30 de octubre de 2016

Mente y materia



Por Hugo Jara Goldenberg

 
Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 30 de octubre de 2016

 
Cuando a principios del siglo XX se produce el derrumbe de La Física Clásica, una de las puntas de lanza de la nueva Física la constituyó la Mecánica Cuántica, un cuerpo de conocimientos que explica cómo funciona el mundo en el nivel de las partículas atómicas. Pero a diferencia de la Teoría de la Relatividad, la otra vertiente de la Física Moderna, la cual fue elaborada por una sola persona (Albert Einstein), la Mecánica Cuántica fue el resultado del trabajo mancomunado de muchas mentes, de entre las cuales sobresale el científico austríaco Erwin Schrödinger (1887-1961), quien por sus aporte fundamental a esta disciplina recibió el Premio Nobel de Física en el año 1933.

Pero Schrödinger fue un científico atípico ya que, a diferencia de sus colegas, cultivó disciplinas que sobrepasaban los límites de la ciencia dura. Más allá del laboratorio y las matemáticas también leía con devoción literatura clásica y poesía, era asiduo al teatro, exploró el misticismo hindú, durante años estudió en profundidad a los filósofos de todas las épocas, cuando el tiempo se lo permitía dibujaba y esculpía, y de su pluma surgieron diversos libros de divulgación científica y otros en los que expuso su visión humanista de la ciencia.

De entre sus textos se destaca “Mente y materia”, publicado por primera vez en 1956, en el cual explora el siempre controversial tema de la naturaleza del binomio cerebro-mente. Dada su rigurosa formación científica y profunda vocación humanista, en el libro presenta las bases físicas y biológicas de la vida, pero también especula acerca de la esencia del pensamiento y el comportamiento humano. Muestra los procesos biológicos que provocan la mente y al mismo tiempo plantea la inquietante pregunta de si la conciencia, que es la capacidad humana de ser consciente de su propio yo, podrá ser capaz de trascender al cerebro físico en la cual se manifiesta.

El libro es controversial, ya que mezcla conceptos e ideas propias de ciencia ortodoxa, con especulaciones de una vertiente más espiritual, provenientes de la religión y las doctrinas hinduistas.

A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, podemos constatar que el libro se mantiene plenamente vigente ya que nos permite no solo conocer mejor el funcionamiento de la mente humana, sino que también reflexionar acerca de la necesaria convergencia que debería existir entre la razón y el pensamiento espiritual. (HJG)
 
 

19 de junio de 2016

Desarrollo Sustentable






Por Hugo Jara Goldenberg

Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 19 de junio de 2016



Gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología, la especie humana ha impuesto su dominio sobre la naturaleza y en pleno siglo XXI, después de centurias de desarrollo sostenido, hemos alcanzado estándares de confort material y calidad de vida, inimaginables para generaciones anteriores.
Pero en aras del desarrollo material, la especie humana no ha tenido escrúpulos y de manera sistemática ha intervenido y depredado al entorno natural, generando una situación de consecuencias insospechadas, que eventualmente puede incluso amenazar la supervivencia de la propia humanidad.

Desde el mundo académico han surgido voces llamando a revertir esta situación y en el año 1987, en el seno de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU, surge el concepto de “Desarrollo sustentable”, que intenta definir la forma como se debe enfrentar el progreso, pero considerando y respetando las aristas sociales, económicas y medioambientales involucradas en ese proceso.
Y precisamente desde el ámbito de la academia surge el libro “Desarrollo Sustentable; Miradas interdisciplinarias de experiencias en Chile y Brasil”. Se trata de una compilación de trabajos científicos presentados en un congreso científico realizado en la Universidad de Concepción en marzo de 2015, con el patrocinio de la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Los textos fueron seleccionados por los académicos de la Universidad de Concepción, Doctores Ricardo Barra R. y Jorge Rojas H.
Los trabajos incluidos en este libro fueron elegidos por presentar una visión distinta de este urgente problema mundial, y que además por provenir desde el ámbito universitario,  no sólo son importantes desde la perspectiva de la investigación científica, sino que también por mostrar, entre otras acciones, la forma como los centros de educación superior, en su quehacer diario, efectivamente contribuyen al desarrollo sustentable, por medio de acciones concretas tales como el manejo de sus residuos, la medición de su huella de carbono o el manejo de sus áreas verdes.
El libro permite entender que el desarrollo sustentable es por su naturaleza una acción interdisciplinar, y que involucra aspectos tan diversos como la conformación de las ciudades, la gestión pública y por supuesto a cómo educar a los futuros profesionales, para vivir y trabajar en una sociedad con más humanidad.



7 de junio de 2016

A 80 años del épico vuelo de Franco Bianco


 
Por Hugo jara Goldenberg
Cuando se viaja hacia Punta Arenas en la comodidad de un vuelo comercial, cuesta imaginar lo difícil que fue la apertura de esa ruta aérea, y muy pocos conocen o recuerdan a los pioneros y visionarios tanto civiles como militares que, muchas veces al costo de sus propias vidas, establecieron los cimientos de esta conexión al extremo austral de nuestro país.

