Mostrando las entradas con la etiqueta año 2005. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta año 2005. Mostrar todas las entradas

1 de septiembre de 2006

La biografía, un género literario poderoso (11 diciembre 2005)

La detallada vida de un prócer, presente o pretérito, puede transformarse en narrativa tanto amena como didáctica, por oficio de un escritor desprejuiciado, consciente de que jamás contará la verdad, sino sólo aproximaciones a los hechos

Por Hugo Jara Goldenberg
Publicado en el diario El Sur, el 11 de diciembre de 2005.

En los escaparates de las librerías podemos observar que una gran cantidad de los textos en exhibición corresponden a biografías. Entre ellas las hay de personajes de todas las épocas; y no sólo de aquellos que se ganaron el derecho a ser reconocidos por las nuevas generaciones por su gravitación, positiva o negativa, en el desarrollo de la civilización. También de ciertos individuos, algunos de dudosa reputación, sin más mérito que el ser conocidos en el mundo de la farándula, que encargan la publicación de sus biografías, las cuales muchas veces se transforman en best sellers.

La biografía consiste en la narración de sucesos referidos a una misma persona. Según la clasificación académica la “biografía” corresponde a una categoría de la Historia, de la cual hay también otras variantes como la “autobiografía” o las “memorias”. Los orígenes de este género literario son muy antiguos y se considera a Plutarco, el famoso filósofo e historiador griego, como el creador de la biografía al retratar en su obra “Vidas paralelas”, a famosos personajes de su época. Plutarco se preocupó de resaltar los aspectos sicológicos y morales de los protagonistas, descuidando la estricta verdad histórica, su objetivo era ofrecer a sus lectores, antes que nada, modelos de virtud y rectitud de vida. Esta forma de entender la “biografía” se extendió durante toda la Edad Media, en donde el cristianismo difundió por este formato la vida de los santos de la Iglesia, como una forma de transmitir su mensaje evangelizador.

Pero es en el Renacimiento cuando la “biografía” adquiere su forma moderna. Famosos personajes como Nicolás y Giorgio Vasari incursionaron en ella. Pero especialmente importante es este último, quien, aunque fue un artista y arquitecto, es reconocido como uno de los más excelsos representantes del Cinquecento italiano por su rol de historiador y biógrafo. En 1550 publicó su obra “Vidas”, en donde figura una selección de los 120 artistas más representativos del arte italiano, en un período de varios siglos. Gracias a su monumental obra podemos conocer de primera fuente a artistas como El Giotto, Leonardo da Vinci y Miguel Angel.

Las cartas

Actualmente se exige que la biografía posea características de imparcialidad y rigor histórico, por lo cual se da gran importancia a la búsqueda de documentos, correspondencia o cualquier otro medio que permita ubicar al personaje biografiado, en un adecuado y riguroso contexto histórico, social y político. En este escenario se valora el estudio de la correspondencia postal, la cual fue durante mucho tiempo uno de los principales medios de comunicación de la humanidad. Son memorables las cartas que se enviaban connotados científicos, discutiendo ideas que posteriormente dieron origen a las famosas teorías que todos conocemos. Esa correspondencia era guardada con gran celo y era parte importante de los archivos personales de estos personajes. Para los biógrafos e historiadores, esta correspondencia es un elemento clave para reconstruir, no sólo los acontecimientos, sino también para conocer aspectos personales e íntimos de esos personajes, que permiten incluso trazarles un perfil sicológico.

En los tiempos actuales, cuando las tecnologías de información y comunicación han desplazado totalmente al correo tradicional, y lo han reemplazo por otros medios como el e-mail, los chats, blogs, etc. la situación cambiará radicalmente, ya que estos nuevos formatos de comunicación poseen características muy diferentes al correo tradicional, y aunque los soportes de almacenamiento modernos poseen capacidades de almacenamiento y seguridad muy superiores al papel tradicional, la naturaleza de estas formas de comunicación las hace efímeras, y no es esperable que los registros de nuestras comunicaciones electrónicas sobrevivan por siglos y aunque lo hagan no poseerán la riqueza y profundidad de ideas de las epístolas de antaño. Pero seguramente los biógrafos del futuro tendrán otras formas de indagar sobre sus personajes.

Tradicionalmente quienes escriben biografías son historiadores que se especializan en este género literario, pero no siempre es así, y a veces incursionan en este tipo de literatura escritores que no poseen la formación y el rigor de la academia, lo cual genera roces, disputas y hasta descalificaciones. Entre los biógrafos contemporáneos más importantes se puede mencionar a Marcel Brion, Michael White y Serge Bramly entre muchos otros. A nivel nacional se destaca Volodia Teintelboin, quien ha escrito biografías de las principales figuras de la literatura latinoamericana.

Aunque la “biografía” es considerado un género literario especializado, asociado al rigor de la investigación, y en cierta forma alejado de la narrativa y la poesía, se dio el caso de un personaje histórico que ganó el premio Nóbel de literatura por haber escrito su autobiografía: Winston Churchill, el político británico que lo obtuvo en 1953.

No están claras las razones por las que las biografías, y también las novelas históricas, se han vuelto tan populares. Quizá sólo sea una moda o a lo mejor responde a una necesidad por conocer mejor nuestro pasado. Pero cualquiera sea la causa, lo importante es que constituyen una forma entretenida de recorrer la historia y de paso contribuir mejorar el nivel cultural de nuestra sociedad.

Nos rodea la materia oscura (4 diciembre 2005)

En una saga de libros para niños y adolescentes pueden plantearse con sencillez los grandes temas que nos abruman: el Universo, la energía, la vida en la Tierra. Es cuestión de experimentarlo una noche, lejos de la ciudad, al mirar las estrellas y comprender que aún no sabemos nada del Cosmos.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 4 de diciembre de 2005.

Es frecuente, en el mundo de la literatura, que ideas complejas y profundas se oculten en la inocencia de historias infantiles. Ejemplos hay muchos, basta con citar entre otros a “Alicia en el país de las maravillas”, “El Principito” o una obra más reciente, totalmente contemporánea: la trilogía “La materia oscura”, en la cual los dos niños protagonistas viven fantásticas aventuras en un universo misterioso y mágico, con viajes en el tiempo, realidades paralelas y mucho otros conceptos e ideas propias de la mecánica cuántica y de la física relativista. El autor, Philip Pullman, no es un hombre de ciencia, y se apresura en aclarar que los elementos científicos que utiliza, son sólo una base para contar la historia y no pretende un fin didáctico.

Pero son tantos los conceptos de física moderna que aparecen en las tres novelas que conforman la obra, y están tratados de manera tan convincente, que los connotados divulgadores de la ciencia Mary y John Gribbin decidieron escribir un libro en el cual poder explicar en forma sencilla, pero a la vez rigurosa, las ideas científicas que subyacen en el relato y mostrar cuánto puede haber de verdad en estas fantásticas historias infantiles. El título de su libro es “Los misterios de la materia oscura”, el cual es muy sugerente ya que no sólo intenta resolver los acertijos y paradojas de las novelas de Pullman, sino también explicar al gran público uno de los mayores misterios de la cosmología moderna: la Materia Oscura.

Pero ¿Qué es la Materia Oscura?. Para responder a esta pregunta es necesario señalar que desde hace algún tiempo los astrónomos saben que en el Universo hay mucha más materia de la que podemos captar a través de nuestra vista e instrumentos. Cuando los científicos estudian las profundidades del espacio y el tiempo, observan que las galaxias y cúmulos de galaxias se comportan de una manera que no concuerda con las leyes que, se supone, gobiernan el Universo. La explicación a esa anomalía es que existe en la naturaleza un tipo de materia que no podemos captar, pero que interactúa con nuestra materia conocida, operando como una especie de pegamento que impide que las galaxias se desgarren y que permite que los cúmulos de galaxias se mantengan unidos. Esta es la Materia Oscura y su forma es distinta a la que conforman las estrellas, los planetas y todo lo que nos rodea, incluso nosotros mismos.

Nóbel en espera

Los cálculos predicen que la cantidad de esta materia desconocida es casi diez veces mayor que la que podemos percibir. Es decir que todo el Cosmos que somos capaces de ver y admirar, y que nos parece inconmesurable e infinito, constituye apenas una décima parte de la materia del Universo. Si todo lo presentado hasta ahora resulta perturbador y desconcertante, qué le parece si le digo que con respecto a lo desconocido no todo termina aquí. A fines de los años 90 se descubrió – con participación de astrónomos chilenos y con observaciones hechas desde observatorios emplazados en nuestro territorio – que el Universo está sufriendo un proceso de aceleración, lo cual significa que su velocidad de expansión está aumentando.

Este descubrimiento tuvo consecuencias insospechadas ya que para explicar esa aceleración fue necesario incorporar a los modelos cosmológicos teóricos un factor adicional, de naturaleza también desconocida, que funciona como una fuerza de repulsión, la cual provoca esa aceleración y que se conoce como “Energía Oscura”. Lo importante es que a raíz de este descubrimiento los cosmólogos han determinado que la distribución de materia-energía en nuestro Universo es de un 3% de materia conocida, un 30% de Materia Oscura y un 67% de Energía Oscura. Es decir, que a pesar de todos nuestros conocimientos científicos y desarrollo tecnológico, sólo podemos captar un porcentaje ínfimo de los constituyentes de nuestro Universo.

¿Dónde se encuentra y cuál es la naturaleza de esta Materia Oscura y Energía Oscura?. Esta pregunta constituye uno de los mayores misterios de la ciencia del siglo XXI y hay un Premio Nóbel esperando a quien dé con la respuesta.

