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27 de diciembre de 2011

La despedida de un amigo y camarada del aire



Por Hugo Jara Goldenberg


El 25 de diciembre, día de Navidad, falleció don Emilio Ginouvés Asenjo (1927-2011), recordado  ex - profesor de la Universidad de Concepción y destacado piloto aviador. 

Mis inicios en la aviación están muy relacionados con su persona, recuerdo haberlo visitado en su oficina en la Facultad de Educación, para conocer detalles acerca  del  curso de vuelo que se ofrecía en el Club Aéreo Universidad de Concepción. Entonces, recién me había recibido de ingeniero, y en esa época todos mis esfuerzos y recursos estaban destinados a concretar el sueño de toda una vida: ¡aprender a volar!

Su trato gentil y el entusiasmo que demostraba por la aviación no hicieron más que acrecentar mis deseos de transformarme en piloto, e incluso la primera vez que volé en un avión liviano fue acompañándolo en un sobrevuelo por los cielos de Concepción. En aquella oportunidad,  durante algunos minutos, me entregó los mandos del avión Cessna 150 matrícula CC-SZI, y aún tengo fresca en la memoria la emoción de controlar un avión por primera vez.  Seis meses después de aquella experiencia, y ya realizando el curso de piloto, efectúe mi primer vuelo solo en esa misma aeronave.
En aquella época don Emilio era el Vice-Presidente del Club Aéreo y, para mi sorpresa,  me invitó a formar parte del Directorio ocupando el cargo de Secretario. Era una situación inusual, ya que yo era sólo un alumno-piloto.

Cuando terminé el curso y después de rendir los exámenes finales ante la Dirección General de Aeronáutica Civil para obtener mi brevet de piloto aviador, entre las personas que me felicitaron en la losa del aeródromo de Carriel Sur (SCIE) por supuesto que estaba don Emilio.
En el año 1990 le correspondió asumir la presidencia de nuestro querido Club Aéreo, cargo en el que fue reelecto muchas veces, ejerciendo el mando por más de una década. Durante todo ese tiempo lo acompañé como Secretario del Directorio.

También en estos momentos tristes afloran los recuerdos de tantas aventuras de vuelo y de anécdotas. Como aquella que nos ocurrió en un campeonato nacional de aviación  realizado en Temuco, al cual concurrimos en representación de nuestro Club, a bordo del avión Cessna 150 matrícula CC-SZH. Al momento de inscribir la tripulación él lo hizo como navegante y yo como piloto.

La primera competencia era la de raid aéreo, que es una prueba de regularidad, en la cual se asigna una ruta que hay que cumplir en tiempos determinados por la velocidad del avión, debiendo pasar por lugares de chequeo preestablecidos en un momento preciso, ya que tanto  el adelantarse como el  retrasarse significa ser penalizado con puntos.

De más está decir que en esta prueba el rol fundamental lo cumple el navegante, ya que es él quien va trazando la ruta en un mapa, determinando el rumbo,  la velocidad aérea verdadera y la velocidad terrestre en base a las correcciones del viento. Aquí el piloto sólo obedece las instrucciones del navegante, quien debe realizar un trabajo arduo y que exige gran concentración.

El asunto es que a poco de despegar, don Emilio divisa la silueta de un avión que nos antecede, y con una vista envidiable lo identifica y  me dice: “Hugo, en el campeonato del año pasado ese avión obtuvo el segundo lugar, sigámoslo…”. Así lo hice, pero a poco andar nos dimos cuentas que algo no cuadraba, ya que en vez de dirigirnos hacia la cordillera, lo hacíamos hacia la costa. Lo que ocurría es que aquella aeronave, que efectivamente en el campeonato anterior había estado entre las ganadoras, en esta oportunidad no estaba en competencia, sólo realizaba un sobrevuelo turístico. 

Rápidamente retomamos la ruta, y aunque pasamos por todos los puntos de chequeo, perdimos un tiempo precioso y terminamos penúltimos. Pero finalmente salvamos el honor, ya que en las pruebas de aterrizajes de precisión obtuvimos el cuarto lugar, lo que nos permitió quedar en la medianía de tabla de puntuación final. Revisando mi bitácora de vuelo, veo que en aquel campeonato volamos en total 7:49 hrs.
Y así, historias y anécdotas hay muchas y de todas ellas queda el recuerdo de haber compartido con un aviador de gran vocación, pero por sobre todo con una persona excepcional. Las amistades que se forjan en torno a la aventura y el peligro son eternas, y eso ocurre con don Emilio, seguirá siendo mi amigo y camarada del aire por siempre.

A continuación están las palabras que preparé para su despedida y que fueron leídas en su funeral:


En representación del Club Aéreo Universidad de Concepción,  quiero  despedir los restos mortales de nuestro recordado amigo, ex-Presidente y piloto don Emilio Ginouvés Asenjo.

Don Emilio fue una de aquellas personas que llevaba dentro de sí el amor por el vuelo. Según nos contaba, siendo un niño soñaba con la aviación, pero solo ya adulto pudo concretar su gran anhelo: aprender a volar.

Realizó el curso de vuelo en el Club Aéreo Universidad de Concepción y obtuvo su  licencia de piloto aviador en el año 1983. A partir de ese momento,  en su afán por recuperar  el tiempo perdido, comenzó a acumular horas de vuelo rápidamente

Pero al mismo tiempo, y aprovechando su vasta experiencia como profesor universitario, se comprometió con la causa del desarrollo de la aviación civil regional y nacional.

Durante más de una década dirigió los destinos del Club Aéreo Universidad de Concepción, institución señera de nuestra ciudad, fundada al alero de la prestigiosa Casa de Estudios Superiores, de la cual toma su nombre.

En los largos años de su presidencia, fueron muchos los logros que se alcanzaron,  pero no sólo referidos al crecimiento institucional reflejados en la adquisición de nuevas aeronaves o a las mejoras en infraestructura, sino que principalmente en el desarrollo de un espíritu de camaradería entre los pilotos.

Pero sus desvelos en el ámbito aeronáutico no se limitaron al medio local y regional, sino que también se proyectaron más allá, al desempeñar durante varios períodos el cargo de representante regional ante la Federación Aérea de Chile, una de las principales instituciones aeronáuticas del país.

Como piloto civil voló durante muchos años, realizando misiones de apoyo en el combate de incendios forestales, vuelos de ayuda y evacuación aeromédica a localidades aisladas de nuestro territorio y también en vuelos de fotografía aérea.

Pero Imborrables en la memoria de todos sus amigos pilotos quedarán los recuerdos de aquellos raids aéreos en los que participamos tantas veces, volando en formación con todos nuestros aviones. Los aterrizajes al atardecer en olvidadas pistas de pasto  y el posterior descanso protegidos por las alas de nuestras aeronaves, al abrigo de una fogata. Y al amanecer la reanudación del vuelo y la aventura.

En este momento triste de la despedida final, queremos expresar, en nombre del Club Aéreo Universidad de Concepción, nuestras sentidas condolencias a su señora esposa, hijos, nietos,  familiares y amigos.

 Don  Emilio, ha emprendido Ud. el vuelo final, para reunirse con la bandada inmortal de los aviadores de todos los tiempos. ¡Descanse en paz!

5 de noviembre de 2011

El Sistema de Navegación Satelital GALILEO



Por Hugo Jara Goldenberg


La Agencia Europea del Espacio (ESA) anunció el pasado 21 de octubre la puesta en órbita de los dos primeros satélites del Sistema de Navegación Galileo, los que fueron llevados al Espacio en un cohete ruso Soyuz  ST-B, que despegó sin inconvenientes desde el  cosmódromo de Kourou ubicado en la Guayana francesa. Aparentemente se trata de una noticia más de las muchas que informan del lanzamiento, ya rutinario de cohetes portadores de satélites a la saturada órbita terrestre.  Sin embargo, este no fue un lanzamiento cualquiera, sino que la partida ya definitiva de un proyecto que pretende acabar con la hegemonía del popular GPS.