Entre aquellos pioneros se destaca el aviador civil y oficial de reserva de la Fuerza Aérea de Chile (Fach) Franco Bianco (1909-1964), un puntarenense, hijo de inmigrantes italianos, que el 7 de junio de 1936, unió en un épico vuelo de manera directa a Punta Arenas con Puerto Montt.
Franco Bianco desde muy joven se enamoró de la aviación, pero en el avión no sólo vio un medio con el cual materializar el ancestral sueño del vuelo, sino que también lo consideró como el elemento que permitiría terminar con el asfixiante aislamiento que sufría la región magallánica.
Siendo un niño, posiblemente fue testigo del primer vuelo realizado en Punta Arenas por el piloto Luis Omar Page (año 1914) y del primer cruce en vuelo sobre el Estrecho de Magallanes, efectuado por David Fuentes Sosa, en el Blériot 80 HP bautizado “Talcahuano” (año 1916).  Pero sí supo de primera fuente de las aventuras de los aviadores alemanes Gunther Plüschow (1886-1931) y Ernst Dreblow (1892-1931), quienes entre los años 1928 y 1931 exploraron la región magallánica en el avión biplano Heinkel HD-24  Tsingtao”, también conocido como el “Cóndor de Plata”.
Motivado por la labor de los exploradores alemanes trágicamente fallecidos el año 1931 al precipitarse a tierra su aeronave, decide hacer el curso de vuelo, obteniendo su brevet de piloto en 1933, y dada su condición acomodada compra en Inglaterra un avión que causaba furor en las competencias deportivas del viejo continente. Se trataba de una aeronave Miles Hawk Major la que por sus excelentes características de vuelo daría origen a un exitoso linaje que derivaría en el famoso entrenador Miles Magister, en el cual se formaron muchos de los pilotos que volaron con la RAF durante la Segunda Guerra Mundial.
El avión Miles Hawk Major adquirido poseía estructura de madera y era propulsado por un motor de Havilland Gipsy Major de 130 HP.   La aeronave llegó embarcada a Punta Arenas a principios del año 1936 y fue bautizada con el nombre de “Saturno”. Después de armar y poner en vuelo al avión, su flamante propietario comenzó de inmediato las pruebas de largo aliento, adentrándose en los territorios explorados por los aviadores alemanes, dotando para ello a su aeronave de un estanque de combustible extra para aumentar la autonomía, así como de un mejor compás de navegación.
El vuelo
Franco Bianco comenzó a acariciar la idea de unir en vuelo a Punta Arenas con el centro del país, hasta Santiago, al conocer en detalle el trabajo exploratorio realizado por el piloto alemán Plüschow y su copiloto y mecánico  Dreblow, quienes sobrevolaron, fotografiaron, grabaron en película y cartografiaron amplios territorios australes, incluida Tierra del Fuego, el Cabo de Hornos, la cordillera de Darwin y la zona de las glaciares y hielos.  Esta valiosa información le permitió al joven piloto magallánico determinar la mejor ruta para realizar su anhelada travesía, y que debía ser por sobre los Andes patagónicos.
Por lo tanto, una vez recibido su avión comenzó de inmediato la preparación del raid, no descuidando ningún detalle. Considerando que el tramo Punta Arenas-Puerto Montt, con una distancia de 1300 km debía ser en vuelo directo, no solo debía trazar la ruta a seguir, sino que además determinar los puntos de no retorno y posibles lugares de aterrizaje de emergencia, tarea en extremo difícil dada la complicada geografía de la zona austral.  También debía considerar otros factores, tales como la alimentación, elementos de supervivencia y la vestimenta, ya que por ser su avión de cabina abierta, debió dotar a su "traje de vuelo" de calefacción eléctrica.
Debido a que el elemento fundamental para el éxito de la misión lo constituía el factor meteorológico, estaba en contacto directo con el personal del aeródromo y Base Aérea de Bahía Catalina, ubicada 6 km al noreste de Punta Arenas, quienes lo mantenían al tanto de los rudimentarios pronósticos del tiempo que existían en esa época.
Y el día esperado llegó, el día 6 de junio la predicción climática indicaba que el tramo a Puerto Montt estaría con buenas condiciones, por lo que tomó la decisión de iniciar el vuelo en la jornada siguiente. Así, el día domingo 7 de junio de 1936, a las 7:22 am en oscuridad total despega desde el aeródromo de Bahía Catalina. Lo acompañaban unos pocos amigos, quienes encendieron dos antorchas para iluminar el umbral de la pista.
De inmediato pone rumbo norte y se ajusta a la trayectoria tantas veces ensayada. Bajos sus alas pasan Las Torres del Paine, Campos de Hielo, el Monte Fitz Roy, los Lagos O’Higgins, Cochrane y General Carrera.  Pero cuando aún no ha cubierto la mitad del trayecto se hacen presentes los imponderables meteorológicos. La lluvia, techos de nubes bajos y reducida visibilidad, lo obligan a constantes cambios de rumbo y finalmente a “ratonear” a baja altura sobre el mar, hasta llegar a Puerto Montt y aterrizar en la base Aérea de Chamiza a las 17:15 hrs.  De inmediato, por comunicación radiofónica, se informa del feliz acontecimiento a Punta Arenas, en donde sus familiares y amigos estallan en júbilo.
El tramo más difícil había sido cumplido en 9:53 horas de vuelo, y ahora correspondía continuar a Santiago. Lo intentó al día siguiente pero el mal tiempo se lo impidió. El 9 de junio, por fin pudo llegar a la capital y terminar el raid, en un vuelo que resultó menos complicado que el anterior, ya que para la navegación utilizó como referencia la línea férrea, aterrizando finalmente en el aeródromo de Los Cerrillos en el atardecer de aquel día.
La recepción fue triunfal e incluso en los días posteriores fue invitado al palacio de Gobierno por el Presidente de la República Sr. Arturo Alessandrí Palma, audiencia a la que acudió acompañado por el entonces Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile (Fach), el General Diego Aracena.
Pero Bianco estaba ansioso por regresar con los suyos,  y decidió volver a su ciudad natal volando a través de territorio argentino, por ser aquella una ruta mucho más segura. Para ello solicitó los permisos respectivos y el día 27 de junio cruzó la Cordillera de los Andes, a la altura de Cristo Redentor, y comenzó un largo periplo por diversas ciudades y localidades trasandinas. Finalmente, a las 15:45 el día 8 de julio de 1936 aterrizó en el punto de partida de su aventura,  el aeródromo de Bahía Catalina de Punta Arenas.
El recibimiento fue apoteótico, la ciudad se desbordó, caravanas de automóviles, arcos de triunfo, el vitoreo de las multitudes, discursos oficiales, condecoraciones y muchas otras manifestaciones recibieron al valiente aviador. Lo logrado por este joven puntanerense caló profundo en el orgullo magallánico que vio en esta gesta una reivindicación a sus anhelos de integración al resto del territorio nacional.
Consecuencias del vuelo
Al leer la crónica del vuelo, cuesta imaginar las dificultades y peligros que tuvieron que enfrentar este intrépido piloto y su frágil avión. La ruta seguida para llegar a Puerto Montt es una de las más difíciles del mundo, dadas las extremas, impredecibles y siempre cambiantes condiciones climáticas. En esos lugares el paisaje es paradisíaco pero el clima es infernal, y cuando las fuerzas de la naturaleza se desatan, no hay aeronave que resista, y esta dramática realidad la atestiguan los innumerables accidentes aéreos que han ocurrido en esa zona del país.
 Actualmente los pilotos que vuelan comercialmente esa ruta lo hacen en modernos y seguros aviones a reacción y poseen innumerables ayudas, tales como radiofaros, aerovías, señales de aproximación a los aeropuertos, ayudas de las Torres de Control y certeros pronósticos meteorológicos, y dentro del avión disponen de muchos instrumentos que le permiten en cada momento conocer la posición exacta de su aeronave, además de volar a una altitud tal que los pone a resguardo de las mayoría de los fenómenos atmosféricos. Pero Franco Bianco no poseía nada de aquello, volaba a muy baja altitud en un pequeño avión de madera, monomotor y ni siquiera llevaba una radio a bordo, lo cual permite valorar aún más su hazaña. Incluso, los historiadores aeronáuticos están de acuerdo en que el vuelo del puntarenense fue más complicado y peligroso que el primer cruce en solitario del Océano Atlántico realizado por Charles Lindbergh en el año 1927.
El vuelo de Bianco fue noticia nacional e internacional y cumplió con el objetivo que buscaba el piloto: crear conciencia acerca del aislamiento que sufrían las regiones extremas del país, en especial la zona magallánica. Paro aun así, debió transcurrir una década hasta que se pudiera establecer la primera línea comercial con vuelos hacia Punta Arenas, cuando en el año 1946 la Línea Aérea Nacional (LAN), inició sus operaciones regulares en material Lockheed 10A Electra y Douglas DC3.
El avión Miles Hawk Major “Saturno”, matrícula CC-FBB, continuó volando durante mucho tiempo, e incluso en el año 1937 viajo en él como pasajero el reconocido sacerdote, explorador y fotógrafo Alberto DeAgostini.  Actualmente esta noble aeronave se encuentra en exhibición en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio, ubicado en el ex Aeródromo de Los Cerrillos en Santiago, en donde puede ser visitada por la ciudadanía.
 El piloto civil Franco Bianco, una vez consumada la hazaña, fue aclamado y recibió el reconocimiento de las máximas autoridades del país, así como innumerables homenajes y premios nacionales e internacionales,   pero con el paso del tiempo su figura ha sido olvidada.   Al conmemorar los 80 años de su trascendental vuelo, se presenta la oportunidad de que sea nuevamente reconocido por la ciudadanía, ya que él y su gesta constituyen un extraordinario ejemplo de heroísmo civil, y su raid permanecerá en el recuerdo como uno de los vuelos épicos de la historia aeronáutica nacional. 

