25 de octubre de 2026

La fragilidad del mundo digital

 


Por Hugo Jara Goldenberg

Vivimos inmersos en una sociedad gobernada de manera absoluta por los unos y ceros del mundo digital. Para la gran mayoría de los ciudadanos del siglo XXI, la idea de desconectarse, o siquiera imaginar una vida al margen de las tecnologías informáticas modernas, resulta sencillamente inconcebible. Hemos llegado a un nivel de dependencia tal, que el progreso parece medirse por nuestra capacidad de digitalizarlo todo.

Se propone con entusiasmo la eliminación total del dinero físico y la implementación de la identidad digital, se pronostica el fin inminente de los textos impresos en papel, y observamos, casi sin resistencia, la desaparición de actividades tan esencialmente humanas como la lectura de libros físicos o la escritura a mano.

Esta transición forzada hacia las pantallas olvida una verdad ineludible: nuestra naturaleza humana es, y siempre será, fundamentalmente analógica. Nuestro cerebro no procesa el mundo en estados binarios discretos de unos y ceros, al estilo de las compuertas lógicas de un computador. Nosotros, los seres humanos, experimentamos la realidad a través de un espectro continuo, rico en matices físicos y sensoriales. Acciones, antaño cotidianas, como el escribir a mano o el leer un libro físico provocan la activación de redes neuronales con niveles de comprensión profundos, que la interacción mecánica en una interfaz digital  nunca podrá replicar.

 

Riesgos latentes

Pero a esta desconexión profunda con nuestra esencia humana se suma un peligro aún mayor: la extrema fragilidad de la infraestructura artificial que hemos construido. Toda esta maravillosa red de información, que parece tan omnipresente e infalible, en realidad está expuesta a múltiples riesgos.

En efecto, el mundo digital está sujeto a vulnerabilidades físicas y sistémicas que solemos ignorar. Entre los múltiples escenarios de riesgo, se destacan:

  • Fenómenos astronómicos: Como, por ejemplo, una tormenta solar extrema, similar al Evento Carrington de 1859. Aquel evento solar que en el siglo XIX causó daños importantes en las líneas de telégrafo, hoy afectaría seriamente a los satélites y provocaría daños catastróficos a las redes eléctricas de todo el mundo.
  • Vulnerabilidades físicas de la red mundial: A pesar de todos los resguardos que se puedan tomar, Internet no es inmune a la ocurrencia de terremotos de gran magnitud que puedan destruir centros de datos críticos o los miles de kilómetros de cables submarinos que conectan a los continentes. También los conflictos bélicos o el actuar de grupos terroristas, que utilicen ataques de pulso electromagnético (EMP) y ciberguerra a gran escala, pueden dañar severamente a la red global.
  • Fallas espaciales: Son innumerables los fenómenos espaciales que pueden provocar la interrupción parcial o total de los servicios satelitales, esenciales para el GPS, las comunicaciones navales y aéreas, y la sincronización financiera.

Ante la mención de estos peligros, el escepticismo suele ser la respuesta generalizada. La inmensa mayoría de las personas dirá que la probabilidad de que ocurran estos eventos en nuestra vida es demasiado baja como para preocuparse. Sin embargo, al analizar la complejidad técnica de nuestros sistemas tecnológicos globales, el sentido común y la historia nos señalan algo diferente: ante sistemas hiperconectados, la pregunta correcta no es si alguna de estas situaciones de riesgo ocurrirá algún día, sino cuándo sucederá.


Sectores más vulnerables

Los análisis de los expertos señalan que los riesgos potenciales que acechan a las tecnologías modernas no significan su eventual destrucción total, sino el causar daños importantes que provocarán la interrupción moderada o prolongada de los servicios. Pero suspensiones acotadas, ya sean de 48 o 72 horas, tendrán consecuencias severas para la población.

Al analizar los sectores industriales y de servicios, se observa que su grado de vulnerabilidad es distinto. Y en este análisis es importante considerar la capacidad que tienen estos sectores de responder en forma analógica ante una falla prolongada de los servicios digitales. Debemos recordar que “responder en forma analógica” significa volver a funcionar a la antigua, es decir, con lápiz y papel.

