia, de carácter afable, padre cariñoso de seis hijos. Era un profesor al que se quería y respetaba por su inteligencia y sencillez. Estudiando el calor y las máquinas de vapor enunció la segunda ley de la termodinámica, la cual señala que en todos los fenómenos naturales, una fracción de la energía involucrada, en forma de calor, se torna inutilizable para nuevos procesos. A esta energía de desecho la denominó Entropía. Analizando diferentes tipos de mecanismos (desde molinos de viento hasta los seres vivos), descubrió que siempre los cambios positivos de entropía superan a los cambios negativos, lo cual reflejó en la ecuación:

D S universo > 0

Este descubrimiento tuvo profundas implicancias filosóficas ya que por primera vez la ciencia explicaba la causa objetiva, no sólo del envejecimiento y muerte del universo, sino también del fin de la vida biológica y la irreversibilidad de la flecha del tiempo.

Relatividad

Por último, "La curiosidad mató a la luz: Albert Einstein y la Teoría de la Relatividad Especial", nos remonta a marzo de 1879, cuando nace el primogénito de Hermann y Pauline Einstein. Cuando niño, se creyó que padecía de retardo mental, era lento para hablar, leer y aprender, pero llegó a ser el mayor genio científico de todos los tiempos. Su famosa Teoría de la Relatividad es muy conocida, ¿quién no la ha escuchado nombrar?, y muchos adolescentes garabatean la famosa fórmula E = m x c2 en sus cuadernos. La obra de Einstein no se limitó sólo a remecer los cimientos de la Física, sino que tuvo grandes implicancias en el terreno filosófico al dar un nuevo significado al espacio y tiempo newtonianos, y modificar para siempre los conceptos de causalidad, determinismo y realidad.

El objetivo del autor, de llevar el conocimiento científico al ciudadano común, se logra plenamente. Su libro, escrito en un lenguaje didáctico, efectivamente permite acceder, de manera simple y entretenida, a los secretos de la génesis de cinco de las ecuaciones más trascendentes de nuestra civilización. Pero la obra de Michael Guillen, además de contribuir, de manera brillante, a la tan anhelada democratización del saber, se transforma también en una interesante y documentada crónica del devenir científico, desde el siglo XVII hasta nuestros días.

5 de septiembre de 2007

Polvo de estrellas


Existen descubrimientos científicos que para muchos pueden resultar sorprendentes, e incluso perturbadores, ya que encierran una verdad que trasciende el terreno de la racionalidad y se adentran en lo más profundo de la sensibilidad humana.

Por Hugo Jara Goldenberg


Este artículo fue publicado en la Revista Artemisa (Nº 6) y un extracto del mismo apareció en la revista de divulgación astronómica Argo Navis.

Quién no ha escuchado o leído la frase “somos polvo de estrellas”, se trata de un pensamiento profundo y conmovedor, que invita a la meditación y que ha sido fuente de inspiración de literatos y trovadores. Pero muchas personas se sorprenderán al enterarse que tras esta idea hay algo más que belleza poética o una elaborada metáfora. En ella, por sobre todo, se esconde una gran verdad científica, quizá si uno de los logros más trascendentes alcanzados por la astronomía del siglo XX.

Durante mucho tiempo se creyó que las estrellas no eran más que pequeños puntos luminosos que permanecían fijos en la esfera celeste. Y aunque posteriormente se descubrió que éstas eran en realidad objetos similares a nuestro Sol, la naturaleza de esos cuerpos continuó oculta tras el velo del misterio. Incluso a principios del siglo XIX, el filósofo Auguste Comte, al especular sobre los límites absolutos del conocimiento, señalaba que una de las cosas que el ser humano jamás podría conocer, era la constitución material de los cielos.

Sin embargo, todo cambió con el desarrollo de la espectrografía, una técnica maravillosa que permite desnudar los secretos de la luz. Con la ayuda de esta herramienta se descubrió que los elementos presentes en el Sol, y en consecuencia en todas las estrellas, son los mismos que encontramos en la Tierra. Con este hallazgo se confirmaba que nuestro planeta, no sólo es parte integrante del cosmos, sino que comparte con éste su sustancia material y obedece a las mismas leyes físicas.

La siguiente incógnita con respecto a las estrellas, era entender los mecanismos mediante los cuales pueden generar las ingentes cantidades de energía, que las hacen brillar durante miles de millones de años. Para resolver este enigma fue necesario esperar hasta el siglo XX, cuando la comprensión de las leyes que gobiernan a las partículas fundamentales de la naturaleza, permitió finalmente develar el gran secreto estelar. Es a través del fenómeno de la fusión nuclear, que los astros pueden vivir durante tanto tiempo.

Átomos de nuestro cuerpo

Pero este descubrimiento trajo aparejado otro igual de trascendente. Al elaborar los modelos físico-químicos que permitían explicar cómo la fusión nuclear podía generar tal cantidad de energía, se puso de manifiesto un hecho notable: en el interior de las estrellas se sintetizan los elementos más pesados que el hidrógeno. En consecuencia, es la evolución estelar (el ciclo del nacimiento, vida y muerte de los astros) la que, a partir del hidrógeno presente ya en los inicios del Universo, da origen a toda la variedad de átomos que existen en la naturaleza.

Así, se demostró que cada elemento atómico que encontramos en las moléculas que conforman el cuerpo humano (el carbono presente en los tejidos, el hierro que circula por la sangre o el calcio de nuestros huesos) se crearon en el interior de estrellas que murieron hace mucho tiempo, las que en el instante postrero arrojaron al espacio interestelar sus cenizas. Posteriormente, luego de sucesivas generaciones de astros, esos átomos pesados estuvieron presentes en la formación del Sol y su séquito de planetas, entre ellos la Tierra en donde pudo surgir y prosperar la vida.

Finalmente, millones de años de evolución culminaron con la aparición de seres inteligentes, dotados de conciencia y capaces de comprender la estrecha relación que los hermana, no sólo con el cosmos, sino con toda la diversidad de organismos vivientes. Y algunas personas, dotadas de una especial sensibilidad, son capaces de expresar esta verdad científica, que para muchos puede resultar perturbadora, de manera sublime, como lo hace el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal en su obra “Cántico Cósmico”:

“¿Qué hay en una estrella? Nosotros mismos.
Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta
estuvieron en las entrañas de una estrella.
Somos polvo de estrellas….”

26 de agosto de 2007

Afganistán en llamas

La novela “Cometas en el cielo” nos ofrece una visión descarnada de lo que ocurre en una de las regiones más convulsionadas del planeta. Y lo logra a través de la historia de dos niños que, aunque compañeros de juegos y aventuras, se encuentran separados por infranqueables barreras sociales y religiosas.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 26 de agosto de 2007.
Ver artículo....

Al escuchar hablar de Afganistán, probablemente lo primero que se nos viene a la mente es la imagen de un país en guerra, azotado por el terrorismo, con secuestros, asesinatos y la omnipresencia del fundamentalismo religioso de los talibanes. Poco espacio queda para evocar aquellos territorios exóticos y misteriosos, llenos de tradición e historia y poseedores de una cultura milenaria.

Definitivamente Afganistán es un país desconocido, pero su lejanía, más que por la distancia física, se explica por poseer una cultura muy distinta a la nuestra. Y una excelente oportunidad de conocer más acerca de esta nación, lo constituye la lectura de la novela “Cometas en el cielo” (Ediciones Salamandra, 2007) de Khaled Hosseini, un escritor afgano que actualmente reside en EEUU.