 

Avión Miles Hawk Major "Saturno", en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio (Foto MNAyE)



 


Referencias bibliográficas:

Plüschow y Dreblow: águilas alemanas en el cielo austral”; Mateo Martinic; FantásticoSur Editorial, (2008)

El Comodoro Arturo Merino Benítez”; Alfonso Cuadrado Merino; Editorial Fuerza Aérea de Chile (1984)

Historia de la Fuerza Aérea de ChileTomo II; Varios autores; Editorial de la Fuerza Aérea de Chile (2001)

Revista de la Fuerza Aérea de Chile, Enero-Febrero-Marzo 1960

 

Sitios Web:




9 de mayo de 2016

El tránsito de Mercurio


Por Hugo Jara Goldenberg

El tránsito es el paso de un planeta por delante del Sol, visto desde la perspectiva terrestre. En el caso del tránsito ocurrido hoy, fue el planeta Mercurio el que se desplazó lentamente sobre la superficie del Astro Rey.

Los tránsitos solo son posibles para los planetas Mercurio y Venus, ya que ellos se encuentran más cerca del Sol que la Tierra. Durante siglos pasados estos fenómenos fueron muy importantes para determinar las dimensiones del Sistema Solar, fundamentalmente para el cálculo de la Unidad Astronómica, que corresponde a la distancia hay que hay entre la Tierra y el Sol.

En el caso del tránsito de Mercurio, éste ocurre cuando la Tierra, Mercurio y el Sol quedan alineados y este fenómeno se presenta en mayo o en noviembre, pero no de todos los años. El tránsito anterior ocurrió el día 8 de noviembre de 2006 y el próximo será el 11 de noviembre de 2019. Durante el Siglo XXI ocurrirán 14 tránsitos de este planeta.


Estudiando los tránsitos de Mercurio, se descubrió una anomalía en su órbita conocida como el desplazamiento del perihelio de Mercurio, el cual sólo pudo ser explicado por Albert Einstein en el año 1915, cuando enunció su famosa Teoría de la Relatividad General. Hace un tiempo, escribí en este Blog un artículo sobre este tema, titulado El Planeta Mercurio y la Teoría de la Relatividad General.

Las siguientes fotos del Tránsito de Mercurio de hoy 9 de mayo de 2016, fueron obtenidas desde el Observatorio Astronómico Antares, a través de un telescopio Celestrón modelo Celestar 8", provisto de filtro solar de mylar, y utilizando una cámara CDD Meade “Deep Sky Imager”.


Lamentablemente el cielo estaba cubierto, y solo a ratos fue posible observar la superficie del Sol, pero siempre con bandas de nubes. De todas las fotos tomadas, rescato las siguientes, en donde es posible observar al escurridizo Mercurio en el lado izquierdo de las tomas.















