26 de diciembre de 2025

Los sueños de la niñez

 


Por Hugo Jara Goldenberg

Es frecuente escuchar que al crecer, debemos madurar y elegir un camino profesional, dejando atrás las fantasías y los sueños de la infancia. En mi caso, siguiendo esta premisa, estudié en la Universidad de Concepción y me titulé de Ingeniero Informático.

Como Informático he disfrutado de una profesión maravillosa que me ha permitido estar a la vanguardia como especialista de la principal tecnología del mundo moderno. Sin embargo, nunca permití que el profesional que llegué a ser, silenciara los sueños del niño que fui.

Ese niño tenía siempre la mirada fija en lo alto, y acariciaba dos sueños que embriagaban su imaginación: volar como las aves y conocer el secreto de las estrellas. Así, junto con los típicos juegos de niño, construía toscas maquetas de aviones utilizando madera, papel y cartón, y leía con avidez toda la literatura que tratara temas de astronomía y astronáutica.

Ya de adolescente, los sueños seguían ahí, y comencé con un hobby, que aún mantengo: el modelismo aéreo. Y junto con un primo, construí un rudimentario telescopio, con el cual podíamos disfrutar de los cielos y observar con gran detalle la Luna y los planetas.

Sin embargo, cuando llegó el momento de ir a la Universidad, me encontré con el problema que esos dos sueños, que se resistían a abandonarme, no los podía estudiar como una carrera universitaria. Astronomía no se dictaba, en ese entonces, en mi ciudad. Y la aviación no existía como un programa académico que se pudiera estudiar fácilmente.

Decidí entonces estudiar Ingeniería, y opté por la especialidad de informática. Elegí esta Carrera por su naturaleza ubicua, que intuía me permitiría utilizarla de muchas formas y en áreas muy distintas.

Y no me equivoqué, durante muchos años de ejercicio profesional, he trabajado en temas tan variados como la creación de código de computador, el análisis y diseño de sistemas de información, la arquitectura de software, el diseño y programación de Bases de Datos y también he incursionado en la docencia en educación superior, formando a nuevas generaciones de profesionales de la informática.

Pero ¿Y qué sucedió con la aviación y la astronomía, esos dos sueños que me perseguían desde la más temprana infancia? Pues no los olvidé.

Primer sueño

Al terminar mi Carrera me enteré de la existencia del Club Aéreo Universidad de Concepción, una institución que fomenta la aviación civil deportiva dictando el curso de piloto privado, y que opera desde el Aeropuerto Carriel Sur

Hice las averiguaciones respectivas y en poco tiempo ya estaba iniciando mi formación como aviador. Después de terminar el curso y haber aprobado los exámenes teóricos y prácticos ante la Dirección General de Aeronáutica Civil, obtuve la Licencia de Piloto Privado de Avión.

Durante más de veinte años volé intensamente, pero no solo en vuelos de paseo de fin de semana, como la mayoría de los pilotos civiles, sino que, además realizando misiones de apoyo para el combate aéreo de incendios forestales, como piloto del avión de control. También, realicé innumerables vuelos como piloto de un avión ambulancia para el traslado de personas heridas y enfermas desde localidades aisladas, principalmente la Isla Santa María e Isla Mocha. Y, además, cientos de vuelos de fotografía aérea para empresas forestales. Y muchas jornadas de vuelos populares en donde, como piloto, acompañé a personas, de todas las edades, en su bautismo aéreo.

Igualmente, colaboré como relator en la Escuela de Vuelo del Club Aéreo, dictando las asignaturas de Aerodinámica, Meteorología Aeronáutica y Navegación Aérea, ayudando así a formar a nuevos aviadores, algunos de los cuales actualmente vuelan como pilotos comandantes en líneas aéreas.

Segundo sueño

Con respecto a la astronomía, aproveché lo que aprendí en Matemáticas, Física y Química mientras estudié la Carrera de Ingeniería, para profundizar, en forma autodidacta, mis conocimientos en temas de astronomía y astronáutica.  Además, asistí a algunos cursos de perfeccionamiento docente en astronomía escolar, que se dictaban en la Escuela de Graduados de la Universidad de Concepción.

Después de muchos años de estudiar la astronomía de forma teórica, decidí dar el siguiente paso, y levanté mi propio Observatorio Astronómico. Durante el año 2004, aprovechando una remodelación mayor que hicimos a nuestra casa, inicié la construcción del Observatorio Astronómico Amateur Antares.

Este Observatorio posee una cúpula metálica de 2 metros de diámetro y aloja un moderno telescopio Catadióptrico, marca Celestron, Modelo Celestar 8, de 20 cm de apertura, con un buscador de 9x50 y motorizado en ascensión recta.

Durante años he realizado actividades de divulgación de astronomía y astronáutica, destacando talleres en colegios y liceos, ciclos de charlas y conferencias en diferentes lugares, publicación de artículos en periódicos y revistas de divulgación científica. Y por supuesto observaciones guiadas en mi Observatorio.

Reflexiones finales

Se suele decir que si no vivimos de nuestros sueños, hemos fallado en cumplirlos. Pero creo que eso no siempre es verdad. A través mi experiencia, he descubierto que la profesión puede dar el sustento diario, pero son las pasiones y sueños los que dan la vida.

No necesité ser un piloto comercial de línea aérea para sentir la emoción indescriptible de despegar y volar entre las nubes libre como las aves, tal como lo imaginaba a los siete años cuando jugaba con aviones de papel.

Del mismo modo, no hizo falta trabajar en un gran Observatorio profesional, para explorar el cosmos. Mi pequeño Observatorio es mi ventana personal al infinito. Como astrónomo amateur, he aprendido que observar la danza de los planetas o la luz de una galaxia lejana no requiere de un grado académico de doctor en astronomía, sino solo la misma curiosidad infantil que me hacía preguntar "¿por qué?" cuando era pequeño y salía al patio de la casa a observar, a ojo desnudo, una noche estrellada.

También es necesario destacar que la remuneración que se recibe por realizar estas actividades no es en dinero. El pago es observar la mirada de asombro y felicidad de un niño cuando ve por primera vez a través del ocular del telescopio y observa las montañas y cráteres de la Luna, los anillos del Planeta Saturno, los principales satélites de Júpiter o las zonas de formación de estrellas en la Nebulosa de Orión. Tampoco la remuneración es en dinero cuando vemos la emoción de personas, de cualquier edad, que observan por primera vez el paisaje desde el aire en los vuelos populares. 

Relacionado con lo anterior, quiero destacar lo agradecido que estoy de haber podido concretar mis dos sueños infantiles de manera no remunerada. Esto porque cuando se vive de una profesión en un contexto laboral tradicional, son inevitables los conflictos humanos que surgen por diferentes razones, pero que inevitablemente repercuten en el cariño con que se realizan las tareas cotidianas. En mi caso, al ser actividades que realizo ad-honoren, están a salvo de todos los disgustos y sinsabores propios de los ambientes de trabajo.