El relato se inicia en el año 1975, cuando Afganistán vive sus últimos días de tranquilidad y comienza a experimentar cambios políticos y sociales que, en poco tiempo, transformarán de manera radical la vida de sus habitantes. En una narración en primera persona, conoceremos la historia de Amin, un niño de doce años, de clase acomodada y su especial amistad con Hassan, su compañero de travesuras y juegos infantiles, quien es el hijo del empleado de la casa. El niño protagonista, huérfano de madre, vive solo junto a su padre, un acaudalado comerciante. La relación entre padre e hijo no está exenta de dificultades, ya que el niño manifiesta intereses que no concuerdan con las aspiraciones de su progenitor.

La trama se desarrolla en Kabul. Allí los protagonistas ven transcurrir los días entre las diversiones y responsabilidades propias de los niños de su edad. A los deberes escolares de uno y las tareas domésticas del otro, se sobreponen aquellas inolvidables aventuras infantiles y por supuesto los juegos. Entre éstos se destacan las competencias de cometas, una actividad lúdica invernal, tradicional de esa sociedad, y que marcará para siempre la vida de ambos. Pese a triunfar en el último campeonato de volantines, Amin ya no volverá a estar tranquilo con su conciencia, y su compañero no volverá a sonreír.

Sin embargo, a pesar de compartir las inevitables alegrías y penas de la existencia, los niños están separados por barreras insalvables. Amin es un pashtún, mientras que Hassan es un hazara; uno es sunita, el otro chiíta; uno es el patrón, el otro sólo un sirviente. Pero este último, pese a su inferioridad social y algún defecto físico, le da a su amigo una profunda lección de humanidad que lo acompañará por el resto de su vida.

Grandezas y miserias

Cuando, a fines de 1979, los soviéticos invaden Afganistán todo cambia dramáticamente. Amín y su padre huyen de su país y se radican en EEUU. Ahí deben comenzar una nueva vida, realizando trabajos que no se condicen con su antiguo estatus. El joven afgano completa sus estudios y comienza a incursionar en la literatura, talento que ya manifestaba de pequeño cuando escribía breves relatos y leía cuentos a su amigo analfabeto.

En el país de las montañas, en tanto, los talibanes se hacen del poder, instaurando un régimen de opresión y terror. Al implantar la ley islámica y adoptar una política anti-chiita, los hazaras son blanco de las peores atrocidades y Hassan lo paga muy caro.

En EEUU, la cómoda existencia del protagonista sufre un vuelco cuando recibe una inesperada llamada telefónica de parte de un antiguo amigo de su padre, quien lo conmina a volver de manera urgente a esos convulsivos territorios. Antes de viajar, Amín da un paseo por un parque y observa el vuelo de un par de volantines. Esa visión lo lleva a evocar recuerdos perdidos en su infancia, cuando en una competencia de cometas, por cobardía, traicionó a su leal compañero de juegos.

El viaje de vuelta a su lejano país, que es también un retorno al pasado, se transforma en una instancia de redención, la oportunidad precisa para reparar los daños causados. Después de todo, la vida siempre da una oportunidad de “volver a ser bueno”.

Khaled Hosseini, el autor, es médico de profesión, e incursiona por primera vez en este género literario. Y sin lugar a dudas que su obra tiene algo de autobiográfico, ya que al igual que Amin, él también vivió su niñez en Kabul y huyó, junto a su familia cuando el país comenzó a vivir las convulsiones sociales que derivaron en las condiciones de violencia actuales.

La novela nos cuenta una historia apasionante y sobrecogedora, que junto con permitirnos conocer mejor la geografía y cultura de Afganistán, nos lleva en un viaje revelador al interior del alma, útil para confirmar, una vez más, la grandeza, y también las miserias de la condición humana.

29 de julio de 2007

Tras la huella de la verdad

¿Será posible lograr una comprensión racional de la realidad? Aunque puede parecer una aspiración demasiado ambiciosa, uno de los científicos más famosos y polémicos de la actualidad, postula que a través del camino de la ciencia sí puede lograrse.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur,
el 29 de julio de 2007


Roger Penrose es un connotado matemático, físico y cosmólogo inglés, considerado como una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo y uno de los especialistas contemporáneos más importantes en la teoría de la Relatividad General. Pero este sabio no sólo es conocido en las trincheras de la ciencia dura, también su nombre es popular entre el público general gracias a una fecunda obra literaria dedicada a la divulgación científica.

En uno de sus últimos trabajos, titulado “El camino a la realidad” (Editorial Debate, 2007), nos sorprende con una propuesta atrevida con la que se propone demostrar que las matemáticas y la física, trabajando en conjunto, constituyen el único camino objetivo para intentar comprender el funcionamiento del Universo.

En una obra inusualmente extensa, de más de 1400 páginas, podremos observar cómo ha evolucionado el pensamiento científico desde la antigüedad hasta el presente. El relato se inicia con una cronología del desarrollo de las matemáticas (¿éstas fueron creadas por la mente humana o sólo descubiertas?). Casi un tercio del libro está dedicado a describir el progreso de este lenguaje simbólico, herramienta indispensable para penetrar en los más profundos misterios de la Naturaleza. Una descripción muy amena y educativa nos llevará a conocer, al menos conceptualmente, desde las concepciones griegas hasta las más complejas construcciones de la matemática moderna.

A continuación, llega el turno de adentrarse en los secretos de la física. Innumerables, y a la vez cautivadores capítulos, nos permitirán asimilar todos aquellos fenómenos exóticos, y muchas veces perturbadores, que surgen de los dominios de la ciencia de frontera. El mundo cuántico, la física de partículas y de altas energías, la naturaleza del Big Bang, los agujeros negros, el destino del universo y el sentido de la existencia humana, son sólo algunos de los muchos temas que quedarán suficientemente claros al recorrer las páginas de este magnífico trabajo.

Matemáticas para todos

Un aspecto llamativo de este libro de divulgación, es que no renuncia a utilizar el lenguaje sutil y universal de los números, para explicar las diversas ideas que han surgido del territorio de la ciencia. Se trata de una decisión osada, que va en contra de lo acostumbrado, ya que cuando se trata de llevar el saber científico al ciudadano común, la mayoría de los divulgadores evitan presentar ecuaciones, y optan por contar en palabras los fenómenos complejos que surgen de la frontera del conocimiento.

Aunque el autor reconoce la dificultad que puede significar para muchos lectores el enfrentarse a las matemáticas, su decisión se agradece ya que las ecuaciones y fórmulas numéricas, al representar ideas profundas de manera breve, se asemejan a la poesía y como ésta, pueden ser comprendidas por todas aquellas personas que estén dispuestas a disfrutar de aquellas creaciones humanas provistas de belleza estética y trascendencia.

Sin embargo, esta opción no significa que su trabajo esté vetado al público general, al contrario, el autor insiste en que su libro está al alcance de cualquier persona interesada, puesto que todos los conceptos, incluso los más complejos, se explican de la manera más simple posible, e incluso se utilizan íconos para señalar el nivel de dificultad de los diferentes temas, pudiendo el lector decidir por qué camino avanzar, obviando aquellas explicaciones que excedan su capacidad de interpretación.

También es destacable la posición del autor quien, junto con mostrar de manera didáctica el conocimiento de frontera con el que se intenta comprender al Universo, aprovecha de recalcar que es pretencioso pensar que estamos cerca del final del camino. No se cansa de recordarnos, una y otra vez, que muchas de las ideas más perturbadoras que surgen de la ciencia de vanguardia, no son más que construcciones matemáticas, de naturaleza hipotética, sin una contraparte demostrable en la realidad objetiva. Incluso, aprovecha de cuestionar muchos de los cuerpos de conocimientos más representativos del saber moderno.

