7 de junio de 2016

A 80 años del épico vuelo de Franco Bianco


 
Por Hugo jara Goldenberg
Cuando se viaja hacia Punta Arenas en la comodidad de un vuelo comercial, cuesta imaginar lo difícil que fue la apertura de esa ruta aérea, y muy pocos conocen o recuerdan a los pioneros y visionarios tanto civiles como militares que, muchas veces al costo de sus propias vidas, establecieron los cimientos de esta conexión al extremo austral de nuestro país.

Entre aquellos pioneros se destaca el aviador civil y oficial de reserva de la Fuerza Aérea de Chile (Fach) Franco Bianco (1909-1964), un puntarenense, hijo de inmigrantes italianos, que el 7 de junio de 1936, unió en un épico vuelo de manera directa a Punta Arenas con Puerto Montt.
Franco Bianco desde muy joven se enamoró de la aviación, pero en el avión no sólo vio un medio con el cual materializar el ancestral sueño del vuelo, sino que también lo consideró como el elemento que permitiría terminar con el asfixiante aislamiento que sufría la región magallánica.
Siendo un niño, posiblemente fue testigo del primer vuelo realizado en Punta Arenas por el piloto Luis Omar Page (año 1914) y del primer cruce en vuelo sobre el Estrecho de Magallanes, efectuado por David Fuentes Sosa, en el Blériot 80 HP bautizado “Talcahuano” (año 1916).  Pero sí supo de primera fuente de las aventuras de los aviadores alemanes Gunther Plüschow (1886-1931) y Ernst Dreblow (1892-1931), quienes entre los años 1928 y 1931 exploraron la región magallánica en el avión biplano Heinkel HD-24  Tsingtao”, también conocido como el “Cóndor de Plata”.
Motivado por la labor de los exploradores alemanes trágicamente fallecidos el año 1931 al precipitarse a tierra su aeronave, decide hacer el curso de vuelo, obteniendo su brevet de piloto en 1933, y dada su condición acomodada compra en Inglaterra un avión que causaba furor en las competencias deportivas del viejo continente. Se trataba de una aeronave Miles Hawk Major la que por sus excelentes características de vuelo daría origen a un exitoso linaje que derivaría en el famoso entrenador Miles Magister, en el cual se formaron muchos de los pilotos que volaron con la RAF durante la Segunda Guerra Mundial.
El avión Miles Hawk Major adquirido poseía estructura de madera y era propulsado por un motor de Havilland Gipsy Major de 130 HP.   La aeronave llegó embarcada a Punta Arenas a principios del año 1936 y fue bautizada con el nombre de “Saturno”. Después de armar y poner en vuelo al avión, su flamante propietario comenzó de inmediato las pruebas de largo aliento, adentrándose en los territorios explorados por los aviadores alemanes, dotando para ello a su aeronave de un estanque de combustible extra para aumentar la autonomía, así como de un mejor compás de navegación.
El vuelo
Franco Bianco comenzó a acariciar la idea de unir en vuelo a Punta Arenas con el centro del país, hasta Santiago, al conocer en detalle el trabajo exploratorio realizado por el piloto alemán Plüschow y su copiloto y mecánico  Dreblow, quienes sobrevolaron, fotografiaron, grabaron en película y cartografiaron amplios territorios australes, incluida Tierra del Fuego, el Cabo de Hornos, la cordillera de Darwin y la zona de las glaciares y hielos.  Esta valiosa información le permitió al joven piloto magallánico determinar la mejor ruta para realizar su anhelada travesía, y que debía ser por sobre los Andes patagónicos.
Por lo tanto, una vez recibido su avión comenzó de inmediato la preparación del raid, no descuidando ningún detalle. Considerando que el tramo Punta Arenas-Puerto Montt, con una distancia de 1300 km debía ser en vuelo directo, no solo debía trazar la ruta a seguir, sino que además determinar los puntos de no retorno y posibles lugares de aterrizaje de emergencia, tarea en extremo difícil dada la complicada geografía de la zona austral.  También debía considerar otros factores, tales como la alimentación, elementos de supervivencia y la vestimenta, ya que por ser su avión de cabina abierta, debió dotar a su "traje de vuelo" de calefacción eléctrica.
Debido a que el elemento fundamental para el éxito de la misión lo constituía el factor meteorológico, estaba en contacto directo con el personal del aeródromo y Base Aérea de Bahía Catalina, ubicada 6 km al noreste de Punta Arenas, quienes lo mantenían al tanto de los rudimentarios pronósticos del tiempo que existían en esa época.
Y el día esperado llegó, el día 6 de junio la predicción climática indicaba que el tramo a Puerto Montt estaría con buenas condiciones, por lo que tomó la decisión de iniciar el vuelo en la jornada siguiente. Así, el día domingo 7 de junio de 1936, a las 7:22 am en oscuridad total despega desde el aeródromo de Bahía Catalina. Lo acompañaban unos pocos amigos, quienes encendieron dos antorchas para iluminar el umbral de la pista.
De inmediato pone rumbo norte y se ajusta a la trayectoria tantas veces ensayada. Bajos sus alas pasan Las Torres del Paine, Campos de Hielo, el Monte Fitz Roy, los Lagos O’Higgins, Cochrane y General Carrera.  Pero cuando aún no ha cubierto la mitad del trayecto se hacen presentes los imponderables meteorológicos. La lluvia, techos de nubes bajos y reducida visibilidad, lo obligan a constantes cambios de rumbo y finalmente a “ratonear” a baja altura sobre el mar, hasta llegar a Puerto Montt y aterrizar en la base Aérea de Chamiza a las 17:15 hrs.  De inmediato, por comunicación radiofónica, se informa del feliz acontecimiento a Punta Arenas, en donde sus familiares y amigos estallan en júbilo.