Como conclusión, puedo señalar que cumplir los sueños de la infancia no necesariamente significa convertir tu pasión en tu trabajo. A veces, si se dan las circunstancias, se puede tener la suerte que con la carrera profesional se logran hacer realidad esos sueños que ya parecían perdidos e inalcanzables. Como siempre digo cuando me presento: ”Soy Ingeniero Civil Informático y Magister en Educación por profesión, pero Observador de las estrellas y piloto aviador, por vocación”.


21 de diciembre de 2025

Un avión inflable



Por Hugo Jara Goldenberg

Al estudiar la historia de la aviación sorprende el vertiginoso avance experimentado por este medio de transporte. Después del primer vuelo totalmente controlado de un aparato más pesado que el aire (diciembre del año 1903), en sólo algunas décadas, se pasó de endebles aparatos construidos con estructuras de madera y alambres, a sólidas aeronaves metálicas capaces de transportar grandes cargas, desplazarse a altas velocidades, y cruzar en sólo horas continentes y océanos.

En los inicios de la aviación, cuando aún no se conocían en profundidad las leyes físicas que permitían el vuelo, y los avances se lograban mediante el expediente de la “prueba y error”, aparecían propuestas de aeronaves estrafalarias, que no solo no podían volar, sino que muchas veces en el intento de hacerlo, llevaban a la muerte a sus constructores.

Sin embargo, al terminar la Primera Guerra Mundial (1918), ya la ciencia de la aerodinámica estaba firmemente establecida, y a partir de entonces, aunque los diseños específicos podían variar, la estructura básica de cualquier aeronave debía ceñirse a patrones claramente establecidos, y por supuesto que debían ser construidos con materiales sólidos y resistentes.

Idea novedosa

Pero la inventiva humana no tiene límites, y con frecuencia se conoce de propuestas curiosas que rompen con los modelos tradicionales, no solo en lo referido al diseño, sino también a los materiales empleados. Una de esas propuestas innovadoras fue un avión inflable denominado “inflatoplane”, diseñado en los años 50 del siglo pasado por le empresa Good Year, conocida por los neumáticos, pero que también ha tenido una importante trayectoria en la industria aeronáutica, principalmente como fabricante de DirigiblesAunque es necesario aclarar que la idea no era totalmente original, ya que en los años 30 se habían hecho intentos por construir una aeronave inflable, pero sin éxito.

Como lo indica su nombre “Inflatoplane”, se trataba de un avión inflable, construido en caucho, el cual se empacaba (en una caja), y el piloto, utilizando un compresor portátil, lo podía inflar en pocos minutos, de la misma forma como se hace con un bote inflable.

El diseño tuvo su génesis en el ámbito militar, y surgió ante la necesidad del ejército de EEUU de disponer de un medio aéreo fácilmente desplegable, y que permitiera a las unidades de infantería poder realizar misiones de observación cercana. También se pensó en otros usos, como por ejemplo arrojarlo desde el aire, en paracaídas, para permitir el rescate de pilotos derribados en territorio enemigo.

 

Estructura de la aeronave

El que se tratara de un avión inflable, no significaba que fuese una especie de globo con forma de aeronave. El fabricante Good Year, aprovechando su amplia experiencia en la fabricación de Dirigibles, construyó las alas y el empenaje con una tela engomada conformada por dos capas de nylon, unidas por filamentos que al inflarse se tensaban, dando forma y rigidez a las superficies de sustentación y control.

Para el fuselaje se utilizaban paneles de madera plegables y tela engomada de aviación, todo unido por cables que aseguraban la forma y solidez del conjunto.

Atravesando la parte centran de la aeronave, en sentido vertical, había un tubo de acero que, junto con servir de punto de sujeción a toda la estructura de cables que sostenía al avión, permitía en el extremo superior, montar el pequeño motor que propulsaba a la aeronave.

Se construyeron prototipos de dos modelos. El primero era monoplaza (con capacidad para un tripulante), estaba provisto de un motor de 40 caballos que le permitía una velocidad máxima de 116 km/h y una autonomía de 630 km, con un estanque de 76 litros.

También se diseñó un modelo biplaza (para dos tripulantes), el cual estaba provisto de un motor de 60 caballos, el cual podía alcanzar una velocidad máxima de 113 km/h con un alcance de 443 km. Su techo de vuelo era de 10.000 pies (3.048 metros)

Sus requerimientos de pista para los despegues y aterrizajes eran muy reducidos. Para decolar le bastaban poco más de 76 metros y aterrizaba en una longitud de 100 metros. Sus prestaciones eran muy similares a la de los actuales aviones ultraligeros.

 

Utilización efectiva.

Aunque el proyecto en principio se veía atractivo, en la práctica finalmente no prospero. A pesar de sus diseño ligero y portátil, presentaba severas limitaciones operacionales y también de seguridad: su estructura de goma inflable era vulnerable a daños por balas, objetos punzantes o condiciones climáticas adversas. Incluso un piloto falleció durante el período de pruebas cuando su aeronave colapso al romperse un cable estructural.  Además, su desempeño operacional era modesto, con prestaciones reducidas en velocidad, altitud y autonomía.

Debido a todos estos factores el interés militar en el proyecto disminuyó. También contribuyó a este desinterés el que surgieran helicópteros más eficaces para misiones de rescate de pilotos derribados, además del advenimiento de los satélites para las tareas de observación. El proyecto se canceló definitivamente en el año 1973, pero como recordatorio de este innovador diseño aeronáutico, se pueden ver los prototipos que sobrevivieron en algunos museos de aviación de EEUU.


Video del Avión Inflable GoodYear


20 de enero de 2025

Biblioteca personal

                                          Fotografía de mi biblioteca

Por Hugo Jara Goldenberg

De todas las actividades que realizo habitualmente, una de las más importantes es la lectura y eso se explica en gran parte porque tuve la suerte de nacer en un hogar en donde siempre hubo libros. Y además, porque en todos mis recuerdos de niñez está la imagen de mis padres leyendo, lo que confirma que el ejemplo es la mejor forma de inculcar en un niño el amor por los libros.

Esta pasión por la lectura me ha acompañado toda la vida, y en el transcurso del tiempo he logrado tener una biblioteca personal de varios miles de libros. Esta biblioteca es mi mayor tesoro, y la temática de lo que hay en ella es amplia, destacando textos de historia, filosofía, literatura clásica greco-latina, aviación, astronomía, astronáutica, matemáticas, física, química, ingeniería, biología, informática, divulgación científica, geografía, biografías, ajedrez, novela histórica, y un largo etcétera.

Aunque para muchos la lectura es algo aburrido, la verdad es que para quienes disfrutamos de ella, es una de las cosas más entretenidas del mundo. Gracias a la lectura no solo aprendemos y conocemos más, también a través a ella podemos vivir experiencias inolvidables, también nos ayuda a evadirnos de los problemas de la vida cotidiana, e incluso nos permite viajar en el tiempo y el espacio, ya que, al leer, la imaginación nos lleva al momento y lugar en que suceden los hechos. Así, podemos conocer y acompañar en sus aventuras, a personajes reales o ficticios por lugares y parajes de cualquier parte del mundo o del universo.

La lectura es una actividad en apariencia sencilla pero que necesita, para realizarla correctamente, disponer de un ambiente adecuado, libre de ruido, con la iluminación precisa, bien ventilado y con una temperatura cómoda. En mi caso, el lugar favorito para leer es el living de mi casa, frente a un acuario y a  un terrario de suculentas, y al lado de una maqueta del HMS Beagle (escala 1:64).

A continuación hay un link que muestra mi lugar predilecto de lectura:  LINK AL VIDEO                    

28 de agosto de 2024

    Ciclismo en casa

 


Por Hugo jara Goldenberg

 

La prolongada cuarentena y demás restricciones establecidas durante la pandemia del Covid 19, afectó a millones de personas en todo el mundo. Las consecuencias de estas limitaciones se manifestaron en diferentes aspectos de la vida cotidiana, y una de ellas fue la imposibilidad de realizar actividades deportivas y recreativas al aire libre.

Este escenario obligó a muchas personas a reinventarse en la forma de realizar actividades físicas. En mi caso, que he practicado deportes durante muchos años, me vi obligado a implementar un ambiente para realizar ciclismo estático, pero en un contexto realista.

Para ello, habilité en mi casa un escenario compuesto por una bicicleta mountanbike de aro 26, montada sobre un rodillo de ciclismo y enfrentando a un telón de 2,4 x 1,5 mt, sobre el cual, mediante un DataShow, se proyecta un video de ciclismo real, firmado con una cámara de video GoPro.

Hay muchos canales de Youtube en donde aparecen videos grabados en diferentes partes del mundo, en los más variados escenarios.

Los canales de youtube que más utilizo son los siguientes:

1.  Bike the World

2.- Indoor Cycling Videos

3.- HDCycling Videos

El siguiente video muestra como hago ciclismo en la comodidad de mi hogar.  Se trata de un recorrido por el valle fluvial de Oldedelen ubicado en Noruega. El valle tiene una longitud de 20 km, y en su centro contiene al lago Oldevatnet. 

 

                                    LINK AL VIDEO




26 de septiembre de 2021

Acuario


 Por Hugo Jara Goldenberg

Uno de mis tantos hobbies son los acuarios, el que tengo actualmente lo monté en el año 2003, aprovechando la experiencia de algún tiempo de trabajo en acuarios pequeños.

Durante estos años el acuario ha tenido diferentes decoraciones y habitantes. En estos momentos hay peces Neón, Cebritas, Espadas y Platys, mientras que la parte vegetal está formada por Helechos de Java y Vallisnerias.

El acuario está puesto sobre una vitrina que yo mismo construí, en la cual exhibo algunas de mis maquetas de barcos. 

En la parte superior hay una réplica del legendario RMS TITANIC (escala 1:400); y en la parte inferior, un modelo del buque HERMANN MARWEDE (escala 1:72), un navío del Servicio de Búsqueda y Rescate marítimo de Alemania, el cual posee una rampla para helicópteros en donde está posado un Eurocopter EC135, utilizado para evacuaciones aeromédicas.

Este acuario tropical de agua dulce tiene 120 litros de capacidad, y sus medidas son: 1 m de frente, 40 cm de alto y 30 cm de fondo, y está instalado en el living de mi casa, constituyendo un atractivo elemento decorativo.

Pero por sobre su valor estético, un acuario es una inagotable fuente de goce de los sentidos, ya que observarlo escuchando una buena pieza musical, es un verdadero bálsamo para el espíritu.

A continuación, hay un link a un video en Youtube, en donde se puede observar el acuario:

 

                        LINK AL VIDEO



14 de diciembre de 2020

Entrevista en televisión

 

El pasado 2 de diciembre me visitaron del canal Omega TV, para hablar de astronomía y del eclipse total de Sol del 14 de diciembre de 2020.



9 de noviembre de 2020

Vuelo sobre Concepción - Chile

  
                                                  Aterrizando en el aeropuerto Carriel Sur 

Uno de los sueños que me acompañó desde mi más temprana infancia fue el poder volar. Recuerdo que en los paseos familiares veraniegos a la playa, no me bañaba como lo hacían mis hermanos y amigos, prefería pasar horas embelesado observando la evolución de las aves, imaginando como sería observar al mundo desde los cielos. 

Cuando me transformé en adulto no olvidé ese sueño infantil, y al terminar mis estudios universitarios lo primero que hice fue ahorrar dinero para hacer el curso de vuelo. Así, al poco tiempo ya tenía mi licencia de piloto aviador. Y aquí quiero recordar un hecho curioso: durante varios años me movilizaba al aeródromo Carriel Sur de Concepción, caminando o en bicicleta, sólo después de cinco años de obtenida la licencia de piloto me pude comprar un auto, y recién en ese momento aprendí a conducir.

Durante más de veinte años volé intensamente, pero no solo en vuelos de fin de semana como la mayoría de los pilotos privados de avión, sino que además realizando misiones de apoyo en el combate aéreo de incendios forestales, vuelos de ayuda y evacuación aeromédica a localidades aisladas, principalmente la Isla Santa María e Isla Mocha. Y también cientos de vuelos de fotografía aérea para empresas forestales. 

Circunstancias de la vida me obligaron a plegar, espero que temporalmente, mis alas. Pero cuando se aprende el arte del vuelo, se es piloto para toda la vida, aunque la licencia esté vencida. 

Revisando viejos videos encontré una grabación de un vuelo que hice por Concepción y sus alrededores, a principios de los años 2000. La cinta 8mm tenía signos de deterioro, por lo que la calidad del registro no es la mejor. El audio, con mucho ruido, lo reemplacé por algunos temas de Neil Diamond, de la película “Juan Salvador Gaviota”. Quienes iban de pasajeros en ese vuelo, eran compañeros de trabajo en la Universidad de Concepción

Un grato recuerdo de mi época de aviador activo.


                                Link al video en Youtube



 

5 de marzo de 2020

Los desafíos y riesgos del Big Data


Por Hugo Jara Goldenberg


Este artículo fue publicado como columna de opinión en el Diario de Concepción


Una característica del mundo moderno es el alto volumen de información que se ha acumulado en todas los sectores de la sociedad, a partir de mediados del siglo pasado. Sin embargo, desde los años 2011 y 2012, con la irrupción de tecnologías como la Internet de las cosas, las redes sociales, el mejor acceso a Internet y la computación en la nube, entre otras, los datos disponibles han tenido un crecimiento exponencial. Se ha acuñado el término Big Data (Datos masivos o Macrodatos), para hacer referencia e esos grandes volúmenes de datos, que ya se miden en escalas de zettabytes (un zettabyte equivale a 1021 bytes).

Este escenario está provocando un gran desafío a las organizaciones que pretendan ser exitosas en los inciertos y desafiantes mercados del siglo XXI, ya que el correcto acceso al Big Data les va a reportar ventajas decisivas con respecto a aquellas empresas que no lo hagan.

Pero hay que tener cuidado ya que junto a las oportunidades que reportará el acceso al Big Data, existen también incontables peligros que si no se ponderan y cuantifican adecuadamente pueden transformar a esta tecnología en un lastre. Uno de los principales riesgos se refiere a cometer errores en el análisis e interpretación de la información, lo cual puede llevar a conclusiones erróneas que terminarán echando por tierra la credibilidad de la organización.

Es por esto que un aspecto importante del Big Data, lo constituyen los profesionales encargados de su utilización, los cuales deben poseer sólidos conocimientos no sólo en aspectos tecnológicos propios de la ciencias de computación e informática, sino que también probadas competencias en modelamiento matemático, estadística, y además un conocimiento experto en las diferentes áreas de negocios. Este conocimiento multidimensional es necesario ya que estos nuevos profesionales, también conocidos como científicos de datos, deberán hacer algo tan relevante como crear significación y valor a los datos, con el fin de  construir modelos predictivos que permitan a la alta dirección de las organizaciones tomar las mejores decisiones estratégicas.

Por lo tanto, formar profesionales expertos en ciencias de datos se transforma en un importante desafío para las instituciones de educación superior, las que deben proveer, en sus entornos educativos, los medios necesarios para que los estudiantes sepan ir más allá de los datos, la información y el conocimiento duro de la informática, y se transformen en profesionales reflexivos, con gran capacidad analítica, que sean capaces de apoyar a las diversas instituciones para desenvolverse exitosamente en los competitivos mercados globales del siglo XXI.

31 de enero de 2020

Más allá de la información y el conocimiento

Por Hugo Jara Goldenberg

Una característica de la sociedad del siglo XXI es el alto volumen de información que se ha acumulado en todas las áreas del saber. Es tal la magnitud de los datos disponibles que nadie puede aspirar al conocimiento global, y tampoco estar al tanto de todos los inventos, descubrimientos y creaciones que a diario surgen de todos los ámbitos del quehacer de la humanidad.
Una consecuencia de esta explosión del conocimiento es la especialización extrema a la que se ven obligadas las personas que ejercen en las diversas actividades, oficios y profesiones, quienes ante la avalancha de información no tienen otra alternativa más que encerrarse en el dominio específico de su disciplina. Así, son cada vez más escasos esos respetados personajes de antaño con conocimientos enciclopédicos, los que han sido desplazados por estos modernos profesionales, quienes aunque pueden ser muy competentes en sus áreas o especialidades, carecen de todo interés y conocimiento por aquello que esté más allá de su esfera de acción inmediata.

¿Es necesario en nuestra moderna sociedad ese antiguo saber multidisciplinario? ¿Qué sucede con el conocimiento de la historia universal, el arte, la literatura, la filosofía y en general, todas esas manifestaciones de la creación humana que se han asociado desde siempre al bagaje imprescindible de toda persona reconocida como culta? O es quizás una situación ya del pasado, innecesaria en una época como la nuestra, saturada por volúmenes ingentes de datos fácilmente asequibles desde Internet, y en donde se valora por sobre cualquier otro aspecto, la especialización disciplinar de los ciudadanos.

Para intentar comprender mejor este escenario sugiero revisar conceptualmente a la esencia de la civilización digital, es decir a la triada: datos, información y conocimiento. Si analizamos a estos tres elementos podemos observar que entre ellos existe una jerarquía, y que cada uno mediante interrelaciones genera al siguiente. Así, la asociación de datos produce la información, y la interpretación de la información crea el conocimiento.

Sin embargo, ¿es el conocimiento el último eslabón de la cadena? Por supuesto que no, ya que existe un siguiente nivel: la sabiduría. Nuestra sociedad lamentablemente, por privilegiar al conocimiento, ha olvidado que la sabiduría es el estado cognitivo que define la esencia de nuestra especie “Homo Sapiens” Por lo tanto, todo ser humano debe y merece acceder a la sabiduría, entendiendo a ésta como una capacidad personal, desarrollada a través del conocimiento, la reflexión y la experiencia, que permite encontrar el verdadero sentido de la vida. Con el conocimiento sabremos hacer las cosas correctamente, pero sólo con la sabiduría sabremos hacer las cosas correctas.

El poeta y dramaturgo T.S. Eliot (1888-1965), premio Nobel de Literatura de 1948, en su obra titulada “El primer coro de la roca” (1934), escribió de manera premonitoria:

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?

Y efectivamente, es ese el gran problema de nuestra civilización, con el exceso de información y conocimiento nos hemos olvidado de la sabiduría. Sin embargo, recuperarla no se vislumbra una tarea simple ya que a diferencia de la información y el conocimiento, que son compartidos y fácilmente asequibles con un clic del computador, la sabiduría es individual y alcanzarla es un camino personal, gradual, de mucha lectura y reflexión, a menudo árido, y que muchos aspectos define casi una opción de vida.

En el mundo digital y globalizado del siglo XXI consideramos al binomio información- conocimiento como un fin para obtener poder - de cualquier tipo -, en circunstancia que debe ser entendido sólo como un medio para llegar a un nivel de entendimiento superior, con el cual se alcanza en definitiva la verdadera libertad, y también la verdadera felicidad. Solo cuando cada ciudadano sea libre y feliz, podremos aspirar a una sociedad más justa y solidaría.


3 de julio de 2019

Eclipse de Sol 2019 desde Talcahuano (Chile)


Por Hugo Jara Goldenberg

El evento astronómico del año en Chile fue, sin lugar a duda, el eclipse total de Sol del 2 de julio que se observó en el océano Pacífico sur y Sudamérica.
En Chile, La franja de totalidad, es decir la zona de la Tierra donde se produjo la oscuridad total estuvo comprendida entre la parte sur de la Región de Atacama y el norte de la Región de Coquimbo, con un ancho de casi 150 km.
En el resto del territorio nacional se pudo observar como un eclipse parcial, con diferentes porcentajes de cobertura. En la Región del Bío Bío, en particular en Talcahuano, el oscurecimiento del Sol fue de un 79%.
A continuación se muestran una serie de fotografías captadas desde el Observatorio Antares, utilizando un Telescopio Catadióptrico, marca Celestron, Modelo Celestar 8, de 20 cm de apertura (f/10) provisto de un filtro solar de mylar, y una Cámara CCD Meade "Deep Sky Imager".
 

 








 

7 de noviembre de 2018

Lise Meitner y la injusticia de un Premio Nobel



Lise Meitner fue una física austríaca que codescubrió  el fenómeno la fisión nuclear, y a la cual por su condición de mujer se le privó del Premio Nobel de Química del año 1944, el que fue otorgado en solitario a su compañero de investigación Otto Hahn.
Por Hugo Jara Goldenberg
 
Lise Meitner, nació en Viena el 7 de noviembre de 1878, cuando esa ciudad era la capital del Imperio Austrohúngaro. Provenía de una familia de ascendencia judía y fue la tercera de ocho hermanos. Desde pequeña se sintió atraída por la ciencia, pero en aquella época las mujeres tenían prohibido el acceso a la educación superior, por lo que debió sortear innumerables barreras para poder ingresar a la Universidad.

A los 23 años inicia sus estudios física en la Universidad de Viena, en donde tiene la fortuna de asistir a las clases de Ludwig Boltzmann (1844-1906). La influencia de este gran físico no hace más que confirmar su amor por la ciencia y reafirma su convicción de dedicar la vida al estudio de la naturaleza. Pero no está segura si por su género podrá ejercer como científica, por lo que en paralelo estudia pedagogía.

En el año 1906, obtiene su doctorado en física, convirtiéndose en la primera mujer en alcanzar ese grado académico en dicha casa de estudios y de inmediato centra su atención en la radiación, una forma de transmisión de energía que estaba revolucionando a la física de principios del siglo XX. Con el objetivo de profundizar los estudios en esa novel disciplina, decide mudarse a Berlín para especializarse asistiendo a las clases del físico teórico Max Planck (1858-1947), considerado el padre de teoría cuántica.

Planck, al principio reacio a la idea de que las mujeres asistieran a la Universidad, termina aceptándola y la trata de forma paternal, incorporándola a su círculo más íntimo. Lise  es invitada a reuniones sociales en donde comparte veladas con conspicuos personajes del ámbito intelectual y académico. En uno de esos encuentros conoce al químico Otto Hahn (1879-1968), un joven que había obtenido su doctorado en la Universidad de Marburgo en 1901 y quien la invita a trabajar en sus investigaciones sobre la radioactividad

Acepta la oferta, pero debe laborar en el sótano del edificio, ya que en el Laboratorio no se admitían mujeres, y no recibía sueldo, por lo que sobrevivía con el dinero que le enviaba su familia y haciendo clases particulares. Afortunadamente en el año 1912 es invitada a formar parte del Instituto de Química Kaiser Guillermo, en donde ocupa el cargo remunerado de “física invitada” y con el paso del tiempo dispondrá de su propio laboratorio y se transformará en catedrática de física nuclear de la institución.

La asociación científica con Hahn durará 30 años, y producto de ella surge una serie de descubrimientos que son publicados en las principales revistas científicas. Entre ellos se destaca el hallazgo de un nuevo elemento químico, el protactanio, de número atómico 91, logro que hacen público en el año 1918.

Toda esta fecunda actividad científica le reporta un gran prestigio, y durante las siguientes décadas consolida su posición de investigadora y académica. El Instituto de Química adquiere fama mundial, transformándose en un referente en la disciplina. Pero en esos mismos años Alemania vive una época de gran efervescencia social y política, y en al año 1933 accede al poder el partido Nacional Socialista.  El régimen nazi, con su política antijudía, alterará dramáticamente su apacible vida científica y docente. 
 
El átomo de uranio
Durante la primera mitad de la década del 30, el investigador italiano Enrico Fermi (1901-1954) lidera en Roma una investigación que consiste en bombardear con neutrones, diferentes átomos, y en especial átomos pesados como el uranio. El resultado de sus experimentos desafía al conocimiento de la época, que aseguraba que el núcleo del átomo era indestructible, por lo cual se esperaba que al bombardearlo con neutrones, los elementos pesados darían lugar a nuevos elementos pesados. Incluso Fermi, anunció en algún momento la creación de elementos transuránicos, pero resultó no ser cierto. Lo que en realidad ocurría era algo extraño, cuando se analizaban los restos de las reacciones, aparecían trazas de elementos más livianos, en especial bario.

En Alemania, en el laboratorio Kaiser Guillermo, Otto Hahn, Lise Meitner y el joven doctor en química Frizt Strassmann (1901-1980), reproducen los experimentos del grupo de Roma, y se enfrentan a las mismas incógnitas. También en Francia, un equipo liderado por Irene Curie (1897-1956) y su colaborador Paul Savitch está investigando el fenómeno. Los tres grupos de investigación se encuentran en un callejón, aparentemente sin salida.

Pero llega el año 1938 y la posición de Lise se hace insostenible en Alemania. La política antisemita del régimen nazi ha puesto sus ojos en ella y debe huir con lo puesto. En el mes de julio de ese año, con la ayuda de algunos de sus amigos científicos logra escapar, apenas con un par de maletas. Se dirige primero a Holanda y posteriormente a Suecia, estableciéndose en Estocolmo, abandonando así todo lo que hasta ese momento era su vida.

Sin embargo, a pesar de la lejanía del laboratorio, continúa en contacto con sus compañeros. Después de todo la correspondencia por correo es de un día para otro. Y así, se entera de que los experimentos, repetidos una y otra vez, arrojan los mismos resultados: al bombardear átomos de uranio, se generan secuencias de emisión de radioactividad y finalmente aparecen trazas de elementos más livianos.
 
La fisión nuclear
Lise, ya no está en su laboratorio, pero continúa “trabajando” a la distancia y su mente no descansa. En la navidad de 1938, cuando daba un paseo por la nieve, acompañado de su sobrino Otto Robert Frisch (1904-1979), también físico, se produce el eureka. La explicación es simple, lo que ocurre es que cuando el neutrón impacta al núcleo de uranio éste se divide en dos átomos más livianos, en este caso átomos de bario y kriptón.


Pero el asunto no queda ahí, sucede que al sumar la masa de los átomos resultantes, ésta es ligeramente menor que la del átomo original. ¿Y qué pasa con la masa faltante?, pues esa masa no se pierde, sino que se transforma en energía, y aplicando la ecuación de Albert Einstein e=m*c2, se determina que esa pequeñísima masa faltante, se transforma en una ingente cantidad de energía. Lise y su sobrino, eufóricos bautizaron al fenómeno como fisión, tomando el nombre de la biología que denomina así, a la división celular que se produce en la reproducción asexuada de ciertos organismos inferiores.

En enero de 1939 Otto Hahn y Frizt Strassmann publican en la revista Naturwissenschaften el resultado de su experimento. En él se explica desde un punto de vista químico como al bombardear con neutrones el núcleo de uranio, éste se rompe en dos partes formando elementos más livianos, como el bario y el kriptón. Este artículo también debió ser firmado por Lise, pero Hahn omitió su nombre por temor a que se descubriera que había continuado colaborando con una judía prófuga.

Algunas semanas después Lisa Meitner y Otto Frisch publicaron en la revista Nature la interpretación física del fenómeno en un artículo titulado “Desintegración de uranio por neutrones: un nuevo tipo de reacción nuclear”.

La trascendencia de este descubrimiento remeció al mundo científico, pero también abrió el apetito de los políticos y militares. El mundo estaba a las puertas de una guerra y de inmediato se vislumbró el uso destructivo de la energía contenida en el corazón de la materia. Y efectivamente así ocurrió, durante los años siguientes se desarrolló, a partir de este descubrimiento, la bomba atómica.

Se materializa la injusticia
Mirado en retrospectiva, el descubrimiento de la fisión nuclear  fue el producto de un trabajo colaborativo de muchos años, al cual aportaron de igual a igual Lise Meitner, Otto Hahn y Frizt Strassmann, y por supuesto sin olvidar la contribución de los grupos de Roma y Paris. Sin embargo, las circunstancias se confabularon para que se produjera la injusticia de dejar a Lise fuera del reconocimiento oficial. Cuando el comité de los Premios Nobel decidió reconocer el descubrimiento de la fisión del uranio, se consideró el nombre de Lise, pero finalmente se descartó porque se argumentó que su huida de la Alemania nazi, ocurrida meses antes de los experimentos cruciales, la dejó fuera del hallazgo. Pero, algunos protagonistas (principalmente Strassmann) coinciden en que ella, a pesar de la lejanía, estuvo en contacto permanente con sus compañeros, y no sólo recibiendo reportes de lo que ocurría, sino opinando y sugiriendo cursos de acción.


Sin embargo Hahn, en un actuar injusto, minimizó el trabajo de su compañera, ya que oficialmente señaló que el descubrimiento fue solo producto de experimentos químicos, y que el aporte de Meitner se limitó a dar una explicación física al fenómeno. El comité de los Nobel también descartó a Strassmann, ya que por su juventud sólo se le reconoció un rol de ayudante. Así, el premio Nobel de Química del año 1944, por el descubrimiento de la fisión nuclear, se le entregó en solitario a Otto Hahn. Lise Meitner siempre pensó que está injusticia de fundó en su raza y en el hecho de ser mujer.

Reivindicación.
A pesar de no ganar el premio Nobel, Lise se transformó un personaje querido y popular. Viajó por el mundo dando clases y conferencias, abogando siempre por el uso pacífico de la energía nuclear. Y los reconocimientos oficiales comenzaron a llegar. En 1949 recibió en Alemania la Medalla Max Planck, por su trabajo en la fisión nuclear. Este premio lo recibió junto con Hahn y Strassmann. Posteriormente en el año 1966, ya en el ocaso de vida, obtiene en EEUU el Premio Enrico Fermi, nuevamente compartido con sus antiguos colegas Hahn y Strassmann.

Ya en sus años finales se radica Inglaterra, en donde vive al cuidado de su sobrino Otto Frisch. Fallece el día 27 de octubre de 1968, cuando le faltaban sólo días para cumplir 90 años. Fue sepultada en Bramley (Hampshire) y en su lápida su sobrino grabó el epitafio “Lise Meitner: una física que nunca perdió su humanidad”.

Homenaje póstumo
Con el paso del tiempo su imagen se ha ido desvaneciendo, y actualmente sólo los conocedores de la historia de la ciencia la recuerdan. Pero algunos importantes reconocimientos llegaron después de su muerte. En 1997 se bautizó en su honor al elemento 109 de la Tabla Periódica, el meitnerio. También su recuerdo está en los cielos: con su nombre fueron bautizados un cráter en el planeta Venus, un cráter en la Luna y un asteroide del cinturón principal.

Vaya un sentido homenaje a un ser humano excepcional que a su extraordinario talento intelectual, acompañó siempre una gran humildad, lo que le ayudó a soportar con estoicismo los muchos agravios e injusticias que recibió en vida, tanto por motivos raciales como por el ser mujer.

 
Referencias bibliográficas:

Biografía de la Física; George Gamov; Alianza Editorial (2010)

Historia de las Ciencias vol.2; Stephen F. Mason; Alianza Editorial (2012)

Ideas Revolucionarias en la ciencia vol. 3; Desiderio Papp; Editorial Universitaria (1977)

Meitner: La fisión nuclear; Roger Corcho Orrit; Serie grandes ideas de la ciencia; (2013)

Lise Meitner y el descubrimiento de la fisión nuclear; Ruth Lewin Sime; Revista Investigación y Ciencia; marzo de 1998.

 

3 de enero de 2017

Observatorio Antares en El Mercurio


En la edición del día 30 de diciembre de 2016, apareció en el Diario El Mercurio una nota sobre la oferta de turismo astronómico de Chile. A página completa se  muestra un mapa con los principales Observatorios Astronómicos del país, agrupados por zona geográfica. Y para mi sorpresa, en la Octava Región aparece el Observatorio Antares, el cual construí en el año 2004, para la enseñanza y divulgación de las ciencias del Espacio.











30 de octubre de 2016

Mente y materia



Por Hugo Jara Goldenberg

 
Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 30 de octubre de 2016

 
Cuando a principios del siglo XX se produce el derrumbe de La Física Clásica, una de las puntas de lanza de la nueva Física la constituyó la Mecánica Cuántica, un cuerpo de conocimientos que explica cómo funciona el mundo en el nivel de las partículas atómicas. Pero a diferencia de la Teoría de la Relatividad, la otra vertiente de la Física Moderna, la cual fue elaborada por una sola persona (Albert Einstein), la Mecánica Cuántica fue el resultado del trabajo mancomunado de muchas mentes, de entre las cuales sobresale el científico austríaco Erwin Schrödinger (1887-1961), quien por sus aporte fundamental a esta disciplina recibió el Premio Nobel de Física en el año 1933.

Pero Schrödinger fue un científico atípico ya que, a diferencia de sus colegas, cultivó disciplinas que sobrepasaban los límites de la ciencia dura. Más allá del laboratorio y las matemáticas también leía con devoción literatura clásica y poesía, era asiduo al teatro, exploró el misticismo hindú, durante años estudió en profundidad a los filósofos de todas las épocas, cuando el tiempo se lo permitía dibujaba y esculpía, y de su pluma surgieron diversos libros de divulgación científica y otros en los que expuso su visión humanista de la ciencia.

De entre sus textos se destaca “Mente y materia”, publicado por primera vez en 1956, en el cual explora el siempre controversial tema de la naturaleza del binomio cerebro-mente. Dada su rigurosa formación científica y profunda vocación humanista, en el libro presenta las bases físicas y biológicas de la vida, pero también especula acerca de la esencia del pensamiento y el comportamiento humano. Muestra los procesos biológicos que provocan la mente y al mismo tiempo plantea la inquietante pregunta de si la conciencia, que es la capacidad humana de ser consciente de su propio yo, podrá ser capaz de trascender al cerebro físico en la cual se manifiesta.

El libro es controversial, ya que mezcla conceptos e ideas propias de ciencia ortodoxa, con especulaciones de una vertiente más espiritual, provenientes de la religión y las doctrinas hinduistas.

A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, podemos constatar que el libro se mantiene plenamente vigente ya que nos permite no solo conocer mejor el funcionamiento de la mente humana, sino que también reflexionar acerca de la necesaria convergencia que debería existir entre la razón y el pensamiento espiritual. (HJG)
 
 

19 de junio de 2016

Desarrollo Sustentable






Por Hugo Jara Goldenberg

Esta reseña fue publicada en el Diario El Sur, el 19 de junio de 2016



Gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología, la especie humana ha impuesto su dominio sobre la naturaleza y en pleno siglo XXI, después de centurias de desarrollo sostenido, hemos alcanzado estándares de confort material y calidad de vida, inimaginables para generaciones anteriores.
Pero en aras del desarrollo material, la especie humana no ha tenido escrúpulos y de manera sistemática ha intervenido y depredado al entorno natural, generando una situación de consecuencias insospechadas, que eventualmente puede incluso amenazar la supervivencia de la propia humanidad.

Desde el mundo académico han surgido voces llamando a revertir esta situación y en el año 1987, en el seno de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU, surge el concepto de “Desarrollo sustentable”, que intenta definir la forma como se debe enfrentar el progreso, pero considerando y respetando las aristas sociales, económicas y medioambientales involucradas en ese proceso.
Y precisamente desde el ámbito de la academia surge el libro “Desarrollo Sustentable; Miradas interdisciplinarias de experiencias en Chile y Brasil”. Se trata de una compilación de trabajos científicos presentados en un congreso científico realizado en la Universidad de Concepción en marzo de 2015, con el patrocinio de la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Los textos fueron seleccionados por los académicos de la Universidad de Concepción, Doctores Ricardo Barra R. y Jorge Rojas H.
Los trabajos incluidos en este libro fueron elegidos por presentar una visión distinta de este urgente problema mundial, y que además por provenir desde el ámbito universitario,  no sólo son importantes desde la perspectiva de la investigación científica, sino que también por mostrar, entre otras acciones, la forma como los centros de educación superior, en su quehacer diario, efectivamente contribuyen al desarrollo sustentable, por medio de acciones concretas tales como el manejo de sus residuos, la medición de su huella de carbono o el manejo de sus áreas verdes.
El libro permite entender que el desarrollo sustentable es por su naturaleza una acción interdisciplinar, y que involucra aspectos tan diversos como la conformación de las ciudades, la gestión pública y por supuesto a cómo educar a los futuros profesionales, para vivir y trabajar en una sociedad con más humanidad.



7 de junio de 2016

A 80 años del épico vuelo de Franco Bianco


 
Por Hugo jara Goldenberg
Cuando se viaja hacia Punta Arenas en la comodidad de un vuelo comercial, cuesta imaginar lo difícil que fue la apertura de esa ruta aérea, y muy pocos conocen o recuerdan a los pioneros y visionarios tanto civiles como militares que, muchas veces al costo de sus propias vidas, establecieron los cimientos de esta conexión al extremo austral de nuestro país.

Entre aquellos pioneros se destaca el aviador civil y oficial de reserva de la Fuerza Aérea de Chile (Fach) Franco Bianco (1909-1964), un puntarenense, hijo de inmigrantes italianos, que el 7 de junio de 1936, unió en un épico vuelo de manera directa a Punta Arenas con Puerto Montt.
Franco Bianco desde muy joven se enamoró de la aviación, pero en el avión no sólo vio un medio con el cual materializar el ancestral sueño del vuelo, sino que también lo consideró como el elemento que permitiría terminar con el asfixiante aislamiento que sufría la región magallánica.
Siendo un niño, posiblemente fue testigo del primer vuelo realizado en Punta Arenas por el piloto Luis Omar Page (año 1914) y del primer cruce en vuelo sobre el Estrecho de Magallanes, efectuado por David Fuentes Sosa, en el Blériot 80 HP bautizado “Talcahuano” (año 1916).  Pero sí supo de primera fuente de las aventuras de los aviadores alemanes Gunther Plüschow (1886-1931) y Ernst Dreblow (1892-1931), quienes entre los años 1928 y 1931 exploraron la región magallánica en el avión biplano Heinkel HD-24  Tsingtao”, también conocido como el “Cóndor de Plata”.
Motivado por la labor de los exploradores alemanes trágicamente fallecidos el año 1931 al precipitarse a tierra su aeronave, decide hacer el curso de vuelo, obteniendo su brevet de piloto en 1933, y dada su condición acomodada compra en Inglaterra un avión que causaba furor en las competencias deportivas del viejo continente. Se trataba de una aeronave Miles Hawk Major la que por sus excelentes características de vuelo daría origen a un exitoso linaje que derivaría en el famoso entrenador Miles Magister, en el cual se formaron muchos de los pilotos que volaron con la RAF durante la Segunda Guerra Mundial.
El avión Miles Hawk Major adquirido poseía estructura de madera y era propulsado por un motor de Havilland Gipsy Major de 130 HP.   La aeronave llegó embarcada a Punta Arenas a principios del año 1936 y fue bautizada con el nombre de “Saturno”. Después de armar y poner en vuelo al avión, su flamante propietario comenzó de inmediato las pruebas de largo aliento, adentrándose en los territorios explorados por los aviadores alemanes, dotando para ello a su aeronave de un estanque de combustible extra para aumentar la autonomía, así como de un mejor compás de navegación.
El vuelo
Franco Bianco comenzó a acariciar la idea de unir en vuelo a Punta Arenas con el centro del país, hasta Santiago, al conocer en detalle el trabajo exploratorio realizado por el piloto alemán Plüschow y su copiloto y mecánico  Dreblow, quienes sobrevolaron, fotografiaron, grabaron en película y cartografiaron amplios territorios australes, incluida Tierra del Fuego, el Cabo de Hornos, la cordillera de Darwin y la zona de las glaciares y hielos.  Esta valiosa información le permitió al joven piloto magallánico determinar la mejor ruta para realizar su anhelada travesía, y que debía ser por sobre los Andes patagónicos.
Por lo tanto, una vez recibido su avión comenzó de inmediato la preparación del raid, no descuidando ningún detalle. Considerando que el tramo Punta Arenas-Puerto Montt, con una distancia de 1300 km debía ser en vuelo directo, no solo debía trazar la ruta a seguir, sino que además determinar los puntos de no retorno y posibles lugares de aterrizaje de emergencia, tarea en extremo difícil dada la complicada geografía de la zona austral.  También debía considerar otros factores, tales como la alimentación, elementos de supervivencia y la vestimenta, ya que por ser su avión de cabina abierta, debió dotar a su "traje de vuelo" de calefacción eléctrica.
Debido a que el elemento fundamental para el éxito de la misión lo constituía el factor meteorológico, estaba en contacto directo con el personal del aeródromo y Base Aérea de Bahía Catalina, ubicada 6 km al noreste de Punta Arenas, quienes lo mantenían al tanto de los rudimentarios pronósticos del tiempo que existían en esa época.
Y el día esperado llegó, el día 6 de junio la predicción climática indicaba que el tramo a Puerto Montt estaría con buenas condiciones, por lo que tomó la decisión de iniciar el vuelo en la jornada siguiente. Así, el día domingo 7 de junio de 1936, a las 7:22 am en oscuridad total despega desde el aeródromo de Bahía Catalina. Lo acompañaban unos pocos amigos, quienes encendieron dos antorchas para iluminar el umbral de la pista.
De inmediato pone rumbo norte y se ajusta a la trayectoria tantas veces ensayada. Bajos sus alas pasan Las Torres del Paine, Campos de Hielo, el Monte Fitz Roy, los Lagos O’Higgins, Cochrane y General Carrera.  Pero cuando aún no ha cubierto la mitad del trayecto se hacen presentes los imponderables meteorológicos. La lluvia, techos de nubes bajos y reducida visibilidad, lo obligan a constantes cambios de rumbo y finalmente a “ratonear” a baja altura sobre el mar, hasta llegar a Puerto Montt y aterrizar en la base Aérea de Chamiza a las 17:15 hrs.  De inmediato, por comunicación radiofónica, se informa del feliz acontecimiento a Punta Arenas, en donde sus familiares y amigos estallan en júbilo.
El tramo más difícil había sido cumplido en 9:53 horas de vuelo, y ahora correspondía continuar a Santiago. Lo intentó al día siguiente pero el mal tiempo se lo impidió. El 9 de junio, por fin pudo llegar a la capital y terminar el raid, en un vuelo que resultó menos complicado que el anterior, ya que para la navegación utilizó como referencia la línea férrea, aterrizando finalmente en el aeródromo de Los Cerrillos en el atardecer de aquel día.
La recepción fue triunfal e incluso en los días posteriores fue invitado al palacio de Gobierno por el Presidente de la República Sr. Arturo Alessandrí Palma, audiencia a la que acudió acompañado por el entonces Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile (Fach), el General Diego Aracena.
Pero Bianco estaba ansioso por regresar con los suyos,  y decidió volver a su ciudad natal volando a través de territorio argentino, por ser aquella una ruta mucho más segura. Para ello solicitó los permisos respectivos y el día 27 de junio cruzó la Cordillera de los Andes, a la altura de Cristo Redentor, y comenzó un largo periplo por diversas ciudades y localidades trasandinas. Finalmente, a las 15:45 el día 8 de julio de 1936 aterrizó en el punto de partida de su aventura,  el aeródromo de Bahía Catalina de Punta Arenas.
El recibimiento fue apoteótico, la ciudad se desbordó, caravanas de automóviles, arcos de triunfo, el vitoreo de las multitudes, discursos oficiales, condecoraciones y muchas otras manifestaciones recibieron al valiente aviador. Lo logrado por este joven puntanerense caló profundo en el orgullo magallánico que vio en esta gesta una reivindicación a sus anhelos de integración al resto del territorio nacional.
Consecuencias del vuelo
Al leer la crónica del vuelo, cuesta imaginar las dificultades y peligros que tuvieron que enfrentar este intrépido piloto y su frágil avión. La ruta seguida para llegar a Puerto Montt es una de las más difíciles del mundo, dadas las extremas, impredecibles y siempre cambiantes condiciones climáticas. En esos lugares el paisaje es paradisíaco pero el clima es infernal, y cuando las fuerzas de la naturaleza se desatan, no hay aeronave que resista, y esta dramática realidad la atestiguan los innumerables accidentes aéreos que han ocurrido en esa zona del país.
 Actualmente los pilotos que vuelan comercialmente esa ruta lo hacen en modernos y seguros aviones a reacción y poseen innumerables ayudas, tales como radiofaros, aerovías, señales de aproximación a los aeropuertos, ayudas de las Torres de Control y certeros pronósticos meteorológicos, y dentro del avión disponen de muchos instrumentos que le permiten en cada momento conocer la posición exacta de su aeronave, además de volar a una altitud tal que los pone a resguardo de las mayoría de los fenómenos atmosféricos. Pero Franco Bianco no poseía nada de aquello, volaba a muy baja altitud en un pequeño avión de madera, monomotor y ni siquiera llevaba una radio a bordo, lo cual permite valorar aún más su hazaña. Incluso, los historiadores aeronáuticos están de acuerdo en que el vuelo del puntarenense fue más complicado y peligroso que el primer cruce en solitario del Océano Atlántico realizado por Charles Lindbergh en el año 1927.
El vuelo de Bianco fue noticia nacional e internacional y cumplió con el objetivo que buscaba el piloto: crear conciencia acerca del aislamiento que sufrían las regiones extremas del país, en especial la zona magallánica. Paro aun así, debió transcurrir una década hasta que se pudiera establecer la primera línea comercial con vuelos hacia Punta Arenas, cuando en el año 1946 la Línea Aérea Nacional (LAN), inició sus operaciones regulares en material Lockheed 10A Electra y Douglas DC3.
El avión Miles Hawk Major “Saturno”, matrícula CC-FBB, continuó volando durante mucho tiempo, e incluso en el año 1937 viajo en él como pasajero el reconocido sacerdote, explorador y fotógrafo Alberto DeAgostini.  Actualmente esta noble aeronave se encuentra en exhibición en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio, ubicado en el ex Aeródromo de Los Cerrillos en Santiago, en donde puede ser visitada por la ciudadanía.
 El piloto civil Franco Bianco, una vez consumada la hazaña, fue aclamado y recibió el reconocimiento de las máximas autoridades del país, así como innumerables homenajes y premios nacionales e internacionales,   pero con el paso del tiempo su figura ha sido olvidada.   Al conmemorar los 80 años de su trascendental vuelo, se presenta la oportunidad de que sea nuevamente reconocido por la ciudadanía, ya que él y su gesta constituyen un extraordinario ejemplo de heroísmo civil, y su raid permanecerá en el recuerdo como uno de los vuelos épicos de la historia aeronáutica nacional. 

 

Avión Miles Hawk Major "Saturno", en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio (Foto MNAyE)



 


Referencias bibliográficas:

Plüschow y Dreblow: águilas alemanas en el cielo austral”; Mateo Martinic; FantásticoSur Editorial, (2008)

El Comodoro Arturo Merino Benítez”; Alfonso Cuadrado Merino; Editorial Fuerza Aérea de Chile (1984)

Historia de la Fuerza Aérea de ChileTomo II; Varios autores; Editorial de la Fuerza Aérea de Chile (2001)

Revista de la Fuerza Aérea de Chile, Enero-Febrero-Marzo 1960

 

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