8 de mayo de 2016

Masones & Libertadores, el amanecer de la República


 
Por Hugo Jara Goldenberg 
Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 8 de mayo de 2016

Con frecuencia se cuestiona la validez de la historia que aprendimos en el colegio, acusándola de ofrecer un relato, a lo menos incompleto, cuando no erróneo, de los hechos pretéritos. Esta circunstancia ha dado espacio para el surgimiento de un nuevo tipo de literatura que ha ganado mucha popularidad por ofrecer una versión renovada del pasado, mostrando el lado “B” de los hechos y sus protagonistas. Apostando a este juego con la historia ha llegado a las librerías la novela “Masones & Libertadores: El amanecer de la República” del abogado Waldo L. Parra, (Editorial Planeta, 2016).
En un relato que atrapa por su dinámica, y que transcurre a principios de siglo XIX, se muestra el actuar de algunos de los personajes que posibilitaron los procesos de independencia de las colonias americanas de España. Desfilando por las páginas de esta novela vemos a varios conocidos, entre ellos a Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Miguel Carrera, Carlos María de Alvear y el almirante Lord Cochrane, entre otros. Pero lo que es novedoso, es el conocer que muchas veces su actuación no se condice con el relato de la historia oficial. 
La propuesta del autor es que el quehacer de algunos de esos personajes, estuvo condicionado por sus nexos con la masonería inglesa, que representando a los intereses de la corona británica, movió sus tentáculos para lograr arrebatar las colonias de América a los españoles. En el relato se destaca Francisco de Miranda, un veterano general que soñaba con la emancipación americana y que fue clave en el adoctrinamiento de los jóvenes criollos que viajaban a la península ibérica a educarse, introduciéndolos en el pensamiento de la ilustración y en los ideales de la libertad y la república, elementos necesarios para dar inicio a los procesos de independencia.  Pero lo que es controversial es el actuar de José de San Martín quien, según la hipótesis que plantea el autor, habría sido parte de una conspiración urdida desde Londres para, a través de los procesos libertarios en Hispanoamérica, posibilitar una posterior influencia insular en las excolonias españolas. 

     El autor ha señalado que esta novela constituye la primera entrega de una trilogía que en forma novelada da una mirada renovada a diferentes hechos históricos.


13 de diciembre de 2015

La vida es matemática



Por Hugo Jara Goldenberg

Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 13 de diciembre de 2015

 Si se hiciera una hipotética encuesta a nivel mundial acerca de la importancia de las matemáticas, es seguro que una amplia mayoría de la población respondería en forma negativa sobre ella. Pero sus defensores, aunque minoría, lo harían con tanto entusiasmo que postularían que las matemáticas constituyen la clave fundamental para comprender adecuadamente a la naturaleza.

Ante este resultado tan abrumador surge inevitable la pregunta ¿Por qué esta ciencia genera tanto rechazo entre la mayoría de las personas?, en circunstancia que la capacidad de pensar y razonar numéricamente es parte fundamental de la capacidad cognitiva de todo ser humano.

Muchos matemáticos, en especial aquellos dedicados a su enseñanza, han aventurado explicaciones a este fenómeno, y entre ellos destaca John Allen Paulos, doctor por la Universidad de Wisconsin, laureado divulgador científico, quien nos presenta su último libro titulado “La vida es matemática” (TusQuest Editores, Serie Metatemas, 2015).

En esta obra, en cierta forma autobiográfica, el autor recurre a sus experiencias personales, con frecuentes recuerdos de su niñez, para mostrarnos cómo la matemática, cual un tejido invisible, envuelve a la realidad cotidiana, determinando que todas nuestras acciones diarias, aunque no nos demos cuenta, estén regidas por invisibles patrones numéricos.

Así, ramas de las matemáticas tan áridas como el cálculo, la teoría de probabilidades y las leyes de la lógica, se transforman en protagonistas de esta autobiografía. Aunque se trata de conceptos complejos, la gran capacidad divulgativa del autor, le permite explicarlas y aplicarlas de manera simple y contextualizada, logrando que el lector, no solo mejore su comprensión de la matemática, sino que también le pierda el miedo.

Un libro alcance de todo lector entusiasta.


 

24 de mayo de 2015

Horizonte vertical



Por Hugo Jara Goldenberg

Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 24 de mayo de 2015

En todos los deportes hay un evento cumbre al cual sueñan llegar todos quienes lo practican. Así cualquier tenista imagina jugar  un Grand Slam, los automovilistas anhelan llegar a la Formula Uno y la máxima aspiración de los montañistas es escalar el Monte Everest, la cumple más alta del mundo con 8848 m.  Chile como país de cordillera ha tenido una larga tradición de escaladores, pero recién el en año 1992, una expedición nacional, liderada por el reconocido andinista y profesor Rodrigo Jordán, pudo hacer cumbre en ese emblemático lugar.
Veintidós años después de esta hazaña, Rodrigo Jordán, en coautoría con el periodista Marcelo Simonetti, nos cuenta su aventura, pero en lugar de utilizar el formato habitual para este tipo de relatos, han elegido hacerlo con una novela.
Se trata de “Horizonte Vertical, Ascensión al Everest”, una novela en la  que  conoceremos a Martín, un joven veinteañero que vive el conflicto de cumplir el deseo de sus padres de estudiar y heredar el negocio familiar, o alcanzar el sueño de ser libre entre las montañas.  En el relato participan también, como protagonistas, los integrantes originales de la expedición. Se trata de los deportistas Rodrigo Jordán, Christian García Huidobro, Claudio Lucero y Alfonso Díaz, quienes guían al inexperto Martín, en la difícil travesía.
La obra nos muestra, en un relato cautivante, todos los detalles y pormenores de la travesía, desde la llegada a Nepal, los viajes interiores hacia la base del Everest, ingresando por el Tíbet, y por supuesto todo es ascenso. También nos enteramos de varios intentos anteriores fallidos, en los cuales se estuvo a metros de alcanzar la cima pero diversas circunstancias impidieron dar el paso final, y en particular es sobrecogedor enterarse de lo que sucedió en el año 1986, cuando en un desafortunado accidente falleció el escalador, Victor Hugo Trujillo, cuyo cuerpo fue sepultado por sus compañeros en la nieve.
 La lectura atrapa y como nunca la imaginación hace su trabajo, transformando al lector en otro protagonista de un viaje épico, que en este caso fue real.



