16 de marzo de 2026

Ajedrez y música: una estrecha relación

 



Por Hugo Jara Goldenberg

Es una verdad universalmente aceptada que el arte no pertenece solo a quienes lo crean, sino también a quienes lo experimentan. En el mundo de la música, por ejemplo, esta dualidad es evidente: millones de personas son capaces de sentir la profunda melancolía de una sonata de violonchelo, la tensión de un crescendo orquestal o la brillantez de un solo de jazz, sin haber sostenido jamás un instrumento en sus manos, ni saber leer una partitura. La música entra por los sentidos, pero apela directamente al intelecto y a la emoción.

Curiosamente, el ajedrez comparte esta misma naturaleza dual, y aunque a menudo se le clasifica de ciencia o deporte, es antes que nada un arte. Y como tal, se puede disfrutar profundamente de su belleza y estética, sin ser necesariamente un jugador experto, de la misma manera en que se disfruta de una sinfonía sin ser un músico. Y una forma que tenemos los ajedrecistas aficionados de disfrutar de este arte sublime, es reproduciendo partidas de grandes jugadores de todos los tiempos.

El ajedrez tiene la particularidad que las partidas se pueden anotar, y reproducir en el momento que se quiera, jugada a jugada. Existe una abundante bibliografía ajedrecista con millones de partidas registradas, disponibles gratis en diversos sitios de Internet. En mi biblioteca personal tengo más de 100 libros de ajedrez, con gran parte de ellos dedicados al estudio de partidas de grandes campeones y maestros del pasado.

Existe un sistema de notación conocido como algebraico que permiten este registro. La siguiente es la primera partida anotada con las reglas del ajedrez moderno, que fue jugada en la ciudad de Valencia, España el año 1475, y está registrada en la ya mencionada notación algebraica.




 

Si se dispone de un tablero, esta partida de 21 jugadas se puede reproducir sin ninguna dificultad, incluso jugadores expertos la pueden seguir mentalmente, sin necesidad de un tablero. Se puede ver la reproducción de esta partida en el siguiente link.

 

Los Instrumentos y la Armonía

En la música, cada instrumento tiene su propio timbre, su rango y su propósito. Apelando a una interesante analogía podemos asumir que en el ajedrez, las piezas son los instrumentos de una partida. Así, los Caballos, con su movimiento asimétrico y saltarín, introducen el elemento de la sorpresa. Los Alfiles barren el tablero en largas y melancólicas diagonales, como instrumentos de cuerda de largo aliento. Las Torres son la percusión pesada, los metales graves que sostienen la base en las columnas abiertas, y la Dama es el violín solista, capaz de dominar el escenario con su agilidad y potencia. los Peones, que para muchos son el alma del ajedrez, acompañan a las demás piezas envolviendo todo el tablero, como el bajo continuo de un concierto del barroco. Y por último el Rey es el director de la orquesta, al que todos obedecen.

Cuando un ajedrecista aficionado estudia una partida entre dos Grandes Maestros, no necesita calcular muchas jugadas por adelantado para percibir la armonía de la partida. Puede ver cómo las piezas se coordinan, cómo se apoyan unas a otras creando una red invisible de protección y ataque. Esa coordinación geométrica es el equivalente visual a un acorde perfectamente afinado de una pieza musical.


Testigos del Proceso Creativo

Pero existe una dimensión fascinante en la apreciación del ajedrez que lo separa de otras formas de arte clásicas, incluida la música. Cuando contemplamos, por ejemplo, una obra pictórica en un museo, vemos el resultado final; el esfuerzo, las pinceladas dudosas y las correcciones del pintor han quedado ocultos bajo las capas de óleo. Lo mismo ocurre cuando disfrutamos de una pieza musical, se trata de la obra ya concluida por su autor.

Sin embargo, cuando reproducimos una partida de un gran campeón del pasado, estamos abriendo una cápsula del tiempo. Nos introducimos en su mente jugada a jugada. No vemos únicamente la victoria final o el mate, sino que somos testigos presenciales de su proceso creativo en tiempo real. Vemos el planteamiento estratégico del maestro, las dudas, los errores, las celadas, los golpes tácticos y los momentos de inspiración. Es el equivalente exacto a poder sentarse junto a un compositor y ver cómo prueba acordes, descarta disonancias y, de repente, encuentra la melodía perfecta que pasará a la historia.


La Orquesta de los Genios: Seis Estilos Musicales

Para entender mejor esta similitud estética entre el ajedrez y la música, basta con observar a seis de los más grandes campeones "compositores" de la historia del ajedrez, cada uno con una voz musical inconfundible que fascina a cualquier ajedrecista. Los ejemplos que he elegido se basan en mis gustos y preferencias tanto musicales, como de estilos de juego ajedrecísticos. Otras personas podrían optar por otros ejemplos.

1. Morphy: El Virtuosismo Romántico. Paul Morphy (1837-1884) jugador estadounidense, se le considera el mejor jugador de su tiempo, aunque en ese entonces no existía el título de Campeón Mundial. Observar una partida de Morphy es como escuchar a Niccolò Paganini en el violín o a Franz Liszt al piano. Pertenece a la era romántica, donde sus partidas son allegros trepidantes: un desarrollo rápido y explosivo de las piezas que culmina en ataques abrumadores. Ofrece el espectáculo puro del genio natural desatado.

2. Capablanca: La Melodía Pura.  José Raúl Capablanca (1888-1942), ajedrecista cubano, el tercer Campeón del Mundo, conocido como la "máquina de ajedrez", su estilo diáfano carecía de esfuerzo aparente, su juego fluye con la elegancia y la aparente sencillez de un Nocturno de Frédéric Chopin. Sus partidas no exhibían violencia caótica; en cambio, mostraban una armonía cristalina y perfecta, donde cada pieza estaba exactamente en el lugar que le correspondía, tal como las notas de una Sinfonía de Antonio Vivaldi.

3. Tal: El Genio de la Disonancia. Mikhail Tal (1936-1992), conocido como el "Mago de Riga", era un ajedrecista letón, el octavo Campeón del Mundo. Es el Igor Stravinsky del ajedrez. Su estilo se basaba en la disonancia extrema: posiciones caóticas, sacrificios de piezas que desafiaban la lógica, y ataques agudos e irrefutables. Su juego era un espectáculo sobre el tablero, como los Reales Juegos de Artificio de George Federic Haendel. Para el espectador, ver a Mikhail Tal jugar, es asombrarse ante el genio descubriendo la belleza en medio del caos absoluto.