Por ejemplo, pone reparos a la solidez de la mecánica cuántica, de la cual señala que, en el mejor de los casos, se trata sólo de un modelo transitorio, que deberá perfeccionarse e incluso experimentar cambios radicales. También hace críticas de fondo a la teoría del Big Bang, identificando importantes incongruencias, y a las cuales propone explicaciones alternativas, como que el Universo no nació con la gran explosión, sino que existían estructuras previas al estallido inicial. Por supuesto que también dedica un par de capítulos a explicar su famosa teoría de los Twistores, una compleja construcción geométrica con la cual intenta encontrar un “hilo conector entre la física de lo grande y la física de lo pequeño”.

En definitiva, estamos en presencia de una obra profunda, que junto con ponernos al día en todos los conceptos que conforman la ciencia del nuevo milenio, nos recuerda que no debemos ser tan soberbios como para pensar que ellas constituyen una verdad definitiva. Son muchas las incógnitas que aún persisten y la humanidad continúa avanzando en el descubrimiento de los secretos de la Naturaleza, con la aspiración de lograr, algún día, la comprensión definitiva de la realidad.

15 de julio de 2007

Los lazos entre literatura y astronomía

Generalmente la literatura y la ciencia son percibidas como actividades intelectuales que poseen características y motivaciones tan diferentes que, según opinión de muchos, son difícilmente compatibles. Sin embargo existen personas que poseen el talento para destacar con excelencia en ambos mundos.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 15 de julio de 2007.
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Parece ser propia de la naturaleza humana, la tendencia a la ordenación y también a la estructuración. Un ejemplo claro de esta predisposición lo constituye la inclinación a observar a las personas de acuerdo a sus talentos. Ya desde la niñez somos clasificados en buenos para los números o para las letras, e incluso hay un sustento fisiológico, que explica cómo en determinadas áreas del cerebro se localizan funciones que condicionan las habilidades de los individuos.

Sin embargo, enfrentando a esa tendencia humana a la clasificación absoluta y excluyente, algunos sujetos se atreven a desarrollar actividades, que a primera vista parecen poco compatibles. Un ejemplo manifiesto de esta convergencia de intereses y talentos, lo vemos en el astrónomo, divulgador científico, músico, escultor, artista gráfico, novelista y poeta francés Jean-Pierre Luminet, quien desde su puesto de trabajo en el observatorio de París-Meudon intenta dilucidar los misterios del cosmos, y al mismo tiempo, desde la trinchera de la creación artística y de las letras, busca manifestar su sensibilidad innata.

En su rol de científico, actualmente ejerce como director del laboratorio CNRS de París. Sus estudios en el área de la astrofísica relativista lo han llevado a especular sobre los orígenes del cosmos, la naturaleza de los agujeros negros, e incluso ha liderado un equipo de investigadores que, analizando la radiación de fondo cósmico (el vestigio del Big Bang), ha determinado que el Universo tiene la forma de un dodecaedro. Sus investigaciones en la frontera del conocimiento, le han valido el reconocimiento de la comunidad científica y en retribución a sus aportes en el estudio de los astros, el asteroide 5523 ha sido bautizado con su nombre.

Pero Luminet también se destaca en la creación artística, y en especial en las letras. Además de las naturales publicaciones profesionales especializadas y ensayos de divulgación científica, de su pluma surge a raudales poesía y prosa de primer nivel.

La verdad inalcanzable

Hace un par de años tuvimos la oportunidad de disfrutar de su novela histórica “El incendio de Alejandría”, un cautivador relato que nos transporta al siglo VII d.c., cuando el General Amr, obedeciendo órdenes del Califa Omar, ocupa la ciudad fundada por Alejandro El Grande, y se apresta a prender fuego a su famosa biblioteca. El militar musulmán, un hombre de gran cultura, establece amistad con tres custodios de ese centro del conocimiento, quienes tratan por todos los medios de convencerlo de no proceder a la destrucción del mayor centro de la cultura y saber del mundo clásico.

Y ahora, acaba de llegar a las librerías su libro más reciente: “El enigma de Copérnico” (Ediciones B, 2007). Se trata de una biografía novelada que nos permitirá conocer en profundidad la vida de uno de los científicos más influyentes de la historia. El nombre de este famoso clérigo, astrónomo y matemático polaco está asociado a una de las revoluciones científicas más trascendentales de todos los tiempos, aquella que acabó con la visión geocéntrica del Universo.

A pesar de la importancia de su obra, la figura de Nicolás Copérnico nunca ha sido comprendida cabalmente. Gran parte de su vida está cubierta por una nebulosa, en la cual resulta difícil discernir entre la realidad y los innumerables mitos que se multiplican con el paso de los siglos.

La propuesta de Luminet de recrear la vida del científico polaco a través de un texto de ficción, no significa que renuncie al apoyo de fuentes fidedignas. Al contrario, y a su decir, el relato “está siempre anclado profundamente en la realidad histórica y científica de la época”, pero en este escenario hipotético puede jugar, con mayor libertad, con situaciones y personajes.

Este libro constituye la primera entrega de una serie titulada “Los constructores del cielo”, la cual se completará con los trabajos dedicados a los astrónomos Tycho Brahe, Johannes Kepler e Isaac Newton, quienes cuán auténticos héroes del pensamiento, con su creación ayudaron a sentar y consolidar las bases de la civilización accidental. Un hilo conductor relaciona a estos personajes como artífices de una epopeya intelectual que derivó en una nueva cosmovisión, que más allá de su valor científico, constituye una manifestación del triunfo del espíritu humano.

Talentos reprimidos

La extensa y multifacética obra de Jean-Pierre Luminet, nos muestra que sí es posible desarrollar actividades que, muchas veces, el sentido común considera incompatibles. No en vano, tanto la ciencia como la creación artística comparten el afán de la búsqueda de una hermosa, pero inalcanzable, verdad.

En una sociedad altamente tecnificada como la nuestra, en donde la especialización de las profesiones obliga a los individuos a renunciar, no sólo a muchos de sus talentos, sino también a alcanzar su plenitud como personas, el ejemplo del científico y escritor francés se transforma en una invitación a no temer a la manifestación de tantas potencialidades reprimidas.

1 de julio de 2007

La venganza de la Tierra

Fenómenos como el calentamiento global, el incremento de los gases de efecto invernadero, la lluvia ácida y la disminución de la capa de ozono, entre otros, son manifestaciones evidentes de que estamos en presencia de un desequilibrio planetario, de efectos impredecibles para el futuro de nuestra civilización.

Por Hugo Jara Goldenberg
Publicado en el diario El Sur, el 1 de julio de 2007. Ver artículo.....

Hace ya cuarenta años James Lovelock, un científico independiente inglés, llamó la atención de la comunidad internacional cuando hizo pública una idea revolucionaria, conocida como la Hipótesis Gaia. Según esta teoría, la Tierra es mucho más que un lugar en donde pudo surgir y prosperar la vida. Nuestro planeta es en sí mismo, un megaorganismo viviente.

El aspecto central de esta propuesta, (cuyo nombre, Gaia, se tomó de la diosa griega de la Madre Tierra) es que el planeta es un sistema vital autorregulado, predispuesto para la vida biológica. La interacción entre los océanos, la atmósfera, la corteza terrestre y las formas vivas, conforman un sistema dinámico que evoluciona en conjunto.

Aunque la proposición de considerar a nuestro hogar cósmico como un organismo vivo no era nueva, el estudio de Lovelock adquiere una connotación especial al ser presentado bajo un marco conceptual y teórico convincente, y también por surgir en una época en la cual la sociedad comenzaba a hablar de los problemas medioambientales.