 

17 de mayo de 2015

Al servicio del Reich. La Física en los tiempos de Hitler.



por Hugo Jara Goldenberg


Un extracto  de esta reseña fue publidada en el diario El Sur, el 3 de mayo de 2015.

Cuando se piensa en la ciencia como en la búsqueda de la comprensión del Universo, libre de todo dogma o fundamentalismo, parece natural imaginarla como una actividad prístina, ajena a todas las mezquinas preocupaciones mundanas. Incluso Albert Einstein decía que la ciencia "es una empresa sin fronteras e independiente de cualquier credo o país".

Sin embargo, por ser la ciencia una creación cultural, resulta inevitable que se contamine con las bajezas que con frecuencia surgen de la condición humana. Esta situación  se puede producir, por ejemplo, cuando los científicos se ven atrapados en regímenes totalitarios y deben someter su actuar profesional a intereses ajenos al ideal de una investigación al servicio de la humanidad.

Un caso palpable de esta subyugación de la ciencia al poder político dictatorial se dio en Alemania durante la época del nazismo (1933-1945), y de ella nos cuenta el químico y Doctor en Física Philip Ball, en el libro titulado "Al servicio del Reich, La física en los tiempos de Hitler", Editorial Turner Noema (2014).

En un relato ameno y muy bien documentado, se muestra cómo se desarrolló la intervención del poder político-militar nazi en el quehacer del mundo científico, que en aquella época era pionero a nivel mundial, ya que basta con recordar que durante los primeros 30 años de entrega de los premios Nobel, que se empezaron a otorgar en año 1901, lo ganaron 25 científicos alemanes, principalmente en física y química.

La trama de la obra se centra en tres personajes, se trata de los científicos, Max Planck (Nobel de Física 1918), Werner Heisenberg (Nobel de Física 1932) y el holandés formado académicamente en Alemania, Peter Debye (Nobel de Química 1936), todos ellos de innegable valía intelectual e incluidos entre los padres de la ciencia del siglo XX. Pero de los cuales, a la luz de estudios recientes, se ha comenzado a cuestionar su actuar frente a las autoridades políticas de la época, al considerarse que si bien posiblemente no simpatizaban con el nazismo, no hicieron mucho por oponerse a sus excesos,  escudándose en la supuesta neutralidad de la ciencia.

Aunque juzgarlos a posteriori parece improcedente, el autor insiste en que es necesario analizar el rol que jugaron estos científicos, y otros personajes,  en el apoyo directo a la consolidación del estado nazi, y la pasividad mostrada ante las políticas de persecución racial, que llevó a la muerte a muchos de sus colegas de origen judío, y obligó a otros  a huir de Alemania, como fue el caso de Albert Einstein y la física austríaca Lise Meitner, entre tanto otros.

En el prólogo del libro, el autor señala que estos tres personajes claramente no fueron héroes, pero tampoco fueron villanos. Como muchos otros ciudadanos alemanes, se vieron obligados a sobrevivir en período difícil y peligroso y "cada uno se preocupó de preservar hasta donde fuese posible su propia carrera, autonomía e influencia",

Con éste, su último libro, Philip Ball  logra el objetivo de desmitificar la idea de que la ciencia es apolítica, y nos confirma que al igual que todo producto cultural, inevitablemente la actividad científica será permeable a los intereses políticos, económicos y militares que la rodeen.

 

5 de abril de 2015

Guía de un astronauta para vivir en la Tierra



Por Hugo Jara Goldenberg


Un extracto  de esta reseña fue publidada en el diario El Sur, el 5 de abril de 2015.

Si hay algo que caracteriza a la especie humana es el deseo de explorar y conocer nuevos territorios, después de todo fue ese afán el  que nos permitió, como especie, colonizar todo el planeta. Así en cada época histórica podemos encontrar a intrépidos aventureros que, enfrentando los riesgos más extremos,  fueron extendiendo los límites del conocimiento y el espacio vital de la humanidad. Ahora, en pleno siglo XXI, una de las nuevas  fronteras a la que nos enfrentamos es la exploración del Espacio.

Y aquí, los modernos exploradores,  émulos de Colón, Vasco de Gama, Magallanes y tantos otros, son los astronautas. Pero a estos viajeros espaciales los vemos lejanos.  Después de todo constituyen un grupo exclusivo de individuos, elegidos entre miles, y que poseen características y capacidades físicas e intelectuales muy por sobre la media del común de los mortales.  De sus hazañas sólo sabemos a través de las notas de prensa y documentales de televisión.

Sin embargo hay un astronauta que se ha destacado del resto en su afán de compartir su experiencia con el ciudadano común. Se trata Chris Hadfield, Coronel (Retirado) de la Fuerza Aérea canadiense, y el primero de su país en viajar al Espacio.

Hadfield se ha hecho conocido en las redes sociales debido a que durante su última permanencia en el Espacio, que se extendió por cinco meses, entre diciembre de 2012 y mayo de 2013, realizó una serie de videos desde la órbita de la Tierra, los cuales publicó en Youtube y recibieron millones de visitas.

Resumiendo todas sus vivencias, producto de permanecer más de 4000 horas en el Espacio, este astronauta  ha publicado un libro titulado “Guía de un astronauta para vivir en la Tierra”, Ediciones B (2014),  en el cual no sólo nos cuenta de su experiencia fuera de la Tierra, sino que también nos hace partícipes de la filosofía de vida que ha logrado desarrollar producto de la rigurosa formación a la que debió someterse para transformarse en un viajero espacial.