4. Fischer: La Fuga Perfecta. Bobby Fischer (1943- 2008), jugador estadounidense, el décimo primer Campeón del Mundo. Fischer Buscaba implacablemente la "verdad" en el tablero, lo que lo asemeja a Johann Sebastian Bach, el gran músico alemán, que era conocido como “el músico de Dios”. Las partidas de Fischer son ejercicios de una precisión cristalina y un contrapunto inmaculado. No había trucos rebuscados en Fischer, sino una lógica matemática implacable, poderosa y universal. En sus partidas todo encajaba a la perfección, sus jugadas se suceden tal como fluyen las notas de una tocata y fuga del gran Bach.

5. Kasparov: El Drama Wagneriano. Garry Kasparov (1963) es un jugador azerbaiyano, el decimotercer Campeón del Mundo. Si Mikhail Tal era la disonancia impredecible, Kasparov era Richard Wagner: óperas épicas de fuerza arrolladora. Sus partidas estaban cargadas de una preparación profunda y una energía dinámica abrumadora. Para el espectador, ver a Kasparov en su apogeo era como escuchar a una orquesta sinfónica completa, tocando al máximo volumen, creando una tensión dramática que terminaba por aplastar a sus rivales.

6. Carlsen: El "Mozart del Ajedrez". Magnus Carlsen (1990) es un ajedrecista noruego, el decimosexto campeón del Mundo. Llamado el “Mozart del ajedrez” desde su prodigiosa infancia, Carlsen encarna el ideal mozartiano: una comprensión intuitiva y universal del juego que parece casi sobrehumana. Sin embargo, su juego es del siglo XXI. Carlsen es capaz de tomar una posición igualada y aparentemente "sin música" (como un final de tablas), y como un genio del jazz que improvisa sobre una progresión de acordes, es capaz de forzar la posición, hasta lograr la victoria por pura insistencia y técnica impecable.


El Final: La Coda

Así como la Coda es el cierre de una obra musical; en el ajedrez las partidas que llegan al final (el endgame) tienen su propio escenario. Quedan pocas piezas. Es el equivalente a un cuarteto de cuerdas o a un solo de piano. Aquí, la estética radica en la precisión milimétrica. La belleza de un rey y un peón bailando alrededor de la defensa rival es minimalista, prístina y profundamente determinística; tal como las últimas notas de una pieza musical que se desvanece en el silencio.


La Estética y el arte de las Máquinas

Cuando vemos a módulos de ajedrez informáticos como  Stockfish o Fritz,  que calculan millones de jugadas por segundo con profundidades insondables de más de 100 jugadas por adelantado; y los comparamos con el ser humano que se guía solo por la intuición, el reconocimiento de patrones (calculando apenas 5 o 6 jugadas de profundidad) y el pulso de la emoción. constatamos que estamos ante dos formas de jugar totalmente diferentes. Surge entonces inevitablemente la pregunta ¿Es el ajedrez de las maquinas también un arte, o solo un frío cálculo matemático?

Si volvemos a la comparación con la música, los módulos informáticos de ajedrez son el equivalente a los sintetizadores más avanzados, a la música electrónica generativa  o a las asombrosas composiciones para pianola de Conlon Nancarrow: obras de una complejidad rítmica tan extrema que ningún humano podría interpretarlas físicamente, pero que sin embargo igual nos conmueven y emocionan, como cualquier obra de arte.

Al principio, el cálculo de una máquina puede parecer desprovisto de alma. No hay sentimiento, no hay duda psicológica en el silicio. Sin embargo, sí hay arte, pero de una naturaleza distinta. Cuando una red neuronal especializada en ajedrez como Leela Chess Zero (LcO) sacrifica un peón a cambio de una ventaja posicional que solo se materializará 40 jugadas después, está creando una belleza sobrehumana. Nos revela verdades ocultas de la geometría del tablero que la mente humana jamás habría podido siquiera imaginar.

Si el arte se define en parte por su capacidad de provocar asombro, expandir los límites de lo posible y revelar la verdad, entonces la danza matemática de los algoritmos que juegan ajedrez es indiscutiblemente también un arte: frío, sí, pero de una perfección estética sobrecogedora.

 

Conclusión y epílogo personal

Ya sabemos que no es necesario saber pintar para maravillarse ante un cuadro de un famoso pintor, ni ser un experto en armonía para emocionarse con la música. Del mismo modo, el aficionado al ajedrez puede asomarse al abismo insondable de las 64 casillas y ver no solo un juego, sino una partitura inagotable de belleza estética. Y es que, ya sea a través del sudor humano o del silicio de las máquinas, el ajedrez seguirá siendo una fuente rebosante de armonía, lógica, geometría y arte.

En lo personal, esta intersección entre el tablero y la partitura no es solo teórica; es una práctica constante que ocupa tres o cuatro tardes de mi semana. En estos momentos, me encuentro inmerso en el libro “Mis 60 memorables partidas” de Bobby Fischer, estudiándolas a través de sus propios comentarios.

Y como no podía ser de otra manera, estas jornadas de estudio las realizo escuchando la obra de mi compositor favorito: Johann Sebastian Bach. Estudiar una partida histórica de Fischer —esa encarnación ajedrecística de la fuga perfecta— mientras suenan los acordes de los Conciertos de Brandeburgo, en especial el luminoso y estructurado N° 2, es verdaderamente estar en el paraíso. La sensación de paz, armonía y plenitud que se logra en esos instantes es muy difícil de explicar con palabras. Es un golpe de vitaminas para el espíritu; una inestimable jornada de gimnasia para la mente y el alma. Allí, entre las notas de Bach y las geniales jugadas de Fischer, el ajedrez y la música dejan de ser disciplinas separadas, para convertirse en un refugio vital.

22 de febrero de 2026

El primer vuelo solo

   Foto de mi época de Alumno Piloto

Por Hugo Jara Goldenberg

Todo piloto, no importa su experiencia y categoría, sea civil, militar o comercial, esté activo o ya retirado, seguramente recordará muchos vuelos importantes de su vida como aviador, pero hay uno que siempre se evoca de manera muy especial: “El primer vuelo solo”.  Aquel evento no solo queda registrado en la bitácora de vuelo, al igual que todos los demás, sino que también queda grabado a fuego en la memoria del piloto, como una de las experiencias más significativas y trascendentes de su vida.