El tramo más difícil había sido cumplido en 9:53 horas de vuelo, y ahora correspondía continuar a Santiago. Lo intentó al día siguiente pero el mal tiempo se lo impidió. El 9 de junio, por fin pudo llegar a la capital y terminar el raid, en un vuelo que resultó menos complicado que el anterior, ya que para la navegación utilizó como referencia la línea férrea, aterrizando finalmente en el aeródromo de Los Cerrillos en el atardecer de aquel día.
La recepción fue triunfal e incluso en los días posteriores fue invitado al palacio de Gobierno por el Presidente de la República Sr. Arturo Alessandrí Palma, audiencia a la que acudió acompañado por el entonces Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile (Fach), el General Diego Aracena.
Pero Bianco estaba ansioso por regresar con los suyos,  y decidió volver a su ciudad natal volando a través de territorio argentino, por ser aquella una ruta mucho más segura. Para ello solicitó los permisos respectivos y el día 27 de junio cruzó la Cordillera de los Andes, a la altura de Cristo Redentor, y comenzó un largo periplo por diversas ciudades y localidades trasandinas. Finalmente, a las 15:45 el día 8 de julio de 1936 aterrizó en el punto de partida de su aventura,  el aeródromo de Bahía Catalina de Punta Arenas.
El recibimiento fue apoteótico, la ciudad se desbordó, caravanas de automóviles, arcos de triunfo, el vitoreo de las multitudes, discursos oficiales, condecoraciones y muchas otras manifestaciones recibieron al valiente aviador. Lo logrado por este joven puntanerense caló profundo en el orgullo magallánico que vio en esta gesta una reivindicación a sus anhelos de integración al resto del territorio nacional.
Consecuencias del vuelo
Al leer la crónica del vuelo, cuesta imaginar las dificultades y peligros que tuvieron que enfrentar este intrépido piloto y su frágil avión. La ruta seguida para llegar a Puerto Montt es una de las más difíciles del mundo, dadas las extremas, impredecibles y siempre cambiantes condiciones climáticas. En esos lugares el paisaje es paradisíaco pero el clima es infernal, y cuando las fuerzas de la naturaleza se desatan, no hay aeronave que resista, y esta dramática realidad la atestiguan los innumerables accidentes aéreos que han ocurrido en esa zona del país.
 Actualmente los pilotos que vuelan comercialmente esa ruta lo hacen en modernos y seguros aviones a reacción y poseen innumerables ayudas, tales como radiofaros, aerovías, señales de aproximación a los aeropuertos, ayudas de las Torres de Control y certeros pronósticos meteorológicos, y dentro del avión disponen de muchos instrumentos que le permiten en cada momento conocer la posición exacta de su aeronave, además de volar a una altitud tal que los pone a resguardo de las mayoría de los fenómenos atmosféricos. Pero Franco Bianco no poseía nada de aquello, volaba a muy baja altitud en un pequeño avión de madera, monomotor y ni siquiera llevaba una radio a bordo, lo cual permite valorar aún más su hazaña. Incluso, los historiadores aeronáuticos están de acuerdo en que el vuelo del puntarenense fue más complicado y peligroso que el primer cruce en solitario del Océano Atlántico realizado por Charles Lindbergh en el año 1927.
El vuelo de Bianco fue noticia nacional e internacional y cumplió con el objetivo que buscaba el piloto: crear conciencia acerca del aislamiento que sufrían las regiones extremas del país, en especial la zona magallánica. Paro aun así, debió transcurrir una década hasta que se pudiera establecer la primera línea comercial con vuelos hacia Punta Arenas, cuando en el año 1946 la Línea Aérea Nacional (LAN), inició sus operaciones regulares en material Lockheed 10A Electra y Douglas DC3.
El avión Miles Hawk Major “Saturno”, matrícula CC-FBB, continuó volando durante mucho tiempo, e incluso en el año 1937 viajo en él como pasajero el reconocido sacerdote, explorador y fotógrafo Alberto DeAgostini.  Actualmente esta noble aeronave se encuentra en exhibición en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio, ubicado en el ex Aeródromo de Los Cerrillos en Santiago, en donde puede ser visitada por la ciudadanía.
 El piloto civil Franco Bianco, una vez consumada la hazaña, fue aclamado y recibió el reconocimiento de las máximas autoridades del país, así como innumerables homenajes y premios nacionales e internacionales,   pero con el paso del tiempo su figura ha sido olvidada.   Al conmemorar los 80 años de su trascendental vuelo, se presenta la oportunidad de que sea nuevamente reconocido por la ciudadanía, ya que él y su gesta constituyen un extraordinario ejemplo de heroísmo civil, y su raid permanecerá en el recuerdo como uno de los vuelos épicos de la historia aeronáutica nacional. 

 

Avión Miles Hawk Major "Saturno", en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio (Foto MNAyE)



 


Referencias bibliográficas:

Plüschow y Dreblow: águilas alemanas en el cielo austral”; Mateo Martinic; FantásticoSur Editorial, (2008)

El Comodoro Arturo Merino Benítez”; Alfonso Cuadrado Merino; Editorial Fuerza Aérea de Chile (1984)

Historia de la Fuerza Aérea de ChileTomo II; Varios autores; Editorial de la Fuerza Aérea de Chile (2001)

Revista de la Fuerza Aérea de Chile, Enero-Febrero-Marzo 1960

 

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