En un relato ameno, seremos testigos de los sueños que fraguo siendo aún un niño, cuando observó  el alunizaje de la Apollo 11 en el año 1969. Al ver a Neil Armstrong caminar en la Luna, el pequeño Chris decidió que también él sería astronauta. Pero sus posibilidades de ir al espacio eran menos que nulas, ya que no era estadounidense y su país no poseía una agencia espacial. Sin embargo no se amilanó y se preparó para esa meta tal como si sus posibilidades fueran altas. Así,  siguió los pasos lógicos para cumplir ese anhelo, por lo que primero se hizo aviador militar llegando a ser un experimentado piloto de pruebas. De esta manera, cuando Canada recibió un cupo para enviar un astronauta al Espacio, él ya estaba preparado.

Sus veinte años de experiencia como astronauta impregnan las páginas del libro. Las anécdotas, datos curiosos, experimentos científicos y la explicación de cómo las cosas cotidianas funcionan en el Espacio desfilan una tras otra.  Sin embargo, además de la aventura, el mensaje que nos  transmite el Coronel Chris Hadfiel, es que jamás debemos abandonar los sueños, pero que tampoco debemos olvidar que éstos sólo se alcanzan con esfuerzo y trabajo arduo.

 

31 de julio de 2014

El último vuelo de Saint-Exupery




Por Hugo Jara Goldenberg

El 31 de julio de 1944, hace hoy  70 años,  emprendió el vuelo hacía la eternidad el escritor y piloto francés Antoine de Saint Exupery, universalmente conocido por su obra  "El Principito".  En aquel ya lejano día, le correspondía cumplir su  novena  misión de guerra, la última de las que estaba autorizado a realizar, y que  consistía en llevar a cabo un vuelo de reconocimiento fotográfico sobre la zona Oeste de Lyon.

Recordemos que en junio de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, se había producido el desembarco de Normandía, y las fuerzas aliadas habían comenzado la arremetida final contra las tropas alemanas. Pero era importante abrir un segundo frente sobre las costa mediterránea  de Francia para presionar más a los alemanes, y era precisamente en el marco de la preparación de un desembarco en esa zona, que se realizaban a diario vuelos de reconocimiento fotográfico, como el que cumplía Saint-Exupery el día de su muerte.

Se trataba de misiones extenuantes, de hasta seis horas de duración, realizadas a 10.000 m de altitud, que tenían por objetivo  fotografiar, con  cámaras de alta precisión, el territorio sobrevolado. Los pilotos tenían que hacer un trabajo muy difícil que consistía en efectuar pasadas longitudinales manteniendo constante la velocidad, altitud y rumbo. Y luego volar en el  rumbo recíproco repitiendo  el procedimiento, pero con una separación de algunos kilómetros. De este modo, se lograba un barrido fotográfico completo de amplias zonas geográficas, los cuales eran posteriormente analizados para conocer la disposición de las fuerzas enemigas.

Pero es necesario  insistir en que estas misiones eran en extremo agotadoras y peligrosas,  no sólo por su larga duración, gran altitud de vuelo y por la precisión con la que debía efectuarse el "mapping" fotográfico,  sino también por la presión que significaba el estar permanentemente atento a la presencia de aviones caza enemigos, considerando que no tenían cómo defenderse,  ya que el avión utilizado para estos vuelos, era el caza pesado bimotor Lockheed P-38 Lightning, en su versión F-5B, el cual en vez del habitual  cañón de 20 mm y las cuatro ametralladoras de 12,5 mm,  portaba cuatro cámaras fotográficas. En el caso de ser atacados por aviones enemigos la única alternativa era huir aprovechando la mayor velocidad de este avión bimotor.

Avión P38 F5B, similar al que volaba Saint-Exupery,  obsérvese
en la parte delantera los orificios de las cámaras fotográficas


El escuadrón de Saint-Exupery, perteneciente a las Fuerzas Francesas Libres,  estaba basado en la isla de Córcega, y desde ahí se dirigían a sobrevolar el territorio francés, entonces ocupado por las tropas alemanas. Como los vuelos eran tan cansadores el sistema de turnos dejaba  a los pilotos varios días de descanso, y la siguiente salida de Saint-Exupery fue programado para el día 31 de julio de 1944 (su vuelo anterior lo había realizado el 18 de julio).

Aquel día, Sain-Exupery  se levantó muy temprano, y después del desayuno fue llevado a la base de operaciones.  Ahí  comenzó el largo procedimiento del prevuelo y a las 8:45 am finalmente despegó en su avión, que tenía el número de matrícula 223, y de inmediato  se dirigió a la región a fotografiar.

Su plan de vuelo, señalaba que debía retornar alrededor del mediodía, pero llegó la hora estimada del aterrizaje y no apareció. De inmediato surgió la preocupación y sus compañeros lo esperaron impacientes en la pista del aeródromo.  El tiempo avanzaba rápido y ya a las 14:30 se le dio por perdido, ya que a esa hora se le habría acabado el combustible. En medio de la consternación general  el oficial de operaciones registró en el libro de vuelo la siguiente anotación: "Pilot did not return and is presumed lost" ("piloto no regreso y se presume perdido").

De inmediato se inició una búsqueda que no dio resultados, y a partir de ese momento su desaparición se transformó en  un misterio en torno al cual se tejieron toda suerte de conjeturas, incluso algunos sugerían que podía seguir con vida. Pero no, ese día Antoine de Saint-Exupery había fallecido, y lo hizo haciendo una de las cosas que más lo apasionaba: volar.

Durante mucho tiempo se le buscó infructuosamente, hasta que por casualidad en el año 1998, un pescador encontró, en la región de Marsella, entre sus redes una pulsera que tenía grabado el nombre del piloto y el de su esposa.  Posteriormente en el año 2000 fueron descubiertos, en la misma zona, los restos de una avión P38 Lightning, los que después de ser sometidos a un exhaustivo análisis de arqueología submarina, fueron confirmados como los restos del avión de Saint-Exupery.  Con respecto a su cuerpo, nunca fue recuperado, aunque unos días después de su desaparición, y a varios kilómetros del lugar de la caída ahora conocido, se reportó el hallazgo de los restos de un militar, el que en su momento no fue identificado y se le sepultó como NN en un lugar del que no hay registro, por lo cual nunca se sabrá si era ése su cadáver.