Su hipótesis fue presentada en el libro “Gaia, Una nueva visión de la vida sobre la Tierra” el que se transformó en un clásico, y fue acogido con entusiasmo por muchos, en especial por los movimientos ecologistas. No obstante, fue seriamente cuestionado por la comunidad científica, que insistía en la visión tradicional que observaba a la evolución biológica siguiendo un curso independiente de la evolución geológica.

Desde entonces, Lovelock es considerado un líder indiscutido de la causa ecológica. Personaje multifacético, de profesión médico, ha publicado varios libros, escrito cientos de artículos científicos, hecho descubrimientos y creado inventos que han permitido confirmar sus ideas. Ahora, ya cerca de los noventa años de edad, nos sorprende con un nuevo texto, el cual representa la culminación del pensamiento ambientalista que ha desarrollado durante casi medio siglo. Se trata de “La venganza de la Tierra, La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad” (Editorial Planeta, 2007).

Contra el tiempo

En la primera parte de la obra, varios capítulos nos sumergen en los detalles de esta nueva forma de entender a nuestro planeta. Conoceremos las circunstancias bajo las cuales se fue gestando esta idea revolucionaria, incluso de dónde surgió el nombre de Gaia. Igualmente comprenderemos cómo, gracias a una serie de descubrimientos que han confirmado el alto grado de interdependencia que existe entre los diferentes componentes de nuestro sistema planetario, este nuevo paradigma gradualmente ha comenzado a ser aceptado por la comunidad científica. Pero Lovelock no puede evitar preguntarse por qué ha tomado tanto tiempo aceptar un hecho tan evidente, perdiendo en esa demora un tiempo precioso en la búsqueda de soluciones a la crisis ambiental.

También es interesante el análisis que se hace a las diferentes fuentes de energía disponibles para el desarrollo de la civilización, y el impacto que han tenido en el medio ambiente. A través de una explicación muy didáctica al lector le quedarán claras las características de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), y conocerá los mitos y peligros ocultos que rodean a las energías renovables, así como su verdadera aplicabilidad.

Un especto controversial del libro es la defensa a ultranza que hace de la energía atómica, a la cual le reconoce múltiples ventajas. Aunque acepta que hay riesgos implícitos en su utilización, los considera un mal menor, e incluso argumenta con respecto al mínimo impacto que tendrían en el medio ambiente, al compararlas con las fuentes energéticas tradicionales. Este apoyo lo enfrenta a los movimientos ecologistas, quienes fueron sus primeros adherentes, pero el científico aclara que esta opinión la ha mantenido desde siempre, lo cual está refrendado en sus primeros escritos.

Finalmente se analizan las diversas estrategias que puede adoptar la humanidad para salvar la difícil situación ambiental. El autor reconoce que Gaia, como muchas otras veces en su historia, podrá recuperarse, pero señala con insistencia que quien sí está en riesgo de desaparecer, es nuestra civilización. Su pronóstico es poco alentador, y dada la actual situación, considera que es imposible que la humanidad continúe avanzando al ritmo presente, a menos que introduzca cambios radicales en su relación con la naturaleza.

En definitiva, estamos en presencia de una obra interesante, aunque también polémica, como lo ha sido siempre su autor, y pese a que últimamente se han publicado muchos libros que tratan esta temática, éste posee el valor de haber sido escrito nada menos que por uno de los padres de la ecología. Una lectura reposada al último trabajo de James Lovelock, constituye una instancia imperdible de reflexión sobre un problema clave para el futuro de la humanidad.

24 de junio de 2007

Un autómata ajedrecista

Si hay algo que caracteriza a nuestra civilización, es el uso intensivo de las máquinas. Las hay de los más diversos tipos y cuesta imaginar alguna actividad humana en que se prescinda de ellas. Incluso hay algunas que juegan ajedrez, un deporte intelectual por excelencia.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 24 de junio de 2007.
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El origen de las máquinas se pierde en la noche de los tiempos, cuando el hombre primitivo debió construir herramientas y aparatos que le permitieran superar su desventaja física e imponerse en un medio hostil. Desde entonces, estos artefactos han liberado al hombre de las tareas físicas extenuantes y peligrosas, realizando el trabajo rutinario de manera más eficiente y permitiendo, en gran medida, el desarrollo de la civilización

Sin embargo, un sueño largamente acariciado, ha sido dotar a estos ingenios de la capacidad de pensar y razonar. Ya los griegos acuñaron el término cibernética para referirse a la capacidad de auto dirigirse, característica esencial para cualquier artefacto que pretenda emular un comportamiento inteligente.

De todos los intentos por construir máquinas pensantes, previos a la era de los computadores, hay uno que se destaca, tanto por el período histórico en que se dio, como por el revuelo que provocó en la sociedad. Aunque fue un acontecimiento relevante en su tiempo, actualmente pocos conocen de él, y ahora tenemos la oportunidad de interiorizarnos de sus pormenores a través de la novela histórica “La máquina de ajedrez” (Editorial Sudamericana, sello Grijalbo, 2007), de Robert Löhr.

Este hecho ocurrió en Europa, en la segunda mitad del siglo XVIII, en pleno período de la Ilustración, cuando la sociedad de la época se vio impactada por un suceso sorprendente. Un autómata, ataviado con ropajes orientales, era capaz de jugar ajedrez en forma brillante. La noticia del turco ajedrecista se esparció como un reguero de pólvora y las salas de espectáculos de las principales ciudades europeas se llenaban de público que compraba su boleto para disfrutar del espectáculo. Destacados y fuertes jugadores de entonces, e incluso personalidades como Benjamín Flanklin, Napoleón Bonaparte y Catalina la Grande, se enfrentaron a la máquina, pero todos eran derrotados de manera aplastante.

Es imposible

El creador del jugador mecánico es Wolfgang von Kempelen, un inventor y consejero de la emperatriz María Teresa de Austria y Hungría. Con el objetivo de impresionar a la gobernante, Kempelen discurre un proyecto tan extraordinario, que está seguro lo hará inmortal, pero cuyo desarrollo presiente, será difícil y peligroso.

El autómata ajedrecista funcionó durante muchos años, desplazándose por toda Europa, e incluso cruzó el océano atlántico para hacer presentaciones en EEUU. Las reacciones del público ante este fenómeno iban desde la credulidad absoluta, incluso de personas educadas, que especulaban con explicaciones tan descabelladas como que era impulsado por fuerzas sobrenaturales o por medio de corrientes eléctricas o magnéticas. También existían muchos escépticos que intentaban infructuosamente dar con la trampa, entre éstos se encontraba Edgar Alan Poe, quien lo vio jugar en la ciudad de Richmond y escribió un ensayo en donde argumentaba sobre la imposibilidad de tal prodigio de la técnica.

El engaño del turco ajedrecista fue descubierto años después de la muerte de su creador. Pero a pesar de la farsa, se le sigue recordando con admiración, e incluso el mismo Kempelen lo consideraba, más que una estafa, un truco de ilusionismo. Después que dejó de funcionar, el aparato estuvo durante mucho tiempo en exhibición en un museo en Filadelfia, hasta que se destruyó en un incendio en el año 1854. Actualmente existen réplicas del jugador mecánico en diversos museos del mundo, y se le considera un antecesor de los robots.

Robert Löhr, es un autor alemán multifacético, que logra dar vida en “La máquina de ajedrez” a un relato cautivante, a través del cual seremos testigos de las aventuras y vicisitudes de Kempelen y su creación, las que al estar presentados como una novela, se entremezclan con personajes y hechos de ficción, dando lugar a una trama con dosis justas de intrigas, traiciones, aventuras sentimentales e incluso asesinatos.