El Sistema de Navegación Galileo, es la propuesta europea para implementar el concepto de Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS). Se trata de una tecnología que permite determinar con gran precisión las coordenadas terrestres y altitud de cualquier punto sobre la superficie de la Tierra, si se dispone de un aparato receptor que sea capaz de recibir e interpretar las señales enviadas desde el Espacio por los satélites encargados de estos servicios. Esta tecnología es cada día más popular y está disponible en una infinidad de artefactos tecnológicos, y principalmente en los teléfonos móviles de última generación, pero además apoya a una gran variedad de programas gubernamentales y ciudadanos, tales como planificación urbana, servicios de búsqueda y salvamento, defensa del medio ambiente, control de catástrofes, vigilancia de fronteras, entre muchos otros.

En forma genérica a este servicio satelital se le conoce como GPS, sin embargo, hay que aclarar que aquí estamos en presencia de una situación, que ocurre con cierta frecuencia, en la cual un producto comercial termina dando el nombre a la tecnología que utiliza. En realidad el sistema GPS es una aplicación GNSS, que fue desarrollada en EEUU como una herramienta esencialmente militar y que posteriormente se abrió para aplicaciones civiles. A pasar de  su liberación, EEUU se guarda el derecho de modificar unilateralmente la precisión de la señal,  o simplemente de cortarla. Esta incómoda dependencia tecnológica, pero también política, no es del agrado de muchos países, y usuarios en general, que ven a los servicios de posicionamiento satelital como un elemento cada día más necesaria e imprescindible en muchas tareas cotidianas.

Por tratarse de una aplicación tan sensible y estratégica Rusia desarrolló en los años 80 su propio sistema GNSS, el que se denomina GLONASS y que actualmente está plenamente operativo pero con menos capacidad que el GPS y aunque su uso es esencialmente militar, entrega señal para el mundo civil. China, en tanto también está desarrollando su propio sistema conocido como  Beidou.

La Comunidad Europea en conjunto con la ESA, acordó crear un sistema GNSS, al que se denominó Galileo, en homenaje a Galileo Galilei, el gran físico florentino del siglo XVII considerado como el padre de la ciencia moderna. Este sistema o Constelación de Satélites, constará de 30 aparatos, 27 de ellos entregando el servicio de posicionamiento y tres de reserva. A estos dos primeros aparatos lanzados recientemente se les agregarán en poco tiempo otros, esperando que para el 2015 estén en operación al menos 18 satélites, con los cuales ya será posible la utilización abierta de la señal. El sistema estará completo, es decir con los 30 satélites en el Espacio, en el 2020 y por tratarse de tecnología más moderna, la cobertura y precisión del sistema Galileo será superior al GPS americano y al GLONASS ruso.

Aunque los americanos en principio no miraron con buenos ojos al proyecto europeo, finalmente se allanaron a negociar la compatibilidad entre ambos sistemas, y a esta alianza también se incorporaron los rusos y seguramente lo harán también los chinos cuando tengan operativo el suyo. Después de todo, al trabajar en conjunto se fortalece y hace más confiable, seguro y preciso el sistema en general. Con respecto a la recepción de la señal, es necesario dejar en claro que los actuales receptores GPS no servirán en este ambiente integrado, ya que sus chips no están programados para recibir los señales en las frecuencias en que trabajará Galileo, pero los nuevos aparatos que se construyan si estarán preparados para ello, y serán capaces de interactuar indistintamente con diferentes tipos de señales GNSS.

Por último hay que señalar que el interés de las grandes potencias por desarrollar estas tecnologías satelitales sobrepasa al ámbito geopolítico y militar, también hay intereses económicos de por medio, ya que aunque las señales son abiertas y gratuitas, están los fabricantes de los más variados dispositivos que ven en esta tecnología una gran oportunidad de negocio. Además hay muchos otros servicios GNSS que serán ofrecidos comercialmente a gobiernos y grandes corporaciones, por lo que se espera que los retornos financieros involucren sumas siderales de dólares y euros, y ninguna de las grandes  potencias económicas se quiere quedar afuera de este meganegocio.

31 de octubre de 2011

Halloween y el inicio del verano verdadero



Por Hugo Jara Goldenberg



Al hablar de las estaciones del año, parece lógico pensar que el verano es cuando hay más horas de luz solar y los días son más calurosos. El invierno, en tanto, debe corresponder a aquellos meses en que hay menos luz y hace más frío, mientras que la primavera y el otoño constituyen las estaciones intermedias entre ambas. Sin embargo, esto que parece tan evidente en la realidad no se cumple, ya que las fechas de cambio de las estaciones que todos conocemos  no coinciden con aquellas en que realmente se produce dicho cambio.
Lo interesante de esta situación es que confirma un hecho ya conocido desde la antigüedad por quienes han observado regularmente los ciclos de la naturaleza. Y es que el inicio de las estaciones del año en las fechas establecidas en el calendario civil no se corresponden con las estaciones verdaderas (o astronómicas). En efecto, el invierno verdadero en nuestro hemisferio ocurre entre principios de mayo y principios de agosto, ya que es en estos tres meses cuando los días son más cortos (hay menos horas de luz), los rayos solares caen más inclinados y hace más frío. El verano verdadero, en tanto, ocurre entre los primeros días de noviembre y los primeros días de febrero, ya que es en este periodo cuando los días son más largos y los rayos solares caen con la menor oblicuidad (más verticales), y en consecuencia es realmente la época más cálida del año.
Esto lo podemos confirmar nosotros mismos al recordar lo calurosos y largos que son los días a inicios de diciembre cuando aún estamos en primavera, y lo fríos, y ya notoriamente más cortos, que son aquellos en la segunda semana de febrero, cuando se supone que todavía estamos en verano. Incluso es común escuchar a los turistas decir “ya se fue el verano”, lo que, de acuerdo a lo antes señalado, es cierto, puesto que a mediados de febrero nos encontramos ya en el otoño verdadero. Algo similar ocurre con la primavera, basta con recorrer un parque a principios de agosto para observar que los árboles y la naturaleza toda ya empiezan a brotar. Sin embargo, a esta estación la recibimos oficialmente el 21 de septiembre.
Cuando comparamos el inicio de las estaciones civiles (establecidas en los calendarios) con las estaciones verdaderas, vemos que las primeras corresponden a la culminación (el máximo) de las segundas. Es decir, cuando decimos que el 21 de junio empieza el invierno, en realidad cerca de esa fecha se produce el día más corto del año, y es justo la mitad del invierno. Una situación similar se produce en las otras estaciones. Así, el 21 de diciembre, cuando estamos cerca del día más largo del año, corresponde precisamente a la mitad del verano.
Esta situación la conocían muy bien los pueblos antiguos, que llevaban a cabo celebraciones en las fechas de inicio de las estaciones. Por ejemplo los celtas realizaban, a principios de noviembre (cuando se inicia el invierno verdadero en el hemisferio norte), rituales para espantar a los demonios y malos espíritus que llegaban a acosarlos con el frío y la escasez de alimentos. Esa celebración milenaria aún perdura, claro que con un sentido muy distinto al original, e incluso se ha importado desde Europa a nuestra cultura: la festividad de Halloween.
Pero tenemos un ejemplo más cercano. El pueblo mapuche contaba en su calendario con cuatro estaciones, que se iniciaban en las fechas que corresponden a las estaciones verdaderas o astronómicas ya señaladas. El investigador de la cultura mapuche Armando Marileo Lefuiseñala que el tiempo de las grandes lluvias (invierno) comenzaba en el mes de mayo y concluía a fines de julio. Luego venía el tiempo de los brotes (primavera) que se iniciaba en agosto y terminaba al llegar noviembre. A continuación, le sucedía el tiempo de las frutas en abundancia (verano) que iba desde el inicio de noviembre hasta finalizar enero. Y por último llegaba el turno del tiempo del descanso de la naturaleza (otoño) que abarcaba los meses de febrero, marzo y abril.
Como vemos, muchas de las convenciones establecidas por nuestra civilización para establecer la duración del tiempo no se corresponden con la realidad. Sin embargo, los pueblos antiguos, debido a la observación constante de los ciclos naturales, sí los conocían y aplicaban muy bien, a pesar de carecer de los conocimientos científicos y avances tecnológicos que caracterizan a nuestra época.
(Para quienes quieran conocer más detalles acerca de las estaciones verdaderas, se recomienda consultar el libro “Guía a los cielos australes“, del escritor y divulgador científico Jorge Ianiszewski. Editorial Mitra, 2010).