Camino a recorrer para ser un aviador

Para entender el contexto del primer “vuelo solo”, hay que recordar que este vuelo tan especial lo realizan quienes están aprendiendo a volar. En Chile, aquellos que deseen ser aviadores civiles, deben hacer el curso de piloto privado de avión en alguna institución reconocida por la autoridad aeronáutica, en mi caso lo realicé en el Club Aéreo Universidad de Concepción. Para hacer el curso el postulante debe, en primer lugar, tramitar y obtener la Licencia de Alumno Piloto, otorgada por la Dirección General de Aeronáutica Civil.

Al empezar el curso, y antes de subirse al avión, el Alumno Piloto debe pasar primero por una introducción teórica en donde se estudian materias tales como: Aerodinámica y principios del vuelo, Conocimiento general de los principales sistemas de la aeronave (motor, estructura, eléctrico, combustible, hidráulico y otros), procedimientos operacionales en los aeropuertos y Radiotelefonía aeronáutica,

Una vez concluida esta introducción teórica se da comienzo a la fase de instrucción. En esta etapa el estudiante, ocupando el asiento del piloto y acompañado siempre por un piloto instructor, se inicia en el aprendizaje del arte del vuelo. En mi caso, el instructor de vuelo asignado fue don Alberto Foppiano Bachmann, Doctor en Física y Profesor Emérito de la Universidad de Concepción. El avión empleado fue un Cessna 150, una aeronave escuela por excelencia, noble en su comportamiento, pero exigente en su correcta operación.

Durante las primeras horas de vuelo el Alumno Piloto, siempre guiado por su instructor, se familiariza con la correcta operación de la aeronave. El aprendizaje incluye el conocimiento y dominio de una serie de procedimientos y maniobras entre los que se incluyen:

-          Chequeo de pre vuelo

-          Gestión de la cabina

-          Puesta en marcha del motor

-          Comunicaciones con la Torre de Control

-          Rodaje de la aeronave

-          Despegue

-          Control del avión en vuelo

-          Maniobras de ascenso, descenso y virajes

-          Maniobras de emergencia, fallas de motor simuladas

-          Circuitos de tránsito en el aeropuerto

-          Aterrizajes

-          Chequeo de post vuelo

En los primeros vuelos, en turnos cortos de no más de media hora, para no saturar ni abrumar al alumno, se practican las maniobras básicas: vuelo recto y nivelado, ascensos y descensos, virajes normales y escarpados. A continuación, se ejercitan maniobras de recuperación de pérdidas (desplome del avión por pérdida de sustentación) y emergencias de motor.

También se practican los despegues y aterrizajes, realizando series de “toque y despegue” (touch and go), es decir secuencias de “aterrizajes y despegues” consecutivos. Esta maniobra es muy didáctica, y también exigente, ya que obliga al estudiante a realizar en poco tiempo el despegue, ascenso, la configuración de la aeronave para la posición de crucero y de inmediato configurar para el aterrizaje, y posteriormente el aterrizaje mismo.

Además, todas estas maniobras deben realizarse en forma simultánea con las comunicaciones con la Torre de Control, tanto para recibir instrucciones como para estar atento al tráfico existente en las inmediaciones del aeropuerto. Durante los ejercicios de “toque y despegue” se practican también emergencias en circuito de tránsito, simulando situaciones anómalas tales como fallos de motor, incursión en pista, vientos cruzados y otras condiciones imprevistas que puedan presentarse.

En estas primeras horas de vuelo los alumnos se sienten abrumados por todas las tareas que hay que realizar de manera simultánea. Pero con el avance de la instrucción, todo se hace más fácil, y se aprende a realizar el vuelo de manera natural.

 

El primer vuelo solo

Una vez que están dominadas todas las maniobras y procedimientos ya descritos, llega el momento del primer vuelo solo, generalmente este ocurre entre la hora 15 y 20, dependiendo del avance del estudiante.

En mi caso estuve listo para el “solo” en la hora 16, y el vuelo se realizó el domingo13 de mayo de 1984. Ha transcurrido mucho tiempo desde entonces, sin embargo, todo lo que sucedió en aquella lejana y fresca mañana de otoño, permanece tan vívido en mi memoria que pareciera que fue ayer.

Antes del primer vuelo solo, me correspondió hacer un chequeo final con el Jefe de Instructores del Club Aéreo, don Hans Rautenberg, destacado piloto comercial, ingeniero y profesor de la Universidad de Concepción, quien tenía fama de ser muy estricto y severo. El papel del instructor en este vuelo es solo verificar que el estudiante controla la aeronave con eficiencia y seguridad, toda la conducción del avión y las comunicaciones las realiza el Alumno Piloto.

El vuelo se realizó en el avión Cessna-150 matrícula CC-SZI; después del chequeo de pre vuelo, de la puesta en marcha del motor, y de recibir las instrucciones de la Torre de Control, despegué a las 11 am, desde la pista 19, e inicié el ascenso y posterior nivelación a 2000 pies, dirigiéndome a la zona de instrucción ubicada en la desembocadura del rio Biobío. Una vez establecido en la zona de vuelo realicé una secuencia de maniobras solicitadas por el instructor, incluyendo una emergencia por falla de motor. Todo el vuelo se realizó bajo la atenta mirada del piloto instructor quien no hizo ninguna observación, señal de que todos los ejercicios se realizaron correctamente.

Posteriormente regresamos al Aeropuerto Carriel Sur y realizamos tres series de “toques y despegues” y después del tercer aterrizaje, el instructor me ordenó detener el avión en pista y procedió a abandonar la aeronave, señalándome que debía realizar tres tandas de “toques y despegues” y finalizar con un aterrizaje completo.

Cuando se bajó del avión y se cerró la puerta de la cabina, tomé plena conciencia que, por primera vez, la responsabilidad completa del vuelo recaía exclusivamente en mí.  Al observar el asiento del instructor vacío, cada procedimiento, cada decisión y cada maniobra adquirieron una connotación distinta. Yo era el piloto al mando.

El avión, más liviano, respondió con mayor agilidad durante el rodaje y la carrera de despegue. Los circuitos de tránsito se desarrollaron con precisión y cautela, y el aterrizaje final cerró una experiencia breve en el tiempo, pero inmensa en significado. No fue sólo un ejercicio aprobado: fue la confirmación de una vocación y el recuerdo imborrable de haber estado, por primera vez, verdaderamente solo en el aire, volando libre como las aves. 

Una vez terminado el vuelo llegó el momento de la celebración, y cumplir con la tradición aeronáutica del bautizo que, en aquella época, consistía en un baño en aceite quemado de aviación. Y a continuación un asado en que compartí con familiares y amigos.

Reflexiones finales

Desde el punto de vista de la formación de un aviador, el "primer vuelo solo” es solo un hito en la progresión del estudiante. Este vuelo ocurre en la primera mitad del curso, y aún falta mucho que aprender y practicar para ser finalmente un piloto. 

Sin embargo, para el alumno este vuelo se transforma en una experiencia inolvidable, y en mi caso significó cumplir con un sueño que me acompañaba desde la más temprana infancia. Ese primer vuelo en solitario fue como cortar el cordón umbical que me ataba a la tierra; a partir de ese momento el cielo pasó a convertirse en mi hogar.

Y termino esta evocación a uno de los momentos más significativos de mi vida con un pensamiento atribuido al gran Leonardo da Vinci, precursor del estudio del vuelo humano:

Una vez que hayas probado el vuelo, siempre caminarás por la tierra con los ojos vueltos hacia el cielo, porque allí has ​​estado y allí siempre anhelarás regresar


            Fotos de mi bautizo de aviador









28 de enero de 2026

La magia de correr


 (*)

Por Hugo Jara Goldenberg

                                                                                             

Para muchas personas el “correr”, “trotar” o “running” es solo un ejercicio más: algo cansador, repetitivo, incluso aburrido, o tal vez un hábito asociado a razones estéticas de quienes esperan bajar de peso. Sin embargo, se trata de una de las actividades físicas más completas y beneficiosas, no solo en el plano fisiológico, sino también sicológico.

Al correr, se desencadenan en el organismo una serie de procesos fisiológicos y neuroquímicos que provocan en el deportista no solo un fortalecimiento corporal, sino también una sensación de bienestar emocional.


La tormenta neuroquímica perfecta

Cuando, después del calentamiento previo, se inicia la carrera, de inmediato aparece una sensación de cansancio y malestar. El cuerpo comienza a enviar señales demandando más energía y oxígeno, lo que incrementa la frecuencia cardíaca y respiratoria y, en consecuencia, el flujo sanguíneo. Esta sensación inicial de agotamiento puede resultar tan desagradable que muchas personas deciden abandonar el ejercicio, con la conocida frase "esto no es para mí".

No obstante, quienes perseveran obtienen su recompensa. Pasados aproximadamente diez minutos desde el inicio de la carrera, el cerebro comienza a liberar Dopamina, un neurotransmisor asociado con la motivación y la sensación de logro, que ayuda a sobrellevar ese cansancio intenso que se apodera del cuerpo.

Posteriormente, entre cinco y diez minutos más tarde, se inicia la liberación de Endorfinas, analgésicos naturales que reducen o eliminan la percepción del dolor. En este momento el corredor deja de sentir ese desagradable malestar inicial, y muchos deportistas reconocen a este hito de la carrera como “el segundo aire”. La incomodidad inicial se atenúa y surge una sensación de control, de fluidez y de ligereza.

Pero la liberación de neurotransmisores no ha terminado, A continuación, pasados unos minutos, se libera la Anandamida (endocannabinoide), sustancia que induce en el corredor un estado de calma, claridad mental y una sensación de plenitud y armonía muy difícil de describir.

Así, al cabo de aproximadamente veinticinco minutos, culmina esta auténtica tormenta neuroquímica, y el corredor alcanza un estado de conexión profunda consigo mismo, conocida como “Runners’High”, “Nirvana del corredor” o “Euforia del corredor”. Algunos viven este estado como una forma de meditación en movimiento, otros lo describen como una conversación silenciosa entre el cuerpo, la mente y las emociones.

Wikipedia define el “Runners’High” como:Es un estado de bienestar, felicidad y euforia que se produce durante o después de un ejercicio aeróbico intenso y prolongado, caracterizado por menos dolor y ansiedad, y una sensación de ligereza y placer, gracias a la liberación de endocannabinoides y endorfinas que actúan como analgésicos naturales y mejoran el estado de ánimo. Para alcanzarlo, se necesita ejercicio constante, de alta intensidad (80-90% FC máx) y de al menos 40-60 minutos, encontrando un equilibrio entre esfuerzo y relajación”.


Beneficios prolongados del Runners’High

Es importante señalar que el estado de bienestar profundo que se alcanza al correr no se circunscribe solo al momento del ejercicio, sino que se prolonga en el tiempo. Y esto se explica porque está científicamente demostrado que la práctica continua del running fortalece circuitos cerebrales relacionados con el control emocional, la resiliencia, la gestión del estrés y la motivación.

Además, correr estimula la liberación de BDNF (Brain Derived Neurotrophic Factor), una proteína que contribuye a la salud neuronal, promoviendo su crecimiento, supervivencia y la creación de nuevas sinapsis. Este proceso mejora significativamente la capacidad de aprendizaje y la memoria del deportista.

Desde el punto de vista corporal, el correr favorece la salud cardiovascular, mejora la capacidad respiratoria, fortalece los sistemas óseo y muscular, y además regula procesos metabólicos asociados a la sensibilidad a la insulina y la gestión de las grasas.

En síntesis, el correr no solo fortalece de manera permanente el corazón y los músculos, sino que también mejora la actividad y actitud mental del deportista.

Cuando se alcanza el “Runnes’High” se genera en el corredor una sensación de armonía, paz y plenitud tan intensa, que yo lo defino como un “golpe vitamínico” para el alma.

Sin embargo, es necesario señalar que esta experiencia no es un estado mental sobrenatural ni místico, es solo un fenómeno estrictamente fisiológico, resultado de la química silenciosa de los neurotransmisores y de la mayor oxigenación del cerebro.


¿Son estos beneficios exclusivos del running?

Muchos se preguntarán si todos estos beneficios son exclusivos del correr, o si se extienden a otros deportes. En realidad, los beneficios físicos y mentales de realizar actividad física son siempre beneficiosos, cualquiera que sea el deporte que se practique.

Pero, lo que distingue al running, es que permite disfrutar en solitario el estado mental del “Runners'High”. En la mayoría de los otros deportes, que se desarrollan en equipo o son de naturaleza competitiva, el deportista no tiene espacio para ocuparse de sus pensamientos. Toda su atención debe estar puesta en el trabajo en equipo, en cumplir las reglas del juego, seguir la estrategia del partido, o anotar goles o puntos.

Sin embargo, para experimentar plenamente el “Runners’High” no basta sólo con correr, el deportista debe buscar condiciones adecuadas: lugares tranquilos como parques, recintos deportivos o zonas rurales. Correr en entornos urbanos congestionados exige una atención constante al tráfico, peatones, ciclistas y semáforos, lo que dificulta la inmersión en los propios pensamientos.


Riesgos, precauciones y progresión.