Pero lo interesante de la obra, es que además de permitirnos conocer de una historia real, nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre un sueño que ha embriagado la imaginación de la humanidad desde tiempos inmemoriales: La posibilidad de construir máquinas pensantes. Actualmente existen programas, en cierta forma herederos del autómata, que pueden derrotar al campeón mundial de ajedrez. Sin embargo, se trata de trozos de lógica, expertos sólo en el deporte ciencia y que se procesan a gran velocidad en potentes computadores.

La mente humana en tanto, aunque más lenta, posee funcionalidades tan amplias y complejas que difícilmente podrán ser reproducidas de manera artificial. Por la tanto, ese antigua aspiración de crear ingenios inteligentes, capaces de pensar y razonar como nosotros, parece condenada a seguir siendo, por ahora, sólo un sueño.

17 de junio de 2007

Encyclopédie, el triunfo de la razón

Quién puede dudar de la utilidad de una enciclopedia, estas obras voluminosas están, junto con los diccionarios, entre los textos más consultados en cualquier biblioteca. Pero, aunque existen de las más diversas temáticas, en propiedad ese nombre está reservado a aquellas que compilan todo el conocimiento y el saber racional de la humanidad.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 17 de junio de 2007.

Desde tiempos remotos, muchos sabios se enfrentaron a la tarea de recopilar el saber de su época, quizá desde la invención misma de la escritura. Basta con recordar a Plinio el Viejo, que en el siglo I a. de C., escribió una Historia Natural; también Leonardo da Vinci soñó con un tratado que incluyera todo el conocimiento que acumuló en su vida, idea que desafortunadamente no pudo concretar. No obstante, y a pesar de los muchos intentos, será necesario esperar hasta el advenimiento de los tiempos modernos para que la enciclopedia adquiera la forma como la conocemos actualmente.

Así, a partir del siglo XVIII comienzan a desarrollarse proyectos de esta naturaleza en diferentes países. Sin embargo, es aquella escrita por un destacado grupo de eruditos franceses la que es reconocida como la enciclopedia por excelencia, a pesar de no haber sido la primera, ni la más completa. Las especiales circunstancias sociales y culturales en las cuales se gestó el plan editorial galo, lo envuelven en un manto inmaculado de idealización intelectual, esto a pesar de que como toda obra humana no estuvo ajena a múltiples, e inevitables, vicisitudes, desencuentros e incluso tragedias personales. Y una excelente oportunidad para conocer detalles ignorados de esta aventura del conocimiento, lo constituye la lectura del ensayo “Encyclopédie, El triunfo de la razón en tiempos irracionales” (Editorial Anagrama, 2007) de Philipp Blom.

Una extensa introducción, nos pone al tanto de los innumerables proyectos enciclopédicos que se estaban gestando en diferentes lugares, sin duda un reflejo de los profundos cambios políticos, económicos y culturales que experimentaba la sociedad europea de la época. En Inglaterra, el periodista Ephraim Chambers, edita una compilación de temas diversos, con entradas ordenadas alfabéticamente y complementadas con ilustraciones, le tituló “Diccionario Universal de Artes y Ciencias”. Su éxito fue inmediato y en París un grupo de jóvenes librepensadores se impone la tarea de llevarla al francés.

Sin embargo, a poco de empezar, el proyecto de traducción toma otro rumbo. Se escribirá una nueva enciclopedia, será una obra monumental, única en el mundo y depositaría de los ideales de la Ilustración. Este movimiento intelectual, que pregonaba el racionalismo y la tolerancia, a duras penas lograba abrirse espacio en una sociedad que aún era dominada por estructuras de poder absolutistas y por los dogmas religiosos. Quienes se comprometen con esta aventura editorial, no puede evitar percibirla como un medio para confrontar al poder establecido. Por su parte, las autoridades advierten en esta iniciativa el germen de la subversión y la enfrentarán con el máximo rigor.

Rigurosa y entretenida

Es a partir de este momento que, llevados por la pluma de Philipp Blom, accederemos a detalles desconocidos de esa gesta del conocimiento. La historia se hilvana siguiendo el actuar de los protagonistas, la mayoría de ellos, reconocidos filósofos y pensadores que dejaron una profunda huella en el desarrollo de la civilización.

A quien más espacio se dedica, es a Denis Diderot, el editor jefe, quien se compromete en tal grado con la empresa, que se transforma en la principal víctima de la persecución de las autoridades, debiendo incluso pasar algún tiempo en prisión. Pero aun privado de libertad, se las ingenia para continuar redactando entradas para la enciclopedia. Utiliza como papel las orillas de hojas ya usadas; su pluma es un mondadientes e improvisa la tinta con vino y hollín.

Lo acompañan en la aventura, compartiendo penurias y riesgos, personajes famosos como los filósofos Jean-Jacques Rousseau y Voltaire, el matemático Jean D’Alembert, el médico Louis de Jaucourt, el dibujante e ilustrador Goussier entre muchos otros. También colaboraron cientos de personajes anónimos. El trabajo mancomunado rinde frutos y lentamente la obra va tomando cuerpo. Finalmente, después de veinte años de esfuerzo y sacrificios inimaginables, la enciclopedia está terminada. Se trata de una obra de 17 tomos que incluía 72.000 entradas en 16.500 páginas profusamente ilustradas.

El autor de este ensayo es historiador, pero también novelista. Y esa veta literaria se nota, ya que su relato resulta diáfano y envolvente, transportando al lector en el tiempo y transformándolo en un testigo privilegiado del entorno de la época y de los personajes en estudio. La lectura de la historia de la Enciclopedia de Diderot, nos permitirá conocer de manera entretenida, pero sin renunciar al rigor de un trabajo académico, una de las mayores hazañas intelectuales de todos los tiempos.

10 de junio de 2007

¿Aló, me escuchas en el más allá?

De entre los mayores misterios que inquietan a los seres humanos, sin lugar a dudas que un lugar destacado lo ocupa el enigma de la muerte, y la posibilidad de establecer contacto con el espíritu de personas ya fallecidas.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 10 de junio de 2007.
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Desde tiempos inmemoriales, los misterios del más allá han seducido y la vez perturbado la imaginación de la humanidad, no en vano todas las culturas crearon ceremonias para establecer comunicación con los dominios de ultratumba. El contacto con los difuntos era para los pueblos antiguos, un medio para acceder a un plano más trascendente de la existencia al mantener vivo el recuerdo de sus antepasados y también la manera de cumplir un sueño profundamente arraigado en la especie humana: adivinar y predecir el futuro.

A partir del siglo XIX, estos rituales viven un resurgimiento, y adoptan la forma como se le conoce actualmente, es decir un grupo de personas que se reúnen en una sesión dirigida por un médium, el heredero de los antiguos hechiceros o chamanes. Tanto en EEUU como en Europa estas prácticas causan furor y la moda no tarda en llegar a Chile. Rápidamente la sociedad de la época es testigo de la proliferación de grupos que se inician en estos ritos misteriosos. Los detalles de la introducción de esas experiencias en este rincón del mundo, los podemos conocer en el libro “Voces de ultratumba; Historia del espiritismo en Chile” (Aguilar Chilena de Ediciones, 2006) del académico y escritor Manuel Vicuña.