Volviendo al comentario del libro, es importante señalar que está escrito en un lenguaje asequible a cualquier persona, incluso niños. Aunque fue concebido como una explicación a la trilogía ya mencionada, sirve como un texto de divulgación científica en sí mismo, permitiendo al lector adentrarse en forma entretenida en los principales conceptos de la astronomía moderna. Quienes hayan tenido la oportunidad de observar una noche estrellada, alejados de las luces de la civilización, estarán de acuerdo conmigo en que es una experiencia única y trascendente, que hace bien al alma. Estoy seguro que el conocimiento presentado en este libro permitirá al lector observar el Cosmos de una manera sutilmente diferente, pero sin que la racionalidad del saber científico rompa el encanto, ya que como dicen los autores del libro, la ciencia es magia explicada.

El misterio de la Materia y Energía Oscura del Universo es una dura prueba para la astronomía contemporánea, pero así se desarrolla la ciencia, es como una carrera de obstáculos, por cada problema que se resuelve, la realidad nos abruma con nuevas incógnitas, lo cual no hace sino confirmar lo que Albert Einstein dijera en una oportunidad: “Una cosa que he aprendido en una larga vida es que toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil, pero es lo más precioso que tenemos”.
(Ediciones B, 2004)

Peripecias de un pintor viajero (27 noviembre 2005)

Mauricio Rugendas poseía el envidiable don de repetir en un papel o un lienzo el paisaje que estaba mirando, y hasta transmitir sentimientos profundos a partir del detalle de las hojas, o del modo en que el gañan se amarraba los pantalones en un dibujo criollo costumbrista.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 27 de noviembre de 2005.

El ser humano ha sentido desde siempre fascinación por los paisajes y la fauna, en especial por aquella naturaleza lejana y exótica, que al saberse inalcanzable, despierta en nuestra imaginación ancestrales sueños de viajes y aventuras. Nuestra sociedad moderna, caracterizada por el sedentarismo satisface esa necesidad, con libros, revistas y programas de televisión que nos llevan a los lugares más apartados del mundo sin abandonar la comodidad y seguridad del living de nuestro hogar. En esta tarea juegan un rol importante profesionales como los fotógrafos y camarógrafos que tienen la responsabilidad de captar y envasar la experiencia sensorial que significa observar la naturaleza, para mostrarla posteriormente al gran público.

Pero ¿qué sucedía antes, cuando no existían la fotografía y la televisión?. Pues ese papel lo cumplían los artistas viajeros, personajes dotados de un gran talento para el dibujo y que acompañaban a los exploradores tomando nota y realizando dibujos de todo lo que observaban en la naturaleza..

En el libro “Un episodio en la vida del pintor viajero” del escritor argentino César Aira, podemos conocer a uno de los más famosos de estos artistas: Juan Mauricio Rugendas, a quien recordamos por aquellas inolvidables ilustraciones que aparecen en los libros de Historia de Chile y que constituyen auténticas crónicas visuales que permiten conocer como era la vida cotidiana de nuestro país en el siglo XIX.

Cosa de familia

Rugendas nació en la ciudad imperial de Ausburgo en 1802, aunque su familia tenía sus raíces en Cataluña. Era hijo y nietos de connotados pintores, y desde muy joven se inició en el aprendizaje del oficio familiar. Estudió pintura de la naturaleza en la Academia de Munich, como anticipándose a lo que le deparaba el futuro, una vida azarosa y aventurera, en donde podría conjugar sus dos grandes inquietudes: los viajes y su vocación por el arte pictórico. Como muchos jóvenes dibujantes de su época, se embarcó en una de las tantas expediciones que partían hacia América; un continente, que con su exuberancia y misterio, despertaba la imaginación de los europeos. A lo largo de muchos años visitó diversos países: Brasil, Haití, México, Perú , Argentina, Uruguay y Chile, entre otras naciones, lo vieron recorrer sus territorios.

En los 20 años que estuvo en América desarrolló una labor fecunda, el catálogo de su obra registra 3.353 piezas, entre óleos, acuarelas y dibujos. Rugendas era no sólo un esteta, sino también un naturalista y sus pinturas poseen la cualidad de transmitir al observador tal cantidad de información y emociones que, sobrepasando el plano estético, se pueden percibir detalles de la historia, costumbres, ambientes sicológicos y culturales de la escena retratada. No en vano su obra es reconocida como un testimonio gráfico del pasado de Latinoamérica, y como tal figura en todos los textos históricos y geográficos de nuestro continente.

“Un episodio en la vida del pintor viajero” relata un pasaje en la vida de Rugendas, en particular un viaje que realizó a Argentina en diciembre de 1837. Cruzó la cordillera de Los Andes desde San Felipe en Chile, acompañado del pintor alemán Robert Krause y el objetivo del viaje era recorrer y conocer todo el país y posteriormente visitar Bolivia. Sin embargo el destino dispuso otra cosa y Rugendas sufrió un grave accidente que modificó dramáticamente su vida.

El texto, aunque breve, nos sumerge en el ambiente de la época y de los personajes: parece que acompañamos a este pintor viajero cuando en los descansos de la expedición, despliega sus hojas y lápices y da cuenta de la majestuosidad de los paisajes, y también sentimos como propio el sufrimiento y la desesperación que provoca en el artista, aquel desafortunado accidente.
(Lom Ediciones)

Sobre moral y esclavitud (20 noviembre 2005)

El ser humano es una criatura paradójica y compleja, que a veces es capaz de abrazar los ideales de belleza y bondad más sublimes, y en otras ocasiones no duda en cometer las mayores atrocidades imaginables. La lectura de la novela "El negrero" nos recuerda esas singularidades.

Por Hugo Jara Goldenberg
Publicado en el diario El Sur, el 20 de noviembre de 2005.

Desde los inicios de la especie humana ha coexistido en cada uno de nosotros una faceta benigna, desde donde surgen los ideales asociados a la bondad y un lado oscuro, de naturaleza opuesta que justifica los actos violentos e injustos. Lo curioso es que los seres humanos no nos damos cuenta de esta dualidad y pasamos por la vida equilibrando, cada uno a su manera, estos polos opuestos que constituyen el bien y el mal.

Por otra parte nuestra moral no es un cuerpo de normas fijas sino que sufre una suerte de proceso evolutivo que la transforma, adecuándola funcionalmente a las condiciones históricas, sociales, económicas y políticas de cada época. Así, acciones humanas que ahora nos perecen moralmente intolerables, en otros tiempos fueron aprobadas como cosas normales y plenamente aceptadas por todo el cuerpo social. Un ejemplo de esto lo constituye la esclavitud, quizá si uno de los mayores excesos que ha cometido la especie humana a través de la historia, y que en su momento fue justificada incluso con argumentos filosóficos y religiosos.

Este preámbulo se relaciona con una novela recientemente aparecido en nuestras librerías, se trata de “El negrero” ambientada a principios del siglo XVIII, la cual recrea el comercio de esclavos negros africanos hacia América. “Negrero” era el nombre que se daba a los barcos que se encargaban de trasladar a los esclavos. Generalmente se trataba de navíos mercantes especialmente acondicionados para esa inhumana tarea, y que eran reconocidos desde lejos por su olor, que mezclaba no sólo a las emanaciones corporales propias del hacinamiento humano, sino también del efluvio del sufrimiento, del miedo y de la muerte.

Estos navíos generalmente iniciaban sus viajes en Europa dirigiéndose hacia las costas atlánticas de África, en donde negociaban con gobernantes locales la compra de esclavos, los cuales eran generalmente prisioneros de guerra capturados en las permanentes luchas tribales que se desarrollaban en esa parte del mundo. A continuación se ponía rumbo a América, ya sea a Brasil, las islas del Caribe o Norteamérica en donde eran vendidos y finalmente se invertía parte de las utilidades en mercancías como tabaco, café o azúcar y se regresaba a Europa, completando un periplo que era antes que todo un ciclo económico.

Esclavos a bordo

La novela nos permite conocer las condiciones de vida en esos barcos y las motivaciones que impulsaban a las personas involucradas en esta actividad, en donde algunos blancos no eran tan perversos como la mayoría y muchos africanos no dudaban en enriquecerse a costa del sufrimiento de sus hermanos de color. El personaje principal es Thomas Marlowe, un pirata retirado radicado en Virginia, en donde es dueño de una plantación. Su decisión de dar la libertad a sus esclavos negros lo hace entrar en conflicto no sólo con sus vecinos sino con toda la sociedad colonial. ¿Cuáles son las razones que guían a Marlowe?, aparentemente éstas no son sólo humanitarias, pero su gesto libertario precipita una serie de acontecimientos que nos arrastra en una vorágine de acción y aventuras.

El autor es James Nelson, un veterano hombre de mar, quien ha desarrollado toda su obra literaria evocando la época heroica de la navegación a vela. Su conocimiento del mundo del mar le da a su relato un sabor de autenticidad tal, que parece que acompañamos a bordo a los protagonistas del relato.

Lo interesante de esta novela es que junto con invitarnos a disfrutar de la acción y el suspenso, propias de ese género literario, nos permite reflexionar sobre la naturaleza humana y especialmente sobre una de las manifestaciones de su faceta perversa, en este caso sobre la esclavitud. Una actividad que fue practicada por casi todas las grandes civilizaciones de la antigüedad, que tuvo un importante resurgimiento entre los siglos XV y XIX, a consecuencia de la colonización del continente americano y que, aunque pretendamos desconocerlo, sigue presente en la sociedad actual.

Si nos cuesta convencernos basta con pensar en los millones de seres humanos de todo el mundo que viven en una situación muy similar a la de los antiguos esclavos. Aunque claro, acostumbrados a tranquilizar nuestra conciencia colectiva con eufemismos y sutilezas lingüísticas, ponemos especial cuidado en utilizar otros términos, pero en esencia se trata de lo mismo, de personas que son violentadas en su dignidad, que son transadas como cualquier mercancía, que son obligadas a trabajar a cambio de salarios paupérrimos, o en algunos lugares del mundo a cambio de un plato de comida y que viven a merced de sus nuevos “amos”, ahora llamados “empleadores”.

Alguien por ahí dijo en una oportunidad que hay acciones humanas que se hacen moralmente inaceptables sólo cuando la economía y el desarrollo tecnológico las hacen innecesarias. Desde esa perspectiva, hay muchos empleos actuales, principalmente los asociados al servicio doméstico, que mirados objetivamente poseen muchas características que son propias de un estado de servidumbre y es muy probable que en un futuro, quizá no muy lejano, cuando el avance tecnológico y la realidad económica las hagan innecesarias, entonces nuestros descendientes mirarán nuestra época con la misma mirada crítica con la cual nosotros evocamos a las sociedades esclavistas del pasado.

Cuando un libro golpea la conciencia humana (6 noviembre 2005)

En una sociedad como la nuestra, acostumbrada a ordenar y cuantificar todo, en más de una ocasión se ha planteado la pregunta sobre cuáles son los libros más importantes de todos los tiempos. Aunque es muy difícil establecer un ranking que deje satisfecho a la mayoría.

Por Hugo Jara Goldenberg
Publicado en el diario El Sur, el 6 de noviembre de 2005. Ver artículo....

En una hipotética lista de libros gravitantes aparecerán muchos que serán elegidos según distintos criterios: tiraje, cantidad de traducciones o fama del autor y entre las personas que respondan prevalecerán consideraciones religiosas, culturales, sociales o políticas. Sin embargo hay dos libros que, aunque seguramente no estarían entre los elegidos por el gran público, en el momento de su aparición provocaron un impacto tan profundo en la conciencia humana que merecerían ser catalogados entre los más trascendentes.

El primero, es el libro “Sobre las Revoluciones de los orbes celestes” del astrónomo y clérigo polaco Nicolás Copérnico, que fue publicado en el año 1543 y en el cual planteaba la famosa teoría heliocéntrica que sacaba a la Tierra del centro del Universo. Hasta el momento de su aparición, la cosmovisión aceptada en occidente era la geocéntrica, heredada de los griegos y adoptada por la Iglesia Católica, que postulaba que la Tierra ocupaba el centro de la creación. Era una ubicación que satisfacía nuestro ego de especie superior y era consecuente con la posición privilegiada que nos había asignado Dios en el cosmos. Copérnico, como clérigo se daba cuenta del alcance de su teoría, la cual amenazaba a los cimientos del pensamiento intelectual y religioso de su tiempo. El libro tuvo una génesis larga y tortuosa, el autor demoró más de 20 años en terminar sus manuscritos, y trascurrieron otros 10 años hasta que se decidió llevarlo a la imprenta. Lo trascendente de la teoría que Copérnico presentó en su libro, y que sobrepasó a lo meramente científico y astronómico, fue el profundo impacto que tuvo en la sensibilidad humana, al despojar a nuestra morada terrenal de una posición especial y privilegiada en el Universo.

Las especies evolucionan

El segundo libro que califica en la categoría de los más trascendentes es “El origen de las especies” de Charles Darwin, publicado en el año 1859 y en el que da a conocer su controversial teoría de la evolución, la cual se enfrentó al pensamiento creacionista de su época, que explicaba que todos los seres vivientes habían sido creados por voluntad divina tal como los conocemos ahora. Y que el ser humano poseía, dentro de todos ellos, una status especial ya que había sido creado por Dios a su imagen y semejanza y puesto sobre la Tierra según la génesis bíblica. Darwin, después de protagonizar en su juventud un viaje de exploración alrededor del mundo - en donde acumuló una gran cantidad de muestras y observaciones geológicas, botánicas y zoológicas - se dedicó durante mucho tiempo a estudiar el asunto de la variación y el origen de las distintas especies. A la luz de lo que observó en su épico viaje, comenzó a desarrollar la idea de que las especies no son fijas e invariables, sino que mediante un proceso evolutivo, dirigido por la selección natural, sufren cambios graduales que provocan la extinción de algunas especies y la aparición de otras. Finalmente concluyó que los organismos biológicos, incluido el ser humano, no son inmutables y sufren cambios a través de las eras. Darwin demoró en publicar su teoría, y si lo hizo fue ante el temor de perder la exclusividad ya que otro científico estaba llegando a las mismas conclusiones.

Al igual que Copérnico tres siglos antes, Darwin se daba cuenta que su teoría trascendía a lo exclusivamente científico, e iba a provocar un terremoto intelectual destinado a remecer profundas convicciones filosóficas y religiosas. Su Teoría de la Evolución acertaba un segundo golpe al orgullo humano; no bastaba con haber sido despojados del privilegio de vivir en el centro del Universo, ahora resultaba que nuestra sustancia material no era distinta a la de los demás seres de la creación.

La próxima revolución

Cuando ambos libros se publicaron, cada una en su momento, tuvieron un impacto dramático en la psiquis humana: desde el más humilde campesino hasta el más poderoso gobernante sentía cuestionada y también violentada su dignidad y su orgullo de especie superior. Y es que a diferencia de muchas otras famosas teorías que han surgido del mundo de la ciencia, éstas amenazaban aspectos fundamentales del andamiaje intelectual y especialmente el espiritual y religioso del ser humano. Con el paso del tiempo hemos asimilado las implicancias de esas ideas revolucionarias y nos cuesta entender lo que significó para las personas que escucharon de ellas por primera vez.

¿Cuál será la próxima revolución científica que tendrá un efecto similar?. Es difícil imaginarlo, quizá si prosperan los estudios que hacen algunos científicos que investigan el sustento fisiológico del alma humana y logran demostrar que los sentimientos, la conciencia e incluso las manifestaciones más sublimes de la mente no son más que reacciones bioquímicas que ocurren en nuestro cerebro, podríamos estar en presencia de una situación similar. Pero si algo así llegara a suceder, ya no será a través de un libro que dicho descubrimiento se dará a conocer al mundo. Ahora la ciencia funciona de otra manera, las teorías se presentan y discuten en revistas especializadas y congresos, luego son informadas a través de comunicados de prensa y de ahí salen a recorrer el orbe a través de internet. A diferencia de lo que ocurría antaño, ahora los libros vienen después.

12 de agosto de 2006

Una historia más de las cruzadas (9 octubre 2005)

La gesta de los cristianos para recuperar la Tierra Santa se ha plagado de mitos, y ahora es referente para el cine y la literatura, como un espacio ideal en que conviven el delirio, el exceso y la aventura.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 9 de octubre de 2005.
Ver artículo....

La guerra es sin lugar a dudas una de las manifestaciones más primitivas del comportamiento humano, y cuando ésta se emprende en nombre de la fe adquiere una connotación especial, que hace difícil compatibilizarla con los sentimientos de paz, bondad y tolerancia que surgen en forma natural de la mayoría de las religiones. De entre las muchas guerras que se han librado en nombre de Dios, son las Cruzadas las que mayor controversia y celo han provocado a través de la historia. El grado de crueldad y violencia con la cual se luchó y su duración de siglos, tuvieron un impacto tan profundo en las relaciones entre el Cristianismo y el Islam, que sus consecuencias aún se perciben.

Cualquier hecho histórico tiene muchas interpretaciones, al menos una por cada bando involucrado en los acontecimientos. En el caso de las Cruzadas, estas posiciones son particularmente encontradas. Tenemos la posición oficial de la Iglesia Católica que las recuerda como una “Guerra Santa” dirigida contra los enemigos de la fe y destinada a liberar a los lugares sagrados. Para el Islam fue una manifestación de la barbarie del cristianismo y que significó el asesinato de miles de inocentes. También está la versión de los adversarios de la Iglesia Católica que la recuerdan como uno más, de los capítulos que conforman la llamada leyenda negra de esta religión.

Pero ¿cuál es la posición correcta?. Como suele ocurrir, la mayoría de las veces, la verdad absoluta no es patrimonio de nadie en particular, y vemos que finalmente ésta se encuentra dispersa en cada versión, constituyendo la tarea de los historiadores el acercarse a ella, tratando de interpretar, con la perspectiva del tiempo, los hechos de la manera más objetiva posible, libres de compromisos culturales, religiosos, políticos y de cualquier otra naturaleza. Lamentablemente esto no siempre es posible, y finalmente ocurre que la mayoría de los autores que tratan del tema, toman posición, aunque sea en forma velada, por alguna de las versiones aceptadas.

Causa justa y noble

Tratando de alcanzar esa esquiva objetividad, Christopher Tyerman especialista en Historia Medieval y profesor en Oxford, nos presenta su libro “Las Cruzadas, Realidad y mito”, con el cual pretende poner claridad en un tema que, desde su perspectiva, está plagado de interpretaciones erróneas e imprecisiones.

En la primera parte de la obra hace una descripción histórica de las Cruzadas, comenzando por su génesis y seguida por un recuento cronológico de cada una de ellas. Se mencionan no sólo las Cruzadas a Oriente, a Tierra Santa, sino también las Cruzadas que tuvieron lugar en occidente, particularmente en España, el Báltico e incluso, Cruzadas contra cristianos y herejes dentro del mismo continente europeo. Aquí surge la primera fuente de discusión, que el autor intenta aclarar. ¿Se deben denominar Cruzadas sólo a aquellas guerras de carácter religioso que se desarrollaron entre los años 1096 y 1291?, las cuales tenían por objetivo recuperar los territorios sagrados que habían caído en manos de los turcos, y en donde el Papa otorgaba privilegios terrenales y espirituales a quienes participaban en ellas, o deben considerarse como Cruzadas también, a todas aquellas otras guerras a las que la autoridad papal confirió los mismos privilegios y prerrogativas que aquellas. Es importante señalar al respecto, que fueron innumerables las guerras santas que se desarrollaron bajo el emblema de la Cruz: En España contra los moros; en la región del mar Báltico, enfrentando en una guerra misionera a los pueblos nórdicos; e incluso se llegó a conceder indulgencias equivalentes a las de los cruzados de Jerusalén a quienes combatieran a los enemigos políticos del Papa, como fue el caso de la Cruzada contra las autoridades de Sicilia.

En la segunda parte del libro, el autor analiza las causas y consecuencias de las Cruzadas, partiendo por la definición de lo que debemos entender por guerra santa cristiana, concepto que tiene su origen en el año 400 cuando Agustín de Hipona propone una teoría cristiana de la guerra justa, con toda una fundamentación bíblica, y de la cual las Cruzadas no son más que una consecuencia inevitable. También es importante el análisis que se hace de las Cruzadas como una empresa colectiva que movilizó a miles de hombres y que significó el disponer de ingentes cantidades de recursos organizacionales y financieros. Aquí también hay espacio para analizar el mito de si las razones religiosas que justificaban a las Cruzadas no fueron más que un pretexto para investir de legitimidad a una empresa que buscaba conquistar territorios y obtener riquezas.

En la parte final del libro, el autor hace un análisis de los intentos por asociar los conflictos contemporáneos del medio oriente con las Cruzadas, concluyendo que los escenarios históricos, sociales y geopolíticos son tan diferentes que pretender que estamos en presencia de una neocruzada carece de sentido.

Aunque las Cruzadas sean ya parte de la historia, su legado sigue tan presente en nuestro conciente colectivo que la palabra “cruzada” para nosotros, que formamos parte de la civilización cristiana occidental, es sinónimo de una causa justa y noble: hablamos de “una cruzada de amor” o “una cruzada de solidaridad”. Sin embargo para los pueblos que sufrieron su embate, el significado es totalmente opuesto y está asociado con una causa perversa. (Editorial Crítica, 2005)

El misterio de los mapas antiguos (2 octubre 2005)

La novela “El maestro cartógrafo” es un buen pretexto para adentrarnos en la fascinante disciplina de la confección de mapas, y mucho más en el período de los grandes descubrimientos, que culminarían con los primeros europeos en América.

Por Hugo Jara Goldenberg
Publicado en el diario El Sur, el 2 de octubre de 2005. Ver artículo....
Este comentario también está publicado en el portal de Pascale Rey, la autora del libro. Ver el artículo...

Cuando evocamos las hazañas de los grandes navegantes y descubridores de la Era de la Exploración, como Cristóbal Colón, Hernando de Magallanes, Vasco de Gama y Sebastián Elcano, entre muchos otros, no podemos evitar el que nos invada un sentimiento de admiración y respeto por esos personajes que con valentía y coraje fueron capaces de enfrentar los peligros más extremos. En su época, eran lo que para nosotros son los astronautas, aunque su empresa era mucho más peligrosa que la de nuestros modernos exploradores. Pero, como en muchas actividades humanas, detrás de quienes se llevan la fama y los honores, existen personajes desconocidos, que ejerciendo labores de apoyo, hacen aportes vitales para al éxito de la aventura, pero que por quedarse en el puerto, en la seguridad y tibieza de su hogar, son olvidados por el gran público, y también por la historia.

Uno de esos oficios, es la cartografía, el desconocido arte de confeccionar mapas y cartas de navegación, elementos imprescindibles para los navegantes y exploradores que partían hacia territorios ignotos. Los pormenores del quehacer de estos antiguos dibujantes de mapas, es lo que podemos conocer en la novela histórica “El Maestro Cartógrafo”, de la escritora Pascale Rey. La trama se desarrolla en el siglo XIV, en Mallorca, que en esa época era cuna de una escuela de cartógrafos judíos. Después del largo paréntesis cultural que significó la Edad Media, fueron estos cartógrafos, expulsados de Andalucía en el siglo XII, quienes recuperaron el saber de la antigua Grecia, y entremezclando ciencia y arte, con grandes conocimientos en astronomía, geometría y matemáticas, posibilitaron a través de sus cartas de navegación y mapas, los épicos viajes y descubrimientos que durante los siglos XV y XVI transformarían al mundo.

Los protagonistas de nuestra historia son Abraham Cresques, y su hijo Yafudá, quienes forman parte de una comunidad dedicada al arte de la confección de mapas, elementos muy valorados por los capitanes que hacían viajes de cabotaje por las rutas que conectaban a los principales puertos comerciales de la época. Para estos navegantes, la posesión de una buena carta de navegación era la mejor garantía para llegar seguros a su destino. Sin embargo, la calidad de esos primeros mapas dejaba mucho que desear, y si bien eran suficientes para viajes cortos, su utilidad era muy limitada para los viajes de exploración que empezaban a desarrollarse en una Europa que ya estaba despertando del largo sueño medieval.


Hostigamiento y desconfianza

Estos primeros mapas tenían tantas imprecisiones que era frecuente que los viajes se prolongaran más allá de lo presupuestado, que no se divisaran las tierras según lo calculado, o donde se esperaba encontrar mares aparecieran tierras desconocidas. Esta situación de incertidumbre, unida a los avatares propios de la naturaleza, con los riesgos de tormentas y naufragios, hacían de estos primeros viajes de exploración, misiones condenadas de antemano al fracaso. Para los gobernantes de la época, que ya vislumbraban la importancia de establecer nuevas rutas comerciales, el resolver el problema de la navegación, era una cuestión de estado, y estaban dispuestos a invertir lo que fuera necesario, para perfeccionar las técnicas que permitieran hacerla más segura.

En este contexto, el maestro cartógrafo Cresques recibe el encargo de la Corona de Aragón de trazar un mapamundi; debe ser el mapa más bello que exista y tiene que representar a la Tierra de poniente a levante. Será el regalo que el nuevo embajador llevará al Rey de Francia, un presente valioso que debe servir tanto de muestra de amistad, como de un recordatorio visual de las extensas posesiones marinas del Reino de Aragón.

El maestro recibe el ofrecimiento con cautela, está conciente que la empresa es monumental, que dispondrá sólo de un par de meses y que deberá dar a su trabajo la mayor precisión posible. Pero, al mismo tiempo, entiende que es la oportunidad de su vida, su mapa llegaría a la corte de Francia y él sería finalmente reconocido en toda su valía. Para la confección de este trabajo necesitará de todos los conocimientos que con pasión ha adquirido durante su fructífera vida: las matemáticas, la astronomía y el dominio del hebreo, árabe y griego que le permiten leer todos los libros que ha acumulado como tesoros, le dan una visión del mundo que podrá plasmar en una obra única.

Con la ayuda de su hijo Jafudá dibujan todo el mundo entonces conocido: Europa, África y Asia. Desde el meridiano de Canarias hasta el mar de la China y desde el Trópico de Cáncer, aproximadamente, hasta el paralelo 60N. Sin embargo, su trabajo no estará exento de dificultades; sus profundos conocimientos y su origen judío provocarán la desconfianza y el hostigamiento de muchos. Pero finalmente, padre e hijo concluyen su obra y dejan como legado un mapa, que es considerado un tesoro de la cartografía de todos los tiempos y que actualmente se encuentra en la Biblioteca Nacional de Paris.

La autora, se preocupa de aclarar que todos los sucesos que se relatan en la novela son reales, excepto por una que otra intriga sentimental, y que es un hecho histórico que de la escuela de cartógrafos judíos mallorquines del siglo XIV surgieron los mapas que permitirían a los portugueses iniciar sus primeras exploraciones, y los que utilizaría Colón en sus viajes de descubrimientos. (Ediciones B, 2005)

11 de agosto de 2006

Más allá, la visión de las sondas interplanetarias (4 septiembre 2005)

Uno de los pioneros de la astronáutica dijo una vez: “El planeta Tierra es la cuna de la inteligencia, pero no se puede vivir eternamente en la cuna”; este pensamiento expresa de manera muy precisa y poética la fascinación que produce en la especie humana el Cosmos, sentimiento que nos hace, no sólo conformarnos con mirar hacia las estrellas con instrumentos cada día más poderosos sino que también nos empuja a viajar, a adentrarnos en los dominios del espacio sideral.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 4 de septiembre de 2005.


En los comienzos de la conquista del espacio, las expectativas eran muchas, en sólo una década pudimos llegar a la Luna; el futuro se veía promisorio. Una película, reflejando muy bien el espíritu de la época, hacía referencia al lejano año 2001 como la culminación de la presencia humana en el Espacio: bases lunares, turismo espacial, hoteles en órbita terrestre y viajes tripulados interplanetarios, entre otras conquistas tecnológicas, serían cosas cotidianas. Sin embargo, ya sobrepasado el mítico año 2001, nos percatarnos que desde hace más de tres décadas (última misión Apolo a la Luna en el año 1972), la presencia humana en el espacio se ha limitado a misiones de órbitas a baja altitud alrededor de la Tierra. ¿Significa esto que debemos sentirnos defraudados? La respuesta, evidentemente es que no ha sido un fracaso, y si bien no hemos ido personalmente muy lejos, sí lo han hecho nuestras representantes: las sondas interplanetarias, las cuales han explorado casi todo el Sistema Solar.

El testimonio de esa aventura, es lo que podemos disfrutar en el libro “Más allá, la visión de las sondas interplanetarias” de Michael Benson. Se trata de una obra conmovedora, la experiencia de recorrer sus páginas es similar a la de observar una noche estrellada alejado de la ciudad: no podemos evitar que nos invada una sensación que entremezcla la emoción y el asombro. Uno a uno podemos visitar cada uno de los integrantes de nuestro Sistema Solar. Imágenes inéditas de la cara oculta de la Luna. Nuestro planeta, la Tierra, fotografiada por la sonda Galileo, en su vuelo de travesía hacia Júpiter. Las imágenes y cartografías obtenidas por radar de Venus, un infierno que soporta en su superficie temperaturas de 500º C. La gran cantidad de imágenes del planeta Marte, cuyos relieves geológicos sugieren la existencia de antiguos cauces de agua, y que abre la posibilidad de que albergue alguna forma de vida, o que lo haya hecho en el pasado. El paso por el cinturón de asteroides nos muestra como debe haber sido nuestro Sistema Solar en el momento de su formación. La visita a los planetas gaseosos gigantes, está centrada en el estudio de sus satélites naturales. En el sistema joviano veremos cosas curiosas, como la erupción de un volcán en la luna Io, o la superficie congelada de la luna Europa, bajo la cual existe un océano líquido, que en un futuro no muy lejano, será visitada por una nave robot, que se sumergirá en sus profundidades en busca de señales de vida. Cautivador resulta observar las fotos de los anillos de Saturno, no podemos dejar de evocar a ciertas obras surrealistas o aquellas enigmáticas figuras que surgen de la geometría fractal.

Viaje a las estrellas

Pero el encanto del libro no sólo está en las fotos, destacable es también el prólogo a cargo de Artur C. Clarke, quien plantea una idea que puede parecer desconcertante. Invocando a Nietzsche, quien en una ocasión dijo: “el ser humano es una cuerda extendida entre lo animal y lo sobrenatural”, Clark especula sobre la posibilidad de que estos inventos tecnológicos se conviertan en nuestros sucesores, y la evolución biológica sea reemplazada por una evolución tecnológica. Con respecto a esto señala: “Tal vez la inteligencia y la creatividad sólo surjan de la vida orgánica, puesto que los seres vivos son los únicos capaces de evolucionar de organismos simples a complejos……, pero aunque emerjan en forma exclusiva de la vida, tal vez puedan aprender a valerse solas sin la frágil base biológica que ahora precisan, y el mayor estímulo para el desarrollo de inteligencia mecánica lo constituye el desafío del espacio”.

La colonización del cosmos, dada nuestra actual tecnología, no es posible para los humanos orgánicos, el solo pensar que el viaje ida y vuelta a la estrella más cercana demoraría cerca de cien mil años, además de la ingente cantidad de energía necesaria para proteger a nuestros frágiles cuerpos de las condiciones extremas que imperan en el espacio exterior, nos confirma que serán las máquinas, herederas de nuestra inteligencia y conocimientos, las llamadas a abandonar la cuna y proyectar a nuestra especie en el cosmos. Clark señala que la breve historia de los vuelos espaciales interplanetarios, con los humanos aventurándose, durante más de una generación, no más allá de unos cientos de kilómetros sobre la superficie de la Tierra, y las naves robotizadas llegando a casi todos los rincones de nuestra vecindad cósmica, es señal del proceso evolutivo que va desde el Homo sapiens hasta la Machina sapiens.

En resumen, estamos en presencia de un libro imperdible, que a la profunda belleza estética de las imágenes, agrega interesantes reflexiones filosóficas sobre el futuro de nuestra especie. También nos invita a valorar el privilegio del que gozamos al poder disfrutar, en la comodidad de nuestro hogar, de imágenes que habrían sido el sueño de muchos científicos ya desaparecidos. ¿Qué cara habría puesto Einstein si hubiese podido hojear este libro? (Editorial Blume, 2003)

Algo más que bonito, sublime o bueno (28 agosto 2005)

En “Historia de la belleza”, el novelista e intelectual italiano Umberto Eco reflexiona extensamente sobre el concepto de lo hermoso en la cultura occidental. Como es natural, el resultado es tan fascinante como ambiguo.

Por Hugo Jara Goldenberg


Publicado en el diario El Sur, el 28 de agosto de 2005.

Hay ideas o conceptos que utilizamos habitualmente, pero que por el grado de abstracción o de subjetividad del fenómeno que representan, es muy difícil dar con una definición exacta. O en algunos casos ésta no existe, a pesar que intuitivamente creemos saberlo. Ejemplos hay muchos, entre otros basta mencionar a la belleza. ¿Es equivalente a “bonito”, “sublime” o “bueno”, o es algo más?. ¿Es la belleza un atributo exclusivo del arte o es propio de la naturaleza, o puede ser de ambos, indistintamente?. ¿Su percepción es una experiencia sensorial o espiritual?. ¿Es intrínseco al objeto que se observa o depende del observador?. ¿Cómo ha sido la percepción que ha tenido la humanidad de este concepto a través de los siglos?. A estas interrogantes, y muchas otras, es que intenta responder el libro “Historia de la belleza”, a cargo del conocido escritor Umberto Eco.

Se trata de una pieza magnífica, ilustrada con reproducciones de obras de arte de todas las épocas, y con textos que en su gran mayoría corresponden a fragmentos de obras clásicas, de autores de todos los tiempos, relacionadas con el concepto de belleza. En la introducción, el autor deja claro que el libro no es una historia del arte, y ante la pregunta de ¿por qué, esta Historia de la belleza sólo está documentada con obras de arte?, nos responde que se debe a que han sido los artistas, poetas y novelistas quienes han explicado a través de los siglos qué era en su opinión lo bello y nos han dejado ejemplos de ello.

Anhelo y propósito

El libro trata fundamentalmente, de la historia de la belleza en occidente, y como tal el viaje se inicia en la Grecia clásica y su ideal estético, destacando lo apolíneo y lo dionisíaco, así como también el estudio de la proporción y la armonía, los misterios del número pitagórico y la música de las esferas. A continuación nos desplazamos por la luz y el color en la Edad Media y la belleza de los monstruos, que nos permite entender cómo la fealdad es a veces condicionante para definir lo bello. La belleza mágica de los siglos XV y XVI nos pasea por el Renacimiento, y desde ahí avanzamos por el barroco, por la época de la razón hasta desembocar en la belleza romántica, destacando que en todas las épocas la búsqueda de la belleza ha sido un anhelo, y a la vez un propósito.

Asociado a los tiempos modernos son destacables los capítulos dedicados a las máquinas, ¿es bella la máquina?. Las formas abstractas y la profundidad de la materia son puestas de manifiesto con las imágenes embriagadoras que surgen de la geometría fractal, una manera de ver el infinito con el ojo de la mente. Por último la belleza inmersa en las tecnologías multimediales del siglo XXI nos muestra cómo lo bello también puede subyacer en nuestra sociedad de consumo.

Este libro nos permite comprender que la belleza es un concepto vivo, que cambia permanentemente, y que en todos los ámbitos del quehacer humano quedan testimonios de su evolución a través del tiempo. Al contar su historia, también evocamos la historia de la humanidad, y es que la belleza y la estética son componentes inseparables de la naturaleza humana.

Esta obra es la materialización escrita, con algunas modificaciones, del proyecto multimedia en CD-Rom “Bellezza, Storia di un’idea dell’occidente”, a cargo de Umberto Eco. El libro está estructurado en diecisiete capítulos, de los cuales Humberto Eco escribió algo más de la mitad. El co-autor, responsable de casi el cincuenta por ciento de la obra, es Girolamo Michele, a quien se menciona solo tangencialmente en el apartado de los créditos de la obra, generando una situación curiosa e injusta, que obedece a estrategias de marketing, ya que muchas veces los editores prefieren apostar sobre seguro, confiando el éxito de una obra al prestigio de un autor famoso.
(Editorial Lumen, 2004)

El pergamino de la seducción (21 agosto 2005)

La historia oficial cuenta que la reina Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos Fernando e Isabel, enloqueció por el amor a su esposo Felipe el Hermoso. A la muerte de su madre, y a causa de su trastorno mental no pudo asumir el trono, siendo reemplazada primero por su conyuge, luego por su padre y finalmente por su hijo, el rey Carlos I de España y Emperador Carlos V de Alemania.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 21 de agosto de 2005.

¿Estaba la Reina Juana mentalmente impedida de asumir sus altas funciones o fue víctima de una siniestra maquinación tendiente a alejarla del poder?. La novela histórica “El pergamino de la seducción” intenta responder a esta pregunta. La trama se desarrolla en el presente, pero evocando al pasado. Los protagonistas son Manuel, un profesor universitario, especialista en Historia del Renacimiento en España, y Lucía, una joven de 17 años, huérfana, que está terminando el colegio en un internado de monjas, y que tiene un gran parecido físico con el personaje histórico. Para Manuel, la Reina Juana de Castilla es casi una obsesión y tratar de conocer su verdad quizá sea su mayor aspiración como historiador. Conoce los acontecimientos, las fechas, en fin, todos los antecedentes objetivos, pero para llegar a la verdad completa necesita explorar incluso los sentimientos más íntimos de la Reina, pero ¿cómo lograrlo? Aquí interviene Lucía, ella al escuchar los relatos de Manuel, es capaz de evocar y traer al presente a Juana de Castilla.

En una atmósfera envolvente podemos escuchar, en primera persona, cómo la Reina va contando su versión de los trágicos acontecimientos que marcaron su vida. A través de su relato nos sumergimos en el Renacimiento español, un período histórico que en la península ibérica tuvo características tan propias y particulares, que se vivió de manera muy diferente a como lo imaginamos al evocar románticamente esa época, pensando en las cortes y repúblicas italianas de los siglos XV y XVI. En este escenario Juana nos cuenta que fue la tercera de los hijos de los Reyes Católicos, y se la educó como una princesa culta. Su preceptora fue Beatriz Galindo, la famosa docente y humanista, quien junto con enseñarle latín y lenguas romances, la introdujo en la filosofía aristotélica.

Juana nunca pensó en ser reina, para la sucesión fueron preparados sus dos hermanos mayores, quienes lamentablemente morirían muy jóvenes. Cuando Juana cumplió 16 años fue entregada en matrimonio al archiduque de Austria Felipe el Hermoso, para ello debió viajar a Flandes, en donde vivió durante muchos años. De vientre fecundo, dio a luz 6 hijos, todos los cuales llegarían a ser reyes o reinas. Las constantes correrías e infidelidades de su esposo y el hecho de que la apartaran de sus hijos pequeños, para ser educados en la Corte flamenca, le acarrearían sus primeras crisis de carácter, que más que señales de locura, deben ser entendidas como muestras de desesperación e impotencia. Estados emocionales que a la luz de la psiquiatría moderna pueden ser interpretados como cuadros depresivos.


Inteligente y culta

La muerte de la reina Isabel la Católica, en 1504, marcó el punto culminante de su trágico destino, no sólo por haber perdido a su madre, sino porque fue proclamada reina de Castilla. Como su interés por el trono era inversamente proporcional a la ambición y ansias de poder de quienes le rodeaban, a partir de ese momento su vida se transformó en un calvario. Su esposo, su padre y posteriormente su hijo, el rey Carlos I, se empeñaron en provocarla para que explotara emocionalmente. Esa era la forma que ella tenía de rebelarse contra la represión y los abusos, pero era también la justificación para declararla demente y alejarla del poder. En 1509 fue llevada a Tordesillas, en donde permaneció encerrada y aislada del mundo durante 46 años, hasta su muerte en 1555. Aunque en vida siempre fue reconocida como la reina Juana de Castilla y en todos los documentos y provisiones reales su nombre figuraba en primer lugar.

La novela se puede clasificar como histórica contemporánea; a la ficción de la parte contemporánea, en donde, como en toda novela que se precie de tal, más de un personaje oculta un secreto que sólo se revelará al final, se contrapone la vertiente histórica, en la cual toda la información que aparece sobre Juana de Castilla y su época, es real y ha sido obtenida de la amplia bibliografía existente.

La autora es la poeta y escritora nicaragüense Gioconda Belli, quien al final del libro explica que el objetivo principal de su novela es reivindicar el nombre y la figura de una mujer a quien la historia oficial estigmatizó injustamente como demente. Juana de Castilla fue una mujer hermosa, inteligente y culta, pero que, producto de las circunstancias históricas en que le correspondió vivir, terminó sucumbiendo a las intrigas, ambiciones y traiciones de la Corte, en donde todos, incluidos sus familiares más cercanos, no dejaron nunca de conspirar en su contra.
(Seix Barral Novela Histórica, abril 2005)

La inmortalidad de Saint-Exupéry (31 julio 2005)

Justamente en un día como hoy, 31 de julio, hace 61 años, emprendió su vuelo final este escritor francés, uno de los más destacados representantes de la literatura universal de la primera mitad del siglo XX, y un pionero de la época heroica de la aviación comercial, quien es conocido en el mundo entero por su relato “El Principito”.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 31 de julio de 2005. Ver artículo...

Las dos grandes pasiones de Antoine de Saint-Exupéry, fueron la literatura y la aviación, en una ocasión llega a decir: “Para mí, volar y escribir son la misma cosa, el aviador y el escritor se identifican en una similar toma de conciencia”. Saint-Exupéry era de origen noble, poseía el título nobiliario de Conde. Creció en un ambiente culto y refinado y su madre viuda se preocupó de dar a sus hijos una educación esmerada. Desde pequeño muestra especiales dotes literarias, compone odas y sonetos y a los siete años se propone escribir una ópera. Al mismo tiempo se obsesiona con un invento que se desarrolla aceleradamente y que habría de transformar a la humanidad: la aviación.

A la edad de 12 años tiene su bautismo aéreo, cuando es invitado a volar, y esta experiencia lo marcará definitivamente. Quizá a partir de ese momento, Tonio, como le llamaban en su familia, o Saint-Ex como fue conocido por sus amigos pilotos, ya sabía que cualquier cosa que le deparara el destino, tenía que considerar ambas actividades.

En 1921 hace su servicio militar en la rama del aire, donde aprende a volar. De vuelta a la vida civil desempeña algunos trabajos burocráticos y comienza a buscar la forma de concretar sus dos grandes pasiones. El año 1926 es clave, logra publicar en una revista su primer relato: El aviador, que recibe elogiosos comentarios y es aceptado como piloto en una empresa encargada de transportar el correo aéreo.

A partir de ese momento, su vida toma el rumbo que siempre buscó. Comienza a desarrollar una intensa carrera como piloto y de su pluma surgen, uno tras otro, una serie de relatos y novelas que lo consolidan en el mundo de las letras. Pero Saint-Exupéry no es un escritor cualquiera, a la innegable calidad literaria de su prosa se agrega el valor de la autenticidad. Todas las epopeyas épicas que describe en sus relatos, las ha vivido personalmente. Transportando el correo ha cruzado cordilleras, desiertos y océanos, ha desafiado a los elementos y sufrido graves accidentes que lo han tenido muchas veces al borde de la muerte.

Sin embargo, lo que verdaderamente conmueve es el comprender que el sentido de su obra va más allá de los vuelos y las gestas heroicas, quizá si éstos no sean más que el escenario en el que se desarrolla la trama. Lo que realmente nos quiere transmitir es una profunda reflexión filosófica sobre la naturaleza humana, una descripción descarnada, y a la vez poética, de nuestras virtudes y flaquezas. La obra de Saint-Exupéry es antes que nada espiritual y trascendente.


Ciudadela inconclusa

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, logra ser aceptado como piloto, a pesar de su edad y de los graves accidentes que ha sufrido. Al inicio de las hostilidades vuela en peligrosas misiones defendiendo a su país, y esa experiencia la vuelca en la novela Piloto de Guerra, una obra conmovedora que invita a reflexionar sobre el sinsentido de la guerra y el sufrimiento que ésta acarrea a la población.

Después de la ocupación de Francia, su escuadrilla es desmovilizada y Saint-Exupéry se radica en EEUU en donde, sintiendose un exiliado, aprovecha cada momento para evocar a su país invadido. Con nostalgia recuerda a muchos de sus amigos aviadores, compañeros de aventuras épicas, que emprendieron ya el vuelo a la eternidad. De su pluma surgen escritos cargados de tristeza como Cartas para un rehén, pero también un relato maravilloso que lo hará inmortal: El Principito.

En el año 1944 nuevamente se alista como piloto y se le autoriza a realizar una cantidad limitada de vuelos de reconocimiento. El 31 de julio debe cumplir su novena misión, que consiste en sobrevolar y fotografiar, a 10.000 metros de altitud, la región de Lyon. Despegó a las 8:45, pero él, un hombre de paz, no iba a la guerra a matar. Volaba en la versión de reconocimiento aéreo del mortífero caza bimotor P-38 Lightning, el cual en vez de cañones y bombas, llevaba cámaras fotográficas. Su plan de vuelo consideraba completar la misión alrededor del mediodía, pero llega la hora del aterrizaje y no aparece. Sus compañeros de escuadrilla, impacientes lo esperan en la pista. A las 13:00 hrs. se transmite la alarma al control de radar, pero no hay ninguna señal de su avión. A las 14:30 se cumple el plazo fatal, a esa hora ya se le habría acabado el combustible.

En la base reina la consternación y cuando sus amigos abren la puerta de su cuarto se quedan sin palabras. En lugar del caos acostumbrado observan una habitación inmaculadamente ordenada, sobre el escritorio cartas dirigidas a algunos de sus amigos, y encima de la cama una maleta de tela conteniendo los manuscritos de Ciudadela, su último libro, en el cual aún estaba trabajando.

Sus restos no fueron hallados y durante mucho tiempo su desaparición fue un misterio, hasta se especulaba que seguía con vida, como sucede con todos los personajes famosos que se desvanecen sin dejar rastro. Pero no, Saint-Ex había muerto, los restos de su avión fueron encontrados e identificados recién hace unos pocos años, hundidos en el mediterráneo, y lo más probable es que fue derribado por aviones caza alemanes.

Saint-Exupéry intuía que ese día no regresaría y antes de partir se preocupó de dejar a buen recaudo los manuscritos de su libro Ciudadela (que sería publicado póstumamente en el año 1948), el cual representa la culminación del pensamiento existencialista y humanista que desarrolló a través de toda su producción literaria. Era tal el cuidado que le profesaba a su último libro que días antes de su desaparición, y cuando su escuadrilla se estaban cambiando de base, le pidió a otro piloto que llevara la maleta con los manuscritos. No quería correr el riesgo de que el autor y su obra se perdieran juntos, en el caso de ocurrir un accidente.

Antoine de Saint-Exupéry, el filósofo con alma de poeta, que escribía en prosa, murió tal como había vivido: en forma heroica. Su esposa Consuelo Suncín (quien inspiro al personaje la rosa en El Principito), al evocar su partida escribió: “desapareció en el cielo sin dejar rastro, ésta es la muerte que él necesitaba, una muerte hecha para él. Como un meteorito, apareció en la Tierra y después se desvaneció”.


 

El cuento de una existencia paralela (24 julio 2005)

Una reciente colección de narrativa para jóvenes y niños nos permite reflexionar acerca de los más complejos conceptos científicos. En “Atrapado en otra vida”, el muchacho protagionista comprende que a su lado circula un mundo paralelo, el cual no lo incluye.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 24 de julio de 2005.

El libro nos sumerge en la historia de Alaric Underwood, un joven adolescente que pierde a su madre en un accidente ferroviario. Por una casualidad, cuando se cumple el segundo aniversario de la tragedia, Alaric es capaz de acceder a una realidad alternativa en la cual su madre no ha muerto, el problema es que en esa realidad alternativa él no existe y su lugar lo ocupa Naia, una jovencita que parece ser su hermana gemela.

La trama del libro se desarrolla en un escenario conocido como de realidades múltiples, mundos paralelos o ambientes cuánticos. Este tema no es nuevo en la literatura, ha sido tratado muchas veces, basta recordar al escritor Jorge Luis Borges y su cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Lo interesante de este fenómeno, que parece sacado del mundo de la ciencia ficción, es que puede tener una explicación científica. La mecánica cuántica es una rama de la física moderna y describe el comportamiento del microcosmos; es decir del mundo de las partículas atómicas y subatómicas –invisibles al ojo humano- cuyo movimiento e interacción es distinta al comportamiento de los objetos de nuestro mundo cotidiano.

La mecánica cuántica es compleja, muy difícil de entender, y describe fenómenos que desafían a nuestro sentido común, y que por lo mismo son a veces difíciles de aceptar. Uno de ellos es el que postula que al producirse una observación a nivel de partículas, el universo entero se divide en realidades alternativas; generando cada una de ellas un universo diferente, pero nosotros, observadores del mundo cotidiano, sólo podemos percibir uno de esos universos, el cual constituye “nuestra” realidad.

El lexicón de Aldous

En el año 1957 el físico Hugh Everett, en su tesis doctoral, formuló el marco teórico, que explicaría este fenómeno, conocido como Interpretación de los Mundos Múltiples (IMM). Aunque, por la manera como está formulada, esta teoría se percibe como algo extravagante, los más connotados físicos teóricos la aceptan, entre ellos Stephen Hawking, quien en una ocasión dijo; “El nombre "Mundos Múltiples" es inadecuado, pero la teoría, en esencia, es correcta".

Sin duda que el saber que las “realidades alternativas” tienen un sustento científico serio, nos hará mirar con otros ojos a las obras literarias que los mencionan. Ya no será sólo un recurso literario utilizado para darle un carácter sobrenatural o fantástico, sino que por ser una posibilidad real, inevitablemente nos invitará a la reflexión y a la meditación, dándole un valor agregado a dichas obras.

Volviendo al libro “Atrapado en otra vida”, su autor es Michael Lawrence y es la primera entrega de una trilogía titulada “El lexicón de Aldous”. Puede ser clasificada como una novela juvenil, en su trama se mezclan la aventura y el suspenso, y se desarrolla en un escenario cuántico de realidades alternativas, que por lo ya comentado puede no ser tan “sobrenatural”. Aunque literariamente se trata de una obra liviana y que se puede recomendar para todo público, es ideal para los jóvenes, quienes después de leer y disfrutar una entretenida aventura, podrán sumergirse en interesantes reflexiones científico-filosóficas sobre temas tan cautivantes como la existencia y la realidad. Y de paso echar una mirada (con la ayuda de sus profesores de ciencias) al asombroso mundo cuántico, un lugar donde la naturaleza no deja de sorprendernos con fenómenos que pueden superar a las más afiebradas invenciones de la ciencia ficción.
(Ediciones B, S.A. 2005)

Julio Verne, ¿un profeta o el padre de la ciencia ficción? (10 julio 2005)

Al conmemorar, este año, el centenario de la muerte de Julio Verne vemos que su obra y su figura siguen tan vigentes como siempre, continúa siendo uno de los autores más leídos y traducidos del mundo (sus obras se leen en más de 150 idiomas) y nuevas generaciones disfrutan de esos relatos entrañables que, a pesar del paso de los años y del avance de la ciencia y la tecnología, continúan encendiendo nuestra imaginación.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 10 de julio de 2005.

Julio Verne, nació en el año 1828, en el seno de una familia acomodada, y pasó su niñez en el puerto de Nantes que en esa época era un hervidero de marineros, comerciantes, y exploradores que arribaban y zarpaban hacia lejanos territorios, un ambiente que sin duda condicionó su amor por la aventura y los ignotos territorios de ultramar. Incluso, siendo pequeño intentó embarcarse, a escondidas de sus padres, como grumete en un velero mercante, pero fue sorprendido en último momento y duramente castigado. Su padre era abogado, y dispuso que su hijo también lo fuera, a regañadientes terminó sus estudios de derecho, pero desde muy joven cultivó una actividad distinta: la literatura. Sus primeras incursiones fueron en el teatro, escribió tragedias en verso, comedias y sainetes, varias de las cuales fueron estrenadas. Fue amigo de Alejandro Dumas, quien seguramente lo contactó con el mundo literario de la época.

En forma simultánea a su incursión en el mundo de las letras, Julio Verne prestaba especial atención al desarrollo de la ciencia y la tecnología; fue un testigo privilegiado de la culminación de la ciencia clásica y toda su materialización en la llamada segunda revolución industrial. Fue contemporáneo de una pléyade de científicos que estaban en el apogeo de su producción intelectual y Julio Verne, que desde pequeño se sintió atraído por estos temas, se transformó en un lector asiduo de todo lo que producía la ciencia de su época. Pero no se conformaba sólo con leer, quería comprenderlo todo y en profundidad, por lo que a diario se encerraba en la biblioteca a estudiar en detalle materias tan disímiles como química, botánica, geología, mineralogía, geografía, oceanografía, astronomía, matemáticas, física, mecánica, balística e historia. Además entabló amistad con exploradores, viajeros, periodistas, científicos y filósofos con quienes disfrutaba de fecundas tertulias que le permitieron abrir su mente y hacer suyo el espíritu de la época,

En el año 1852 se produce un vuelco en su vida; el Julio Verne literato, que atesoraba en lo más profundo de su alma sus recuerdos infantiles de viajes y aventuras y que además posee sólidos conocimientos en temas científicos, une sus intereses más preciados y se decide a crear un nuevo estilo literario: “La novela de la ciencia”. A partir de ese momento dedicará todos sus esfuerzos a acercar al ciudadano común y corriente los nuevos conocimientos e inventos que se producían a diario. Comienza trabajando como periodista para una revista de divulgación científica, y a petición expresa de su director deberá "narrar y aproximar al pueblo la aparentemente complicada naturaleza de la ciencia y de la técnica", y para hacerlo elige el camino de la creación novelística. Posteriormente establece contacto con el famoso editor Pierre Jules Hetzel y en 1863 publica la novela "Cinco semanas en globo", que resulta un éxito total. A partir de ese momento inicia un fecundo periodo de producción literaria, escribe la saga “Los viajes fantásticos”, compuesta por 62 novelas y dos colecciones de historias cortas, entre las que destacan las conocidas “Viaje al centro de la Tierra”, “De la Tierra a la Luna” y “Veinte mil leguas de viaje submarino”, entre otras. Todas sus obras gozaron de un éxito inmediato, con tirajes de más de 100.000 ejemplares en algunos títulos.

Especulación y aventura

Mirando su obra en retrospectiva, ha surgido la controversia en torno a la condición de Julio Verne. Hay quienes postulan que fue un iniciado, que a través del don de la profecía, pudo anticiparse a su tiempo y describir todos los inventos que posteriormente se hicieron realidad. La otra posición, señala que Verne fue una persona que poseía sólidos conocimientos de la ciencia y tecnología de su época y que con una buena dosis de intuición e imaginación, fue capaz de visualizar escenarios probables, y sobre esa base creó una nueva forma literaria: La ciencia ficción. Claramente la segunda posición es la correcta, todo lo que Verne propone, lo construye pisando en el terreno sólido del rigor de la ciencia, todos los escenarios que se imagina los corrobora cuidadosamente, y cuando es necesario, solicita a sus amigos científicos que revisen sus cálculos.

Julio Verne conoció en vida el éxito y la fama y fue testigo de lo acertado de su decisión cuando, siendo aún un joven escritor, optó por dedicar sus esfuerzos a la divulgación de la ciencia. Aun cuando han transcurrido más de 140 años desde la aparición de sus primeras novelas de ciencia ficción, no podemos dejar de asombrarnos al constatar que esas historias siguen plenamente vigentes, manteniendo intacta la frescura y el encanto que supieron apreciar sus primeros lectores, esto a pesar de que sus obras, por ser futuristas, hacen mención a inventos que hace mucho tiempos fueron superados por nuestra ciencia y tecnología modernas. Lo que hace a Julio Verne inmortal es que supo dar con la combinación perfecta, mezclar en sus novelas la especulación seria de lo que el futuro nos puede deparar con la emoción de los viajes y la aventura.

Un renacentista del Renacimiento (3 julio 2005)

Pesa más de ocho kilos y mide 30 x 40 centímetros. El mamotreto “Leonardo da Vinci, obra pictórica completa y obra gráfica”, es una joya de impresión, una exquisitez de libro, y funciona como un enorme compendio de lo mucho que se ha escrito sobre el creador de “La Gioconda”.

Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 3 de julio de 2005.
Ver artículo....

Mucho se ha escrito sobre Leonardo da Vinci desde que Giorgio Vasari publicara en 1550 su primera biografía, a partir de entonces, generaciones de historiadores se han dado a la tarea de armar el rompecabezas que significaba reconstruir la vida y obra de este personaje. El descubrimiento de nuevos documentos de época, tales como cartas, contratos, mandatos notariales e incluso parte de los manuscritos originales del maestro, así como también el desarrollo de nuevas tecnologías que posibilitan un mejor análisis de sus pinturas, permiten que su obra, a la luz de estos nuevos antecedentes, pueda ser reinterpretada y comprendida mejor.

En este contexto, el libro que estamos comentando, puede ser considerado como la visión más actualizada que se ha alcanzado sobre el gran genio del Renacimiento. La obra no es una biografía, en el sentido tradicional, sino más bien un estudio profundo y riguroso del proceso de creación de su vasta obra, y de una descripción pormenorizada y actualizada de la misma.

