Foto de mi época de Alumno Piloto
Por Hugo Jara Goldenberg
Todo piloto, no importa su
experiencia y categoría, sea civil, militar o comercial, esté activo o ya
retirado, seguramente recordará muchos vuelos importantes de su vida como
aviador, pero hay uno que siempre se evoca de manera muy especial: “El primer
vuelo solo”. Aquel evento no solo queda
registrado en la bitácora de vuelo, al igual que todos los demás, sino que también
queda grabado a fuego en la memoria del piloto, como una de las experiencias
más significativas y trascendentes de su vida.
Camino a recorrer para ser un aviador
Para entender el contexto del
primer “vuelo solo”, hay que recordar que este vuelo tan especial lo realizan
quienes están aprendiendo a volar. En Chile, aquellos que deseen ser aviadores civiles,
deben hacer el curso de piloto privado de avión en alguna institución
reconocida por la autoridad aeronáutica, en mi caso lo realicé en el Club Aéreo
Universidad de Concepción. Para hacer el curso el postulante debe, en primer
lugar, tramitar y obtener la Licencia de Alumno Piloto, otorgada por la
Dirección General de Aeronáutica Civil.
Al empezar el curso, y antes de
subirse al avión, el Alumno Piloto debe pasar primero por una introducción
teórica en donde se estudian materias tales como: Aerodinámica y principios del
vuelo, Conocimiento general de los principales sistemas de la aeronave (motor,
estructura, eléctrico, combustible, hidráulico y otros), procedimientos
operacionales en los aeropuertos y Radiotelefonía aeronáutica,
Una vez concluida esta
introducción teórica se da comienzo a la fase de instrucción. En esta etapa el
estudiante, ocupando el asiento del piloto y acompañado siempre por un piloto instructor,
se inicia en el aprendizaje del arte del vuelo. En mi caso, el instructor de
vuelo asignado fue don Alberto Foppiano Bachmann, Doctor en Física y Profesor
Emérito de la Universidad de Concepción. El avión empleado fue un Cessna 150, una
aeronave escuela por excelencia, noble en su comportamiento, pero exigente en
su correcta operación.
Durante las primeras horas de
vuelo el Alumno Piloto, siempre guiado por su instructor, se familiariza con la
correcta operación de la aeronave. El aprendizaje incluye el conocimiento y dominio
de una serie de procedimientos y maniobras entre los que se incluyen:
-
Chequeo de pre vuelo
-
Gestión de la cabina
-
Puesta en marcha del motor
-
Comunicaciones con la Torre de Control
-
Rodaje de la aeronave
-
Despegue
-
Control del avión en vuelo
-
Maniobras de ascenso, descenso y virajes
-
Maniobras de emergencia, fallas de motor
simuladas
-
Circuitos de tránsito en el aeropuerto
-
Aterrizajes
-
Chequeo de post vuelo
En los primeros vuelos, en turnos cortos de no
más de media hora, para no saturar ni abrumar al alumno, se practican las
maniobras básicas: vuelo recto y nivelado, ascensos y descensos, virajes
normales y escarpados. A continuación, se ejercitan maniobras de recuperación
de pérdidas (desplome del avión por pérdida de sustentación) y emergencias de
motor.
También se practican los despegues y aterrizajes,
realizando series de “toque y despegue” (touch and go), es decir secuencias de “aterrizajes
y despegues” consecutivos. Esta maniobra es muy didáctica, y también exigente,
ya que obliga al estudiante a realizar en poco tiempo el despegue, ascenso, la
configuración de la aeronave para la posición de crucero y de inmediato
configurar para el aterrizaje, y posteriormente el aterrizaje mismo.
Además, todas estas maniobras deben realizarse en
forma simultánea con las comunicaciones con la Torre de Control, tanto para
recibir instrucciones como para estar atento al tráfico existente en las
inmediaciones del aeropuerto. Durante los ejercicios de “toque y
despegue” se practican también emergencias en circuito de tránsito, simulando
situaciones anómalas tales como fallos de motor, incursión en pista, vientos
cruzados y otras condiciones imprevistas que puedan presentarse.