A través de un relato ameno y documentado el autor, que es un especialista en historia de la cultura, nos invita a conocer las circunstancias que propiciaron la aceptación de estas prácticas en la sociedad chilena. Podremos entender cómo, para algunas personas, la posibilidad de acceder a un plano trascendente de manera simple, constituía una forma de democratizar el sentimiento espiritual, liberándolo del control rígido que le imponía la iglesia católica. Para otros se transformaba en un medio para hacer frente al materialismo excesivo que, ya entonces, empezaba a apoderarse de la sociedad. Pero, analizándolo desde una perspectiva psicológica, para la mayoría de sus adeptos, el espiritismo resultaba una actividad reconfortante, ya que entregaba consuelo y esperanza de reencuentro inmediato, ante la pérdida de un ser querido, quizá si uno de los dolores más profundos a que se enfrenta el ser humano.

Proyectar esperanzas y temores

Desde un punto de vista anecdótico, veremos cómo algunos recordados personajes de la historia, fueron aficionados a estos ritos. Entre ellos se destaca Arturo Prat, quien llevado por Jacinto Chacón, su tío materno, se transformó en un asistente habitual a esas reuniones secretas. Lo que el futuro héroe de Iquique buscaba, era comunicarse con una hija y su padre, ya fallecidos. Hay registros de esas sesiones llevadas a cabo a partir del año 1876, de las cuales se levantaron actas pormenorizadas, y que se han transformado en un testimonio escrito valioso, que permiten conocer lo que ahí ocurría. A la muerte de Prat, su viuda Carmela Carvajal continuó con estas experiencias, intentando comunicarse con él.

También es interesante el caso de la señora Victoria Subercaseaux, la viuda de Benjamín Vicuña Mackenna, quien después de la muerte de su hijo, se trasformó en una asidua participante de estos grupos y durante muchos años fue un referente de esa práctica en los círculos de la alta sociedad capitalina. Tampoco falta la referencia a más de un distinguido intelectual, que después de ser en acérrimo opositor, termina sucumbiendo a su causa.

Pero el acceso fácil e inmediato al más allá no estaba restringido sólo a las clases acomodadas, igualmente los trabajadores pudieron acercarse a sus secretos. Luis Ponce, un obrero del salitre y anarquista, se encandila con esta nueva forma de espiritualidad y termina elaborando un manifiesto que señala en una de sus partes: “….he aquí el valiosísimo concurso moral que el espiritismo aporta al triunfo del socialismo”.

A pesar de constituir un ejercicio alejado de la razón objetiva, al espiritismo no le faltan adeptos, incluso en una época como la nuestra, marcada por el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Para entender las razones de estos comportamientos irracionales se pueden aventurar causas como el suponer que constituyen una válvula de escape para el ciudadano común, el cual reacciona al agobio que le impone la sociedad, con la práctica de estos rituales que le permiten proyectar sus esperanzas y temores de manera fácil y cómoda. De cualquier modo el libro del Manuel Vicuña, que es por sobre todo un trabajo de investigación histórica riguroso, nos permite comprender las motivaciones que llevan a los seres humanos a deambular por caminos, que muchas veces se alejan de lo establecido.

3 de junio de 2007

El Tao de la Física

Un tema de permanente debate lo constituye el aparente divorcio entre la razón y la fe. Durante siglos hemos sido testigos de una guerra no declarada entre estas dos formas de entender al mundo, en la cual ambos bandos defienden posiciones tan encontradas, que generalmente se piensa que se trata de visiones irreconciliables.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 3 de junio de 2007, Ver artículo...

A partir de la segunda mitad del siglo XX, comenzaron a gestarse en occidente algunas corrientes sociales que intentaban buscar un sentido más humano a la existencia, muchos de ellos a través del expediente de tender puentes entre la ciencia y la religión. El movimiento hippie, el pensamiento ecologista y la popularización de filosofías orientales, entre muchas otras manifestaciones colectivas, señalan un curso inequívoco hacia lo que algunos interpretan como la evolución hacia un estado más espiritual de la humanidad

Todos estos grupos tienen en común, el intentar rescatar la dimensión contemplativa de la existencia, relegada a un segundo plano por la racionalidad tan característica de la civilización occidental. En este contexto, Fritjof Capra, un doctor en física teórica que ha buscado la unión del pensamiento intelectual con los sentimientos esenciales del alma, escribió un libro que, desde su primera publicación, ha causado gran impacto entre el público. Se trata de “El Tao de la Física, una exploración de los paralelismos entre la física moderna y el misticismo oriental” (Editorial Sirio), del cual podemos encontrar una edición actualiza del año 2007.

El autor señala, ya al comienzo de su obra, que aunque su propuesta parece ser muy novedosa, en realidad no lo es, ya que destacados científicos y pioneros de la ciencia moderna, como Oppenheimer, Bohr, Heisenberg e incluso Einstein, percibieron y dieron a conocer, sorprendentes similitudes entre los conocimientos que surgían de la nueva ciencia que se estaba fraguando en los inicios del siglo XX, y los milenarios conceptos del misticismo oriental.

Aunque en el pasado ya se habían insinuado algunas semejanzas, el desafío al que se enfrenta Capra es develar todos esos inesperados paralelismos. No se trata de una tarea fácil, y él mismo se pregunta “¿será posible efectuar algún tipo de comparación entre una ciencia exacta, que se expresa en el lenguaje altamente tecnificado de las matemáticas modernas y aquellas disciplinas espirituales basadas principalmente en la meditación?”. Al parecer dicha empresa sí se puede intentar, partiendo de algunos supuestos y estableciendo claramente el significado de las acciones y el lenguaje presentes en ambos mundos, los que generalmente se interpretan de modo diferente.

Pero antes de iniciar la búsqueda de las semejanzas, el autor nos invita a entender que el misticismo oriental es un concepto muy amplio, y participan de él religiones tan diversas como el Budismo, el Hinduismo, el Taoísmo y el Zen, las cuales, aunque comparten muchos elementos, poseen también particularidades, que las hacen distintas.

Poesía y matemáticas

A continuación, una pluma amena y didáctica nos llevará en un viaje sorprendente, que nos permitirá comprender algunos de los complejos conceptos que surgen de la física moderna. Desde el microcosmos, representado por las partículas elementales, las fuerzas fundamentales de la naturaleza, y las embriagadoras leyes del átomo, hasta el macrocosmos con todos los misterios que rodean a la formación y el destino del Universo.

Y la búsqueda arroja resultados, ya que mediante la referencia a rituales y textos filosóficos orientales y a una descripción detallada de los métodos utilizados por la ciencia, se puede apreciar una convergencia en la forma de comprender al cosmos, el cual se percibe como un todo indivisible e interconectado. En lo formal, también se reconoce una sutil hermandad entre la poesía presente en los escritos de los místicos y la belleza oculta en las ecuaciones matemáticas que explican racionalmente el funcionamiento del mundo.

Dada la temática, el libro se ha transformado en un éxito de ventas, y ha sido traducido a más de una docena de idiomas. Sin embargo, el trabajo de Fritjof Capra no ha estado exento de controversias, y como era de esperar, las principales descalificaciones provienen del mundo científico, en donde muchos observan con desconfianza propuestas como ésta, que entregan argumentos y visos de legitimidad a algunos grupos o sectas de dudoso origen, que intentan engañar, y muchas veces estafar, a personas que desean encontrar sentido a sus vidas, en una sociedad que se hace, cada día, más inhumana y materialista.

A pesar de los cuestionamientos, la obra cumple con el objetivo de invitarnos a reflexionar sobre la necesidad de dar a la actitud contemplativa, el espacio que se merece en la vida de cada ser humano. Después de todo, la verdad es una sola, y de alguna manera los caminos de la razón y del misticismo pueden converger. Con la ciencia intentando explicar cómo funciona el mundo y con la espiritualidad buscando respuesta al porqué de la existencia.