La siguiente tabla muestra un resumen de la vulnerabilidad por sector:




Un caso real: El espejismo de la seguridad en la salud

Tengo una experiencia cercana en el tiempo con el sistema público de salud. Me correspondió acompañar a mi mamá en la etapa final de su enfermedad y fui testigo de la excelente atención médica que recibió durante su convalecencia: preocupación permanente, visitas médicas a domicilio y una atención siempre cordial y humanitaria. Sin embargo, hubo algo que me sorprendió y alarmó: la dependencia total de la atención médica respecto de los sistemas informáticos, sin disponer de sistemas de respaldo a la antigua, con fichas en papel individuales por paciente.

En mi experiencia como profesional informático, me correspondió en una ocasión capacitar al personal técnico de un sistema de salud municipal. Al consultarles sobre sus planes de contingencia y sistemas de respaldo, me aseguraron con total confianza que contaban con mecanismos robustos y probados. Sin embargo, al profundizar, quedó en evidencia la trampa: absolutamente todos sus respaldos vivían dentro del mismo ecosistema digital.

Cabe preguntarse entonces qué ocurrirá el día en que una catástrofe mayor corte el suministro eléctrico y la conectividad por más de 72 horas, cuando las baterías de respaldo y los generadores se hayan agotado. Al ya no existir las antiguas fichas clínicas individuales en cartulina, los centros de salud quedarán literalmente a ciegas. Sin pantallas que encender, los médicos no tendrán cómo consultar el historial de un paciente, sus patologías crónicas, los medicamentos que consume ni sus alergias mortales. La paradoja es alarmante: en nombre de la eficiencia tecnológica, hemos desmantelado el único soporte —el papel— que permitiría seguir funcionando en medio de la oscuridad tecnológica total.


De la teoría a la alerta oficial: La reacción internacional

Esta inquietud sobre la fragilidad del mundo digital ya ha dejado de ser la advertencia aislada de unos pocos especialistas para transformarse en una prioridad de seguridad nacional a nivel global. Hace algún tiempo, la Unión Internacional deTelecomunicaciones (UIT), organismo dependiente de la ONU, alertó formalmente sobre el peligro latente de una eventual “pandemia digital”: una falla en cascada de las infraestructuras críticas en tierra, mar y espacio capaz de paralizar simultáneamente las comunicaciones, la banca y los servicios de emergencia en todo el planeta.

En esta misma línea, el Gobierno del Reino Unido —sumándose a las directrices de defensa civil de la Unión Europea y de países nórdicos como Suecia y Finlandia— ha emitido recientemente advertencias directas a su población para que se prepare ante eventuales cortes de energía eléctrica e internet que se prolonguen por varios días. Resulta profundamente revelador que la recomendación oficial de las grandes potencias tecnológicas para sobrevivir a las primeras 72 horas de un apagón digital sea, precisamente, retornar a las herramientas analógicas más elementales: disponer de una radio a pilas, resguardar copias impresas de documentos críticos y anotar en papel los tratamientos médicos y dosis de medicamentos esenciales. Incluso países que lideraban la transición hacia una economía sin dinero físico han debido modificar sus leyes para obligar a comercios esenciales y bancos a garantizar el uso del efectivo como respaldo estratégico.

  

Consideraciones finales

Por último, es importante señalar que no se trata de objetar los asombrosos avances tecnológicos del mundo moderno, sino de cuestionar nuestra fe ciega y dependencia absoluta hacia ellos. Por lo tanto, el tomar resguardos preventivos se transforma en un imperativo de seguridad y supervivencia.

Acciones como mantener dinero en efectivo, conservar registros médicos y financieros en papel, cultivar la memoria, practicar el pensamiento analítico sin asistencia electrónica y contar con sistemas analógicos de respaldo no constituyen un retroceso hacia el pasado. Son, por el contrario, la póliza de seguro más sensata que podemos adoptar para anticipar y mitigar escenarios que, aunque parezcan poco probables, en caso de ocurrir tendrían efectos potencialmente devastadores en la vida de las personas.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario