Por Hugo
Jara Goldenberg
Vivimos en una época dominada por
la inmediatez y las pantallas, donde casi todo ocurre a una velocidad
vertiginosa y de forma automática. Sin embargo, existe un rincón en donde el
tiempo transcurre a otro ritmo: medido por el pulso firme de un pincel, el
aroma característico del pegamento y la minuciosa unión de decenas de piezas
diminutas. Ese espacio es el modelismo estático, y muy especialmente el plastimodelismo.
Se trata de una actividad que es mucho más que un pasatiempo; es una disciplina
que combina arte, historia, ingeniería en miniatura y bienestar mental.
Para quienes cultivan esta
pasión, el sentarse frente a la mesa de trabajo trasciende la simple
entretención. Es que armar o construir una maqueta es abrir un paréntesis de
calma absoluta en medio de la rutina diaria. Es un refugio creativo y de paz, en
donde las horas pasan veloces, mientras un conjunto de piezas inertes cobra
vida y se transforma en una réplica exacta de un vehículo histórico.
¿Qué es el modelismo estático?
El modelismo estático a escala
consiste en la reproducción fiel y proporcional de objetos reales —ya sean
embarcaciones históricas, aeronaves, vehículos blindados, automóviles, trenes o
naves espaciales— reducidos matemáticamente a una fracción exacta de su tamaño
original, con el objetivo de observarlos y exhibirlos. Existe también el modelismo
dinámico que consiste en crear vehículos o aparatos a escala capaces de
moverse, volar o navegar.
Dentro del modelismo estático, el
plastimodelismo es una de las ramas más difundidas y versátiles. En este
caso los modelos vienen en kits de plástico y existe en el mercado una gran
diversidad de maquetas, con variados grados de dificultad en el proceso de
armado y en diferentes tamaños (en las llamadas escalas).
Aunque para muchos puede parecer
una actividad de niños, en realidad se trata de una tarea compleja que exige,
no solo disponer de una serie de elementos y herramientas para la construcción,
como pegamentos, pinceles, pinturas, alicates, cúter, pinzas de precisión,
taladros milimétricos, etc., sino que además el modelista debe poseer
habilidades técnicas y manuales, conocimientos de lectura de planos, cálculo de
escalas, y por sobre todo mucha paciencia.
Investigación histórica y documental
Es importante destacar que ninguna
maqueta está completa sin su contexto. Esto significa que construir un modelo a
escala invita inevitablemente a investigar qué fue, cómo funcionaba y quiénes
operaron aquel vehículo en la vida real. Recrear un avión, un transporte
terrestre o un navío legendario de forma fidedigna solo es posible investigando
detalladamente el contexto histórico y cultural en el cual fue empleado en el
pasado.
El modelista estático actúa
muchas veces como un custodio de la Historia. Al investigar en detalle las
características técnicas de un avión, la historia de un buque hundido o el
diseño de un vehículo famoso, la maqueta terminada se convierte en una pieza
didáctica tridimensional capaz de explicar sucesos del pasado de manera visual.
Del ensamblaje básico a la transformación artística
En general el punto de partida de
un proyecto suele ser un kit comercial compuesto por matrices de plástico,
llamados árboles, en donde vienen adheridas las partes del modelo. La tarea
inicial exige interpretar planos detallados, comprender la geometría
tridimensional de la maqueta y ensamblar el modelo siguiendo rigurosamente el
orden establecido en los planos de armado. Además, el modelista debe aplicar
conocimientos prácticos de química y física cotidiana, ya que tiene que comprender
la reacción de distintos solventes utilizados como pegamento, la tensión
superficial de pinturas y barnices, la adherencia de las imprimaciones sobre
plástico, metal o madera, manejo de resinas y la teoría del color aplicada a
escalas reducidas. Además, debe dominar variadas técnicas de pintura, tanto a
pincel como con aerógrafo.