27 de mayo de 2007

Los Curie, entre el amor y la radiación

Existen familias que poseen el privilegio de albergar en su seno el talento innato en algunas disciplinas. En la historia abundan ejemplos de hijos que heredan el genio de sus progenitores, como muestra basta recordar a los Bach en la música o a los Dumas en las letras.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 27 de mayo de 2007.
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Cuando Alfred Nobel decidió donar su fortuna para premiar a quienes sobresalen por su contribución al desarrollo de la civilización, implícitamente se definió también un mecanismo para homenajear a las mentes más brillantes del planeta. Analizando los nombres de los ganadores de ese premio, se pueden encontrar varios casos en que padres e hijos los han obtenido, circunstancia que pone en el tapete la discusión sobre si la inteligencia es o no heredable. Dentro de ese exclusivo grupo de parientes directos con gran capacidad intelectual, hay una familia que se distingue de manera admirable, son los Curie, cuyos integrantes lograron obtener cinco premios de la Academia sueca en el curso de dos generaciones. Para conocer la historia de esta proeza intelectual, e intentar comprender las razones que permitieron esta situación excepcional nada mejor que leer el libro “El clan Curie, la historia no contada de una extraordinaria familia de científicos” (Editorial El Ateneo, 2007) de Denis Brian.

La propuesta del autor es estudiar no sólo el aspecto académico de los Curie, sino también acceder a situaciones menos conocidas de su vida, la cual como toda familia no estuvo exenta de polémica, dramas e incluso tragedias. Para enfrentar la tarea, el autor realizó entrevistas a descendientes y a quienes trataron personalmente con los protagonistas. También pudo indagar en fuentes documentales, archivos y en la abundante correspondencia de la época.

El relato se inicia con la presentación de Pierre Curie, un joven sensible e introspectivo, cuyo padre, un médico librepensador, decidió no enviarlo a la escuela. Fue educado con esmero al interior de la familia, lejos de la formalidad y estructuración de los programas escolares oficiales, los cuales pueden resultar adecuados para la mayoría, pero que inevitablemente coartan el desarrollo de los espíritus soñadores. El resultado no pudo ser mejor, y a los 16 años logró ingresar a la Universidad de La Sorbona, en donde después de dos años de estudios, se tituló de físico.

Siendo aún muy joven, comenzó a trabajar como asistente de investigación y junto a su hermano Jacques realizó un importante descubrimiento científico que le permitió ser conocido en el mundo académico. Su vida transcurre apacible hasta que en el año 1894, ésta sufre un giro cuando conoce a Marie Sklodowska, una estudiante polaca que estaba en Paris iniciando su carrera cientifica.

Amor por la ciencia

Marie había nacido en Polonia en el seno de una familia de profesores, en cuyo hogar no había lujos ni comodidades. Sin embargo, las carencias materiales se compensaban con un ambiente intelectual de excelencia que le permitió instruirse en forma autodidacta. Buscando nuevas oportunidades se dirigió a Francia, en donde inició sus estudios en ciencias. Sin dificultades, obtuvo su primer grado académico, y cuando buscaba un lugar en donde realizar experimentos conoció a Pierre.

La atracción fue inmediata y después de un año de noviazgo contrajeron matrimonio, dando inicio a una vida en que aúnan no sólo sus espíritus, sino también el amor común por la ciencia. Al temperamento distraído e idealista de Pierre, se une el carácter austero y humilde de Marie, lo que dio origen a un equipo de investigación único, no sólo por la capacidad intelectual de cada uno de ellos, cuanto por la sinergia que significaba unir personalidades perfectamente complementarias.

Después de años de estudio y experimentación logran develar el misterio de la radioactividad, lo cual les significa obtener el Premio Nobel de Física del año 1903 (en conjunto con Henri Becquerel). Pero pronto sobreviene la desgracia y Pierre muere arrollado por un carruaje. Marie, debió asumir la dirección de la familia y guiar la enseñanza de sus dos hijas. Ocupó la cátedra vacante dejada por su esposo y se transformó en profesora titular en la Sorbona. Continúa una prodigiosa labor científica y obtiene su segundo Premio Nobel en el año 1911.

Su hija Irène (que posteriormente también ganaría un Nobel, junto a su marido), la ayuda, no sólo en la investigación, sino también en llevar las nuevas tecnologías al ciudadano común, principalmente en el plano médico. Pero la dedicación de ambas a la causa de la ciencia, repercute en su salud, y terminan sus días padeciendo enfermedades provocadas por los años de exposición a la radioactividad.

El trabajo de investigación de Denis Brian se transforma en una obra imperdible porque, junto con contarnos la historia de una familia extraordinaria, nos permite comprender que para alcanzar el éxito y el reconocimiento no basta con el talento. Son importantes también fuertes dosis de esfuerzo, disciplina, motivación y responsabilidad, pero por sobre todo, pasar por la vida con una actitud humilde y de profundo compromiso social.

20 de mayo de 2007

La incómoda verdad de un político

Casi de manera simultánea con el estreno de su polémico documental, llega el libro que respalda las denuncias ambientalistas del ex vicepresidente norteamericano, Al Gore. Aquí repite su apasionado discurso de advertencia sobre la destrucción del planeta.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 20 de mayo de 2007. Ver artículo...

El calentamiento del planeta, debido a la indiscriminada emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero, es considerado como el principal responsable del cambio del clima. Las consecuencias de este fenómeno son tan relevantes para el futuro de la humanidad, que se ha transformado en un tema de importancia global y su discusión está ya instalada en la agenda de los principales gobiernos. También la ONU ha tomado cartas en el asunto y recientemente ha hecho público un informe revelador, que advierte sobre sus nefastas consecuencias. Incluso, conocidos personajes, provenientes de las más diversas disciplinas, se han comprometido con su causa.

Una de las personalidades que se ha destacado en esta cruzada es Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos durante el mandato de Bill Clinton, y candidato a la Presidencia en las elecciones del año 2000 (que perdió por estrecho margen ante al actual mandatario George Busch). Después de su derrota política, Gore concentró todas sus fuerzas en luchar por la defensa del medio ambiente. Recorrió el mundo dictando conferencias para lograr que el público tomara conciencia de la gravedad del problema, y basado en esa experiencia, preparó una película que alcanzó fama al ganar el premio Oscar 2007, en la categoría documental. Producto de ese exitoso trabajo audiovisual, ha publicado, recientemente, el libro “Una verdad incómoda; La crisis planetaria del calentamiento global y cómo afrontarla” (Editorial Gedisa, 2007).

Como muy bien lo señala el título, la obra presenta de manera descarnada e indesmentible, una verdad que incomoda a muchos de los protagonistas de la sociedad globalizada del siglo XXI (en particular, a los poderes políticos y económicos). Parece evidente que la insensata alteración y contaminación de la naturaleza, en aras del progreso, es la causa principal de los cambios que se aprecian en el clima, y que se manifiestan en desastres permanentes como el debilitamiento de la capa de ozono, la desertificación de amplias zonas, el aumento en el nivel de los mares, la lluvia ácida, el retroceso de los glaciales y muchos otros, que amenazan la habitabilidad del planeta, y ponen en riesgo la sobrevivencia no sólo de la humanidad, sino de toda la biodiversidad.

Por tratarse de un libro que surgió de un documental, abunda en imágenes, gráficos y proyecciones de escenarios hipotéticos, que ponen en evidencia las consecuencias actuales del cambio climático, además de sus alcances futuros. El formato es atractivo y su contenido presentado de manera muy didáctica, y por supuesto que en la edición se cuidaron detalles tan rebuscados, como que el papel utilizado en la impresión, fue obtenido de bosques explotados de acuerdo a programas de manejo sustentable.

