31 de mayo de 2008

Leonardo da Vinci y la astronomía


Por Hugo Jara Goldenberg

Este artículo fue publicado en el Boletín ACHAYA de agosto de 2009, de la Asociación Chilena de Astronomía y Astronáutica.


El Renacimiento es uno de los períodos de la Historia de Occidente más recordados e idealizados; pero esa evocación, romántica a veces, no se explica sólo por el importante aporte que esa época hizo al establecer los cimientos de los tiempos modernos, sino que también, y principalmente, por la gran cantidad de personajes que, en las más variadas disciplinas, destacaron por su sublime producción artística e intelectual.

Pero de entre todos los creadores de ese período, sin lugar a dudas, sobresale Leonardo da Vinci (1452-1519), quien por su saber multidisciplinario, es considerado unánimemente el prototipo del Hombre Renacentista. Era pintor, escultor, músico, arquitecto, ingeniero, constructor de máquinas de guerra, geógrafo, cartógrafo, urbanista, anatomista y biólogo, entre muchos otros oficios y profesiones. Además fue el precursor de la ciencia moderna, al utilizar, como principales herramientas para el estudio de la Naturaleza, la observación sistemática y la experimentación.

Por todo aquello, no es extraño que Leonardo incursionara en los territorios de la astronomía; después de todo, también los cielos y sus misterios forman parte de aquella Naturaleza cuyos secretos intentaba develar. En primer lugar, comprendió que nuestro planeta, la Tierra, era uno más de muchos mundos existentes en el Cosmos y que, al igual que la Luna, refleja la luz proveniente del Sol. Esta idea, ahora tan evidente, fue enunciada en una época en que la cosmovisión oficial, basada en la filosofía aristotélica, explicaba que nuestro planeta tenía una composición material distinta a la del resto del Universo. También fueron importantes sus estudios e interpretación del efecto de la Luna en las mareas, y consideró ese movimiento de las aguas en muchos de sus proyectos hidráulicos.

Sin embargo, la contribución más importante a la astronomía fue la comprensión de un fenómeno que, desde tiempos inmemoriales, había intrigado a quienes observaban los cielos, y que se conoce como la luz cenicienta de la Luna. Dicha luminosidad, que se presenta cerca de la fase de Luna Nueva, y es más notoria durante los primeros días del creciente (aunque también se puede observar al final del menguante, de madrugada), consiste en un sutil resplandor que ilumina aquella parte del disco lunar que no recibe la luz solar, y que por lo mismo no debería ser visible desde la Tierra.

Durante siglos se propusieron diversas teorías para explicar este hecho, algunas tan descabelladas como suponer que la Luna estaba constituida de un material traslúcido que permitía ver, pálidamente, la cara opuesta iluminada. Pero finalmente, alrededor del año 1508, Leonardo pudo describir correctamente a ese misterioso, y hermoso, espectáculo natural. Estudiando el fenómeno de la luz y la sombra, comprendió que son los rayos del Sol, reflejados en la Tierra, los que iluminan tenuemente a nuestro satélite. Es decir, es la superficie terrestre (funcionando cual un gigantesco espejo) la que refleja la luz del Astro Rey, y la proyecta sobre aquella parte de la Luna donde es de noche.

Aunque más de alguien pudo haber especulado antes sobre la causa de este fenómeno (incluso se menciona que Nicolás de Cusa lo explicó de forma parecida), se reconoce a Leonardo da Vinci como la primera persona que documentó de manera convincente la solución, esto a pesar de que dichas conclusiones sólo fueron conocidas años depués de su muerte, cuando se revisaron y estudiaron sus manuscritos. Las siguientes láminas corresponden a parte del trabajo sobre las sombras de la Luna, en donde el maestro explica el fenómeno de la luz cenicienta. Estos bocetos forman parte del Códice Leicester, que es un cuaderno de notas de 36 folios, el cual además incluye estudios sobre hidráulica y el movimiento de aguas (actualmente este Códice es propiedad de Bill Gates, quien lo adquirió en 31 millones de dólares).






El vuelo y la astronáutica.

También Leonardo da Vinci puede ser considerado un lejano precursor de la astronáutica (disciplina científica y tecnológica fuertemente hermanada con la astronomía), ya que antes de poder cumplir el sueño de viajar hacia las estrellas, la especie humana tuvo que concretar otro anhelo largamente acariciado: dominar el arte del vuelo. Y aquí es indiscutible el aporte pionero que hizo a la ciencia que ahora conocemos como aerodinámica. Sus estudios sobre el vuelo de las aves y el diseño de máquinas voladoras anticiparon, en centurias, conceptos y tecnologías que permitieron que el Hombre, a partir del siglo XX, iniciara la conquista del aire, y posteriormente del Espacio.

En homenaje a este Genio del Renacimiento, y en especial por su contribución a la astronomía y a la ciencia del vuelo, se bautizaron con su nombre a un cráter lunar (de 37 kms. de diámetro y ubicado cerca del ecuador selenita) y a un asteroide (el N° 3000) que orbita entre los planetas Marte y Júpiter. Y uno de los contenedores utilizados para transportar componentes y experimentos hacia (y desde) la Estacion Espacial Internacional (ISS) es el Módulo Logístico Multipropósito Leonardo.

Así, el nombre de uno de los más grandes Genios de la humanidad está también presente en los cielos y, como un recordatorio permanente de su principal aporte a la astronomía, durante algunos días de cada mes tenemos la oportunidad de presenciar un fenómeno natural único. En un juego cósmico de luces y sombras, un brillo tenue y fantasmal (que acompaña a los delicados y luminosos cuernos de la Luna Creciente en el atardecer) completará el disco lunar. Cuando lo vea, ahora que conoce su explicación, sabrá porqué muchos lo llaman el Resplandor de Da Vinci.

1 comentario:

Giovanni dijo...

Muy bueno, creo interesante conocer la explicación de algunos fenómenos que nos rodean.