Aunque un principiante comienza
siguiendo rigurosamente las instrucciones de la caja, el plastimodelismo avanzado
no conoce límites rígidos. El modelista experimentado lija uniones, aplica
masillas, construye partes, domina diferentes técnicas de pintura y recrea el
paso del tiempo mediante técnicas de envejecimiento o weathering
(óxidos, desgastes, hollín o polvo). Además, se pueden mejorar los modelos con el reemplazo de partes por
otras hiperdetalladas en fotograbados o agregar elementos de iluminación.
Incluso se pueden construir partes con impresoras 3D.
Más aún, en sus expresiones más
avanzadas, el plástico se convierte apenas en un lienzo o estructura base, para
aplicar técnicas novedosas, como por ejemplo la construcción de dioramas, es decir la
creación de una escena completa que contextualiza la maqueta, dando vida a
algún evento histórico. La siguiente fotografía es de un diorama en escala 1:35
— construido por mi hermano Ítalo, un eximio maquetista— que muestra una operación militar
durante la Guerra de Vietnam, en la cual aparece un helicóptero Hughes OH-6A Cayuse, dando apoyo a una patrulla terrestre que inspecciona un carro ASU-57
norvietnamita dañado. La escena ambientada en la selva obliga al maquetista a
recrear fidedignamente el entorno, agregando todos sus elementos, como la
tierra, el pasto, la vegetación, etc:
También es posible la construcción de
modelos partiendo desde cero, es decir armar una maqueta sin utilizar un kit,
sino empleando materiales diversos tales como láminas de plástico, madera,
latón, envases de yogurt, cartón, etc. En este caso el modelista trabaja basándose en planos
reales y fotografías históricas para construir cada componente a mano.
La siguiente fotografía es de un diorama en donde aparece el portaviones USS Langley en escala 1:350, el cual no existe como kit comercial. Mi hermano Ítalo lo construyó desde cero, tomando como referencia fotografías, y utilizando materiales tan variados como láminas de plástico, mondadientes, envases de yogurt, cajas de helados, alambres de cobre de bobinas eléctricas, cerdas de escobillón, etc. Este portaviones fue el primero que tuvo EEUU y entró en servicio en el año 1922. Antes de la Segunda Guerra Mundial fue transformado en buque de apoyo a hidroaviones, recortando parte de su cubierta de vuelo. En este diorama, está el USS Langley AV-3 apoyando el amarizaje de un hidroavión Martin Mariner:
Otra modalidad avanzada es el modelismo
mixto o de transformación. Un ejemplo de esta técnica es el trabajo que realicé
con la Goleta San Jacinto. A partir del casco plástico de una maqueta
marca Lindberg a escala 1:79, lo transformé por completo forrando
íntegramente el casco y la cubierta con madera enchapada, para luego construir
de forma artesanal —también en madera— cada uno de los detalles de la cubierta y
los mástiles. Este proyecto lo realicé el año 2009, y recuerdo que tenía problemas en construir los seis cañones de 12 libras y su respectivas cureñas, que esta goleta llevaba en cubierta. Aprovechando que mi amigo Fernando Torrejón, también un destacado maquetista, viajaba a España, se los encargué, y me los trajo de regalo, con lo cual el trabajo final ganó en realce. En una entrada anterior de este Blog describo con detalle este proyecto de transformación [enlazar aquí].
Del poliestireno a la nobleza de la madera y el lienzo: Los
navíos de Cristóbal Colón
Otro ejemplo de transformación lo constituye este proyecto en que construí las maquetas de los tres navíos de Cristóbal Colón en su viaje del descubrimiento de América, en el año 1492. A partir de los kits marca Heller en escala 1:75, de la nao Santa María y las carabelas La Niña y La Pinta. El plástico sirvió como punto de partida estructural para incorporar numerosas piezas y cubiertas trabajadas en madera real, logrando una textura y una calidez imposibles de obtener únicamente con pintura. Asimismo, las rígidas velas plásticas originales del kit fueron sustituidas por velamen confeccionado en tela, cosido artesanalmente a las vergas y aparejado con una compleja jarcia de cabos, motones y vigotas que devuelven a estas naves históricas toda su autenticidad marinera. Recuerdo que marqué las velas plásticas en una pieza de tela y mi mamá las cosió, con lo cual los navíos ganaron en realismo. En este proyecto demoré varios años, claro que trabajando en paralelo con otras maquetas.