Responsabilidad transversal

Pese a presentar una verdad irrefutable, la obra se percibe como demasiado personalista. Son frecuentes las referencias a la vida privada y pública de Al Gore, quien desde temprana edad se ha sentido atraído por la causa del medio ambiente, ya que se crió en una granja y ha disfrutado de la naturaleza durante toda su vida. Además, como todo político, Gore no puede evitar comportarse como tal, y permanentemente fustiga a sus rivales, responsabilizando al partido republicano del poco compromiso de Estados Unidos por el bienestar del planeta, en circunstancia que esa desidia, claramente no tiene color político y es transversal a toda la sociedad. También se percibe que detrás de esa lucha, aparentemente quijotesca, existe un interés electoral, que en futuros comicios le puede retribuir con muchos votos.

Tampoco debemos olvidar que, aunque el cambio climático es una situación real, no se trata de un fenómeno nuevo. Durante toda la historia de nuestro planeta, el clima ha sufrido cambios, algunos dramáticos como las glaciaciones, o períodos de intensas sequías, con desaparición de hábitats completos y la extinción masiva de especies. Lo que caracteriza a la crisis actual, es que ocurre como consecuencia directa de la intervención humana; a diferencia de los cambios del pasado, que obedecían exclusivamente a causas naturales. El progreso de la sociedad y el aumento exponencial de la población mundial, que se traduce en una creciente presión por el acceso a fuentes de alimentos, agua dulce y energía, de manera inevitable repercute en la naturaleza, y pareciera que el deterioro del medio ambiente es el costo inevitable que nos impone la modernidad Para muchos, la gran pregunta es saber si la Tierra, entendida como un mega organismo, será capaz de resolver esta situación de peligro, como ya lo hizo, muchas veces, en el pasado.

El libro de Al Gore, transmite una potente señal de alerta, la cual, ayudada por circunstancias mediáticas, ha logrado posicionarse como tema de discusión entre el público común. El calentamiento del planeta y el cambio climático constituyen la gran amenaza, y al mismo tiempo, el principal desafío al que se enfrenta nuestra especie. Durante generaciones, hemos arrojado a la atmósfera gases de efecto invernadero y alterado de manera significativa el entorno natural. El daño ya está hecho y sólo nos queda aprender a convivir con él, y a mitigarlo mediante cambios en nuestra conducta. Finalmente, todo queda en nuestras manos, y como muy bien lo señala el autor, debemos entender que “Cada uno de nosotros es una causa del problema, pero, a la vez, cada uno de nosotros puede convertirse en parte de la solución”.

13 de mayo de 2007

Un eterno y grácil bucle

La auto referencia, entendida como la capacidad de un ente de contemplarse a sí mismo, es una acción compleja y desconcertante, pero parece ser necesaria para develar misterios tan profundos como la naturaleza del pensamiento humano.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 13 de mayo de 2007.
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Estimado lector, qué cree Ud. que tienen en común las siguientes personalidades: Kurt Gödel, el más grande lógico del siglo XX, quien revolucionó al mundo de las matemáticas con un perturbador teorema; Maurits Cornelis Escher, un artista gráfico holandés que era capaz de plasmar en una hoja de papel enigmáticas paradojas y Johann Sebastián Bach, el gran compositor barroco que, entre muchas otras obras, creó las embriagantes fugas para órgano. A primera vista es difícil imaginar algún ente integrador. Se trata sólo de tres destacados personajes, que brillaron en disciplinas tan disímiles como las matemáticas, el dibujo y la música.

Sin embargo, sí existe un elemento común y ese no es otro que la auto referencia (o recursividad), aquel extraño y perturbador fenómeno que permite que un evento se contenga a sí mismo, hasta el infinito. Como dos espejos, puestos uno frente al otro, cuyas imágenes se enfrentan y proyectan hasta la eternidad. Aprovechando ese puente de comunión, Douglas R. Hofstadter, un destacado académico y escritor, nos presenta el libro “Gödel, Escher, Bach; Un eterno y grácil bucle” (Tusquets editores S.A., serie Metatemas).

La obra gira en torno a kurt Gödel, quien en el siglo pasado remeció al mundo intelectual, al enunciar y demostrar un inquietante teorema conocido como de la incompletitud, el cual tuvo un profundo impacto en las matemáticas y la filosofía, al poner en evidencia la imposibilidad de acceder a una verdad numérica absoluta y completa. Gödel utilizó el razonamiento matemático para inspeccionar el propio razonamiento matemático (a esta auto referencia el autor la denomina bucle), y a través de ese camino encontró sentido a situaciones paradójicas que por milenios habían puesto en aprietos al razonamiento humano.

Junto a Gödel, aparece la figura de Maurits Cornelis Escher, aquel genial artista que llevó al papel situaciones imposibles, utilizando para ello ciclos autocontenidos e infinitos. Entre sus muchas obras podemos recordar aquella que muestra dos manos entrelazadas, en donde cada una dibuja a la otra; o ese grabado que presenta una cascada que se alimenta eternamente de la misma agua que precipita.

El tercer protagonista es Johann Sebastián Bach, el gigante de la música, que en muchas de sus composiciones utilizó estructuras recursivas, las que permitieron dar vida a maravillosas piezas musicales, como sus famosas fugas y cánones.

Aquiles y un cangrejo

Para acompañar a estas tres figuras históricas, se incluyen en el relato a personajes de ficción, como Aquiles y la tortuga, ambos tomados de la obra de Lewis Carroll (el autor de “Alicia en el país de las maravillas”), o un enigmático cangrejo y un Genio con su lámpara, entre muchos otros. Los diálogos entre estos protagonistas imaginarios, complementan las complejas y desconcertantes ideas que se desarrollan a través de toda la obra.

El autor, Douglas R. Hofstadter, es una personalidad de intereses múltiples. Con formación en física, ha trabajado y enseñado en áreas tan diversas como literatura comparada, idiomas, psicología, informática, ciencias cognitivas e inteligencia artificial. Su saber multidisciplinario, es el que le permite acceder a una mejor comprensión de los mecanismos que utiliza el cerebro humano para procesar e interpretar la información que lo conecta con la realidad.

El afán de comprender los secretos del funcionamiento de la mente constituye la temática central del libro, y el autor logra imprimirle a éste un desarrollo magistral, mediante el expediente de desnudar el proceso creador de los personajes ya presentados. A través de diálogos, juegos y acertijos somos invitados a descubrir los elementos comunes, presentes en la obra del matemático, del músico y del dibujante. Y para nuestra sorpresa, es posible identificar un hilo conductor, el que se manifiesta a través de algunas propiedades de la realidad (como los bucles), las cuales aunque muchas veces desafían al sentido común, son las que permiten que un sistema complejo, como el binomio cerebro-mente, llegue a comprenderse a sí mismo.

El objetivo del autor se cumple plenamente, presentándonos una obra maciza que exige ser leída con concentración y apertura de espíritu. En sus páginas abundan los símbolos, códigos y juegos de palabras, cuya correcta interpretación nos obliga utilizar adecuadamente el cerebro y la mente, los mismos elementos cuyo enigma intentamos develar (¿otro bucle?).

El libro ganó el premio Pulitzer y ha tenido un gran éxito de ventas, situación inesperada para este tipo de literatura, pero que pone en evidencia cuán importante es para la humanidad, el deseo de acceder a los más profundos secretos de la naturaleza y, en especial, a comprender los misterios de nuestro pensamiento.