Pulsera de Saint-Exupery, encontrada en
el fondo del mar


En lo referido a la causa de su muerte, también es una incógnita. No se sabe si fue derribado por una avión enemigo o sufrió un accidente.  Incluso se baraja la posibilidad de que se haya dejado derribar o cometido suicidio, esta última hipótesis se fundamenta en algunas señales que dejó el aviador las cuales, a posteriori, se han interpretado como propias de un estado de ánimo sombrío, en donde intuía que su fin estaba cerca, y que incluso presentía que aquel sería su último vuelo. Por otra parte, dos pilotos alemanes afirmaron que ese día volaron en esa zona y que derribaron a un avión de características similares al de Saint-Exupery, sin embargo estas versiones nunca  pudieron ser verificadas.

Así, rodeado por un profundo misterio, el 31 de julio de 1944 dejó este mundo uno de los más destacados escritores del siglo XX, y un piloto pionero de la época heroica de la aviación comercial, pero ese mismo día Antoine de Saint-Exupery entró en la leyenda como un gigante de la literatura universal, un "mundo"  en el cual  permanecerá eternamente vivo.

Para conocer más detalles de este piloto y escritor los invito a leer un texto que hace algunos años escribí para el Diario El Sur, titulado La inmortalidad de Saint-Exupery, el cual también esta publicado en este Blog (ver aquí...)


29 de junio de 2014

Un reloj al revés


Reloj en la fachada del Congreso de Bolivia


Por Hugo Jara Goldenberg

Una  noticia curiosa que recorrió los medios de prensa esta semana hacía referencia a que en Bolivia,  a partir de ahora, los relojes oficiales  marcan las horas al revés,  hecho confirmando  con una foto del aparato instalado en la fachada del edificio del Poder Legislativo. (Ver aquí la nota de prensa publicada por El Mostrador).

Según las autoridades del país altiplánico, con esta medida se busca simbolizar el deseo de cambio político de esa nación y de adoptar la identidad cultural milenaria de los pueblos del  Sur del mundo,  e incluso el presidente de la Cámara de Diputados señaló que "En el Sur nacen las ideologías que pretenden cambiar el mundo de injusticias del Norte".

Por supuesto que este nuevo reloj ha generado controversia,  y  los comentarios surgieron de inmediato inundando las redes sociales. La mayoría de las personas que han manifestado su opinión, lo han hecho en tono de burla, considerando a este invento como una muestra palpable de la falta de seriedad de muchos gobernantes de América Latina, que periódicamente recurren los más inverosímiles recursos para desviar la atención de los graves problemas internos que se viven en sus respectivos países.  Pero en este caso, ¿nos encontramos  ante otra excentricidad de Evo Morales, o hay alguna razón objetiva que avale a esta nueva forma de ver avanzar las horas en el reloj?

Mundo al revés

Aunque para la mayoría de las  personas pueda pasar desapercibido, entre los  hemisferios Sur y Norte existen muchas diferencias, y entre ellas está precisamente la forma de representar espacialmente el avance horario del tiempo.

Así, al estudiar a los diversos pueblos  ancestrales del Sur de mundo, podemos observar patrones culturales similares (rituales, danzas, etc), que representaban, el desplazamiento del Sol, y en consecuencia el avance de las horas del día, en el sentido antihorario. Situación totalmente opuesta a lo que ocurría con las culturas del  hemisferio Norte, las cuales seguían el  movimiento del Sol, en el sentido horario.

Para conocer en detalle la explicación de esta diferencia, los invito a leer un artículo que publiqué hace algún tiempo en este mismo Blog, titulado "Hemisferio Sur: un mundoal revés".


A la luz de lo que señalo es ese texto, podemos ver que la propuesta del gobierno boliviano es válida ya que en ella reivindica la forma milenaria de observar el avance de las horas, que tenían los pueblos andinos. Sin embargo, tal como lo expreso en la parte final de ese artículo, por el hecho de vivir en un sociedad globalizada, debemos resignarnos a adherir a formas únicas de representar ciertos aspectos de la realidad, entre ellos el tiempo. Aunque claro, si utilizamos un reloj digital, ahí sí que no hay ninguna diferencia al usarlos  en los Hemisferios Sur y Norte. 



21 de junio de 2014

Referencia en la Real Sociedad Matemática Española



Navegando por Internet me encontré con el portal Web de la Real Sociedad Matemática Española (RSME), y entre sus entradas hay una noticia acerca del  geofísico e ingeniero serbio Milutin Milankovitch (1879-1958), reconocido por haber propuesto una teoría que explica el fenómeno de las glaciaciones, por las variaciones de la órbita de la Tierra.  Lo interesante es que al final de la nota, en la sección "más información", aparece la referencia a un artículo que escribí hace algunos años sobre ese tema. (ver la nota de la RSME aquí).

En el ensayo referenciado, titulado "Milankovitch y las causas astronómicas del cambio climático", explico en forma muy detallada los alcances de dicha teoría.  En su momento dicho trabajo también fue publicado en la revista TauZero.




7 de marzo de 2014

Kepler, Herschel y Planck dejaron de funcionar






Por Hugo Jara Goldenberg


Como ya se ha comentado en este Blog, las mejores condiciones para observar la radiación electromagnética que llega desde el Universo se dan fuera de la atmósfera terrestre, y para ello desde hace ya mucho tiempo se están llevando instrumentos  al Espacio. El año 2009 fue especialmente fructífero con respecto a este tema, ya que entraron en operación los Telescopios Espaciales Kepler, Herschel y Planck. (ver artículo)


Se trataba de tres complejos Observatorios que debían cumplir misiones muy específicas. La tarea del Telescopio Espacial Kepler (Nasa), era buscar planetas extrasolares,  el Heschel (ESA) tenía que observar el Universo en infrarrojo y el telescopio Planck (ESA) debía observar el fondo de microondas (el eco del BigBang).