Al conocer todos los beneficios que se obtienen al correr, muchas personas se pueden entusiasmar en practicar este deporte. Sin embargo, hay que tener en cuenta los riesgos y peligros para la salud que puede acarrear el comenzar a correr sin estar debidamente entrenado, y sin respetar la progresión necesaria. Si no se toman los resguardos adecuados, se pueden producir lesiones de tipo muscular-esquelético, y también surge el riesgo de problemas cardiovasculares.

Por ello, se recomienda que quienes deseen comenzar a correr se sometan previamente a un chequeo médico y respeten un plan de entrenamiento progresivo, responsable y personalizado.


Experiencia Personal

Aunque los beneficios del running están ampliamente respaldados por la ciencia médica, solo quienes lo practican de manera regular pueden dar fe de su verdadero alcance.

En mi caso, tras casi toda una vida disfrutando de este ejercicio, el “Runners’High” me ha ayudado no solo a mantener una buena salud física y mental, sino también a desempeñar mejor tareas cotidianas, como estudiar y resolver problemas de diversa naturaleza

Durante mis años universitarios, en las múltiples capacitaciones de mi vida profesional, e incluso durante el curso de piloto de avión, realizaba los repasos finales de cada materia mientras corría. En el estado de “Runners’High”, la mente parece separarse del cuerpo y entra en un nivel de claridad extraordinario, en el que los contenidos se ordenan y se vuelven sorprendentemente accesibles.

Mientras las piernas sostienen el ritmo de la carrera, la mente se libera y encuentra un espacio para pensar, estudiar, crear, decidir, planificar, meditar, o simplemente para evocar recuerdos, o echar a volar la imaginación sobre acontecimientos futuros.


El running como sostén en momentos críticos

El correr también fue un pilar fundamental en una situación dramática vivida por mi familia. Nuestra madre padeció durante más de diez años la enfermedad de Alzheimer. La cuidamos en casa, y en los últimos años estuvo postrada y ya sin conciencia.

Quienes no han vivido esta enfermedad en carne propia, difícilmente pueden comprender, ni siquiera imaginar, el profundo impacto emocional, físico y sicológico que produce en los cuidadores directos, y en todo el núcleo familiar.

En sus últimos años de vida, junto con mi hermano Eduardo - también corredor – asumimos su cuidado en jornadas de 24 horas, de lunes a domingo, ocupándonos de todos los aspectos de su vida diaria, desde la alimentación y medicación, hasta el aseo e higiene personal.

El personal médico que la visitaba regularmente nos advertía de los altos riegos que corríamos como cuidadores, principalmente en el plano emocional e incluso psiquiátrico. Sin embargo, logramos sobrellevar esta experiencia límite, y estoy convencido que el running fue un factor que nos ayudó.  La sensación profunda de bienestar mental que genera esta práctica deportiva nos permitió resistir el desgaste físico y la devastación emocional que esta cruel enfermedad produce en los cuidadores.

 

Reflexiones finales

Como conclusión puedo afirmar, por experiencia propia, que el running es algo más que un ejercicio físico: es una herramienta de bienestar integral, que ayuda a mejorar la salud, fortalecer la mente, liberar el estrés y encontrar equilibrio emocional.

Para muchos, correr se convierte en un hábito; para otros es una pasión; y para algunos es una forma de bienestar y resiliencia. Pero para todos, es un espacio de introspección, un sostén emocional y una vía privilegiada para armonizar cuerpo, mente y experiencia vital.



(*) Fotografía en donde aparezco en un running semanal de domingo (10 k), junto a mis compañeros caninos "Negrita" y "Cónan".


26 de diciembre de 2025

Los sueños de la niñez

 


Por Hugo Jara Goldenberg

Es frecuente escuchar que al crecer, debemos madurar y elegir un camino profesional, dejando atrás las fantasías y los sueños de la infancia. En mi caso, siguiendo esta premisa, estudié en la Universidad de Concepción y me titulé de Ingeniero Informático.

Como Informático he disfrutado de una profesión maravillosa que me ha permitido estar a la vanguardia como especialista de la principal tecnología del mundo moderno. Sin embargo, nunca permití que el profesional que llegué a ser, silenciara los sueños del niño que fui.

Ese niño tenía siempre la mirada fija en lo alto, y acariciaba dos sueños que embriagaban su imaginación: volar como las aves y conocer el secreto de las estrellas. Así, junto con los típicos juegos de niño, construía toscas maquetas de aviones utilizando madera, papel y cartón, y leía con avidez toda la literatura que tratara temas de astronomía y astronáutica.

Ya de adolescente, los sueños seguían ahí, y comencé con un hobby, que aún mantengo: el modelismo aéreo. Y junto con mi primo Claudio, construímos un rudimentario telescopio, con el cual podíamos disfrutar de los cielos y observar con gran detalle la Luna y los planetas.

Sin embargo, cuando llegó el momento de ir a la Universidad, me encontré con el problema que esos dos sueños, que se resistían a abandonarme, no los podía estudiar como una carrera universitaria. Astronomía no se dictaba, en ese entonces, en mi ciudad. Y la aviación no existía como un programa académico que se pudiera estudiar fácilmente.

Decidí entonces estudiar Ingeniería, y opté por la especialidad de informática. Elegí esta Carrera por su naturaleza ubicua, que intuía me permitiría utilizarla de muchas formas y en áreas muy distintas.

Y no me equivoqué, durante muchos años de ejercicio profesional, he trabajado en temas tan variados como la creación de código de computador, el análisis y diseño de sistemas de información, la arquitectura de software, el diseño y programación de Bases de Datos y también he incursionado en la docencia en educación superior, formando a nuevas generaciones de profesionales de la informática.

Pero ¿Y qué sucedió con la aviación y la astronomía, esos dos sueños que me perseguían desde la más temprana infancia? Pues no los olvidé.

Primer sueño

Al terminar mi Carrera me enteré de la existencia del Club Aéreo Universidad de Concepción, una institución que fomenta la aviación civil deportiva dictando el curso de piloto privado, y que opera desde el Aeropuerto Carriel Sur

Hice las averiguaciones respectivas y en poco tiempo ya estaba iniciando mi formación como aviador. Después de terminar el curso y haber aprobado los exámenes teóricos y prácticos ante la Dirección General de Aeronáutica Civil, obtuve la Licencia de Piloto Privado de Avión.

Durante más de veinte años volé intensamente, pero no solo en vuelos de paseo de fin de semana, como la mayoría de los pilotos civiles, sino que, además realizando misiones de apoyo para el combate aéreo de incendios forestales, como piloto del avión de control. También, realicé innumerables vuelos como piloto de un avión ambulancia para el traslado de personas heridas y enfermas desde localidades aisladas, principalmente la Isla Santa María e Isla Mocha. Y, además, cientos de vuelos de fotografía aérea para empresas forestales. Y muchas jornadas de vuelos populares en donde, como piloto, acompañé a personas, de todas las edades, en su bautismo aéreo.

Igualmente, colaboré como relator en la Escuela de Vuelo del Club Aéreo, dictando las asignaturas de Aerodinámica, Meteorología Aeronáutica y Navegación Aérea, ayudando así a formar a nuevos aviadores, algunos de los cuales actualmente vuelan como pilotos comandantes en líneas aéreas.

Segundo sueño

Con respecto a la astronomía, aproveché lo que aprendí en Matemáticas, Física y Química mientras estudié la Carrera de Ingeniería, para profundizar, en forma autodidacta, mis conocimientos en temas de astronomía y astronáutica.  Además, asistí a algunos cursos de perfeccionamiento docente en astronomía escolar, que se dictaban en la Escuela de Graduados de la Universidad de Concepción.

Después de muchos años de estudiar la astronomía de forma teórica, decidí dar el siguiente paso, y levanté mi propio Observatorio Astronómico. Durante el año 2004, aprovechando una remodelación mayor que hicimos a nuestra casa, inicié la construcción del Observatorio Astronómico Amateur Antares.

Este Observatorio posee una cúpula metálica de 2 metros de diámetro y aloja un moderno telescopio Catadióptrico, marca Celestron, Modelo Celestar 8, de 20 cm de apertura, con un buscador de 9x50 y motorizado en ascensión recta.

Durante años he realizado actividades de divulgación de astronomía y astronáutica, destacando talleres en colegios y liceos, ciclos de charlas y conferencias en diferentes lugares, publicación de artículos en periódicos y revistas de divulgación científica. Y por supuesto observaciones guiadas en mi Observatorio.

Reflexiones finales

Se suele decir que si no vivimos de nuestros sueños, hemos fallado en cumplirlos. Pero creo que eso no siempre es verdad. A través mi experiencia, he descubierto que la profesión puede dar el sustento diario, pero son las pasiones y sueños los que dan la vida.

No necesité ser un piloto comercial de línea aérea para sentir la emoción indescriptible de despegar y volar entre las nubes libre como las aves, tal como lo imaginaba a los siete años cuando jugaba con aviones de papel.

Del mismo modo, no hizo falta trabajar en un gran Observatorio profesional, para explorar el cosmos. Mi pequeño Observatorio es mi ventana personal al infinito. Como astrónomo amateur, he aprendido que observar la danza de los planetas o la luz de una galaxia lejana no requiere de un grado académico de doctor en astronomía, solo basta la misma curiosidad infantil que me hacía preguntar "¿por qué?" cuando era pequeño y salía al patio de la casa a observar, a ojo desnudo, la noche estrellada.

También es necesario destacar que la remuneración que se recibe por realizar estas actividades no es en dinero. El pago es observar la mirada de asombro y felicidad de un niño cuando ve por primera vez a través del ocular del telescopio y observa las montañas y cráteres de la Luna, los anillos del Planeta Saturno, los principales satélites de Júpiter o las zonas de formación de estrellas en la Nebulosa de Orión. Tampoco la remuneración es en dinero cuando vemos la emoción de personas, de cualquier edad, que observan por primera vez el paisaje desde el aire en los vuelos populares. 

Relacionado con lo anterior, quiero destacar lo agradecido que estoy de haber podido concretar mis dos sueños infantiles de manera no remunerada. Esto porque cuando se vive de una profesión en un contexto laboral tradicional, son inevitables los conflictos humanos que surgen por diferentes razones, pero que inevitablemente repercuten en el cariño con que se realizan las tareas cotidianas. En mi caso, al ser actividades que realizo ad-honoren, están a salvo de todos los disgustos y sinsabores propios de los ambientes de trabajo.

Como conclusión, puedo señalar que cumplir los sueños de la infancia no necesariamente significa convertir tu pasión en tu trabajo. A veces, si se dan las circunstancias, se puede tener la suerte que con la carrera profesional se logran hacer realidad esos sueños que ya parecían perdidos e inalcanzables. Como siempre digo cuando me presento: ”Soy Ingeniero Civil Informático y Magister en Educación por profesión, pero Observador de las estrellas y piloto aviador, por vocación”.


21 de diciembre de 2025

Un avión inflable



Por Hugo Jara Goldenberg

Al estudiar la historia de la aviación sorprende el vertiginoso avance experimentado por este medio de transporte. Después del primer vuelo totalmente controlado de un aparato más pesado que el aire (diciembre del año 1903), en sólo algunas décadas, se pasó de endebles aparatos construidos con estructuras de madera y alambres, a sólidas aeronaves metálicas capaces de transportar grandes cargas, desplazarse a altas velocidades, y cruzar en sólo horas continentes y océanos.

En los inicios de la aviación, cuando aún no se conocían en profundidad las leyes físicas que permitían el vuelo, y los avances se lograban mediante el expediente de la “prueba y error”, aparecían propuestas de aeronaves estrafalarias, que no solo no podían volar, sino que muchas veces en el intento de hacerlo, llevaban a la muerte a sus constructores.

Sin embargo, al terminar la Primera Guerra Mundial (1918), ya la ciencia de la aerodinámica estaba firmemente establecida, y a partir de entonces, aunque los diseños específicos podían variar, la estructura básica de cualquier aeronave debía ceñirse a patrones claramente establecidos, y por supuesto que debían ser construidos con materiales sólidos y resistentes.

Idea novedosa

Pero la inventiva humana no tiene límites, y con frecuencia se conoce de propuestas curiosas que rompen con los modelos tradicionales, no solo en lo referido al diseño, sino también a los materiales empleados. Una de esas propuestas innovadoras fue un avión inflable denominado “inflatoplane”, diseñado en los años 50 del siglo pasado por le empresa Good Year, conocida por los neumáticos, pero que también ha tenido una importante trayectoria en la industria aeronáutica, principalmente como fabricante de DirigiblesAunque es necesario aclarar que la idea no era totalmente original, ya que en los años 30 se habían hecho intentos por construir una aeronave inflable, pero sin éxito.

Como lo indica su nombre “Inflatoplane”, se trataba de un avión inflable, construido en caucho, el cual se empacaba (en una caja), y el piloto, utilizando un compresor portátil, lo podía inflar en pocos minutos, de la misma forma como se hace con un bote inflable.

El diseño tuvo su génesis en el ámbito militar, y surgió ante la necesidad del ejército de EEUU de disponer de un medio aéreo fácilmente desplegable, y que permitiera a las unidades de infantería poder realizar misiones de observación cercana. También se pensó en otros usos, como por ejemplo arrojarlo desde el aire, en paracaídas, para permitir el rescate de pilotos derribados en territorio enemigo.

 

Estructura de la aeronave

El que se tratara de un avión inflable, no significaba que fuese una especie de globo con forma de aeronave. El fabricante Good Year, aprovechando su amplia experiencia en la fabricación de Dirigibles, construyó las alas y el empenaje con una tela engomada conformada por dos capas de nylon, unidas por filamentos que al inflarse se tensaban, dando forma y rigidez a las superficies de sustentación y control.

Para el fuselaje se utilizaban paneles de madera plegables y tela engomada de aviación, todo unido por cables que aseguraban la forma y solidez del conjunto.

Atravesando la parte centran de la aeronave, en sentido vertical, había un tubo de acero que, junto con servir de punto de sujeción a toda la estructura de cables que sostenía al avión, permitía en el extremo superior, montar el pequeño motor que propulsaba a la aeronave.

Se construyeron prototipos de dos modelos. El primero era monoplaza (con capacidad para un tripulante), estaba provisto de un motor de 40 caballos que le permitía una velocidad máxima de 116 km/h y una autonomía de 630 km, con un estanque de 76 litros.

También se diseñó un modelo biplaza (para dos tripulantes), el cual estaba provisto de un motor de 60 caballos, el cual podía alcanzar una velocidad máxima de 113 km/h con un alcance de 443 km. Su techo de vuelo era de 10.000 pies (3.048 metros)

Sus requerimientos de pista para los despegues y aterrizajes eran muy reducidos. Para decolar le bastaban poco más de 76 metros y aterrizaba en una longitud de 100 metros. Sus prestaciones eran muy similares a la de los actuales aviones ultraligeros.

 

Utilización efectiva.

Aunque el proyecto en principio se veía atractivo, en la práctica finalmente no prospero. A pesar de sus diseño ligero y portátil, presentaba severas limitaciones operacionales y también de seguridad: su estructura de goma inflable era vulnerable a daños por balas, objetos punzantes o condiciones climáticas adversas. Incluso un piloto falleció durante el período de pruebas cuando su aeronave colapso al romperse un cable estructural.  Además, su desempeño operacional era modesto, con prestaciones reducidas en velocidad, altitud y autonomía.

Debido a todos estos factores el interés militar en el proyecto disminuyó. También contribuyó a este desinterés el que surgieran helicópteros más eficaces para misiones de rescate de pilotos derribados, además del advenimiento de los satélites para las tareas de observación. El proyecto se canceló definitivamente en el año 1973, pero como recordatorio de este innovador diseño aeronáutico, se pueden ver los prototipos que sobrevivieron en algunos museos de aviación de EEUU.


Video del Avión Inflable GoodYear


20 de enero de 2025

Biblioteca personal

                                          Fotografía de mi biblioteca

Por Hugo Jara Goldenberg

De todas las actividades que realizo habitualmente, una de las más importantes es la lectura y eso se explica en gran parte porque tuve la suerte de nacer en un hogar en donde siempre hubo libros. Y además, porque en todos mis recuerdos de niñez está la imagen de mis padres leyendo, lo que confirma que el ejemplo es la mejor forma de inculcar en un niño el amor por los libros.

Esta pasión por la lectura me ha acompañado toda la vida, y en el transcurso del tiempo he logrado tener una biblioteca personal de varios miles de libros. Esta biblioteca es mi mayor tesoro, y la temática de lo que hay en ella es amplia, destacando textos de historia, filosofía, literatura clásica greco-latina, aviación, astronomía, astronáutica, matemáticas, física, química, ingeniería, biología, informática, divulgación científica, geografía, biografías, ajedrez, novela histórica, y un largo etcétera.

Aunque para muchos la lectura es algo aburrido, la verdad es que para quienes disfrutamos de ella, es una de las cosas más entretenidas del mundo. Gracias a la lectura no solo aprendemos y conocemos más, también a través a ella podemos vivir experiencias inolvidables, también nos ayuda a evadirnos de los problemas de la vida cotidiana, e incluso nos permite viajar en el tiempo y el espacio, ya que, al leer, la imaginación nos lleva al momento y lugar en que suceden los hechos. Así, podemos conocer y acompañar en sus aventuras, a personajes reales o ficticios por lugares y parajes de cualquier parte del mundo o del universo.

La lectura es una actividad en apariencia sencilla pero que necesita, para realizarla correctamente, disponer de un ambiente adecuado, libre de ruido, con la iluminación precisa, bien ventilado y con una temperatura cómoda. En mi caso, el lugar favorito para leer es el living de mi casa, frente a un acuario y a  un terrario de suculentas, y al lado de una maqueta del HMS Beagle (escala 1:64).

A continuación hay un link que muestra mi lugar predilecto de lectura:  LINK AL VIDEO                    

28 de agosto de 2024

Ciclismo en casa

   

 


Por Hugo jara Goldenberg

 

La prolongada cuarentena y demás restricciones establecidas durante la pandemia del Covid 19, afectó a millones de personas en todo el mundo. Las consecuencias de estas limitaciones se manifestaron en diferentes aspectos de la vida cotidiana, y una de ellas fue la imposibilidad de realizar actividades deportivas y recreativas al aire libre.

Este escenario obligó a muchas personas a reinventarse en la forma de realizar actividades físicas. En mi caso, que he practicado deportes durante muchos años, me vi obligado a implementar un ambiente para realizar ciclismo estático, pero en un contexto realista.

Para ello, habilité en mi casa un escenario compuesto por una bicicleta mountanbike de aro 26, montada sobre un rodillo de ciclismo y enfrentando a un telón de 2,4 x 1,5 mt, sobre el cual, mediante un DataShow, se proyecta un video de ciclismo real, firmado con una cámara de video GoPro.

Hay muchos canales de Youtube en donde aparecen videos grabados en diferentes partes del mundo, en los más variados escenarios.

Los canales de youtube que más utilizo son los siguientes:

1.  Bike the World

2.- Indoor Cycling Videos

3.- HDCycling Videos

El siguiente video muestra como hago ciclismo en la comodidad de mi hogar.  Se trata de un recorrido por el valle fluvial de Oldedelen ubicado en Noruega. El valle tiene una longitud de 20 km, y en su centro contiene al lago Oldevatnet. 