Los beneficios de practicar esta afición
Quien observa una vitrina con
cientos de maquetas terminadas suele admirar el resultado estético, pero el
verdadero valor del modelismo reside en lo que ocurre en la mente y en el
espíritu de quien las construye. En efecto, la práctica de esta afición reporta
beneficios de naturaleza muy variada, que contribuyen al bienestar integral del
modelista, tales como:
- Entrega una sensación de relajo profundo: El
nivel de concentración que exige el armado de una maqueta obliga a la mente
a abstraerse por completo del estrés cotidiano y de las preocupaciones
laborales y sociales. Es una forma de meditación en la acción, que reduce
la ansiedad y proporciona un descanso mental reparador.
- Desarrolla la paciencia y resistencia a la
frustración: En una cultura que premia el resultado instantáneo, el
modelismo enseña el valor de la paciencia. Una buena maqueta no se termina
en una tarde; requiere esperar tiempos de secado, corregir errores con
serenidad y entender que la excelencia es fruto de la constancia y de un
trabajo disciplinado.
- Ayuda a la estimulación cognitiva y de la motricidad
fina: A cualquier edad —desde la adolescencia hasta la madurez—, el
trabajo manual de precisión mantiene activas las conexiones neuronales
vinculadas con la coordinación visomotora, el pulso, la percepción
espacial y la resolución creativa de problemas técnicos.
- Mantiene viva la curiosidad intelectual: El
modelismo despierta el apetito por la lectura y la divulgación científica,
histórica y tecnológica. Cada nuevo proyecto obliga a estudiar planos,
fotografías de época, aerodinámica o arquitectura naval. Es habitual que
un maquetista sea también un gran conocedor de la Historia universal, y
suelen poseer importantes bibliotecas.
- Entrega un sentido de logro: Terminar una
maqueta después de semanas o meses (incluso años) de dedicación, genera
una recompensa tangible e incomparable. A diferencia de los logros
digitales que desaparecen al apagar una pantalla, un modelo terminado
permanece en el mundo físico como testimonio del ingenio, la disciplina y
la sensibilidad de su autor.
Experiencia personal como plastimodelista
Esta afición la he practicado,
junto a mis hermanos, desde la adolescencia y tengo cientos de maquetas construidas
dispuestas en muchas vitrinas, por lo que mi casa parece un museo. Comencé con los aviones a hélice y naves
espaciales, pero con el paso del tiempo también he incursionado en barcos,
especialmente navíos a vela, de la época de los descubrimientos.
Los miles de horas empleadas en esta
afición a lo largo de la vida, no las considero como de trabajo, sino como miles
de horas de paz y tranquilidad. Horas de concentración silenciosa y de trabajo
metódico sin prisas; acompañado en el taller solo de mis pensamientos y por la
música envolvente de autores como Bach, Vivaldi, Haendel y otros gigantes del
barroco.
La siguiente fotografía es de la vitrina principal que tengo en la biblioteca. En la parte superior de ven algunas de las cajas de maquetas que tengo aún por construir.
Comentarios finales
El plastimodelismo es, en
definitiva, una escuela de vida en miniatura. A través de los modelos
construidos a lo largo de los años, el modelista no solo colecciona barcos,
aviones o vehículos a escala, por sobre todo atesora miles de horas de tranquilidad
y paz interior, aprendizaje continuo y el placer inigualable de crear con las
propias manos.
Estoy convencido de que el
modelismo es un lugar mágico impregnado de calma y quietud, en donde puede
vivir feliz ese niño que todos los adultos llevamos dentro de lo más profundo
de nuestra alma.