Debido a las extremas condiciones del Espacio Exterior la vida útil de estos observatorios  es bastante breve, y se planifican solo para algunos años (dos o tres), aunque en la práctica suelen duran algo más. Por lo anterior no debe sorprender que estos tres telescopios espaciales hayan dejado de funcionar durante el año 2013.


El primero en dejar de operar fue el Telescopio Espacial Herschel de la ESA, hecho que fue informado en una entrada anterior de este Blog. (ver artículo).



Se apaga Planck


Durante el mes de octubre de 2013, y de acuerdo a planificado, le llegó su hora al Telescopio Espacial Planck, Este telescopio  se apagó después de estudiar durante más de cuatro años, con gran detalle, los restos de la radiación del Big Bang, lo que nos permitió mejorar nuestro conocimiento del Universo temprano, tal como era 380.000 años después de su nacimiento.


El objetivo original de la misión era realizar un plano detallado de la Radiación Cósmica de Microondas (CMB), que es un mapa que muestra la distribución de masa en el Universo primitivo, en función de pequeñas fluctuaciones de temperatura que corresponden a regiones que en ese entonces presentaban leves diferencias de densidad, y de las cuales posteriormente se formarían las primeras estrellas y galaxias.


Para poder captar esta radiación de baja energía  los instrumentos debían funcionar a la menor temperatura posible, es decir cercanas al Cero Absoluto (-273.15°C), condición necesaria para que el calor de la propia nave y sus instrumentos no alteraran las débiles señales  de microondas que llegan del espacio profundo. Para alcanzar estas bajas temperaturas, se llevaba a bordo elementos refrigerantes que permitían que los instrumentos funcionaran a sólo una décima de grado por sobre el Cero Absoluto.


El proceso de término de esta misión fue totalmente planificado y realizado de manera gradual, a medida que se agotaba los gases refrigerantes.  En agosto de 2013 la nave fue sacada de su órbita operacional en el punto Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra, y llevado a una órbita en torno al Sol más alejada de la Tierra. Posteriormente se fueron  desconectando los diversos instrumentos de abordo, hasta que el día 19 de octubre de apago el transmisor principal marcando el final de esta misión.




El turno de Kepler


También durante el  año 2013 presenciamos el fin de la misión Kepler, pero a diferencia de las naves europeas, su término fue una sorpresa ya que había expectativas de que durara más tiempo.


En el caso de los Telescopios Espaciales de la Agencia Europea del Espacio, su término estaba calculado de antemano ya que dependía de la cantidad de elementos refrigerantes que llevaban a bordo. El telescopio Kepler, en tanto, no requería de condiciones de temperatura muy especiales para cumplir con su cometido. Pero sí necesitaba de elementos de orientación muy precisos que le permitieran observar en forma manera permanente, una zona muy específica de nuestra galaxia, apuntando a un grupo de más de 100.000 estrellas de características parecidas a nuestro Sol. Para ello disponía de volantes inerciales (giróscopos), que le permitían mantener fijo el punto de observación.


 Para realizar sus observaciones necesitaba tres volantes inerciales y llevaba uno de reserva. Sin embargo, a poco de iniciada la misión falló un volante y en mayo del 2013 dejó de funcionar otro.  Con sólo dos giróscopos operativos era imposible apuntar con la precisión requerida, y después de muchos intentos por reparar algunos de los dos volantes defectuosas, la Nasa anunció oficialmente en agosto de este año que la misión Kepler llegaba a su fin en su tarea de cazador de exoplanetas,




Segunda vida para Kepler


Pero como ópticamente el Telescopio Espacial Kepler está aún a plena capacidad, la NASA decidió darle un nuevo uso, y para ello invitó a la comunidad científica para que propusiera proyectos de observación realizables en las nuevas condiciones de la nave. Se presentaron más de 40 propuestas, algunas de ellas con la idea de seguir en la cacería de exoplanetas,  pero otras de naturaleza muy distinta como dedicarlo al estudio de la sismología estelar en el Cúmulo Abierto NGC2244, o a la búsqueda de objetos rocosos de gran tamaño en órbita cercana a la Tierra, y que posean una trayectoria con alto riesgo de colisión.


Sin embargo, según las últimas noticias entregadas por la NASA, se optaría finalmente por continuar con la cacería de exoplanetas,  y para ello se ha rebautizaría a la misión como Kepler K2, nombre que tiene una doble significación,  primero porque se trata de una segunda vida para el Telescopio Espacial Kepler, y por otra parte por el hecho de operar con solo dos volantes inerciales de estabilización.


En concreto esta misión, que sería aprobada en el mes de marzo de este año, continuaría con la búsqueda de planetas extrasolares, pero con una menor precisión que la Kepler original, y a diferencia de ésta observará distintas zonas de la Galaxía, Para suplir la falta de un tercer giróscopo se aprovechará la presión que ejercería el viento solar sobre unos de los lados de la nave si es que ésta se orientara con su eje longitudinal tangente a la órbita. Mediante esta  técnica se puede recuperar parcialmente la estabilidad en tres ejes, condición necesaria para asegurar que las observaciones permitan identificar planetas orbitando alrededor de otras estrellas, aunque claro con menores prestaciones que la nave Kepler original, pero aún así, con observaciones de mucho mejor calidad que las que se podrían realizar desde la superficie de la Tierra.


De esta forma se estima que el Telescopio Espacial Kepler podría continuar funcionando por unos dos o tres años más, incrementando su record como cazador de exoplanetas, que en estos momentos es de 961 confirmados y 3845 candidatos, datos consignados en el sitio oficial de la misión.




Éxito total


Finalmente es importante señalar que aunque estas misiones fueron breves en términos de vida operacional, la cantidad de información que se acumuló con sus observaciones es de tal magnitud, que mantendrá a científicos de todo el mundo trabajando durante años intentando comprender de mejor forma el origen y el destino de  nuestro Universo. Por lo tanto los esfuerzos y recursos hechos e invertidos en enviar al Espacio a Kepler, Herschel y Planck están plenamente justificados.