En la primera parte del libro, en diez capítulos, se hace un recorrido cronológico de su vida, comenzando con la juventud del artista en Florencia hasta sus últimos días en la corte del Rey Francisco I de Francia, acompañándolo en sus sucesivos pasos por Milán, Mantua, Venecia y Roma, en un constante periplo por una península itálica que, en esa época, no era la Italia que conocemos hoy, sino un conjunto de estados independientes, gobernados por influyentes familias que luchaban entre sí por el poder.

Siguiendo el relato podemos entender la evolución de su técnica pictórica, la incorporación de revolucionarias innovaciones, que muchas veces significaron que sus obras se deterioran rápidamente. Seremos testigos de su prodigiosa producción intelectual, que abarcó casi todas las áreas del saber, y de cómo en su afán de abarcarlo todo, no era capaz de finalizar la mayoría de sus proyectos. Pero que aun así, dejó a la humanidad una herencia que en lo artístico determinó nuevas líneas de desarrollo en técnica y composición; y en lo científico, descubrimientos e inventos, que anticiparon en siglos, a la ciencia y a la tecnología moderna.

Todo el volumen está generosamente ilustrado con magníficas reproducciones de sus obras pictóricas, bocetos y manuscritos. Es tal la calidad de la impresión del libro, que al observar muchas de las ampliaciones no podemos evitar la sensación de estar en presencia de las obras originales.


Siempre inconcluso

La segunda parte del libro es un catálogo de la obra pictórica completa de Leonardo da Vinci. Se incluyen no sólo las obras conocidas, sino también los primeros bocetos de algunos cuadros perdidos y otras piezas, de las cuales hay dudas razonables de su autoría.. Se mencionan algunas obras de otros autores, en particular dos cuadros del taller de Andrea del Verrochio, en donde, Leonardo siendo aún un aprendiz, trabajó en detalles secundarios. Se describen en total 34 obras, destacándose para cada una de ellas los aspectos relevantes de la técnica pictórica empleada, el estado de conservación actual, el proceso de esbozado, detalles contractuales de su encargo y posterior entrega, los distintos dueños que han tenido a lo largo de los años y otros antecedentes que serán muy valorados, tanto por los especialistas, como por el público en general.

La tercera parte está dedicada exclusivamente a la obra gráfica de Leonardo, es la más extensa del libro y en ella se muestran 663 dibujos elegidos de entre los numerosos manuscritos y libretas de apuntes del maestro. Era en sus manuscritos, donde Leonardo materializaba todas sus ideas y pensamientos científicos, mezclando en hojas sueltas dibujos, planos y anotaciones escritas en caligrafía invertida. Tenía la esperanza de algún día ordenarlos y dar forma a tratados sobre una amplia diversidad de temas científicos. Pero al igual que ocurrió con gran parte de su obra pictórica, que quedó inconclusa, tampoco sus sueños de publicar sus tratados se hicieron realidad.

Ordenados en 16 categorías, los dibujos se reproducen en gran tamaño, permitiendo observar detalles inéditos, que no hacen más que confirmar la universal genialidad de Leonardo. Así como las dos primeras partes del libro serán disfrutadas y valoradas mejor por los estudiosos del arte y por quienes posean sensibilidad artística; en la tercera parte quienes se sorprenderán serán los especialistas en materias tan disímiles cómo: ingeniería civil, hidráulica, dibujo técnico, botánica, anatomía, diseño gráfico, cartografía, geografía, arquitectura, astronomía, geología, arte del vuelo, máquinas de guerra, y hasta dibujantes de cómic.

El autor principal, Frank Zöllner, es Doctor en Teoría del Arte y actualmente ejerce como profesor en la Universidad de Leipzig. Johannes Nathan, quien redactó los textos de la parte III del libro, es Doctor en Historia del Arte y ha desarrollado su actividad docente en la Universidad de Nueva York y en el Instituto de Historia del Arte de la Universidad de Berna.

De Galileo a Sagan y Hawking (19 junio 2005)

¿Cuál fue el último libro de divulgación científica que usted leyó? ¿Ha leído alguno?. En una sociedad que pretende conseguir el bienestar material de todos sus ciudadanos, solemos olvidar que los avances de la ciencia y la tecnología también deberían ser conocidos por cada uno de nosotros, como la máxima expresión de la igualdad. En esa tarea, son fundamentales los textos que explican, extienden y fomentan el conocimiento humano


Por Hugo Jara Goldenberg

Publicado en el diario El Sur, el 19 de junio de 2005


Vivimos en una sociedad marcada, como nunca antes, por la presencia de la ciencia y la tecnología. Ésta se manifiesta en todos los ámbitos de nuestro quehacer, a tal punto que cuesta imaginar alguna actividad humana en que no dependamos de ella.

Sin embargo, se da la paradoja de que la mayoría de las personas tienen un desconocimiento casi total de lo que es la ciencia y la tecnología, definitivamente el ciudadano medio carece de lo que se ha dado en llamar cultura científica. Así, conceptos, fenómenos o aplicaciones, presentes en nuestras actividades cotidianas, tales como: la ingeniería genética, los alimentos transgénicos, los rayos X, la capa de ozono, el efecto invernadero, la lluvia ácida y otras, no son entendidas cabalmente por la mayoría de las personas.

La comunidad científica a nivel mundial no representa más del 0,13% de la población, y sin embargo el resultado de su trabajo, para bien o para mal, transforma y condiciona la forma de vida de toda la humanidad. A pesar de la trascendencia de esta actividad, existe un marcado divorcio entre quienes crean el conocimiento científico-tecnológico y los que pasivamente lo usan. El físico inglés C.P. Snow, mencionó en una de sus conferencias, el problema de las “dos culturas”, para hacer referencia a la cultura científica y a la cultura del resto de la sociedad.

Se han hecho muchos estudios para analizar las causas de esta separación, pero hay consenso en que uno de los caminos para resolver esta situación, es disponer de un canal de comunicación que nos permita llevar ese conocimiento, desde su fuente de origen al ciudadano común y corriente. Esa labor de comunicación la cumple la Divulgación Científica, la cual se encarga de poner al alcance de la sociedad los conocimientos (descubrimientos e invenciones) que a diario surgen de las distintas ramas de la ciencia y la tecnología.

Pero ésta no es una tarea fácil, ya que se deben conjugar dos factores. Por una parte quien realice esta labor debe tener un nivel de conocimiento que le permita entender adecuadamente lo que quiere explicar y por otro lado debe ser capaz de expresarlo de manera tal, que pueda ser comprendido fácilmente por el público no especializado.

Entre los precursores de la divulgación científica se pueden nombrar a Johannes Kepler y a Galileo Galilei, quienes en el siglo XVII, escribieron obras en forma literaria, con el claro propósito de acercar sus nuevas ideas a la sociedad, incluso Galileo escribió en italiano y no en latín, como era la costumbre en la época, para hacer llegar su mensaje a un público amplio y no sólo a eruditos.


Un género literario

Aunque la divulgación científica, como todo proceso de comunicación, puede utilizar diferentes formatos (periódicos, revistas, radio emisoras, canales de televisión, internet, etc.), es a través de los libros donde alcanza su máximo reconocimiento, incluso literariamente se le clasifica como un subgénero del ensayo. Algunos libros de divulgación científica han llegado a transformarse en best-sellers, como “Historia del Tiempo” de Stephen Hawking o “Cosmos” de Carl Sagan; pero sin duda constituyen una excepción, ya que la mayoría de estas obras no son las favoritas de una población que cada día lee menos, y lo poco que lee se orienta a otras temáticas.

Muchos connotados científicos modernos han incursionado en este género literario, con diferentes grados de éxito, embarcándose en la empresa de contar en palabras simples lo que la mayoría de las personas considera difícil. Dentro de todos ellos se destaca Carl Sagan (1934-1996): Doctor en Astronomía, especialista en Astronomía Planetaria, catedrático en la Universidad de Cornell. Sagan hizo de la divulgación de la ciencia un apostolado. Existe una generación completa de científicos, que siendo niños o jóvenes, a principios de los años 80, se enamoraron de la ciencia observando por televisión su, ya mítica, serie “Cosmos”.

También la Ciencia Ficción


Otra vertiente importante de la divulgación científica la constituye la ciencia ficción, en particular aquella en donde se presentan temas científicos con un nivel de profundidad tal que pueden ser consideradas obras de divulgación. Autores como Fred Hoyle, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, se destacan en esta categoría. Incluso Arthur C. Clark anticipó, en su obra literaria, tecnologías que se hicieron realidad mucho tiempo después, como los satélites geoestacionarios y las comunicaciones vía satélite. Y ya que estamos hablando de la ciencia ficción como un medio para transmitir la ciencia, como no mencionar a Julio Verne (este año se conmemora el centenario de su muerte, falleció el 24 de marzo de 1905), quien supo llenar la imaginación de un público que estaba ávido de aventuras que se desarrollaban en escenarios que la ciencia, algún día, podría hacer realidad.

Cuando vemos que el eslogan y las aspiración de casi todas los gobiernos mundiales, es lograr un sociedad más justa, en donde todos los seres humanos, por el solo hecho de serlo, merezcan un trato digno y un acceso igualitario a todos los beneficios materiales que reporta la vida moderna, no debemos olvidar que también es importante la democratización y humanización del conocimiento científico.

Esto significa que no sólo debemos soñar con un mundo en donde haya una distribución más equitativa de los ingresos, sino donde también exista un acceso igualitario al conocimiento, ya que ésta será una condición necesaria para transitar exitosamente por la sociedad tecnificada y globalizada, en la que nos ha correspondido vivir.