 

                                    LINK AL VIDEO




26 de septiembre de 2021

Acuario


 Por Hugo Jara Goldenberg

Uno de mis tantos hobbies son los acuarios, el que tengo actualmente lo monté en el año 2003, aprovechando la experiencia de algún tiempo de trabajo en acuarios pequeños.

Durante estos años el acuario ha tenido diferentes decoraciones y habitantes. En estos momentos hay peces Neón, Cebritas, Espadas y Platys, mientras que la parte vegetal está formada por Helechos de Java y Vallisnerias.

El acuario está puesto sobre una vitrina que yo mismo construí, en la cual exhibo algunas de mis maquetas de barcos. 

En la parte superior hay una réplica del legendario RMS TITANIC (escala 1:400); y en la parte inferior, un modelo del buque HERMANN MARWEDE (escala 1:72), un navío del Servicio de Búsqueda y Rescate marítimo de Alemania, el cual posee una rampla para helicópteros en donde está posado un Eurocopter EC135, utilizado para evacuaciones aeromédicas.

Este acuario tropical de agua dulce tiene 120 litros de capacidad, y sus medidas son: 1 m de frente, 40 cm de alto y 30 cm de fondo, y está instalado en el living de mi casa, constituyendo un atractivo elemento decorativo.

Pero por sobre su valor estético, un acuario es una inagotable fuente de goce de los sentidos, ya que observarlo escuchando una buena pieza musical, es un verdadero bálsamo para el espíritu.

A continuación, hay un link a un video en Youtube, en donde se puede observar el acuario:

 

                        LINK AL VIDEO



14 de diciembre de 2020

Entrevista en televisión

 

El pasado 2 de diciembre me visitaron del canal Omega TV, para hablar de astronomía y del eclipse total de Sol del 14 de diciembre de 2020.



9 de noviembre de 2020

Vuelo sobre Concepción - Chile

  
                                                  Aterrizando en el aeropuerto Carriel Sur 

Uno de los sueños que me acompañó desde mi más temprana infancia fue el poder volar. Recuerdo que en los paseos familiares veraniegos a la playa, no me bañaba como lo hacían mis hermanos y amigos, prefería pasar horas embelesado observando la evolución de las aves, imaginando como sería observar al mundo desde los cielos. 

Cuando me transformé en adulto no olvidé ese sueño infantil, y al terminar mis estudios universitarios lo primero que hice fue ahorrar dinero para hacer el curso de vuelo. Así, al poco tiempo ya tenía mi licencia de piloto aviador. Y aquí quiero recordar un hecho curioso: durante varios años me movilizaba al aeródromo Carriel Sur de Concepción, caminando o en bicicleta, sólo después de cinco años de obtenida la licencia de piloto me pude comprar un auto, y recién en ese momento aprendí a conducir.

Durante más de veinte años volé intensamente, pero no solo en vuelos de fin de semana como la mayoría de los pilotos privados de avión, sino que además realizando misiones de apoyo en el combate aéreo de incendios forestales, vuelos de ayuda y evacuación aeromédica a localidades aisladas, principalmente la Isla Santa María e Isla Mocha. Y también cientos de vuelos de fotografía aérea para empresas forestales. 

Circunstancias de la vida me obligaron a plegar, espero que temporalmente, mis alas. Pero cuando se aprende el arte del vuelo, se es piloto para toda la vida, aunque la licencia esté vencida. 

Revisando viejos videos encontré una grabación de un vuelo que hice por Concepción y sus alrededores, a principios de los años 2000. La cinta 8mm tenía signos de deterioro, por lo que la calidad del registro no es la mejor. El audio, con mucho ruido, lo reemplacé por algunos temas de Neil Diamond, de la película “Juan Salvador Gaviota”. Quienes iban de pasajeros en ese vuelo, eran compañeros de trabajo en la Universidad de Concepción

Un grato recuerdo de mi época de aviador activo.


                                Link al video en Youtube



 

5 de marzo de 2020

Los desafíos y riesgos del Big Data


Por Hugo Jara Goldenberg


Este artículo fue publicado como columna de opinión en el Diario de Concepción


Una característica del mundo moderno es el alto volumen de información que se ha acumulado en todas los sectores de la sociedad, a partir de mediados del siglo pasado. Sin embargo, desde los años 2011 y 2012, con la irrupción de tecnologías como la Internet de las cosas, las redes sociales, el mejor acceso a Internet y la computación en la nube, entre otras, los datos disponibles han tenido un crecimiento exponencial. Se ha acuñado el término Big Data (Datos masivos o Macrodatos), para hacer referencia e esos grandes volúmenes de datos, que ya se miden en escalas de zettabytes (un zettabyte equivale a 1021 bytes).

Este escenario está provocando un gran desafío a las organizaciones que pretendan ser exitosas en los inciertos y desafiantes mercados del siglo XXI, ya que el correcto acceso al Big Data les va a reportar ventajas decisivas con respecto a aquellas empresas que no lo hagan.

Pero hay que tener cuidado ya que junto a las oportunidades que reportará el acceso al Big Data, existen también incontables peligros que si no se ponderan y cuantifican adecuadamente pueden transformar a esta tecnología en un lastre. Uno de los principales riesgos se refiere a cometer errores en el análisis e interpretación de la información, lo cual puede llevar a conclusiones erróneas que terminarán echando por tierra la credibilidad de la organización.

Es por esto que un aspecto importante del Big Data, lo constituyen los profesionales encargados de su utilización, los cuales deben poseer sólidos conocimientos no sólo en aspectos tecnológicos propios de la ciencias de computación e informática, sino que también probadas competencias en modelamiento matemático, estadística, y además un conocimiento experto en las diferentes áreas de negocios. Este conocimiento multidimensional es necesario ya que estos nuevos profesionales, también conocidos como científicos de datos, deberán hacer algo tan relevante como crear significación y valor a los datos, con el fin de  construir modelos predictivos que permitan a la alta dirección de las organizaciones tomar las mejores decisiones estratégicas.

Por lo tanto, formar profesionales expertos en ciencias de datos se transforma en un importante desafío para las instituciones de educación superior, las que deben proveer, en sus entornos educativos, los medios necesarios para que los estudiantes sepan ir más allá de los datos, la información y el conocimiento duro de la informática, y se transformen en profesionales reflexivos, con gran capacidad analítica, que sean capaces de apoyar a las diversas instituciones para desenvolverse exitosamente en los competitivos mercados globales del siglo XXI.