En estas primeras horas de vuelo los alumnos se
sienten abrumados por todas las tareas que hay que realizar de manera
simultánea. Pero con el avance de la instrucción, todo se hace más fácil, y se
aprende a realizar el vuelo de manera natural.
El primer vuelo solo
Una vez que están dominadas todas
las maniobras y procedimientos ya descritos, llega el momento del primer vuelo
solo, generalmente este ocurre entre la hora 15 y 20, dependiendo del avance
del estudiante.
En mi caso estuve listo para el
“solo” en la hora 16, y el vuelo se realizó el domingo13 de mayo de 1984. Ha
transcurrido mucho tiempo desde entonces, sin embargo, todo lo que sucedió en aquella
lejana y fresca mañana de otoño, permanece tan vívido en mi memoria que
pareciera que fue ayer.
Antes del primer vuelo solo, me
correspondió hacer un chequeo final con el Jefe de Instructores del Club Aéreo,
don Hans Rautenberg, destacado piloto comercial, quien tenía fama de ser muy
estricto y severo. El papel del instructor en este vuelo es solo verificar que
el estudiante controla la aeronave con eficiencia y seguridad, toda la
conducción del avión y las comunicaciones las realiza el Alumno Piloto.
El vuelo se realizó en el avión Cessna-150
matrícula CC-SZI; después del chequeo de pre vuelo, de la puesta en marcha del
motor, y de recibir las instrucciones de la Torre de Control, despegué a las 11
am, desde la pista 19, e inicié el ascenso y posterior nivelación a 2000 pies,
dirigiéndome a la zona de instrucción ubicada en la desembocadura del rio Biobío.
Una vez establecido en la zona de vuelo realicé una secuencia de maniobras solicitadas
por el instructor, incluyendo una emergencia por falla de motor. Todo el vuelo
se realizó bajo la atenta mirada del instructor quien no hizo ninguna
observación, señal de que todos los ejercicios se realizaron correctamente.
Posteriormente regresamos al
Aeropuerto Carriel Sur y realizamos tres series de “toques y despegues” y después
del tercer aterrizaje, el instructor me ordenó detener el avión en pista y
procedió a abandonar la aeronave, señalándome que debía realizar tres tandas de
“toques y despegues” y finalizar con un aterrizaje completo.
Cuando el instructor descendió y se cerró la puerta de la cabina, tomé plena conciencia que, por primera vez, la
responsabilidad completa del vuelo recaía exclusivamente en mí. Al observar el asiento de instructor vacío,
cada procedimiento, cada decisión y cada maniobra adquirieron una connotación
distinta.
El avión, más liviano, respondió
con mayor agilidad durante el rodaje y la carrera de despegue. Los circuitos de
tránsito se desarrollaron con precisión y cautela, y el aterrizaje final cerró
una experiencia breve en el tiempo, pero inmensa en significado. No fue sólo un
ejercicio aprobado: fue la confirmación de una vocación y el recuerdo imborrable
de haber estado, por primera vez, verdaderamente solo en el aire, volando libre
como las aves.
Una vez terminado el vuelo llegó
el momento de la celebración, y cumplir con la tradición aeronáutica del
bautizo que, en aquella época, consistía en un baño en aceite quemado de
aviación. Y a continuación un asado en que compartí con familiares y amigos.
Reflexiones finales
Desde el punto de vista de la
formación de un aviador, el "primer vuelo solo” es solo un hito en la
progresión del estudiante. Este vuelo ocurre en la primera mitad del curso, y
aún falta mucho que aprender y practicar para ser finalmente un piloto. Sin
embargo, para el alumno este vuelo se transforma en una experiencia
inolvidable, y en mi caso significó cumplir con un sueño que me acompañaba
desde la más temprana infancia.
Y termino este recuerdo con un
pensamiento atribuido al gran Leonardo da Vinci, precursor del estudio del
vuelo humano:
“Una vez que hayas probado el
vuelo, siempre caminarás por la tierra con los ojos vueltos hacia el cielo,
porque allí has estado y
allí siempre anhelarás
regresar”
Fotos de mi bautizo de aviador









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