16 de octubre de 2011

La desapercibida muerte del auténtico padre de la computación moderna


Dennis Ritchie (1941-2011)

Por Hugo Jara Goldenberg

El mundo de la computación e informática ha sido sacudido recientemente por la  muerte de dos personajes que contribuyeron enormemente a su desarrollo y consolidación como la tecnología predominante en la sociedad del siglo XXI.
Como siempre ocurre, ante el fallecimiento de una persona, y más aún de un personaje connotado, afloran los recuerdos y los homenajes. De la muerte de Steve Jobs se ha hablado mucho, son incontables los artículos de prensa de todos los medios que han dado cuenta de sus características personales y del importante aporte que hizo al desarrollo de la tecnología.

Sin embargo, el pasado miércoles 12 de octubre falleció también Dennis Ritchie (1941-2011), otro destacado prócer de la informática. Probablemente este nombre no diga mucho al lector común, pero su aporte a la consolidación de la tecnología informática se puede considerar como tan o más relevante que el de Jobs, ya que es el padre del Sistema Operativo Unix y del Lenguaje de programación C. Quizá si lo excesivamente técnico del trabajo de Ritchie explique en parte su desconocimiento fuera del ámbito científico, y por lo mismo su deceso apenas fue informado por los medios.
Las creaciones de Ritchie vieron la luz en una época en que la computación comenzaba a experimentar los profundos cambios que culminarían con su irrupción masiva en los hogares. En ese entonces los computadores eran máquinas de gran tamaño, muy caras, y que sólo podían adquirir las  grandes empresas y centros de investigación.  Los fabricantes de computadores tenían sus propios estándares y era muy difícil compartir datos y programas entre máquinas de diferentes marcas, situación que claramente limitaba el desarrollo de la industria.

Entre los años 1969 y 1973 Ritchie y algunos colegas, trabajando para los laboratorios Bell de AT&T. desarrollan el famoso lenguaje de programación C, y posteriormente utilizando este mismo lenguaje escriben el  Sistema Operativo UNIX. Este binomio estaba llamado a cambiar el mundo de la computación y la  informática.
El lenguaje C, gracias a su independencia del hardware, que le asegura portabilidad a una gran variedad sistemas, ganó su espacio consolidándose como una de las herramientas más populares, desplazando a lenguajes que habían reinado por décadas, incluso en la enseñanza de la programación. De este lenguaje se han derivado muchos otros, creados para tareas muy específicas y que son ampliamente usados tanto por profesionales, como por usuarios expertos. En el año 1978 publicó, en coautoría con B.W. kernighan, el libro “El lenguaje de programación C” que es ya un clásico en la historia de la computación.

Con respecto a UNIX, también se hizo muy popular por su portabilidad y sirvió de base para la creación de LINUX, un Sistema Operativo desarrollado colaborativamente por la comunidad mundial de usuarios y que es considerado el prototipo del software libre. También de UNIX desciende el popular ANDROID utilizado en dispositivos móviles.
Las coincidencias del destino quisieron que ambos personajes emprendieran el viaje final con pocos días de diferencia. De Jobs se ha dicho mucho, quizá demasiado y eso se explica por sus características personales que lo transformaron en un genio no sólo de la tecnología, sino también de los negocios y las comunicaciones. Ritchie en tanto sólo fue un reservado científico de la computación, pero que con su trabajo pionero sentó las bases teóricas que permitieron el surgimiento de aplicaciones comerciales que ayudaron a formar imperios económicos como Apple, Microsoft y otros.

Aunque las comparaciones son muchas veces injustas, y sin pretender quitarle méritos a nadie,  es claro que fue el aporte científico macizo de  Dennis Ritchie, el que facilitó en gran medida el impresionante desarrollo que ha alcanzado, en nuestros días, la industria de la computación e informática. Vaya entones hacía él, nuestro sentido homenaje.

11 de octubre de 2011

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?



Por Hugo Jara Goldenberg



Una característica de la sociedad del siglo XXI es el alto volumen de información que ha acumulado en todas las áreas del saber. Es tal la magnitud de los datos disponibles que nadie puede aspirar al conocimiento global, y tampoco estar al tanto de todos los inventos, descubrimientos y creaciones que a diario surgen de todos los ámbitos del quehacer de la humanidad.

Una consecuencia de esta explosión del conocimiento es la especialización extrema a la que se ven obligadas las personas que ejercen en las diversas actividades, oficios y profesiones, quienes ante la avalancha de información no tienen otra alternativa más que encerrarse en el dominio específico de su disciplina. Así, son cada vez más escasos esos respetados personajes de antaño con conocimientos enciclopédicos, los que han sido desplazados por estos modernos profesionales, quienes aunque pueden ser muy competentes – e incluso brillantes – en ciertas áreas o especialidades, carecen de todo interés y conocimiento por aquello que esté más allá de su esfera de acción inmediata.

¿Es necesario en nuestra moderna sociedad ese antiguo saber multidisciplinario? ¿Qué sucede con el conocimiento de la historia universal, el arte, la literatura, la filosofía y en general, todas esas manifestaciones de la creación humana que se han asociado desde siempre al bagaje imprescindible de toda persona reconocida como culta y que es el que permite acercarse a una visión holística de la realidad? O es quizás una situación ya del pasado, innecesaria en una época como la nuestra, saturada por volúmenes ingentes de datos, en donde se valora, privilegia y exige por sobre cualquier otro aspecto, la especialización extrema y visión reduccionista de los ciudadanos, ya que cualquier dato que se desconozca está al alcance de un clic, con un dispositivo con conexión a Internet.

La mayoría de las personas, incluidos los niños ya nativos digitales, son capaces de moverse con soltura por las montañas de exabytes de información disponible en la red, accediendo al instante a cualquier dato que necesiten. Personalmente conozco a un profesional exitoso que demuestra amplios conocimientos, y puede conversar de los más diversos temas con soltura y propiedad, pero que lo logra recurriendo a un dispositivo móvil con conexión a la red mundial, del cual no se despega nunca y consulta permanentemente, de manera tan sutil que casi no se nota. Se podría decir que ese dispositivo tecnológico ya sobrepasó la categoría de herramienta y ahora es parte de su ser cognitivo.

En esta nueva realidad, la información – generada a partir de los datos – se acumula a un ritmo vertiginoso. Un estudio de la Universidad de Berkeley (California, USA) señala que la información total almacenada en el mundo crece un 30% cada año. Y otras fuentes estiman que el conocimiento que se genera con esa información se duplica cada 15 años. Antes de la Era de la Información, alcanzar esas tasas de crecimiento tomaba siglos.

Por lo tanto, la esencia del mundo moderno está en los datos, la información y el conocimiento. Con ellos hemos alcanzado un nivel de desarrollo tecnológico tal, que la vida humana ya no es igual a la de las generaciones que nos precedieron. Y gracias a esa misma tecnología, todo ese saber está siempre disponible, al alcance de un clic.

Pero, ¿cree usted que falta un elemento en este escenario? Para responder a esta pregunta debemos volver a la esencia de la civilización digital, es decir a la triada: datos, información y conocimiento. Si analizamos a estos tres elementos podemos observar en ellos una jerarquía, y que cada uno mediante interrelaciones genera al siguiente. Así, la asociación de datos produce la información, y la interpretación de la información crea el conocimiento.

Sin embargo, ¿es el conocimiento el último eslabón de la cadena? Por supuesto que no, ya que existe un siguiente nivel: la sabiduría. Nuestra sociedad lamentablemente, por privilegiar al conocimiento, ha olvidado que la sabiduría es el estado cognitivo que define la esencia de nuestra especie. Por lo tanto, todo ser humano debe y merece acceder a la sabiduría, entendiendo a ésta como una capacidad personal desarrollada a través del conocimiento, la reflexión y la experiencia, que permite discernir entre el bien y el mal, actuar con sensatez y en definitiva encontrar el verdadero sentido de la vida.

El poeta y dramaturgo T.S. Eliot (1888-1965), premio Nobel de Literatura de 1948, en su obra titulada “El primer coro de la roca” (1934), escribió de manera premonitoria:

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?

Y efectivamente, es ese el gran problema de nuestra civilización, con el exceso de información y conocimiento hemos perdido la sabiduría. Sin embargo, recuperarla no se vislumbra una tarea simple ya que a diferencia de la información y el conocimiento, que son compartidos y asequibles con un clic, la sabiduría es individual y alcanzarla es un camino personal, gradual, de mucha lectura y reflexión, a menudo árido, y que muchos aspectos define casi una opción de vida, y en donde las retribuciones pocas veces son materiales.

En el mundo digital y globalizado del siglo XXI consideramos al binomio información-conocimiento como un fin para obtener poder – de cualquier tipo –, en circunstancia que debe ser entendido sólo como un medio para llegar a un nivel de entendimiento superior, con el cual se alcanza en definitiva la verdadera libertad, y también la verdadera felicidad.

26 de septiembre de 2011

El neutrino del CERN: no creas todo lo que se dice de la velocidad de la luz


Por Hugo Jara Goldenberg


Revuelo mundial ha provocado el anuncio realizado por un grupo de físicos de los laboratorios del CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear), que señala que mediante un experimento, repetido muchas veces, se ha logrado demostrar que ciertas partículas – los neutrinos – se desplazan a una velocidad superior a la de la luz.

De inmediato la noticia se ha transformado en portada de los medios de prensa, bajo titulares amarillistas, tales como: “Einstein estaba equivocado”, “Tiembla la teoría de la relatividad”, “Ahora sí podremos viajar en el tiempo” y muchas otras que desvirtúan el verdadero sentido del anuncio científico.

Para poner algo de claridad en este anuncio son necesarias algunas precisiones. En primer lugar, hay que señalar que la teoría de la Relatividad no dice que sea imposible que algo pueda viajar más rápido que la luz, lo que afirma es que no es posible para un objeto material alcanzar la velocidad de la luz en el vacío. Y esto ocurre simplemente porque al aumentar la velocidad, aumenta también la masa del objeto, y si ese objeto hipotético alcanzara la velocidad de la luz tendría entonces una masa infinita, y requeriría para su desplazamiento a ese punto una cantidad infinita de energía. Es esta la razón que explica porqué la velocidad de la luz en el vacío es un límite inalcanzable.

Sin embargo, pueden existir partículas que viajen naturalmente a la velocidad de la luz, sin necesidad de acelerarlas para lograrlo, como es el caso de los fotones. Y también la teoría de la Relatividad acepta la existencia de los taquiones, que son partículas, hipotéticas, que se desplazarían naturalmente a velocidades superiores a la de la luz.

Por otra parte es importante señalar que la velocidad de la luz no es constante. En el vacío se desplaza a una velocidad de 299.793 km/s (generalmente se redondea a 300.000 km/s). No obstante, al moverse a través de algún material su velocidad disminuye a medida que aumenta la densidad de ese medio de propagación. Así, la velocidad de la luz en el aire claro es de 299.703 km/s, en el agua de 224.900 km/s y en el vidrio (dependiendo del tipo) disminuye hasta los 176.394 km/s.

Pero como ya sabemos que el límite inalcanzable que señala la teoría de la Relatividad es la velocidad de la luz en el vacío, es totalmente factible para una partícula moverse más rápido que la luz en un medio distinto a ese vacío. Esto es tan cierto que tres científicos rusos obtuvieron el Premio Nobel de Física en 1958 por sus estudios de partículas que se mueven a una velocidad superior a la de la luz, en diferentes medios de propagación.

Ahora, volviendo al anuncio de los laboratorios CERN, es necesario destacar que lo que ellos han hecho público es una hipótesis científica, que señala que han logrado acelerar un neutrino a una velocidad superior a la de la luz en el vacío. Esta hipótesis tiene que ser verificada por otros científicos, quienes de manera independiente deben reproducir el experimento y, de acuerdo a sus resultados, validarla o refutarla. Se deben revisar todas las condiciones en que se realizó dicho experimento, identificando cualquier fuente de error, las que pueden ser muchas. Además hay que señalar que la comunidad científica es por naturaleza escéptica, por lo que repetirá dicho experimento intentando refutarlo, y sólo lo aceptará cuando sus resultados sean incuestionables.

Ahora, si los experimentos independientes confirman la hipótesis planteada, tampoco significará ningún drama y simplemente se aceptará que llegó la hora de reemplazar o reformular la teoría de la Relatividad. Ninguna teoría científica es una verdad absoluta y definitiva, es simplemente un cuerpo de conceptos que explica y predice el comportamiento de la naturaleza. Producto de nuevas observaciones – el desarrollo tecnológico crea constantemente mejores instrumentos –, muchas veces se observan fenómenos que no son explicados adecuadamente por la teorías vigentes, y entonces éstas deben ser modificadas, pero sin que ello signifique necesariamente descartar completamente a las antiguas.

Cuando Albert Einstein anunció su teoría de la Relatividad, no acabó con la Mecánica Clásica de Newton, simplemente la redujo a un ámbito más limitado de acción. Así, cuando un ingeniero diseña una estructura continúa utilizando las fórmulas para el cálculo de fuerzas tradicionales, o cuando se envían naves espaciales a recorrer el Sistema Solar, sus trayectorias se calculan utilizando las mismas ecuaciones que Newton presentó en su obra Philosophiae naturalis principia mathematica. Sin embargo, cuando estamos en presencia de fenómenos asociados a altas energías – altísimas velocidades o grandes masas – entonces Newton no es suficiente y debemos recurrir a las ecuaciones relativistas.

Del mismo modo, una posible nueva teoría no significará acabar con Einstein, sino que seguramente lo reducirá también a un ámbito de acción, y será ella quien dé cuenta de aquellos nuevos y exóticos fenómenos. Por lo tanto Einstein, y sus revolucionarias ideas, seguirá presente entre nosotros no sólo por sentar las bases de la física moderna, sino también por las profundas implicancias que tuvo en el terreno filosófico al acabar con las certezas de la ciencia clásica y modificar para siempre los conceptos de causalidad, determinismo y realidad.

23 de septiembre de 2011

Cuando la basura cae desde los cielos

                                                           
UARS,  por la NASA

Por Hugo Jara Goldenberg


Hace algunos días la NASA anunció que uno de sus satélites caerá sin control a la Tierra próximamente, y que aunque se destruirá en el reingreso a la atmósfera, dado su gran tamaño, es probable que fragmentos puedan llegar a la superficie y eventualmente alcanzar a más de alquien, aunque las probabilidad de que esto último ocurra es de 1 en 3200, es decir bastante baja.

Inicialmente se informó que la caída ocurriría entre fines de septiembre y principios de octubre, pero los últimos reportes oficiales de la Nasa han señalado como fecha probable, el día viernes 23 de septiembre. Esta noticia ha aparecido en los apartados de ciencia y tecnología de diversos medios de prensa y se ha transformado en un tema de conversación, y también de preocupación, para muchas personas que ya se imaginan siendo alcanzados por un trozo de chatarra espacial.

El aparato en cuestión es el UARS (acrónimo de Upper Atmosphere Research Satellite), un satélite artificial diseñado para el estudio de la alta atmósfera, que fue puesto en órbita, por el ya retirado transbordador espacial Discovery, en septiembre de 1991. Por sus dimensiones y masa este ingenio espacial está clasificado como un satélite de gran tamaño. Mide 10,7 m de largo, tiene un diámetro de 4,5 m, una masa 6.540 kg y su altitud (promedio) de vuelo es de 585 kilómetros.

Después de sobrepasar largamente la vida útil esperada de 3 años, quedó fuera de servicio en el 2005. Su aporte a la ciencia fue significativo, fundamentalmente en lo que dice relación con el estudio de la dinámica de la capa de ozono, de los procesos físico-químicos de la atmósfera superior, así como las perturbaciones naturales y artificiales de ésta. La información obtenida por esta misión será muy importante para mejorar la comprensión del comportamiento, a largo plazo, del clima

Pero después de una vida larga y provechosa, el destino de este satélite fue transformarse en chatarra espacial. Junto a miles de otros aparatos abandonados, y fragmentos de diversos tamaños, orbitan la Tierra fuera de control constituyendo un problema muy serio para la seguridad de los satélites todavía operativos, pero por sobre todo para la integridad física de los astronautas que actualmente habitan en la Estación Espacial Internacional (ISS). Para controlar esta situación existen programas que monitorean la trayectoria de la mayor parte de esta basura espacial, para evitar colisiones, aunque inevitablemente éstas ocurren, como es el caso del choque entre un satélite ruso en desuso (Cosmos 2251) y uno de comunicaciones norteamericano (Iridium 33), en febrero de 2009.

Sin embargo, el riesgo de la chatarra espacial no es significativo para los habitantes de la Tierra, ya que cuando esta basura se precipita hacia el planeta, el roce con la atmósfera los destruye íntegramente. Paro en el caso del UARS la situación es diferente, ya que dado su gran tamaño y masa (más de seis toneladas) se espera que algunos fragmentos lleguen a tierra. Algunas simulaciones computacionales predicen que el satélite se romperá en más de 150 fragmentos, de los cuales una veintena impactarán contra la superficie. El peso total de estos restos será de poco más de 500 kg y se esparcirán en un radio de a los menos 500 km.

Al momento de redactar esta nota, a las 8:50 (11:50 UTM) del 22 de septiembre, la nave se encuentra sobrevolando el Océano Pacífico norte, a 195,75 km de altitud y con una velocidad de 7.57 km/s (27.252 km/h), lo que nos muestra la evidente pérdida de altitud, considerando que su órbita original era cercana los 600 km.

Según la Nasa no es posible predecir el lugar exacto del impacto, sino hasta unas dos horas antes de que ocurra, lo cual se estima que será en la tarde del viernes 23 de septiembre de 2011. En el portal Web de la Agencia Espacial de EEUU es posible acceder a los reportes oficiales de la caída. Sin embargo, hay que recordar que aunque el riego de impacto existe, es muy bajo, y dado que tres cuartas partes de la superficie de la Tierra es agua, lo más probable es que la caída ocurra en los océanos. Si los restos caen sobre áreas habitadas y se producen daños, el país propietario del artefacto debe indemnizar a quienes resulten afectados.

No obstante, algunos especialistas ya han aventurado posibles lugares del impacto. Así desde Rusia se señala que la caída ocurrirá en el mar cerca de Nueva Guinea, e incluso una organización aeroespacial privada norteamericana, que ha monitoreado por semanas la trayectoria del satélite, predice que el impacto podría ocurrir frente a las costas chilenas. Sin embargo, dada la condición de caída no controlada, con la nave girando rápidamente sobre sí misma, no es posible anticipar el lugar sino hasta algunas horas antes del choque, que se espera ocurra alrededor de las 18:00 hora del día señalado.


Por lo pronto solo queda esperar y confiar en las estadísticas, después de todo permanentemente están cayendo sobre la Tierra meteoroides de diversos tamaños, muchos de los cuales impactan contra la superficie y sus restos son los meteoritos que podemos observar en museos. Y que sepamos, en toda la historia de la humanidad, a nadie le ha caído uno en la cabeza.

19 de septiembre de 2011

Las constelaciones


Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos se han maravillado con el magnífico espectáculo que nos presenta el cielo  estrellado, y todos los pueblos y culturas antiguas llevaron a las estrellas sus mitos y leyendas, dibujando con su imaginación figuras majestuosas e imponentes de animales mitológicos así como también de sus héroes y leyendas.

Por Hugo Jara Goldenberg


Este artículo esta disponible como podcast (archivo de audio) en el portal del Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción, desde donde puede ser  escuchado y descargado.


La Contemplación
del cosmos es y ha sido una actividad apasionante que desde tiempos inmemoriales ha despertado la imaginación de la humanidad. Todos los pueblos y civilizaciones ancestrales, buscaron en los cielos una explicación a lo inexplicable. Levantando la mirada hacia las estrellas, el Hombre primitivo esperaba encontrar consuelo a sus pesares y confiaba sus anhelos y esperanzas más profundas. El cielo era, en definitiva, el reino de lo desconocido y la morada de los dioses.

Pero para aquellos primeros humanos, los cielos no solo eran importantes desde una perspectiva espiritual y religiosa, sino que también lo eran porque les servían para resolver problemas prácticos y vitales para su sobrevivencia. Así, observando cuidadosamente los cielos no tardaron en percatarse de la regularidad estacional de las estrellas, muchas de las cuales durante algunos periodos desaparecen, pero inevitablemente al cabo de un tiempo vuelven a ser visibles. Algunas se observan en la época de buen tiempo, y otras en el periodo de frio.

De esta forma, las estrellas sirvieron a los primeros pueblos nómadas para determinar cuándo iniciar sus migraciones para alejarse del frio y seguir a sus animales de presa, pero también para orientarse durante sus largos desplazamientos. Posteriormente, cuando el Hombre se hizo sedentario y descubrió la agricultura, las estrellas le sirvieron para determinar las fechas de las siembras y las cosechas. Los cielos y las estrellas eran para esos pueblos antiguos un gigantesco calendario,  al que era imperioso aprender a leer y saber interpretar.

Así, con el conocimiento adquirido con estas primeras observaciones, fue inevitable que aprovechando las caprichosas formas geométricas que generaban algunos grupos de estrellas, esos pueblos arcaicos, con gran derroche de imaginación, llevaran a los cielos a aquellos personajes, leyendas y animales que formaban parte de su vida diaria y también de su mitología.

Surgieron así las constelaciones las cuales forman en los cielos figuras imaginarias uniendo mentalmente estrellas que, desde nuestra perspectiva, parecen estar cercanas entre sí.  Es algo similar al juego de dibujar figuras en un papel uniendo una serie de puntos. Como las estrellas se encuentran a gran distancia de nosotros, su movimiento propio no se percibe a simple vista y así, las posiciones relativas de ellas no cambian, permaneciendo  las figuras de las constelaciones invariables durante siglos o milenios. Pero es importante destacar que aunque las estrellas de una constelación parecen estar cercanas entre sí, en realidad eso solo ocurre por un asunto de perspectiva al encontrarse todas  en una misma línea de visión, pero realmente ellas se ubican a distancias muy diversas.

Según la tradición aceptada mayoritariamente, las constelaciones se crearon en la antigua Mesopotamia hace más de 6000 años, aunque hay evidencia arqueológica que señala que ya en la prehistoria, en períodos que se remontan a 30000 a.C., o incluso antes, las tribus de cazadores-recolectores establecieron las primeras agrupaciones de estrellas. Pero fue la cultura griega, basada en el conocimiento recibido de los sumerios y egipcios, la que les dio la forma y nombre a la mayoría de las constelaciones reconocidas actualmente.

Sin embargo, hay que aceptar que las figuras estelares de origen griego no son únicas, ya que todos los pueblos y culturas que nos han precedido, han tenido una forma propia  de comprender el Cosmos y en ese contexto, crearon sus propias constelaciones. Así, es interesante comprobar como muchas de las agrupaciones de estrellas conocidas por nosotros, en otras culturas poseían significados muy distintos.

Por ejemplo, un pueblo de aborígenes australianos veía en los cielos de primavera-verano a un enorme canguro, el cual era acechado por dos hermanos cazadores, quienes después de una tenaz persecución le daban muerte y lo asaban en una fogata, cuyas brazas se apagan al terminar el verano. Para nuestra sorpresa resulta que ese canguro corresponde a la estrella conocida como Capella y los dos cazadores son Pólux y Cástor, las dos principales estrellas de la constelación de Géminis. Algo parecido sucede con la Cruz del Sur, grupo característico de estrellas visibles desde el Hemisferio Sur, que antiguamente formaban parte del Centauro, pero que para  algunos pueblos aborígenes de Sudamérica, como los araucanos, representan la huella de un Ñandú.  La constelación del Escorpión en tanto, observable desde nuestras latitudes en la época de otoño invierno, y cuyas estrellas dibujan con sorprendente realismo la figura de ese arácnido venenoso provisto un gran aguijón, es interpretado por algunos pueblos pescadores de la Polinesia como un gigantesco anzuelo. Y así, se podrían mencionar muchos otros ejemplos que muestran como todos los pueblos y culturas representaban en los cielos a sus propios mitos y leyendas.


El Zodíaco

Si se hiciera un ranking, con toda seguridad nos percataríamos que las constelaciones más conocidas por el gran público, son las que pertenecen al zodíaco. Éstas son aquellas ubicadas en una estrecha región del cielo que pasa por el Ecuador Celeste, y corresponde a la zona por donde transitan el Sol, la Luna y los planetas, y que en astronomía es conocida como la Eclíptica. El nombre zodíaco es de origen griego y significa “círculo de animales”, ya que  precisamente todas las constelaciones ubicadas en esta zona del cielo tienen forma y reciben nombres de animales.

Aunque el amplio conocimiento popular de las constelaciones del Zodiaco permite una cierta cercanía del ciudadano común con las estrellas, lamentablemente este conocimiento se interpreta erróneamente al estar asociado con la astrología, un disciplina que no tiene ninguna base científica, y que pretende asociar el porvenir de una persona con su día de nacimiento y la constelación que predomina en esa fecha.

La astronomía y la astrología tienen un origen común, pero al surgir  la ciencia moderna ambas disciplinas se separaron y siguieron por derroteros distintos. La astronomía buscando una explicación científica de los fenómenos del Universo, y la astrología intentando predecir el futuro basándose en la superstición y en formas de pensamiento alejadas de la racionalidad.

 Es una tarea pendiente de la ciencia el intentar que las personas dejen de creer en la astrología, pero ésta no resulta ser una tarea fácil ya no se recibe la colaboración de los medio de comunicación. Basta leer un Periódico o ver ciertos programas de TV para percatarse que en un lugar destacado aparece el horóscopo, y sin embargo es muy escasa la cobertura que se entrega a la divulgación de la ciencia en general y de la astronomía en particular.


Constelaciones invertidas

Una cosa curiosa que sucede al observar los cielos, es comprender que éstos no se ven igual desde los hemisferios Norte y Sur. Así, al cruzar el Ecuador, la perspectiva como se observan los cielos cambia totalmente, y aquellas estrellas muy cercanas a los polos sólo son visibles desde su respectivo hemisferio. De esta forma, desde el sur del mundo jamás se podrá observar la famosa Estrella Polar, pero tampoco desde el norte serán accesibles interesantes objetos de los cielos australes tales como las Nubes de Magallanes o la Cruz del Sur.

Pero lo más desconcertante para los habitantes del Hemisferio Sur quizá si sea el intentar comprender el significado de la mayoría de las constelaciones, ya que aunque  las identificamos y son parte de nuestra cultura, son muy difíciles de asimilar a su interpretación original, ya que las vemos de cabeza. Un ejemplo lo tenemos en la constelación de Orión, que según la mitología griega es el hijo de Poseidón y que está representado entre las estrellas como un gigante cazador, al cual  observamos  parado de cabeza sobre el horizonte. Esta constelación es visible en nuestras latitudes entre primavera y verano, y en ella están las famosas “tres Marías”, que corresponden al cinturón del gigante. Y lo mismo sucede con todas las constelaciones que surgieron de la fértil imaginación de los griegos: ¡A todas ellas las vemos invertidas!

Sólo aquellas que están ubicadas en el extremo sur y que fueron creadas por los primeros exploradores y navegantes modernos que se aventuraron en estos territorios, las podemos de pie, tal como fueron concebidas originalmente.  Con respecto a estas últimas es importante destacar que los nombres dados a estas constelaciones, a partir del siglo XVI, corresponden a aquellos objetos y artilugios que tenían sentido para la sociedad de la época, y es así como aparecen representados en el cielo, como constelaciones, el sextante, la brújula, el telescopio, etc. Esto nos confirma que los seres humanos llevan a los cielos a aquellos objetos que tienen un significado especial para ellos, y para los navegantes de la Era de la Exploración ¿qué podría ser más importante que los artilugios que les permitían viajar por peligrosos mares y océanos con relativa seguridad?


Las constelaciones actuales

Actualmente las constelaciones están normadas oficialmente por la Unión Astronómica Internacional, conocida por la sigla IUA, la que en el año 1928 definió el concepto de constelación como cada una de las 88 regiones en que se divide la esfera celeste. De esta forma cada región del cielo está incluida en alguna constelación.

De las 88 constelaciones oficiales, la gran mayoría eran ya conocidas desde la antiguedad, y fueron compiladas durante el siglo II de nuestra Era por el astrónomo griego Claudio Ptolomeo, quien catalogó más de mil estrellas agrupadas en 48 constelaciones. Este catálogo de Ptolomeo fue utilizado por casi 15 siglos e incluía solo a las constelaciones visibles desde el lugar donde el sabio vivía, que era la ciudad egipcia de Alejandría, ubicada en la costa del Mar Mediterráneo.  Muchas otras de las constelaciones oficiales fueron creadas a partir de los siglos XVI y XVII, principalmente por los navegantes  que exploraban y recorrían los territorios ubicados al sur del Ecuador.

Es importante señalar que las constelaciones oficiales definidas por la Unión Astronómica Internacional no se corresponden exactamente con aquellas reconocidas desde la antiguedad, ya las líneas que las dividen se trazaron siguiendo líneas de coordenadas estelares, es decir de ascensión recta y de declinación. De esta forma ciertas constelaciones han sufrido leves cambios y algunas de sus estrellas han pasado a formar parte de una constelación cercana, y ellas mismas han arrebatado uno que otro astro a alguna agrupación vecina.

Como se señalaba  al principio de este artículo, las constelaciones constituyen una creación humana cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Pero a pesar del largo tiempo transcurrido y el avance de la civilización, sus imágenes fantásticas continúan embriagando la imaginación de quienes tienen la suerte de observarlas desde un lugar alejado de la ciudad.  En la oscuridad de la noche estrellada, las constelaciones surgen como figuras fantasmagóricas que nos trasladan en el tiempo y nos comunican con nuestros ancestros, confirmando que algo, profundamente arraigado en nuestros genes, nos conecta como especie con las estrellas y el Universo todo.

Podcasting para la difusión de la Astronomía en Chile

El Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción,  dio la partida al Proyecto Gemini 32100017 denominado “Podcasting para la difusión de la Astronomía en Chile”. El objetivo de esta iniciativa es conformar una biblioteca digital con archivos de audio (podcasts) que abarcarán diversos temas astronómico, dirigidos a público no especializado, especialmente escolares. Los libretos de cada tema son escritos por astrónomos profesionales e investigadores, y con gran satisfacción y orgullo recibí la invitación de participar con dos temas: “Las constelaciones” y “Lluvias de Estrellas”.  Para ver más detalles de este interesante proyecto pueden visitar aquí.

24 de julio de 2011

El fin de una Era

Por  Hugo Jara Goldenberg

Después de cumplir una misión de 12 días a la Estación Espacial Internacional (ISS), acaba de aterrizar este 21 de julio de 2011 en Cabo Cañaveral el Transbordador Espacial Atlantis, y con este retorno concluye la Era de estas espectaculares aeronaves. El primer vuelo fue realizado por el Columbia, en abril de 1981, y 30 años después el Atlantis da por terminada una etapa clave en la Conquista del Espacio.

En una entrada anterior de este Blog (ver aquí) se entregaban detalles del último vuelo del Discovery, pero entonces quedaban aún dos viajes, uno que realizó el Endeavour (mayo de 2011) y el del Atlantis que acaba de concluir y que marca la jubilación  definitivamente de este tipo de aeronaves.

Cuando se comenzó a desarrollar el proyecto, a principios de los años 70 del siglo pasado, las expectativas eran muchas y todas apuntaban a lograr un a aeronave económica de operar, segura y que realizara viajes semanales al Espacio. Pero ninguna de estas condiciones se cumplió, ya que los costos de operación terminaron siendo muy superiores a lo presupuestado originalmente, lo cual restringió drásticamente su operación. Con respecto a la seguridad, de 135 lanzamientos dos terminaron en lamentables accidentes que costaron la vida de 14 astronautas. Estadísticamente 1 de cada 67 vuelos terminó en tragedia, lo cual arroja un índice de accidentabilidad demasiado alto, incluso para actividades de alto riesgo, como lo son los viajes al Espacio.

Sin embargo, a pesar de no haber cumplido con las expectativas iniciales, los logros alcanzados por estas naves son tan espectaculares que por sí solos eclipsan a todas sus deficiencias. Por ejemplo, gracias a ellas y por su formidable capacidad de carga fue posible construir la Estación Espacial Internacional (ISS). También transportaron y pusieron en órbita a muchos satélites y naves que ahora recorren y exploran nuestro Sistema Solar. Uno de ellos llevó al Espacio al Telescopio Espacial Hubble, y posteriormente en misiones de servicio lo repararon y actualizaron tecnológicamente, entregando a los astrónomos una plataforma de observación única que ha permitido una mejor comprensión del Universo.

En total se fabricaron 6 Transbordadores, de los cuales 5 viajaron al Espacio, y uno se utilizó solo para vuelos de prueba. A continuación se presentan a cada una de estas ya legendarias aeronaves espaciales:

Enterprise: Nunca salió al Espacio pero sus vuelos de prueba atmosféricos permitieron poner a punto todos los sistemas y elementos tecnológicos. Sera expuesto en un Museo en Nueva York.

Columbia: Inaguró la Era de los transbordadores, con su vuelo del 12 de abril de 1981. Se desintegró al reingresar a la atmósfera el 3 de febrero de 2003, falleciendo sus 7 tripulantes.

Challenger: Hizo su primer viaje el 4 de abril de 1984. Cuando iniciaba su décima salida, explotó 73 segundos después de despegar, el 28 de enero de 1986, provocando la muerte de los 7 astronautas, entre ellos la profesora Christa McAuliffe, quien tenía programado dictar una clase desde el Espacio.

Discovery: Fue el transbordador que más vuelos realizó al Espacio. Su viaje de despedida fue en febrero de 2011.  A partir del año 2012 será exhibido en el Museo Nacional del Aire y del espacio en Washington D.C.

Endeavour: Se construyó como sustito del Challenger. Tuvo su bautismo en el año 1992 y realizó su último vuelo en mayo pasado.  Sera puesto en exhibición en el Museo del Centro de Ciencias de Los Ángeles, California.

Atlantis: Su primera misión espacial fue el 3 de octubre de 1985. Su último vuelo lo realizó entre el 8 y el 21 julio de 2011. Le correspondió el honor de cerrar el ciclo de las transbordadores y será expuesto en el Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, Florida.

A continuación se muestra en forman resumida algunos números de los Transbordares:

  • 5 vuelos de prueba atmosféricos (como planeador), realizados por la nave Enterprise OV-101.
  • 5 Transbordadores operativos:
  • 134 lanzamientos orbitales (más uno que explotó en el despegue)
  • 133 reentradas a la atmósfera  (más uno que estalló)
  • Aterrizajes en tres lugares:
    • Base Kennedy
    • Base Edwards
    • White Sands
  • 818 pasajeros al Espacio, correspondientes a 347 personas de 18 países
  • La masa de los Transbordadores (con carga): entre 100 y 120 toneladas por misión
  • 121 satélites, sondas y observatorios espaciales puestos en órbita (masa total de 231 toneladas)
  • 31 satélites capturados (recuperados para reparación o retorno a la Tierra)
  • 24 componentes mayores de la Estación Espacial Internacional ISS (232 toneladas)
  • 14 astronautas fallecidos
  • Dos Transbordadores perdidos.
Con el fin de los Transbordadores termina también una época heroica de la astronáutica, y los majestuosos vuelos de estas naves quedaran el recuerdo como un ícono de la que posiblemente sea el mayor desafío tecnológico que ha enfrentado la especie humana: la Conquista del Espacio.

13 de mayo de 2011

El cambio de hora y el invierno verdadero

Por Hugo Jara Goldenberg

El pasado sábado 7 de mayo comenzó a regir en el territorio de Chile el horario de invierno, postergado desde el mes de marzo para ahorrar energía eléctrica, y así ayudar a enfrentar a la  sequía que afecta al país. Dada esta situación de emergencia energética la autoridad decidió que, durante el presente año, el horario de invierno regirá entre el segundo sábado de mayo y el tercer sábado de agosto. En un año normal dicho horario invernal va entre los meses de marzo y octubre.

Esta decisión, tomada por un grupo de expertos, se basó en el hecho de que es durante estos tres meses (mayo-junio-julio), cuando trascurre la época más fría del año, con menos horas de luz, y con los rayos solares cayendo sobre la superficie terrestre con mayor oblicuidad (inclinación). Y parece obvio que aquel periodo del año con menos luz solar y más frío debería corresponder al verdadero invierno.

Lo interesante de esta situación, es que confirma un hecho ya conocido desde la antigüedad por quienes han observado regularmente los ciclos de la naturaleza. Y es que el inicio de las Estaciones del año en las fechas establecidas en el calendario civil, no se corresponden con las Estaciones Verdaderas (o astronómicas). En efecto, así como el Invierno Verdadero en nuestro Hemisferio, confirmado por los expertos convocados por el gobierno, ocurre entre principios de mayo y principios de agosto, el Verano Verdadero ocurre entre los primeros días de noviembre y los primeros días de febrero. Ya que es en este periodo cuando los días son más largos y los rayos solares caen con la menor oblicuidad (más verticales), y en consecuencia es la época más calurosa del año.

Esto lo podemos confirmar nosotros mismos, basta con recordar  por ejemplo, lo calurosos y largos que son los días a inicios de diciembre cuando aún estamos en primavera, y lo fríos, y ya notoriamente más cortos, que son aquellos en la segunda semana de febrero, cuando se supone que todavía estamos en verano. Incluso es  común escuchar a los turistas decir “ya se fue el verano”, lo cual de acuerdo a lo antes señalado es cierto, puesto que a mediados de febrero nos encontramos ya en el Otoño Verdadero.

Cuando comparamos el inicio de las Estaciones Civiles (establecidas en los calendarios) con las Estaciones Verdaderas, vemos que las primeras corresponden a la culminación (el máximo) de las segundas. Es decir, cuando decimos que el 21 de junio empieza el invierno, en realidad cerca de esa fecha se produce el día más corto del año, y es justo la mitad del invierno. Una situación similar se produce en las otras Estaciones. Así, el 21 de diciembre cuando estamos cerca del día más largo del año, corresponde precisamente a la mitad del verano.

Esta situación la conocían muy bien los pueblos antiguos, que llevaban a cabo celebraciones en las fechas de  inicio de las estaciones. Por ejemplo los Celtas realizaban, a principios de noviembre (cuando se inicia el Invierno Verdadero en el hemisferio norte), rituales para espantar a los demonios y malos espíritus que llegaban para acosarlos con el frio y la escasez de alimentos. Esa celebración milenaria aún perdura, claro que con un sentido muy distinto al original, e incluso se ha importado desde Europa a nuestra cultura (festividad de Halloween).

Pero tenemos un ejemplo más cercano. El pueblo mapuche tenía en su calendario cuatro Estaciones, las cuales se iniciaban en las fechas que corresponden a las Estaciones Verdaderas o astronómicas ya señaladas. El investigador de la cultura mapuche Armando Marileo Lefui, señala que el tiempo de las grandes lluvias (invierno) comenzaba en el mes de mayo y concluía a fines de julio. Luego venía el tiempo de los brotes (primavera) que se iniciaba en agosto y terminaba al llegar noviembre. A continuación, le sucedía el tiempo de las frutas en abundancia (verano) que iba desde el inicio de noviembre hasta finalizar enero.  Y por último llegaba el turno del tiempo del descanso de la naturaleza (otoño) que abarcaba los meses de febrero, marzo y abril.
 
Como vemos, muchas de las convenciones establecidas por nuestra civilización para establecer la duración del tiempo, no se corresponden con la realidad. Sin embargo los pueblos antiguos, debido a la observación constante de los ciclos naturales, sí los conocían y aplicaban muy bien, esto a pesar de carecer de los conocimientos científicos y avances tecnológicos que caracterizan a nuestra época.

Para quienes quieran conocer más detalles acerca de las Estaciones Verdaderas, se recomienda consultar el libro "Guia a los cielos australes" del escritor y divulgador científico Jorge Ianiszewski (Editorial Mitra, 2010) 

24 de marzo de 2011

Cincuenta años del Hombre en el Espacio


Yuri Gagarin

“El planeta (la Tierra) es la cuna de la inteligencia, pero no se puede vivir eternamente en la cuna”
K. Tsiolkovsky

Por Hugo Jara Goldenberg
 

Este artículo fue publicado en el Boletín ACHAYA mayo-junio de 2011, de la Asociación Chilena de Astronomía y Astronáutica.

Oficialmente se considera que la Era Espacial comenzó el 4 de octubre de 1957, cuando la ex Unión Soviética puso en órbita en torno a la Tierra al Sputnik I. Aquel fue un acontecimiento que remeció a la humanidad toda, y enmarcada en el contexto de la Guerra Fría, significó un golpe de imagen importante para los rusos, al tiempo que hirió profundamente el orgullo de los estadounidenses, quienes solo después de un par de meses lograron reponerse con el lanzamiento del satélite Explorer I.

Aunque las autoridades políticas y militares rusas no estaban originalmente interesadas en los viajes espaciales, y sólo veían a los cohetes como un medio para bombardear al enemigo, cuando se dieron cuenta del potencial propagandístico que estos viajes representaban, actuaron rápido. Así, aprovechando el desarrollo con fines militares del cohete R7 (que era capaz de llevar a miles de kilómetros de distancia una carga nuclear de varias toneladas de peso), pudieron poner en órbita al primer satélite artificial de la historia, ganándole el juego a sus archirivales americanos.

A partir de ese hito en la historia de la humanidad, ambas potencias se esmeraron en el siguiente paso, que consistía en llevar a un ser humano al Espacio. Sin embargo esa no resultó ser una tarea sencilla y debieron transcurrir varios años antes de lograr ese objetivo.

Para llevar a una persona al Espacio y traerlo de vuelta, sano y salvo, a la Tierra, no bastaba solo con disponer de un vehículo de lanzamiento con la capacidad de carga adecuada, también era necesario desarrollar tecnologías para proteger a los tripulantes de las duras condiciones de la salida y reentrada a la atmósfera (altas aceleraciones y temperaturas). Después de muchas pruebas, y experimentando con animales, el 12 de abril de 1961, es lanzado desde Baikonur (actual República de Kazajiztán), el cosmonauta Yuri Gagarin, cumplimiendo de esta forma un sueño largamente acariciado por la especie humana, y permitiéndole a los rusos humillar una vez más a sus enconados rivales.

Detalles del vuelo.

En cuanto las autoridades políticas soviéticas tomaron la decisión de enviar a un hombre al Espacio, en el año 1959 se organizó un equipo encargado de la selección de los aspirantes. Después de un exigente proceso se conformó un grupo final de 6 candidatos los que fueron preparados en el recién creado Centro de Entrenamiento de Cosmonautas. De entre aquellos postulantes se destacaban, por sus capacidades intelectuales, psicológicas y físicas, los jóvenes pilotos Yuri Gagarin y Gherman Titov. En la decisión final de quien sería el primero en ir al Espacio primaron consideraciones de tipo político y se eligió a Gagarin ya que calzaba mejor con el perfil del ciudadano soviético, al ser un ex trabajador metalúrgico y pertenecer a una familia representante del proletariado (Titov en tanto provenía de una familia de clase más acomodada).

En la madrugada del 12 de abril de 1961, Gagarin y Titov fueron vestidos con sus trajes espaciales (Titov actuaba como cosmonauta de reserva ante cualquier eventualidad) y se dirigieron al lugar de lanzamiento en un autobús. Después de una breve ceremonia Gagarin abordó la nave Vostok I, la cual tenía forma esférica con un diámetro de 2.3 mt. Como se desconocía el comportamiento del cuerpo humano en condiciones de ausencia de peso la cápsula era totalmente automática, aunque el tripulante podía activar una opción de control manual en caso de ser necesario.

El vuelo se desarrolló según lo planificado y después de un despegue perfecto el poderoso cohete R7 puso en órbita a la Vostok I. La misión consistía en realizar una órbita en torno a la Tierra, con una duración total de alrededor de una hora y media. Una vez completada la vuelta alrededor del planeta, los ingenieros del control terrestre iniciaron las maniobras para el regreso. Se activaron los retrocohetes que hicieron que la nave disminuyera su velocidad y comenzara a perder altitud, iniciando el reingreso a la atmósfera. Aquella fue una maniobra en extremo peligrosa ya que implicaba desacelerar gradualmente desde una velocidad orbital de 27000 km/h y enfrentar el creciente roce con las capas cada vez más densas de la atmósfera, alcanzando temperaturas de varios miles de grados celcius. Al llegar a la cota de los 7 km de altura, Gagarin se eyectó de la cápsula y alcanzó tierra en paracaídas. Aterrizó en Taitarova (Siberia) ante la mirada atónita de una campesina que no entendía quien era a aquel extraño personaje que había caído del cielo.

Después del histórico vuelo, Yuri Gagarin se transformó en una celebridad y su imagen fue muy bien manejada por el régimen comunista, pero con un gran costo personal para el cosmonauta. Tuvo problemas familiares y por un tiempo cayó en el alcoholismo. El día 27 de marzo de 1968, a la edad de 34 años falleció en un accidente mientras volaba, acompañado de un instructor, en un avión Caza Mig-15. Como héroe de la Unión Soviética, sus restos descansan en las paredes de Kremlin, en la Plaza Roja de Moscú y su nombre, al mismo nivel de grandes exploradores del pasado como Colón o Magallanes, está grabado en la historia como el primer Hombre en viajar al Espacio, abriendo el camino a una de las aventuras más trascendentales emprendidas por la especie humana.